Hola a todas, mil y un millón de disculpas por el retraso, no tuve inspiración en semanas pero por fin pude acabar el capítulo ojala les guste y por favor comenten, intentare publicar la próxima semana sin falta.

Cuestión de orgullo

El rey Inu no se encontraba en una de las habitaciones del palacio probando su maqueta, tenía que calibrar bien la cantidad de combustible para el aire caliente si no quería tener accidentes cuando probara el real.

El problema era que aun cuando lograba elevarse un par de centímetros de inmediato caía y se desinflaba. Kirara emitió un sonido de preocupación.

-ya no te preocupes Kirara, recuerda que ustedes los gatos siempre caen de pie- sonrió el monarca aunque la pantera no estaba muy convencida.

-¡su majestad!- exclamo Naraku en tono lambiscón, Inu no Taisho lo miro con una ceja alzada odiaba que él lo interrumpiera.

-siempre tan moderno, totalmente innovador…- decía el pelinegro, Kirara le gruño amenazadoramente y trato de arañarlo.

-… en la ciencia y la educación- siguió adulándolo.

-¿la maestra está haciendo un buen trabajo?-pregunto el rey concentrándose más en su modelo que en lo que tuviera que decirle su ministro.

-desde luego, y todo gracias a la guía que usted le ha dado su majestad, siempre tan experimentado y audaz- dijo mientras ponía sus manos en los anchos hombros del rey sin perder nunca su socarrona sonrisa.

-si yo soy audaz- asintió Inu no con la frente en alto.

-en realidad su majestad, me refería a su idea de romper con la antigua tradición y enviar a los niños reales afuera del palacio-dijo Naraku de manera retadora recalcando adrede la última frase.

-¡¿QUÉ, QUÉ?!- gruño Inu no desconcertado y furioso a la vez, tanto que Kirara se agazapo en su lugar con cierto temor.

-¡¿MIS HIJOS FUERA DEL PALACIO?!- estepo con un enojo para nada disimulado.

-¿su majestad no lo sabía?- pregunto Naraku fingiendo sorpresa, más para entonces Inu no ya había salido corriendo.

-¡oh! Pero qué problema- sollozo teatralmente el ojirojo.

Mientras tanto…

Los príncipes llegaron corriendo al salón que les servía para tomar las clases saltando riendo y gritando, incluso Sesshomaru e Inuyasha traían una sonrisa, se habían divertido en sobre manera. Izayoi sonrió ampliamente, lo cierto es que los niños se habían comportado de las mil maravillas, estaba orgullosa de todos y cada uno de ellos.

-ahora niños vamos a…-comenzó a decir dulcemente aún tenía que dejarles las tareas para la tarde, cuando unas fuertes palmadas la interrumpieron.

En la puerta estaba el rey Inuno con su típica pose de siempre pero serio y rígido como el mármol. Los príncipes al notar la presencia de su padre cayeron de rodillas y tocaron la frente con el suelo.

-oh su majestad, que bueno que llega ya íbamos a terminar la clase y yo…- sonrió Izayoi esta sería una muy buena oportunidad para hablar con el rey sobre su contrato más el monarca la paso de largo sin responderle y dedicándole una gélida mirada (estilo Sesshomaru) y avanzó hacia sus hijos.

Con el ceño sumamente fruncido los examino a cada uno y lo que vio no le gustó nada, traína manchas de tierra en la ropa, estaban sudados, despeinados y acercándose más vio que algunos incluso tenían raspones y arañazos porque habían corrido.

-¿estuvieron fuera de palacio?- gruño con infinita molestia. Los príncipes más pequeños titubearon mientras los mayores retiraron la vista apenados.

-creí que sería importante que los príncipes vieran como vive la gente fuera de las murallas de palacio- explico Izayoi poniéndose delante de los niños.

-yo diré que es importante- gruño el rey Inuno para nada convencido.

-¿dime algo que hayas aprendido?- pregunto a una de sus hijas.

-hay hermosas casitas fuera del palacio padre, y comida y….- empezó a decir la princesa más Inuno gruño con molestia.

-casas… fuera… de palacio… ¿Por qué no me extraña oír eso?- rio irónicamente.

-¿Qué tiene de malo padre?- pregunto el menor de los príncipes.

-que diariamente oigo sobre casas fuera de palacio- contesto cruzándose de brazos después de hacer un gesto despectivo.

-bueno su majestad, usted me prometió una residencia de ladrillo adyacente a palacio real, recuerdo perfectamente sus palabras- aclaro Izayoi.

-yo también le daré un recordatorio, como por ejemplo quien es el rey aquí- gruño Inuno inflando el pecho con furia.

-uno que no cumple su palabra- le estepo la pelinegra con el mismo tono que usaba para regañar a su alumnos. Para el horror de los presentes el rey Inuno la escucho.

-¿Cómo dijo?- pregunto con un aire de incredulidad en su voz, nadie jamás le había hablado así.

-lo que oyó, cualquiera diría que un rey con un ego que no le cabe en la cabeza al menos cumpliría su palabra- continuo Izayoi mostrando la misma pose que hasta hace unos minutos había tenido real peli plateado.

-yo no sé de ningunas promesas- gruño el rey herido en todo su orgullo.

-yo no sé nada ¡más que tú eres mi sirvienta!- sentencio señalándola directamente, Rin se llevó las manos a la boca sorprendida y expectante, ahora si su mamá seguro se le iría encima.

-¡oh no su majestad! Eh de recordarle que no soy su sirvienta- gruño Izayoi furica, lo único que evitaba que gritara ella la presencia de los niños, además de 30 años de modales a sus espaldas.

-y le aseguro que si no me da la casa que me había prometido, mi hija y yo ¡volveremos a Inglaterra en el primer barco!- amenazo. No pensaba seguir soportando tales injusticias.

-se olvida señora que aquí yo soy el rey y como tal es mi placer que tu permanezcas aquí, ¡que te quedes aquí en el palacio!- musito con furia contenida Inu no Taisho.

-no pienso quedarme en un país donde las promesas no se cumplen, y que aunque se habla de grandes cambios, todo permanece de acuerdo a los de deseos de ¡un hombre!- gruño resaltando la última parte dándole a entender que no lo consideraba más que eso un hombre como cualquier otro.

-basta ¡no hables más!- gruño Inu no saliendo de la sala del trono dando pisoteadas.

-ya no hablare más porque… ¡PORQUE NO QUEDA NADA MAS QUE DECIR!- grito Izayoi cruzándose de brazos mientras temblaba de pura rabia.

-yo trate de decírselo,- intervino Naraku aprovechando la situación.

-a veces es tan irrazonable, tan bárbaro,- Izayoi intento ahogar un sollozo lo cierto es que toda esa discusión la había herido.

-pero descuide yo me encargo de arreglarlo- sonrió Naraku retirándose para seguir al rey.

-¡no se moleste!- gruño Izayoi, ya había tenido suficiente de que la trataran como una mujer débil cuando enviudo pero ella era la mujer más fuerte de Inglaterra (según muchos) y no iba a permitir eso.

-ven Rin nosotras nos vamos- ordeno dándose la vuelta mientras su hija la seguía. Ante la mirada triste de los demás niños, no querían que su maestra se fuera.

-estuvo perfecto su majestad- sonrió lambisconamente Naraku dándole alcance a Inu no Taisho que caminaba pensativo con las manos en la espalda.

-¡cada centímetro un rey!- Inu no se detuvo alzando una ceja con molestia, no todos los días, o de hecho ningún día desde que tenía memoria era herido en su orgullo y peor aún ¡por una mujer extranjera!

-¡cállate!, ahora necesito un momento para pensar- gruño molesto llevándose una mano a las cienes con cansancio.

-este mundo de hoy es… ¡tan grande!- para él era como si de pronto le hubieran tirado una venda de los ojos y estuviera siendo deslumbrado por el sol.

-¡no existe hombre tan grande para entenderlo!-se sentía abrumado y de alguna manera atemorizado, por primera vez caía en la cuenta de que ser un gobernante moderno era mucho más difícil de lo que esperaba, cosa que Naraku noto de inmediato.

-no hay hombre tan grande…- murmuro entre dientes.

-¿ni siquiera un rey?- pregunto haciendo hincapié en la situación recién vivida por su monarca.

-un rey diferente…- gruño Inuno cuadrando los hombros.

-un rey no necesita ¡de ninguna persona!- sentencio antes de dirigirse al pasillo.

-eso creo-murmuro inseguro antes de marchar por el pasillo.

Naraku sonrió triunfante, su plan salía a pedir de boca, solo uno o dos empujoncitos más y solo bastaría una chispa mínima para que estallara su barril de pólvora completamente lleno y seria su boleto para el trono.

Kirara miro como su dueño se marchaba enojado y luego al idiota de Naraku regodeándose disimuladamente, asique tomo vuelo y le dio un fuerte latigazo con su cola en el trasero. Naraku gruño molesto ante la osadía de la pantera y esta le devolvió el gruñido mostrándole sus dientes.

En otra parte del palacio…

Izayoi marchaba a paso furioso por los pasillos en dirección a su alcoba, no iba a quedarse ni un solo segundo más en ese palacio y menos aún con ese rey egocéntrico, cretino, bueno para nada de Inu no Taisho.

-sirvienta… ¡sirvienta!- gruño entrando a su habitación antes de cerrar la puerta de golpe.

-¡YO NO SOY SU SIRVIENTA!- rugió dirigiéndose a su closet.

-¡aquí a sus sirvientes les pagan más!- estepo tomando todos los vestidos que le cupieron en los brazos.

-yo soy libre, independiente ¡soy así!- abrió su maleta de una patada y colgó todas las prendas en el perchero.

-yo soy así- afirmó inflando el pecho.

Lo que pienso yo de usted

Diré…

Arrogante (estepo aventando un puñado de ropa a la maleta.)

Confianzudo en el trabo

¡Pero arrogante! (lanzo otro bonche de ropa)

Sin embargo le diré (toma uno de sus sombreros y hace una mímica de darle un beso)

Que agradable puede ser

¡Pero también es verdad!

¡ES ARROGANTGE!

Todas esas caravanas

Que recuerdan su realeza

¡Me parecen una horrible exhibición!

Yo ni aun gato pedirían

Que mostrara su lealtad

¡Adoptándole esa ridícula posición! (imita la postura de las reverencias)

¿Le gustaría que si es humano?

¿Un sapo deba parecer?

Ir por ahí de rodillas feliz

Lleno de polvo talvez

¡Sapos! (salto como una rana, (cosa nada fácil con un vestido de 15 kg de tela))

¡SAPOS!

¡TODO SU PUEBLO ES IGUAL!

-si su majestad…- comenzó a arremedar con una falsa sumisión.

-no su majestad…-

-díganos cuando inclinarnos su majestad- murmuro tirándose al suelo de forma trágica estilo griego.

-pida más caravanas su majestad- siguió simulando suplica en tono totalmente sarcástico.

-¡no nos deje levantar su majestad!- gruño molesta parándose del suelo.

-¡puede patearnos así su majestad!- rugió indignada.

-¡puede patearnos si quiere su majestad…!-

-¡pues a mí no! ¡Su majestad!- sentencio antes de dar una patada a sus maletas regando el contenido, Y después peinar unos cabellos sueltos de su peinado.

En el salón del tono mientras tanto…

-vamos padre, no entiendo porque estas tan molesto con un par cambios.- murmuro Inuyasha mientras observaba como el rey se paseaba de un lado al otro de la sala como león enjaulado.

-además como puede Shikon ser moderno si tú sigues pensando a lo antiguo- le dijo, él estaba más que molesto también, de poco su paciencia nunca subía de rayar en lo escaso. Ahora debía soportar los berrinches del viejo.

-¿a lo antiguo? – gruño Inu no mirando ferozmente a su primogénito, ahora lo único que le faltaba era que precisamente ¡ÉL! Lo retara.

-sí, no es necesario seguir todas las antiguas leyes al pie de la letra el mundo está cambiando, y eras tú el que quería no quedarse atrás- explico Inuyasha cruzado de brazos.

-veo que un chiquillo como tú no puede entender el valor de la tradición- le reprendió Inu no retomando su furioso andar.

-si las entiendo padre, pero por ejemplo, un moderno y científico rey como tú, ¿seguiría eligiendo la esposa para su hijo y sucesor como en los tiempos más antiguos?- la pregunta podía parecer hipotética pero lo cierto es que Inuyasha estaba tanteando el terreno.

-¡pues claro! Como tu abuelo lo hizo conmigo, un joven no puede elegir una buena esposa- sentencio.

-pero es posible que…- intento de nuevo el muchacho.

-no es la manera de un rey- explico interrumpiendo a su hijo.

-así lo pienso- murmuro dudativo, pero Inuyasha lo escucho.

-¿piensas?-pregunto curioso.

-¿Qué no lo sabes?- ante esa pregunta el rey estallo.

-¡yo sé! También tu un día lo sabrás todo- Inuyasha suspiro recargándose en una columna.

-¿y cuándo será ese día en que lo sepa todo?- pregunto desganado.

-cuando seas el rey- Inuyasha gruño frustrado. Rey, había comenzado a odiar esa palabra más que a nada. De pequeño le encantaba la idea de ser el nuevo rey, pero ahora, eso significaría tener que renunciar a la nueva luz de su vida.

Inuno noto la repentina melancolía de su hijo, si bien no entendía el porqué de la misma, no era tan inmaduro para no darse cuenta de que necesitaba algún apoyo para su malestar, y él haciendo berrinche no sería de ayuda para eso. Sonriendo se sacó su amuleto dorado del cuello y se lo coloco a su hijo.

-¿el emblema real?- pregunto Inuyasha sorprendido al ver la joya en su cuello, su padre jamás se la quitaba.

-hecho con el colmillo del primer elefante sagrado hace milenios- sonrió Inu no.

-pero padre, solo el rey lo debe…- intento rechazarlo Inuyasha.

-ahora el futuro rey lo usara- lo interrumpió.

-padre… yo… como futuro rey, pienso que debería tener el derecho a elegir a mi esposa…- explico, mas Inuno frunció el ceño.

-¡imposible!-

-pero… ¡y si amo a una joven…!- intento explicar.

-el amor no es algo que tenga que ver con la tradición- Inuyasha bajo la cabeza resignado y se reiteró sin decir una palabra, era imposible hablar con su padre.

Pov Inuyasha

Camine por los jardines completamente desolado, me dolía el corazón, la cabeza, el alma… no podía con todo esto, era con mucho la decisión más dura de toda mi vida, por un lado tenia a mi padre, un milenio de tradiciones y una responsabilidad. Por el otro… por el otro tenía la persona más maravillosa, dulce, atenta e increíble que había conocido en mi demasiada corta joven vida.

Me frote el pelo con extremo cansancio no podía con todo esto simplemente me rebasaba, me sentía frustrado, cansado, y con una jaqueca que seguramente no me dejaría dormir. Sin ánimo me tire sobre el césped pesadamente quitándome el chaquetón de seda roja y dorada y tirándolo a un lado ya que el bochorno de la tarde era muy fuerte.

-¿Inuyasha?- escuche que me llamo una voz, de hecho la más dulce y maravillosa voz que he oído.

-Kagome…- sonreí incorporándome un poco, sonreí al verla, con su uniforme de florista de color rosa pálido enmarcaba perfectamente su cuerpo de diosa, sus largos cabellos ébano cayéndole por la espalda y sus ojos, ¡Dios que maravillosos ojos! De color chocolate tan cálidos como el sol, además de suaves e inocentes.

-hola- sonrió ella, transmitiéndome una calidez que me relajo tan rápido que creí que se me pararía el corazón.

-hola- le conteste, no sin entes esconder el medallón que me dio el viejo, como ella lo viera…

-¿Qué tienes? ¿Pareces muy tenso?- me pregunto mientras se arrodillaba a mi lado.

-no es nada, solo estoy cansado- murmure con algo de amargura, lo cierto es que no tenía ganas de hablar de eso, ella debió verlo porque me sonrió de forma consoladora.

-pobrecito, seguro que tuviste un día muy largo- contesto ella acercándose más, sin querer me sonroje un poco.

-¡feh! No tienes idea- gruñí recordando la "charla con mi padre" y su obsesión por elegirme una esposa a su gusto, tan solo pensarlo me revolvió el estómago.

-¿tan mal? – volvió a sonreír encantadoramente.

-creo que puedo ayudarte con eso- la mire sin entender a que se refería, sin perder su sonrisa se levantó y se sentó atrás de mí.

-¿Kagome?- pregunte casi un segundo antes de que sus suaves manos se posaran en mis hombros y me tiraran hacia atrás dejándome recostado en sus piernas.

-¿Qué…? – me interrumpió poniendo sus dedos en mis labios.

-ssshhh… tu solo relájate y déjame trabajar- me dijo colocando sus manos en mis sienes, antes de poder decir nada sentí como me masajeaba suavemente. La tención de mi cuerpo comenzó a desaparecer poco a poco, sus dedos eran como un cálido bálsamo y su perfume florar era embriagante como si fuera un remedio para todo tipo de males.

-¿te sientes mejor?- la escuche preguntar mientras acariciaba mi cabello sin dejar de dar ese masaje con una de sus manos.

-eres un ángel…- susurre maravillado con tan placenteras y calmantes sensaciones, ya ni me podía acordar del porque estaba tan enojado.

-exageras- sonrió tímidamente mientras se sonrojaba, se ve precioso sonrojada.

-no pequeña, eres en verdad un ángel- sonrió tomando su mano para llevarla a mi mejilla, puedo sentir como ella se sonroja a un más, pero eso solo la vuelve más linda.

-eso debería decirlo yo, eres demasiado lindo para ser un sirviente- aquellas palabras, aunque dichas de broma me golpearon como un puñetazo al corazón.

-claro… un sirviente- suspire sin poder evitarlo, ¿hasta cuándo poder mantener esta farsa con ella?

-¿y tú?- pregunte tratando de cambiar de tema.

-¿yo?- pregunto sin entender. Alzando sus pequeñas cejas en un adorable gesto.

-¿Cómo es que una joya tan bella y delicada como tu es una sirvienta y no una princesa?- sonreí viéndola quedar más roja que un atardecer.

-no seas tonto ¿Cómo podría ser yo una princesa?- pregunto visiblemente avergonzada, pobrecita.

-¿y porque no? Eres delicada, dulce, muy bonita…- bese su pequeña mano de porcelana con cariño.

-y tendría que casarme con un noble con 60 esposas- me refuto molesta, sin poder evitarlo me reí, al parecer no le agradaba tener que convertirse en una esposa más para un hombre.

-además ser florista no es tan malo – gruño inflando sus rosadas mejillas en una mueca enfadada que parecía casi infantil.

-yo no dije que lo fuera- le dije acariciando su mano.

-y así puedo estar contigo todo lo que quiera-

-¿te gusta estar conmigo?- pregunte sonriendo tontamente.

-claro que me gusta, eres dulce, amable, sincero, el único que me trato bien desde que llegue aquí – sonreí con tristeza "si tan solo supieras cuanto te he mentido…" pensé con un nudo en el estómago.

-bueno… eres lo mejor de todos los tesoros de este palacio- sonreí acomodándome en su regazo, era tan cómodo estar a si con ella.

-hablador – me dijo ella en broma masajeando y acariciando mi cabello, sus manos eran el cielo, y estaba seguro que antes de darme cuenta me quedaría dormido. Aun no entendía como el reino de Sengoku dejo ir a semejante joya, no es que me quejara de que Kagome estuviera aquí, pero ella sería la esposa perfecta.

Sonreí de solo imaginármelo mientras veía el sol ponerse junto a mi diosa, Kagome como mi esposa, un sueño sumamente maravillosos, pero la mar de imposible, ¿y todo porque? Porque yo era un príncipe y ella una florista, una plebeya, la tradición decía que ella ni siquiera podía mirarme a la cara directamente aún menos hablarme sin permiso.

Maldije mentalmente, si tan solo yo no fuera un príncipe las cosas podrían ser muy distintas, no tendría que estar se parado de ella. ¿Y si seguía así con ella? Kagome no sabía quién era yo en verdad, podría seguir así por más tiempo quizá… ¿para siempre? Suspire, ¡¿seré tonto?! claro que eso no podría durar.

Más temprano que tarde ella se enteraría de la verdad, sabrá que le he mentido, y lo más probable es que piense que me burlaba de ella y me odie… la mire nuevamente, se veía tan hermosa con la luz del atardecer, tan dulce y buena… ¡no puedo perderla así ni de ninguna forma! Entonces lo decidí.

"no me importa cómo, pero aunque tenga que romper todas y cada una de las reglas, me casare contigo mi hermosa Kagome"

Continuara…