Peligro
Pov Inuyasha
Tape el dorado metal con mi mano, vi como ella retrocedía de inmediato, viéndome a mí, luego al medallón, luego a mí de nuevo, hasta que cayó de rodillas apartando el rostro, como todas y cada una de las mujeres de palacio.
-tu… tú eres el príncipe heredero- murmuro sin mirarme cosa que me rompió el corazón.
-Kagome…- el llame intentando acercarme más ella solo aparto más la mirada, no pude soportarlo.
-por favor mírame Kagome- le roge con el corazón oprimido, y lo pero sabía que esto pasaría en algún momento.
-no… no debo- sollozo apretando los ojos con dolor.
-por favor Kagome, sé que debería habértelo dicho antes pero… tenía miedo de decírtelo- intente explicárselo, más sus ojos se llenaron de lágrimas.
-tu… conmigo… ¡está prohibido!- la escuche sollozar mientras cubría.
-no Kagome, por favor mírame pequeña- le roge tomándola por los hombros, pude sentir que temblaba.
-¿Por qué…? ¿Por qué no me lo dijiste?- dijo con un nudo en la garganta.
-yo… creí que me rechazarías si te lo decía- intente explicarle.
-¡hubiera sido lo mejor!- grito con lágrimas en sus ojos.
-un príncipe con una florista, ¡está prohibido! este amor es peligroso- murmuro dolida, yo también me sentía a punto de llorar.
-¡no!- la abrase fuertemente contra mi pecho, no podía permitir que ella pensara eso, nuestro amor no podía acabar aquí, no de esta manera.
-no vuelvas a decir eso Kagome- le roge, pero ella solo lloro más fuerte.
-pero…-
-nada de peros, yo te amo Kagome, no podemos terminar así…- murmure.
Pov narrador
Inuyasha estaba casi desesperado, tenía que demostrarle a Kagome que su amor si valía la pena, no importaba que el fuera un príncipe y ella una sirvienta, tampoco que todas y cada una de las tradiciones prohibieran su relación. Quizás si seguía una de las técnicas de la profesora Izayoi.
Pude ver
Tus hermosos brazos
Pude ver tu alegría sin fin
Kagome miro sorprendida como Inuyasha se ponía a cantar en su oreja, dios, de por ci tenía una preciosa voz cuando hablaba, tanto que casi se cayó sobre su espalda. Con cierto temor alzo el rostro para verlo, sus dorados ojos se clavaron en ella, tan cálidos como la luz del sol, y más porque la miraban con dulzura y pasión.
Ya te vi
Con la luz de luna
Ya soñé un momento así
Kagome sorprendida retrocedió hasta un puente y se cubrió el rostro con ambas manos, pero Inuyasha no la dejo escapar la siguió sin dejar de cantar, ella era su todo, y no la dejaría sin pelear por ella, pero primero debía convencerla de su amor.
Y al soñar te supe ya
Tengo la seguridad
De tu amor,
Siempre para mí
Y que al despertar será así
La azabache se sonrojo profundamente ante ese último verso, su corazón latía a mil por hora, y estaba segura de que si lo veía a los ojos se derretiría. Dios santo, ese amor era una completa locura, pero…
No quiero soñar
Solo imaginar
En lo que piensas tú
Comenzó a cantar Kagome con una tímida sonrisa subiendo hasta en medio del puente. Dejando sorprendido a Inuyasha, pero sumamente encantado.
Una y otra vez
Quiero imaginar
Eso que sueñas tú…
Ambos comenzaron a soñar despiertos, con el día de su boda, Kagome vestida con un hermoso vestido blanco con plata y oro los hermanitos de Inuyasha ayudándola con la larga cola del velo, mientras él que lucía un impecable traje real baja de los elefantes listo para recibir a su esposa en brazos.
Ya soñé
Tus hermosos brazos
Ya soñé
Tu alegría sin fin
Ya soñé
Tus palabras dulces
Cuando estas junto a mí
Al lado de ellos había un camino de rubíes que los guiaba a un rio plateado y lleno de flores de cristal listo para llevarlos al horizonte mientras se declaraban su amor mutuamente ante los ojos de buda, donde nada ni nadie los separaría.
Ya te vi
Con la luz de luna
Ya soñé un momento así
Y al soñar te supe ya
Tengo la seguridad
De tu amor,
Siempre para mí
Y que al despertar será así
Ambos se abrazaron el uno al otro sobre el puente de maderas preciosas y se besaron tierna y apasionadamente como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Mientras tanto en alta mar…
Un enorme buque de vapor, de los más modernos en esa época, viajaba orgulloso por las mares en dirección al norte, ondeando el estandarte de Inglaterra, sobre la cubierta se encontraba el enviado de la reina a las embajadas de Asia, lord Takemaru Ramsy acababa de tener su última escala en hacía antes de volver a su hogar después de 8 años.
Lord Takemaru Ramsy era un hombre de alrededor de unos 49 años, fuerte, alto y de un porte principesco que era la envidia de toda la corte de su majestad, era el encargado de todos los asuntos políticos del reino en Asia desde poco más de 25 años, cosa que no era común en un hombre joven como lo era el para desempeñar un cargo tan alto.
Su carácter era altivo y orgulloso, presumía de sus modales y su finesa de caballero, tenía una hacienda prospera en Inglaterra y manejaba uno de los negocios de astilleros más prósperos de Europa además de poseer varios barcos mercantes.
-por fin volveremos a casa- sonrió el hombre.
-con este viento podremos llegar en poco tiempo Sir Takemaru- secundo el capitán uniéndosele en la baranda de la cubierta.
-con su permiso caballeros, su te- sonrió uno de los grumetes llevando una bandeja con tazas de blanca porcelana rebosantes de té negro.
-gracias, lord Takemaru…- agradeció el capitán ofreciendo la tasa al embajador primero. Ambos se sirvieron sus tazas con cuidado.
-¡oh, lord Takemaru!- exclamo de pronto el grumete.
-nos ha llegado una carta para usted de Shikon- Takemaru alzo una ceja.
-¿de Shikon?- pregunto sorprendido, normalmente no recibía correspondencia de ahí, de hecho la última vez que había oído de ese lugar fue cuando hizo de mediador para contratar a la maestra para los hijos del rey, pero cuando iba a tomar el sobre una ráfaga alejo el papel de su mano.
-¡atrapen esa carta!- ordeno corriendo tras el escurridizo papel que flotaba a la deriva por toda la cubierta.
Finalmente después de muchos traspiés tropezones y carreras el grumete logro pescarla carta en pleno vuelo fuera de la baranda de la cubierta, claro que también fue una suerte que el capitán y lord Takemaru estaban cerca para pescarlo por los tobillos antes de que el timonel tuviera que gritar "¡HOMBRE AL AGUA!" una vez lograron subirlo de nuevo al resguardo de la cubierta, el joven entrego la carta a lord Takemaru.
-¿Qué significa esto?-murmuro con el ceño fruncido releyendo dos veces más el papel.
-mi querida Izayoi Leonowens ¿en peligro?- un gruñido de frustración escapo de su garganta.
-¡cambie el curso capitán!-ordeno en un tono tan fiero que hizo que el grumete estuviera a punto de volver a caer por la borda.
-p-pero lord Takemaru ¿A dónde?- pregunto el capitán intentado recuperar un poco su compostura pues el gruñido del lord también lo había sorprendido.
-a Shikon ¡a destronar a ese bárbaro rey!- gruño arrojando la carta arrugada al mar.
De vuelta al palacio de Shikon…
El príncipe y su florista se separaron por la falta de aire después de su primer beso, el primero de muchos esperaban ambos. Feliz Inuyasha tomo a Kagome de las manos y la guio a una parte oculta del jardín. Más no sabían que Hakudoshi, que pasaba por ahí casualmente los observaba de cerca.
Era tradición en Shikon que se regalara una joya entre novios para sellar un compromiso, pero en ese momento Inuyasha no tenía nada a la mano, así que se sacó el emblema por la cabeza y se lo puso delicadamente a Kagome.
-Inuyasha…- murmuro ella sorprendida por la acción de su ahora prometido.
-si tu padre se entera…- intento decirle con su voz algo temblorosa.
-Kagome, nadie lo sabrá si no lo decimos, todo saldrá bien- le prometió, cierto era que como su padre se enterara de esto antes de lograr pensar en cómo solucionarlo será fatal para ambos. Pero no pensaba permitir que nada lo separara de su hermosa Kagome.
-¿será… será posible?- pregunto ella esperanzada.
-lo será.- asintió el ambarino.
-te lo prometo- le juro abrazándola con fuerza.
-perfecto- murmuro Hakudoshi antes de alejarse de su escondite. ¡Esa información era invaluable!
Kagome brinco al escuchar el ruido proveniente de los arbustos, entonces su instinto le grito que algo no andaba en lo absoluto bien.
-¿Qué paso?- le pregunto Inuyasha quedamente al sentirla temblar.
-ssshhh…- lo acallo ella con un ademan
-alguien nos vio- murmuro. Los ojos del príncipe se abrieron con temor.
-sentí que… que alguien nos miraba- continuo ella llena de temor.
-por favor vete- le pidió a Inuyasha.
Ambos se separaron corriendo en direcciones opuestas, a pesar de que habían resuelto lo que sentían el uno por el otro no podían dejar que nadie descubriera que estaban juntos. Mientras Kagome corría hacia el otro extremo del jardín donde estaban las habitaciones de los sirvientes Inuyasha se encamino directamente al castillo, dando una que otra mirada furtiva sobre su hombro para comprobar que nadie iba persiguiendo a su prometida.
-Inuyasha- lo llamo de pronto una voz conocida.
-dama Irasue- murmuro el sorprendido, pero aún más porque la esposa principal tenía una muy marcada expresión de preocupación en el rostro.
-el rey ha recibido malas nuevas- murmuro ella bajando un poco la cabeza con pesar.
-está muy preocupado- la vio llevarse una mano a los ojos para secar una lagrima de preocupación que amenazaba con salir.
-por favor ve con él- le suplico, Inuyasha se olvidó de sus problemas por el momento, su padre lo necesitaba.
-dios esto es perfecto-Aun en el jardín Hakudoshi se movía entre los arbustos con una sonrisa de oreja a oreja mientras pensaba en voz alta.
-el príncipe heredero enamorado de una sirvienta, ¡será un enorme escandalo!- sonrió entre dientes como un cocodrilo.
-seguro esto será muy útil a Naraku, y por fin dejara de tratarme como a su esclavo- sonrió aún más hasta que choco de cabeza contra algo duro.
-¿Qué estúpida e inútil cosa se ha atravesado en mi camino?- gruño levantando la vista mientras se frotaba la cabeza. Mas palideció al descubrir que no había chocado con algo si no con alguien, el elefantito Buyo para ser más exactos.
El elefantito enojado por la manera en que lo trataban y aprovechando que Naraku no andaba cerca lo tomo del cuello con su trompa y lo arrojo directo contra un árbol. Ni bien se estaba recuperando del golpe cuando Buyo lo embistió con fuerza, por suerte el muchacho logro saltar en el último minuto y se abrazó al lomo del paquidermo.
-¡cálmate ya estúpido animal!- ordeno intentando tirarle de las orejas, pero este lo zamarreo fuera de su espalda con un bramido.
Hakudoshi trepo rápidamente al primer árbol que encontró, aun él sabía que un elefante enojado aunque fuera una cría como Buyo podría llegar hasta a matar a un ser humano si no se tenía el debido cuidado. Como era de suponerse el elefantito trato de alcanzarlo más el tronco era empinado y lo suficientemente grueso para soportar sus golpes sin derrumbarse.
-¡je, je, je! ¡Ahora veremos si me alcanzas pedazo de…!-empezó a burlarse Hakudoshi, hasta ser interrumpido por una fuerte sacudida, y luego otra y otra.
Buyo golpeo insistentemente el árbol buscando que la secua callera, mas este tenía un buen agarre al tronco, más el elefantito no se rindió y continúo golpeando con fuerza. Para desgracia de Hakudoshi se había trepado a un árbol de mangos petacones y todos estaban grandes y maduros, listos para caer del árbol y debido a las sacudidas tuvieron su aterrizaje directo en su cabeza.
Dentro del palacio…
En sus habitaciones Izayoi hacia su equipaje con un poco más de calma, tal como lo había dicho, en cuanto llegara el primer barco con destino a Inglaterra ella volvería a su patria, siempre podía conseguir empleo en su tierra natal, al menos esta experiencia le había dejado un buen antecedente, quizá podría llegar a servir de institutriz para con algún niño noble.
-maestra Izayoi- llamo una voz desde la puerta.
-príncipe Inuyasha- murmuro sorprendida.
-¿pasa algo?- pregunto al ver su expresión tan seria.
-estoy preocupado, ¿podría por favor ir con mi padre?- suplico, cosa que sorprendo a la maestra.
-¿me mandó llamar?- intento confirmar para estar segura.
-no, pero sé que se alegrara de verla, su mente está llena de problemas-
-¿Qué clase de problemas?- pregunto esta vez más preocupada, no era normal que alguien tan altanero como el rey estuviese preocupado por cualquier cosa.
-cartas a los británicos dicen… dicen que mi padre es un bárbaro, ahora vienen para intentar hacer de Shikon un protectorado, colocar a otro rey en su lugar- explico sin poder evitar que sus manos se encresparan en puños al tener que repetir tales calumnias contra su padre.
-¡es terrible!- exclamo Izayoi también indignada por esas acusaciones.
-tu padre es muchas cosas, pero jamás un bárbaro- Inuyasha asintió estando de acuerdo con las palabras de la maestra.
-¿usted… lo puede ayudar?- volvió a pedir el príncipe esperanzado.
-¿dices que le dé consejo?-
-un rey jamás puede pedir consejo- exclamo Inuyasha, Izayoi comprendió que era algo que iría contra el orgullo de Inu no Taisho tan solo plantearse la idea de pedir ayuda a alguien más.
-temo que yo no puedo… y tampoco quiero hacerlo sin que me lo haya pedido- murmuro Izayoi. Inuyasha la miro con cierto dolor, pero también la respetaba, no podía forzarla a ayudar a su padre, y tenía reconocer que el susodicho tenía gran parte de la culpa, así que se inclinó ante ella y se retiró.
Entonces unos tironcitos en su falda color marino llamaron su atención, era una de las princesas más jóvenes que llevaba una carta entre sus manitas.
-maestra Izayoi, por favor ¿le puedo leer esta carta?- pregunto con timidez la pequeña, Izayoi le tomo de la manita sonriente para guiarla a uno de los aterciopelados taburetes para que así estuviera más cómoda.
-"querida amiga y maestra
No te vayas de aquí por favor
Somos como ciegos sin ti
No nos dejes caer en la obscuridad
Llévanos por buen camino
Suplicamos
Te quiere tu estudiante
La princesa Ying"-
Continuara…
