Hola perdonen el completo abandono de esta historia

Una posible solución

Inu no Taisho estaba tumbado boca abajo en el piso de su estudio ojeando flojamente un libro con Kirara tendida a su lado. Izayoi eligió ese momento para entrar desde las escaleras, el rey apenas sintió su presencia se volvió a mirarla sobre su hombro con expresión indiferente.

-¡feh! ¿Has venido a disculparte?- pregunto regresando su atención a su libro.

-disculpe su majestad, pero yo debo…- intento explicar Izayoi después de dar un sonoro suspiro.

-bien, yo acepto- murmuro Inu no Taisho ignorando su frustración, entonces volteo a verla nuevamente.

-¿no me tienes respeto como rey?- pregunto con el ceño fruncido y la incredulidad bañando su rostro.

-¿eh?-La pelinegra arqueo una ceja sin entender.

-¡ninguna cabeza jamás deben ser más alta que la del rey!, no puedo estar parado siempre- se limitó a explicar el peli plateado.

-¿se… se refiere a…? ¿En el piso…?- pregunto Izayoi entendiendo el contexto de las palabras.

-vaya mujer más difícil- gruño exasperado.

- deberás observar que tu cabeza jamás quede más alta que la mía- se puso de pie y camino un poco por la estancia.

-si me siento, te sientas, si me arrodillo igual, etcétera, etcétera, etcétera- Izayoi se cruzó de brazos con altivez, Inu no sonrió de medio lado con complicidad.

-¿promesa?- pregunto destellando sus ojos ambarinos sobre ella, e incluso Kirara se colocó junto a la falda de su vestido y ronroneo.

-hmph… muy bien su majestad es promesa- accedió finalmente, si quería hacer esto no podía pelearse con él en los siguientes minutos.

Inu no le hizo señas para que se pusiera junto a él, tan pronto como llego el rey callo de rodillas sobre un mullido cojín, Izayoi lo imito, luego se reclino completamente en el piso, la maestra rodo sus azules ojos y lo imito a medias, hasta que Kirara midió las alturas con su cola y le dio una miríada reprobatoria con un suspiro de resignación la maestra se postro en el piso irguiéndose levemente con sus brazos, muy, muy cerca del rey.

-y ¿su majestad?- pregunto después de unos minutos en esa posición.

-¿mmm?- pregunto el sin alejar sus ojos de su libro.

-¿hay algo de lo que le gustaría discutir?- pregunto tan inocentemente como pudo.

-¡feh! ¿Por qué debería discutir algo contigo?- murmuro el despectivamente.

-oh muy bien su majestad, siendo el caso me retiro, que pase buenas noches- se despidió ella.

-buenas noches- respondió el de vuelta, pero viéndola de reojo anhelante, de verdad quería estar más tiempo junto a esa indomable fiera inglesa, pero su orgullo no debía doblegarse.

-¿eh? ¿Su majestad?- pregunto Izayoi con cierta picardía al notar el peso de la mirada de Inu no Taisho a sus espaldas.

-¿Qué, que, qué?- pregunto el levantándose con una emoción apenas disimulada.

-¿de casualidad, ha recibido… em alguna… noticia interesante?- pregunto Izayoi con tacto.

-¿noticias?- repitió el monarca con fingida incredulidad.

-¡pues si! ¡Si hay una noticia! ¡ELLOS ME LLAMAN BÁRBARO!- exploto preso de toda la tensión que había acumulado esos días.

-¿Quiénes?- pregunto Izayoi intentando calmarlo.

-¡bah! Algunos traidores que intentan arrebatarme mi país…- entonces el volteo a ver.

-si fueras la reina Victoria y alguien te dice que soy un bárbaro ¿tú lo creerías?- le pregunto seriamente.

-pero es una mentira- aseguro Izayoi.

-una mentira vil y falsa- la secundo el rey.

-¿y que ha decidido hacer su majestad al respecto?- pregunto Izayoi curiosa.

La pregunta tomo desprevenido a Inu no, lo cierto es que no había pensado en cómo resolver el problema había estado más ocupado en tratar de atrapar a los traidores que se escondía entre las sombras de su palacio. Como desearía poderle pedir consejo a ella, pues no solo era la mujer más inteligente que había conocido sino que además era inglesa, así que conocería la mejor manera de hablar con los funcionarios, pero no le pediría ayuda, no sin salir con su orgullo mancillado.

-adivínalo tú, a ver vamos- le sonrió pícaramente. Mientras a espaldas de los dos Naraku escuchaba oculto entre unos libreros y cortinas.

-peleara contra el barco británico, cañones contra lanzas y ¿quién vencerá?- sonrió en voz baja y pelo la oreja.

-yo creo que usted, no peleara con los británicos- la sonrisa del primer ministro se borró.

-¡¿QUÉ?!- gruño tan bajo como pudo.

-yo pienso que invitara a los británicos a palacio para que vean la verdad- continuo Izayoi dejando tanto a Naraku como a Kirara con las fauces abiertas.

-entrando con su pie derecho- finalizo la maestra con una sonrisa. El rey miro sus pies con una ceja alzada.

-¿en que es mejor el derecho?- pregunto curioso

-es solo una expresión su majestad- rio la pelinegra.

-así que vean la verdad ¿no?- murmuro meditabundo.

-si eso es exactamente lo que pensaba hacer,-sonrió.

-¿pero cómo?-

-Adivina como lo haría- le sonrió nuevamente, Izayoi también sonrió, y decidió seguirle el juego.

-pues ¿dando a los británicos un banquete?- sonrió Izayoi, e Inu no Taisho sonrió aún más, sumamente emocionado.

-¡jajá, justo lo que haría!- exclamo.

-¡grrr!- gruño Naraku estrellando su puno contra la dorada pared. Entonces vio a tres guardias acercarse distraídos.

-¿están espinando?- les amonesto, con alguien tenía que desquitarse.

-si hay algo que no tolerare en este palacio es a quien espié- gruño dejando la sala dejando a los guardias confundidos.

- muéstreles lo civilizado que es, y ellos informaran a la reina que usted no es un bárbaro- continuo Izayoi ajena a lo sucedido tras las cortinas.

-¡pero claro! ¡Presentare la joya de mis experimentos! ¡EL VIAJE POR AIRE!- Izayoi a duras penas aguanto una carcajada, el rey parecía un niño de tres años en una juguetería.

-y un baile- continuo alentándolo.

-¡justo lo que había pensado!- sonrió casi saltando.

-con música- le alentó Izayoi sonriendo también.

-y danza- la emoción entre ambos era tan palpable que casi podía ser enfrascada, la maestra Izayoi apenas y podía recordar porque estaba tan enojada con el monarca, y el mismo Inu no Taisho parecía haber desterrado temporalmente su orgullo.

-¿Por qué no pensaste tú en danzas?- la vacilo arqueando pícaramente una ceja.

-usted tuvo una muy original idea, su majestad- le devolvió la broma Izayoi sonriendo ampliamente.

-¿ya te he dicho que tu planearas todo?- pregunto con aire de superioridad, Izayoi palideció levemente.

-¿yo?- pregunto con incredulidad, cosa que hizo al rey reír.

-¿Quién mejor que una británica para impresionar a los británicos? Incluso podrías ayudar a mis esposas a que se presenten como damas de sociedad.- la maestra suspiro molesta, no podía rebatir ese argumento.

-por su puesto su majestad pero ¿podría decirme al menos, de cuánto tiempo dispongo?- pregunto temiendo la respuesta.

-oh poco más de una semana- sonrió Inu no Taisho.

-¡¿UNA SEMANA?!- grito escandalizada, eso era demasiado poco para organizar un banquete en forma.

-calma, primero se pide ayuda a Buda- volvió a sonreír el monarca tocando el gong dorado de la estancia para luego tomarla de la mano y guiarla al templo.

Izayoi se ruborizo escandalosamente, era la segunda vez que el rey Inu no Taisho la llevaba con esas confianzas a algún lugar, y su nerviosismo se multiplico al comprender sus palabras, iba a llevarla a su templo, ella jamás había entrado a ningún templo que no fuera católico, y no tenía ni la mínima idea de qué hacer ni cómo comportarse.

Entraron a un salón tapizado de jade y oro por todas partes lleno de estatuas de aspecto amenazador salvo por el enorme buta en el centro, Izayoi se quedó casi de piedra viendo tan majestuoso trabajo de escultura y decorado, jama sabia visto algo tan bello. Claro que su sorpresa se vio opacada cuando vio a la mayoría de sus alumnos y a cuatro o cinco de las esposas principales, todos de rodillas y con la frente en el piso.

-vamos abajo, abajo- le indico Inu no poniéndose también de rodillas. Izayoi se inclinó como pudo considerando su larga falda.

Comenzaron los rezos, con algunos canticos. Izayoi observaba curiosa y muy atenta, esta era una oportunidad única en su vida, además quería ser lo más respetuosa posible para evitarse cualquier problema.

-oh Buda danos un poco de tu fuerza y tu sabiduría- oro Inu no Taisho elevando sus manos al cielo. Posteriormente se inclinó con ambas manos juntas y se inclinó, Izayoi lo imito.

-Buda, ayuda a la señora a estar despierta, para la preparación científica, del banquete aunque es solo mujer y cristiana y por tanto no merece tu interés- volvió a oral el rey.

-¡su majestad!-Izayoi quiso levantarse para golpearlo, menuda ofensa acababa de hacerle.

-una promesa, es promesa, tu cabeza jamás debe estar más alta que la mía- le recordó Inu no con una sonrisa de burla a pesar de su tono serio. Izayoi apretó los labios en una mueca que el monarca interpreto en sileno como encantadora.

-y Buda, yo te prometo a ti que daré a esta, nada valiosa mujer…- la maestra frunció el ceño con los ojos cerrados.

-una casa…- aquellas palabras la hicieron abrir sus ojos con sorpresa.

-una casa para ella, una bella residencia, afuera de este palacio, etcétera, etcétera, etcétera.- finalizo, los rezos volvieron a sonar.

Con una sonrisa de complicidad Inu Taisho imito la pose de reverencia, sin despegar la mirada de aquellos ojos dorados de las profundidades oceánicas de la inglesa, ella bufo divertida y lo imito. Sonriendo Inu Taisho se tumbó de pecho, retándola a quejarse, pero ella le siguió, aunque a regañadientes, que ni creyera ese rey que la iba a derrotar, en un último intento el rey se quedó completamente extendido en el piso, Izayoi refunfuño ligeramente pero lo siguió, ambos su sonrieron en muto reconocimiento del empate.

Mientras tanto en los jardines del palacio

-elefantito… ¿sigues ahí?- llamo Hakudoshi aun encaramado en la sima de la palmera, había perdido la cuenta de cuantas horas estaba ahí trepado y le dolían horriblemente sus extremidades.

-uff…- suspiro al notar la ausencia de la cría de paquidermo, con cuidado aflojo su agarre y se dejó caer.

-no quiero volver a ver otro mango en mi vida- gruño molesto quitándose los rastros de fruta de su ropa y cabello. Es más era tal su coraje que gustoso pateo un mango maduro a unos arbustos. Pero le fue regresado el golpe.

-quien sea que hizo eso, no te conviene meterte con migo- grullo arrojando un coco y otro mangos al agresor.

-para que no lo olvides- sonrió disponiéndose a marcharse, pero los arbustos se agitaron y toda su munición le fue devuelta como balas de ametralladora.

Esquivo con un par de volteretas el ataque, estaba tan enojado en ese momento que sin pensarlo tomo una vara de bambú y se dirigió al lugar de donde provenían los ataques contra él. Furioso alzo la vara sobre su cabeza dispuesto a golpear, pero su agresor aprovecho para embarrarle un mango maduro en todo el rostro.

-¡suficiente!- gruño triturando las pobres plantas con toda su fuerza. Finalmente agotado separo lo poco que quedaba de los pobres arbustos dejando ver al pelirrojo monito, que temblaba de miedo.

-¡ah! Así que eres tu otra vez- sonrió malévolamente, Shippo sus manos juntas en seña de súplica.

-jajá, de esta no te vas a escapar- su sonrisa se ensancho y levanto la vara de bambú mucho mas que listo para romperle la cabeza al rojo monito.

Pero antes de poder soltar el golpe algo duro le sujeto imposibilitándole agredir al primate, rápidamente Shippo salto tomando el lugar de su defensor sujetando la vara de bambú. Hakudoshi confundido volteo a ver disimuladamente por entre sus piernas, donde Buyo lo saludo burlonamente con su trompa.

Hakudoshi pego un brinco espantados quería regresar a la copa de ese árbol, por ese día, con un chillido trato de correr lejos de los animales, pero buyo fue más rápido y lo empujo nota un par de lianas que lo devolvieron a ellos con un efecto resorte, cosa que los dos amigos aprovecharon para jugar al tiro al blanco con él. Para desgracia de las secuas una enorme ciruela quedo atorada en su boca y Shippo le puso por cuernos dos plátanos maduros.

El muchacho partió corriendo despavorido, mientras a sus espaldas el mono y el elefante soltaban algo parecido a una carcajada. Llegando, como pudo al escondite Hakudoshi rodo ruidosamente por las escaleras subterráneas hasta golpearse de cabeza contra el gong.

-¿Dónde estuviste?- le pregunto Naraku, luchando por mantener en su lugar el monóculo dorado que usaría en la visita de los británicos.

-¿acaso comiendo fruta?- se burló despectivamente al verlo todo pegajoso y pringado de pulpa.

Hakudoshi gruño molesto, aun con la enorme ciruela atorada en su mandíbula, se señaló dos veces el rostro y luego hizo una mímica de binoculares con sus manos.

-¿Qué viste… que?- pregunto Naraku, dedicándole toda su atención. Fuera cual fuera esa información le serviría en esos momentos para mejorar la situación de su plan. Hakudoshi hizo la pose de la grulla del Karate un muy mal intento de una patada giratoria.

-¿al príncipe?- pregunto Naraku. El ojivioleta asintió ante la afirmación y como pudo frunció los labios.

-silbando- sentencio el hechicero con una mueca. Hakudoshi negó desesperado con la cabeza, se lanzó al cuello de su maestro y le planto un beso en la mejilla, pero Naraku lo mando al piso de un puñetazo.

-¡puaj! Nadie me besa a mi ¡jamás!- gruño restregándose el lugar. Hakudoshi tosió para recuperarse del polvo, hizo un ademan de paciencia con sus manos y luego imito el movimiento de Inuyasha de quitarse un collar y ponérselo a Kagome con cariño.

-¿el obsequio el emblema real? ¿Es eso?- sonrió Naraku comprendiendo la mímica, el ojivioleta asintió.

-¿a quién? ¿Quién? ¿Quién?- ole gruño tomándolo por el cuello de la túnica. Su sirviente tiro dos veces de su oreja y se rasco la nariz.

-¿eso suena como… cosa? ¿Diosa? ¿Rosa?- pregunto ante las distintas poses que imitaba Hakudoshi.

-¡ah! ¿La pequeña florista?- dejo caer a su siervo sorprendido por esa noticia.

-cof… cof- tosió Hakudoshi aliviado de haberse liberado de su amarga mordaza de fruta.

-si maestro, un juego divertido para jugar en una fiesta ¿no cree?- sonrió malévolamente,

-jajá, un platillo perfecto para el banquete- secundo Naraku sonriendo como el gato de Alicia.

-ya lo imagino, los británicos observando cada movimiento del rey y luego ¡sorpresa! ¡Sorpresa!- visualizo prácticamente brincando de la emoción.

-una sirvienta con el emblema real, ¿Qué más podría su majestad hacer? Si no sentenciarla ¡a una bárbara muerte!- la maligna risa del hechicero resonó por los jardines en la fría noche.

Continuara…