Hola volví, mi pobre conciencia me gritaba que por haber abandonado a uno de mis bebes, así que estoy decidida a acabarlo de una vez antes de continuar con mis otras historias, ahora les pido por favor que me den un comentario, si les gusta o incluso si no les gusta, cualquier crítica o comentario es bienvenido siempre y cuando no contenga palabras altisonantes ni tampoco insultos.

Bailare

La semana paso volando para todos los habitantes del castillo, los pobres sirvientes corrían de un lado al otro a todas horas del día e incluso hasta altas horas de la noche. Inuyasha y Kagome apenas y habían tenido tiempo para verse, ella porque estaba ocupada diseñando y arreglando cientos de floreros que adornarían el palacio, sin mencionar que las nuevas tareas asignadas a toda la servidumbre apenas y podía recordar si había comido o dormido en los últimos días, e Inuyasha y sus hermanos no estaban mejor.

El rey había insistido en que todos los príncipes y la mayoría de las esposas fueran adiestrados en las cortesías, modismos y modales británicos, cosa muy difícil de realizar en tan poco tiempo debido a las diferencias culturales. Pero lo peor de todo se lo llevo Izayoi, quien no sabía si estas tareas eran un honor o una tortura impuesta por el rey. En 7 días no había parado ni para comer, es más, se sorprendía de que no se hubiera desmayado.

Entre preparar a los príncipes, entrenar a las incansables y desesperantes esposas del rey, y eso dejando de lado la supervención del banquete, las flores, el baile, las bebidas, entrenar a los empleados y criados, ver donde se quedarían los invitados en el palacio, seleccionar los entretenimientos y demás no se daba abasto. Si no fuera porque su pequeña Rin estaba con ella para auxiliarla y Kagome que además de transmitir sus órdenes e instrucciones a los criados tenía la encomienda de ser sus ojos en los preparativos, no habría podido terminar a tiempo.

Y ahora por fin, después de tanta espera, llegaba el gran día, el barco de los emisarios británicos había arribado hacia el mediodía, y los preparativos finales para su recepción al caer el sol estaban en el pico del problema….

-¡señoras! ¡Señoras! ¡Por favor dejen de moverse por todos lados! ¡Arruinaran los vestidos!- gritaba Izayoi correteando a las sobre-excitadas y extra energizadas esposas de Inu no Taisho por todo el salón de preparaciones.

-¡no señoras no! ¡Ese es un corsé no un tocado! ¡No tanto maquillaje lady Hitomi manchara la seda! ¡Lady Korori no use tanto labial! ¡Lady Tiang por dios ya no juegue con los broches se deshará el peinado otra vez!- era todo lo que se alcanzaba a escuchar por encima de las risas y los cotilleos de las concubinas.

-¡Lady Irasue por favor cálmelas!- suplico Rin a la esposa principal asustada de ver a su madre tan desesperada, ella misma había estado correteando a esas mujeres y a causa de eso aún no lograba terminar de peinarse su propio cabello por tanto barullo. Más Irasue solo sonrió divertida.

Unas fuertes palmadas resonaron en la estancia callando de inmediato los chillidos, las damas cayeron de rodillas ante la visión de su marido, bien ataviado con su mejor túnica e imponentes joyas, en el portal de la puerta, más al hacerlo las faldas de las doncellas se levantaron y un nuevo chillido resonó, solo que esta vez, proviniendo de la maestra británica.

-¡oh Dios mío! ¡Qué problema! ¡No llevan ropa interior!- chillo Izayoi cubriendo rápidamente los ojos de Rin mientras Inu no Taisho la miraba como si estuviera loca.

-¿para que necesitarían aún más ropa? Es de por si estorbosa la cantidad de telas y artificios que llevan puestos- sentencio después de observar a sus mujeres con esas ropas europeas, ridículas en su opinión.

-pero…- intento discutir Izayoi, como a esas mujeres locas se les ocurriera hacer su reverencia y los ministros estuvieran a sus espaldas…

-además los invitados no tardan y deberán recibirlos- sentencio cruzándose de brazos, Izayoi suspiro con frustración, lo cierto es que estaba tan cansada que realmente no le interesaba gastar sus energías para el banquete discutiendo con el testarudo monarca.

-está bien, está bien- se tranquilizó.

-muy bien señoras, ya pueden irse, pero por piedad cuando se inclinen procuren que sea de espalda a la pared- les rogo a las revoltosas mujeres antes de despedirlas por la puerta, Rin también se marchó para que Kagome le ayudara a peinarse. Inu no Taisho las observo marchar con una sonrisa burlona en el rostro.

-bien ahora que estamos solos podrás explicarme la mejor manera de entrar con mi pie derecho- sonrió acercándose a la maestra para guiarla al recibidor.

-le puedo asegurar que todo está más que listo su majestad- sonrió Izayoi ajustando bien un par de mechones rebeldes de su peinado.

-aquí, prepare una lista de temas en los que soy muy diestro- le entrego un papel con anotaciones por ambos lados.

-le aseguro que todo dará una magnifica impresión- aseguro Izayoi tomando la lista y deshaciéndose de su chalina.

-¿eso es lo que estarás vistiendo?- pregunto con una ceja levantada al ver su vestido, era menos abombado que el de sus esposas, de seda color rosa palo adornado con algunas piedrillas brillantes y dejaba al descubierto sus hombros y un ligero escote muy elegante.

-oh vamos su majestad, los hombros descubiertos son la última moda ¿no le agrada?- sonrió dando una vuelta para que pudiera apreciarla bien.

-¿estas segura que es lo acostumbrado?- pregunto con cierto recelo, con el ceño fruncido y sus labios haciendo una mueca que Izayoi solo le había visto a Inuyasha una vez, cuando uno de los caballerangos miro más de lo debido a Kagome.

-siento mucho que su majestad no lo apruebe- gruño volviendo a acomodar la delicada prenda sobre sus níveos hombros.

-yo no dije que no lo apruebo- murmuro en voz baja rascándose apenadamente la nuca. Izayoi logro escucharlo y se deshizo de la chalina para ponerla lejos de una vez, esa noche el calor era abrazador.

-deberías llevarla aun así…- gruño Inu no Taisho recogiendo la chalina color salmón.

-nunca creí que su majestad fuera mojigato- se bulo ella, Inu no frunció el ceño.

-no lo soy- gruño antes de rodearla con una mirada de escrutinio.

-¿en Inglaterra las mujeres siempre visten así? ¿Danzan en los brazos de hombres que no son su esposo? ¡Feh! yo no lo permitiría- aseguro cruzándose de brazos, Izayoi dio un suspiro ante su actitud.

-¡oh pero es tan excitante!- sonrió como una niña mimada deslizándose con la gracia de una bailarina hasta uno de los elegantes asientos, Inu Taisho siguió cada movimiento con su mirada.

-cuando una es joven… en las fiestas… verse sentada en una sillita dorada, con la mirada hacia abajo…- sonrió sentándose en el asiento y coloco las manos en su regazo sin perder la sonrisa.

-temerosa de no ter compañía… pero de pronto unos zapatos negros…- sonrió fingiendo impresión.

-un dulce rostro… que dice…- sonrió con nostalgia, evocando en su imaginación su primer baile con su difunto esposo.

Bailare

Volare en una nube musical

Se levantó lentamente, siguiendo suavemente los movimientos de su pareja, disfrutando cada segundo, cada dulce sentimiento de aquel vals que compartieron aquella lejana noche.

Bailare

Y después te daré mi triste adiós

O tal vez

Cuando quede una estrella nada más…

El rey Inu no Taisho la siguió embelesado hasta el balcón, viendo como la paz y la tranquilidad invadían su rostro mientras sus pies se deslizaban casi flotando por el mármol violeta de los suelos, no podía apartar la vista, no quería apartar la vista, sin duda era lo más bello que había visto en su vida. Incluso Kirara se asomó para tratar de ver a la bailarina soñadora.

Si Talvez seguiremos

Los dos juntos estaremos

Y serás tú mi nuevo amor

Continuo bailando Izayoi totalmente perdida en su fantasía, ajena completamente a las miradas embocadas de su público. Finalmente su pareja le dio un par de giros y la soltó desapareciendo en el cielo nocturno.

Nuevamente te digo que esto puede sucedernos

Bailare

Bailare

Baila… Izayoi se detuvo con un jadeo al darse cuenta de que estaba bailando sola, ¡y frente al rey! Se cubrió el rostro completamente avergonzada.

-¿Por qué te detienes?- pregunto decepcionado Inu no al ver el espectáculo interrumpido.

-¡oh su majestad! Yo no… no me di cuenda de que…- intento excusarse poniéndose adorablemente sonrojada.

-¡porque! Porque en mi país una dama no bailaría sola mientras otros están mirándola- dijo finalmente intentando rescatar su dignidad, aunque fuera un poco.

-¿oh? Pero danzarías en los brazos de un hombre extraño tomada de sus manos ¿cierto?- gruño acusadoramente cruzándose de brazos, igual que un niño al hacer una rabieta.

-no siempre es un hombre extraño- sonrió de nuevo la maestra acariciando su rostro con suavidad.

-a veces pude tratarse de un buen amigo- le explico a al monarca, el cual relajo levemente su postura, pero entonces las puertas se abrieron dejando pasar a Naraku y al enviado británico.

-¿está seguro?- preguntaba Takemaru en voz baja.

-por supuesto, pero ahora mismo fingirá ser civilizado- le susurraba maliciosamente al oído el primer ministro.

-no me engañara- aseguro el inglés.

-¡oh vendito sea por venir a salvarnos!- se santiguo con fingido agradecimiento.

-¡Takemaru!- sonrió Izayoi al reconocer la voz. Cuando finalmente los ojos castaños se cruzaron con los azules en mutuo reconocimiento la sangre de Inu no Taisho hirvió en celos.

-¡Izayoi! ¿Están bien tú y la pequeña Rin?- pregunto preocupado el enviado tomando las manos enguantadas de la maestra.

-no tenía idea de que fueras a venir- sonrió ella ignorando la pregunta.

-ahora mismo ve y empaca tus cosas, me preocupa tu bien estar- le ordeno jalándola lejos del monarca lo que le enfureció aún más.

-de verdad Takemaru, no es necesario…- intento excusarse Izayoi aunque la verdad el ver la expresión de celos nada disimulados de Inu no Taisho valía oro en ese momento.

-¡yo decidiré eso!- la mando a callar, al parecer su pobre e inocente Izayoi aún no caía en la cuenta del monstruo que era el hombre que la retenía en ese palacio.

-se me ha informado que ese hombre es un ser incivilizado y barbárico- le susurró al oído; desde la posición de Inu no aquel acto parecía un beso pícaro. Con su sangre hirviendo de envidia y celos se dispuso a poner fin a esa situación, aclarando la garganta para atraer la atención de ambos.

-¡oh disculpe! Su majestad él es un muy querido amigo, Sir Takemaru Ramsey - los presento Izayoi, notando la tensión entre ambos hombres.

Las palabras "muy querido amigo" rebotaron en la mente del monarca aumentando su furia y sus celos, según entendía aquel hombre tenía un contacto muy cercano y antiguo con su pequeña e indómita maestra inglesa, uno que él no podía igualar. "¿y si decidiera volver con él?" su conciencia le pregunto. "¡NO! ¡NO PERMITIRE QUE ESO PASE!" gruño internamente molesto.

-… nos conocimos muchos años antes de mi boda- la ira del monarca exploto, eso quería decir que probablemente había sido su pretendiente, "maldito extranjero".

-un placer- gruño Takemaru, dirigiéndole la misma mirada de escrutinio y desconfianza que el rey peli plateado le dedicaba.

-feh- fue lo único que se dignó a contestar, él no tenía por qué gastar su preciosa saliva con gusanos plebeyos como él.

Se observaron con rivalidad uno al otro, estudiándose y midiéndose, Izayoi miro el intercambio sin saber que decir y mucho menos a quien apoyar. Por un lado estaba Takemaru, en su impecable smoking negro, parado con porte caballeresco distintivo de la nobleza inglesa, por el otro estaba el rey Inu no Taisho en sus ropajes de oro y seda blanca, altivo, presumido, irascible, terco, inflexible, pero definitivamente un gran hombre sabio, de corazón justo y… un ser digno de admiración, Izayoi sintió que la cabeza le daba vueltas, pero aun así no aparto la mirada

-eh escuchado mucho de usted, tengo entendido que es un hombre con basta descendencia ¿cierto?- le pregunto finalmente Takemaru rompiendo el incómodo silencio, pero a pesar de que su tono tenía cierta educación, pero también con burla.

-oh, tampoco es tanta, solo 106 hijos, llevo poco tiempo de casado - sonrió restándole importancia al asunto con un encogimiento de hombros. Por su parte el enviado británico palideció, ¿Cómo era posible que una pareja tuviera 106 seis hijos? era físicamente imposible.

-pero espero pronto aumentarla, es más espero cinco más para el próximo mes- sonrió Inu no Taisho con suficiencia, mientras Izayoi miraba preocupada la palidez de su amigo.

-majestad, ¿no sería mejor pasar al gran salón?- intervino para evitas que ambos hombres se mataran con esa guerra fría.

-desde luego, es hora de la cena y después las danzas- asintió arrogante Inu no.

-¿cena? ¿Danza?- pregunto Takemaru después de espantarse la sorpresa.

-un banquete en tu honor- sonrió Izayoi alegre de que se hubieran bajado los ánimos aunque sea durante un rato, conocía bien a Takemaru y si de algo estaba segura era que jamás se rendía cuando tenía una misión, lamentablemente en esta ocasión era una misión errada.

-pues en ese caso lo mejor será entrar, querida- sonrió ofreciéndole caballerosamente su brazo para que lo acompañara a ingresar al salón.

-sí, es mejor entrar, querida- asintió Inu no Taisho adelantándose para tomar a Izayoi con su propio abrazo y guiarla al salón.

Takemaru ahogo un gruñido de frustración, de muy buena gana destronaría a ese rey en el acto, y con un poco de suerte podría mandarlo a prisión. Más, para su decepción, sus funciones se limitaban a observar e informar, "pero esto no se quedara así" se prometió antes de arreglar su traje y seguir a la parejilla. Que se cuidara ese rey porque como doblara mal una servilleta o le diera la mas mínima excusa se encargaría de que todo el peso de Inglaterra callera sobre sus reales hombros.

Izayoi e Inu no Taisho atravesaron las puertas doradas, Takemaru les siguió con el ceño fruncido, mas procuro esquivar a Kirara que custodiaba con finesa y pulcritud el paso, Naraku camino de tras de ellos con una sonrisa de oreja a oreja. Las cosas no podían estar más a su favor, y con el pequeño entretenimiento que tenía preparado para esa tan especial ocasión, la velada prometía ser digna de un rey, o quizá incluso de un futuro rey…

-ni lo intentes- le gruño a la pantera cuanta esta se encrespo para atacarlo, pero Kirara fue más rápida y alcanzo a darle un azote en el trasero lo suficientemente duro para expulsar al conspirador fuera de la sala.

Continuara…