Hola y bienvenidos a este nuevo capítulo, sé que algunas están esperando por mis próximas actualizaciones en las otras historias, pero como dije hace algunos meses, primero quiero terminar con esta la deje abandonada demasiado tiempo, y me parece justo dejarla lista antes de continuar con mi nueva historia. Dicho sea de paso este es el penúltimo o antepenúltimo capitulo según de la extensión y el tiempo, los invito también a mi próxima historia "el correcto" una historia tipo telenovela, donde Kagome no se dejara fácilmente de Inuyasha y el tendrá que utilizar todos los trucos del libro e incluso algunos nuevos para tener su corazón, si les interesa no se lo pierdan.

El gran comedor del palacio de Shikon estaba al reventar, decenas de personas sentadas alrededor de la gran mesa, Rin y los príncipes más jóvenes (que por ser aún muy jovenes no tenían permitido estar en la mesa del banquete con los adultos), con Sesshomaru a la cabeza, se asomaban por los barandales del piso superior deleitando sus ojos con toda aquella variedad de vestimentas y joyas de todos los colores del arcoíris. Abajo la enorme mesa de caoba con adornos dorados estaba repleta de exisitos manjares de todo tipo, tanto orientales como ingleses, y todas las sillas disponibles para mesa, sin excepción estaban repletas.

Por primera vez en su vida Inu no Taisho no sabía qué hacer, estaba sentado a la cabeza del banquete, lo que era habitual, Inuyasha estaba a su derecha, también algo habitual, desde que había tenido la edad para comer ahí, Izayoi permanecía a su izquierda, cosa menos usual debido al corto tiempo que tenia de vivir en palacio; y finalmente los centenares de ojos mirándolo cada movimiento de cada uno de sus músculos, eso aunque habitual en circunstancias normales, ahora le crispaba los nervios.

Y la razón era evidente, todas aquellas personas estaban ahí con el único propósito de derrocarlo y poner a su pueblo en manos de un rey ilegitimo. La mirada de Takemaru le picaba especialmente, desde que apareció por primera vez en su presencia todos sus instintos gritaron "peligro", y ahora mismo casi lo ensordecían, un error, solo eso bastaría para que ese hombre de cuarta dijera que era un bárbaro.

Disimuladamente, bueno tanto como le fue posible, miro a Izayoi en busca de ayuda, la maestra sonrió cálidamente y asintió con su cabeza, Inu no dejo escapar el aire que no sabía que estaba reteniendo. No podía posponerlo más, así que tomo el dorado tazón de sopa humeante y se lo llevo a los labios sin miramientos, siendo rápidamente imitado por los invitados. A su lado Izayoi se aclaró la garganta, y con un movimiento suave le indico que lo apropiado era que tomara la cuchara; con un gesto de derrota i un no Taisho bajo el tazón y comenzó a sorber la sopa con la cuchara, de manera ruidosa, pero para la maestra eso era como ganar una condecoración del papa.

La mayoría de la cena continua sin contratiempos, pero el silencio era tan incómoda, que la tención podía ser cortada con un cuchillo. Finalmente Inu no Taisho se hartó de la situación y con un ligero golpe por debajo de la mesa indico a Izayoi que comenzara con el itinerario impuesto.

-uhm… Takemaru- llamo Izayoi después de una hojeada relámpago a la lista que le había dado el monarca.

-¿sabías que la familia real es tema de un libro?- pregunto "casualmente", Takemaru la miro con una ceja alzada.

-¿oh? Qué bien…- se limitó a murmurar, a él no le interesaba ese detalle en absoluto.

-es verdad, una corta historia de mi autoría- sonrió Inu no Taisho con orgullo.

-mas es una larga familia, aún más que la británica- explico mas cómodo al sentirse el centro de atención del ministro británico.

-incluso poseo un globo de aire caliente para volar- sonrió sin modestia alguna, por su parte Takemaru le miraba hastiado, jama sabia soportado a la gente creída, y eso ya era mucho decir considerando que se había criado en la corte.

-¿no es eso antinatural?- pregunto Takemaru creyendo que era una exageración, él era miembro activo de la real academia de ciencias y sabía que era físicamente imposible, y razonablemente insano el pensar que un hombre pudiera volar.

-vera usted, su majestad es un hombre de muchos intereses, recientemente ofreció elefantes para ayudar al presidente Abraham Lincoln con su guerra civil- apoyo Naraku, satisfecho del orden de los acontecimientos.

-¿es cierto?- cuestiono Takemaru ligeramente más intrigado.

-sí, no tienen elefantes en los bosques de américa, debe ser un país muy pobre- asintió Inu no tranquilamente.

-en Shikon, de hecho, el elefante blanco es sagrado para la familia real- menciono el ministro decidiendo que era hora de revelar su paquete.

-son raros, según tengo entendido-asintió Takemaru intrigado por ese último dato.

-en efecto, su valor se simboliza en un emblema siempre usado por el rey- sonrió aún mas Naraku, Inuyasha sintió un escalofrió recorrerle la espalda.

-antes, ahora lo lleva el futuro rey- corrigió Inu no con orgullo, pero a Inuyasha se le seco la garganta.

- hijo…- lo llamo el rey con la indicación silenciosa de que mostrara la antigua joya, el príncipe palideció.

-padre… y-yo…- intento explicar pero las palabras no salían de sus labios.

- Inuyasha – gruño con tono impaciente Inu no Taisho, pero el muchacho aún no se atrevía a responder.

-oh, espero que su alteza no haya sido… demasiado generoso- sonrió Naraku acentuando adrede las dos últimas palabras, el rey enrojeció.

-¡obsequiaste el…!- estuvo punto de vociferar, pero Inuyasha rápidamente se pareo de su asiento.

-padre, discutámoslo en privado- se atrevió a sugerir, con suma prudencia, el muchacho antes de alejarse de la mesa hacia uno de los salones adyacentes.

Padre e hijo abandonaron el comedor de inmediato, siendo seguidos por Izayoi, Takemaru y Naraku, los primeros dos intrigados, el tercero lleno de satisfacción y morbo. Desde el balcón Sesshomaru y Rin también siguieron a los adultos, curiosos por la repentina reacción de todos.

-¡OBSEQUIASTE EL EMBLEMA! ¡¿CÓMO TE HAS ATREVIDO?!-rugió furioso el rey cuando estuvieron seguros de que los invitados no los veían.

-su majestad, le aseguro que este no es el momento- intento calmarlo Izayoi, esa situación era delicada y no podían darse el lujo de armar escenas. Pero Naraku aún tenía otros planes.

-¡no! ¡Por favor no!- estallo la voz de Kagome, que venía siendo arrastrada por dos guardias.

Inuyasha palideció todavía más, Izayoi reprimió un sollozo por la muchacha, e incluso Sesshomaru, (que junto a Rin estaba escondido junto a un sofá) tuvo que taparle la boca a Rin para que no dijera nada. Inu no ignoro todo esto y se acercó a la joven, efectivamente el inconfundible emblema de oro y marfil resplandecía en su cuello.

-¡DESHONOR!-estallo blanco de pura ira.

-¡sirvienta y príncipe! ¡Prohibido! ¡DESHONOR! ¡DESHONOR!- grito fuera de sí arrancándole el emblema a Kagome y luego viendo con ojos asesinos a Inuyasha.

-¡se hará lo que la costumbre demanda!- sentencio, estaba harto, harto de tratar de ser moderno, de adoptar las nuevas reglas del mundo, ¡por hacer esas tonterías su propio hijo había deshonrado la tradición y el nombre de la familia real!

-su majestad-susurro Izayoi escandalizada.

-azotar…- murmuro Inu no ignorando a la maestra y sus vanos intentos por tranquilizarlo.

-hasta la muerte- termino gruñendo, a Inuyasha se le fue el alma al piso, ¡no podía permitir aquello! Su padre estaba llevando las cosas demasiado lejos.

-¡NO!- grito el príncipe, pero cuando intento correr para poder proteger a Kagome dos guardias le cerraron el paso.

-¡su majestad no puede hacerlo!- suplico Izayoi también desesperada.

-sería mejor para usted, "maestra", que entienda de una vez que estos asuntos no le conciernen- la amenazo, sus ojos dorados chispeaban de ira.

-¡qué vergüenza!- Negó desaprobatoriamente Takemaru, viendo como Izayoi temblaba por la amenaza de Inu no Taisho.

-su majestad, no desperdicie todo lo que ha hecho- suplico una vez más Izayoi, pues en ese momento la prioridad en sus pensamientos no era su dignidad, si no la seguridad de Kagome.

-esta niña lastimo su vanidad, pero no lastimo su corazón…- comenzó a explicar, entre lágrimas.

-y si usted hace eso… no… ¡no tendría corazón!- exploto por fin viendo que el monarca la ignoraba cruelmente. Pero sin saberlo, sus palabras habían herido profundamente a Inu no Taisho.

-¡SILENCIO!- ordeno ciego de furia.

-yo soy el rey, yo nací para gobernar ¡y Shikon será gobernada como yo desee!- Izayoi tuvo que morderse la lengua, el tono que había utilizado el hombre frente a ella era lo más aterrador que había escuchado, Inuyasha abrió los ojos con temor e incluso, desde su escondite Rin sintió temblar a Sesshomaru, que aun la sujetaba entre sus brazos para que no interviniera.

-no hay un bárbaro pero que un rey débil, ¡y yo soy un rey fuerte! ¡¿Lo escuchas?! ¡FUERTE!- estallo, Izayoi apenas y podía creer lo que estaba ocurriendo, incluso Sesshomaru estaba asustado por la actitud de su padre.

-¡no puedo creer que haga esto!- sollozo Izayoi, pero para ese momento uno de los soldados a le había entregado un látigo al monarca.

-lo creerás cuando escuches los golpes mientras huyes por el pasillo- le aseguro con despotismo alistando el látigo.

Inuyasha seguía peleando inútilmente contra los guardias que le impedían el paso mientras gritaba suplicas lastimeras e incluso amenazas contra su progenitor, el cual para su desesperación, solamente lo ignorara como si fuera solo un mosquito molesto.

-¡oh no! ¡No voy a correr! ¡VOY A QUEDARME AQUÍ PARA VERLO!- estallo Izayoi secándose agresivamente las lágrimas de los ojos.

-cada golpe cortara mi corazón, ¡y me dirá quien…! ¡Y LO QUE USTED ES!- Inu no Taisho frunció el ceño, había esperado que ella se asustara y se marchara, muy en el fondo no quería que viera esa faceta suya, pero viendo que ella prefería verlo como a una bestia en lugar de un hombre termino de segarse por su odio.

-¡ABAJO!-. Ordeno a los guardias, que sin perder un segundo tumbaron a la pobre muchacha boca abajo en el piso, manteniendo sus brazos tensos formando una cruz.

-¡padre no! ¡TE LO SUPLICO!- rogo Inuyasha forcejeando nuevamente.

-¡SILENCIO!- rugió Inu no Taisho, y elevo el látigo, Inuyasha contuvo el aliento, Naraku sonrió, Sesshomaru hizo que rin ocultara su rostro en su pecho para que no viera aquello, y el mismo aparto la vista, Izayoi contuvo un jadeo, mientras que Takemaru tomaba nota de todo, esa acción seria la condena de ese rey.

Kagome sollozaba en silencio, esperando el ardor del látigo en su espalda, pero sorpresivamente este jamás llego, en su lugar el enorme látigo de cuero se estrelló al lado de su cuerpo sin tocarla tan siquiera, pero aun así ella no se atrevió a hacer el más mínimo movimiento.

-mándenla de regreso a Sengoku- gruño Inuno entre dientes, profundamente avergonzado, al final no había podido tocarle un cabello a esa muchacha.

-¡ESO NO! ¡LA MATARAN!- intervino Inuyasha una vez que su sorpresa se disipo.

-¡la llevaran de vuelta!- sentencio Inu no sin dar su brazo a torcer, quizá no había logrado hacerlo el mismo pero tampoco significaba que dejara pasar la osadía de los jovenes.

Esa fue la gota que derramo el vaso, de ningún modo Inuyasha iba a permitir que se llevaran lejos a Kagome y menos aun sabiendo el destino que le depararía. Enojado tomo uno de los guardias por el cuello y le propino una patada que lo mando al suelo para posteriormente atinar su otro pie contra el vientre del segundo guardia. Shippo viendo esto salto de los brazos de Rin y tiro del pelo a uno de los guardias que aun sujetaban a Kagome, finalmente Inuyasha consigue zafarla del agarre del último guardia y ambos echaron a correr tomados de la mano. Pero el problema surgió en que Shippo corrió tras erros, Rin tras Shippo y Sesshomaru detrás de Rin.

-¡Sesshomaru, Rin!- llamo Izayoi preocupada al ver correr a los dos niños tras los jovenes.

-vayan por ellos- gruño simplemente Inu no Taisho dejando la habitación.

-¡¿ve lo que ha provocado?!- rugió Izayoi furiosa, ahora era personal porque si algo llegara a pasarle a su hijita…

Naraku por su parte se encontraba entre decepcionado y satisfecho, quizás la situación no había llegado al extremo que él deseaba, pero toda esta escena había dañado la reputación del rey de forma permanente, pues ahora nada haría que el enviado ingles cambiara su opinión respecto al monarca. No lejos Inuyasha había tirado de Kagome en una curva forzada logrando esconderse ambos tras un biombo de seda y oro, el abrazo protectoramente contra su pecho mientras esperaba pacientemente a que los guardias pasaran de largo.

-Inuyasha… dejame… solo te he traído desgracias…- sollozo Kagome intentando zafarse del abrazo del príncipe.

-no vuelvas a decirlo ni de broma- gruño Inuyasha abrazándola aún más fuerte.

-pero…- intento seguir discutiendo la joven aun llorosa.

-nada de peros, como tu prometido te prohíbo que vuelvas a decir eso, tú me trajiste luz, y amor- le tomo con delicadeza del mentón para poder verla a los ojos.

-cosas mucho más valiosas que una corona o el trono, no te cambiaría por nada de este mundo- sonrió secándole las lagrimillas que profanaban sus rosadas mejillas.

-serás tonto… aquí o en Sengoku me mataran, ¿de que sirve estar juntos si no tenemos a dónde ir?- mascullo Kagome apartando la vista.

-en la selva no hay ley que mande, nos iremos ahí tu y yo- le prometió sin vacilar acariciando su negro cabello.

-¿de verdad?- pregunto ella esperanzada.

-te lo juro- asintió Inuyasha dándole un corto pero ardiente beso en los labios.

Inuyasha se asomó cuidadosamente por un lado del biombo, al parecer ya todos los guardias habían asado, el único en escena era Naraku, pero este estaba de espaldas y al otro extremo del pasillo a donde necesitaban dirigirse. Con mucho cuidado y disimulo, jalo a Kagome fuera de su escondite, Naraku volteo a mirarlos con una sonrisa de medio lado, si hacían lo que esperaba que hicieran su plan tendría un nuevo y ventajoso giro.

-¡ustedes dos deben regresar ahora!- gruño Inuyasha mientras intentaba no caerse del techo, pues gracias a los mares de guardias que su padre había desplegado, no tuvieron otra vía para moverse hacia fuera de las murallas de palacio, lo que no contaba es que Rin y Sesshomaru los hubiesen seguido

-pero queremos ayudar-. Refunfuño rin, con Sesshomaru sujetándole los brazos para que no se callera.

-los dos son pequeños aun, y van a lastimarse- intento nuevamente.

-¡ja! ¿No fue lo mismo que dijiste cuando te di un golpe?- se bulo Rin zafándose del agarre del príncipe más pequeño y adelantar al más grande.

-¡que niña más testaruda!- gruño Inuyasha cansado de la situación, Kagome tuvo que cubrirse los labios con una mano para no riese de lo absurdo de la situación.

-¡y tú! ¡No te rías y controla a tu novia!- reclamo a Sesshomaru que estaba muy cómodo riéndose a costillas de su hermano.

-¡NO SOMOS NOVIOS!- estallaron ambos niños colorados como tomates, pero la misma se convirtió en palidez cuando a un mal paso los cuatro resbalaron por el filo del techo.

Tal como se esperaba los cuatro resbalaron en línea recta al suelo, y se hubiesen dado el golpe de sus vidas si no fuera porque Rin consiguió sujetarse a la cornisa del techo, lamentablemente a ella se sujetó Sesshomaru, Inuyasha a su hermanito y Kagome a su prometido.

Continuara…