Buenas mis querid s lectores/as bienvenidos al pen último capítulo de esta historia clásica, sé que estoy atrasada con brillo de luna en el corazón, no he tenido mucha inspiración, ahora nuevamente los invito a mi próxima historia "el correcto" una historia tipo telenovela, donde Kagome no se dejara fácilmente de Inuyasha y el tendrá que utilizar todos los trucos del libro e incluso algunos nuevos para tener su corazón, les dejare un ligero adelanto al final del ultimo capitulo siempre y cuando este reciba al menos 2 review. Ya lo saben y por favor comenten.
¡Cuidado!
Como recordaran dejamos a los dos príncipes y sus respectivas novias colgados del techo debido a un resbalón, Rin luchaba por sujetarse a la cornisa pero el hecho de tener que cargar su propio peso más dos adultos y otro niño era demasiado, Kagome por su parte intentaba columpiarse para llegar a la cornisa de la ventana con sus pies. Lamentablemente sus gritos habían alertado a los guardias y ahora se dirigían a la ventana para arrestarlos.
-o-oigan… p-pónganse a dieta… ¡uf!- gruño la niña luchando con todas sus fuerzas por no soltarse.
-aguanta Rin- pidió "ordeno" Sesshomaru que también tenía problemas debido al peso de los dos adultos.
-no… no puedo… me voy a… ¡ah!- y paso lo inevitable, Rin no pudo soportar tanto peso y termino por soltarse de la cañería del techo, afortunadamente Buyo y su padre pasaban justo por debajo de ellos, (no me pregunten quien los libero porque ni yo lo sé) y lograron pescarlos al vuelo evitando que se lastimaran contra el suelo, Buyo tomo a los dos niños y su padre sujeto a Inuyasha y Kagome.
-a la selva- ordeno Inuyasha tomando la dirección de tan rara caravana mientras que Kagome se abrazaba a su cintura, mientras en Buyo se repetía la escena con Rin y Sesshomaru. Shippo contento abraso la cabeza de Buyo y hasta le dio un par de besos en la frente.
En otra parte del jardín…
-ve al antiguo santuario de los elefantes- ordenaba Naraku a Hakudoshi.
-¿van a ir ahí?- gruño Hakudoshi atándose un pañuelo que rodeara su mandíbula casi desdentada.
-ahí voy a llevarlos- asintió Naraku sin poder ocultar su sonrisa de satisfacción.
-y no olvides volver con los cuerpos después de…- se interrumpió para reprimir una carcajada.
-el acidente- finaliso con una maligna sonrisa.
-¿también tendrán un accidente?- Naraku rodo los ojos.
-pero por supuesto- sonrió inflando el pecho con orgullo.
-oh señor es tan listo- se burló Hakudoshi poniendo tono de niña fresa.
-¡por supuesto que lo soy! ¡Yo voy a ser el rey!- aseguro Naraku corriendo a su sirviente de una patada.
-si claro… que gran rey… gritándole a un siervo con un solo diete…- se fue refunfuñado Hakudoshi.
En la jungla los dos elefantes cabalgaban siguiendo un estrecho sendero, a su alrededor las plantas y altas lianas bloqueaban casi toda la visibilidad que daba la luz de la luna y las sombras que los mismos proyectaban eran dignas de un cuento de terror de Steven King.
-¿hay animales peligroso en la jungla?- pregunto preocupada Kagome. Y Rin al escucharla se apretó más contra el torso de Sesshomaru.
-la verdad no lo sé, nunca he estado aquí- confeso Inuyasha, las dos jovenes se echaron a temblar.
-basta Rin- ordeno Sesshomaru al sentirla tiritar.
-pero…- intento quejarse la pequeña hasta que la peluda estola del príncipe fue envuelta a su alrededor.
-no dejare que nada te lastime- prometió el niño oji dorado, los ojitos castaños de Rin se abrieron de par en par por la promesa, pero solo callo y se abrazó más a la tela peluda.
-¡kya!- el grito ensordecedor de Kagome los hizo a todos voltear al frente donde una rama repleta de serpientes venenosas del bloqueaba el paso. Los elefantes frenaron de golpe su carrera, tan fuerte que Shippo salió propulsado directo a la boca de una de las serpientes más grandes, hasta que el padre de Buyo lo pesco por la cola y lo puso a salvo.
-por aquí ¡rápido!- ordeno Inuyasha señalando una desviación en el camino.
Pero cuando les dieron la espalda a las serpientes estas se transformaron en lianas comunes y corrientes. En su escondite Naraku estaba que se partía de la risa por su "travesura" si definitivamente iba a divertirse de lo lindo.
-disculpen que los haya asustado, pero no podía dejarlos ir por allá- sonrió aun con un deje de risa en su voz. Los elefantes continuaron su cabalgata hasta un desvió.
-¿por dónde?- pregunto Sesshomaru serio, aunque un poco asustado por la reciente experiencia. Inuyasha se volvió hacia la derecha, pues era donde lo dirigía su instinto.
-¡oh! Decisiones, decisiones… - coreo Naraku tamborileando su dedo contra su barbilla
-… permítanme ayudar – enseño los dientes llevándose ambas manos a las cienes. Y de manera oportuna, pues una araña viuda negra que se descolgaba en ese momento de una rama fue rápidamente aumentada en tamaño bloqueando el paso y haciendo gritar de miedo a Rin. Los dos elefantes también asustados volvieron sobre sus pasos, mientras que Naraku se aplaudía el mimo por su éxito.
-bien, ahora a la derecha- sonrió viendo como los jovenes seguían de largo la desviación.
-niños, ¿Cómo llegaran a tiempo al santuario llendo por ahí?- se burló volviendo sus manos a sus cienes. Esta vez fue un enorme tigre lo que se les hecho encima, ya muertos del susto Inuyasha permitió que los elefantes corrieran a su ancho instinto, lo que ignoraban es que habían caído junto en la trampa de Naraku.
Mientras tanto en el palacio…
-¡… y cuando entregue mi informe! ¡TODA LA FLOTA SERA DESPACHADA!- rugía Takemaru paseándose de un lado al otro en la habitaciones Izayoi, mientras ella no podía dejar de mortificarse por su hija y los muchachos.
-y creeme que será todo para este… "rey" de Shikon- sentencio dando un zapatazo al piso.
-¡y como le pase algo malo a esos jovenes…!- Izayoi suspiro ya cansada de la rabieta de su amigo.
-Takemaru… por favor…- suplico agotada tanto física como emocionalmente.
-¡ese hombre es un bruto! ¡Es...! ¡ES…!- Takemaru se puso rojo de coraje, pero a último minuto logro respirar y tranquilizarse.
-no es un caballero- declaro despectivamente arreglándose las solapas del smoking. Izayoi gruño molesta por la situación, pero justo cuando giraba sus ojos a la ventaba, buscando distraerse un jadeo de sorpresa se le escapo.
-¡el rey!- Takemaru se giró al escuchar el tono de Izayoi, pero jamás espero encontrarse al rey de Shikon montado en una especia de maquina redonda voladora.
De vuelta en la jungla…
-¡cuidado!- advirtió de pronto Sesshomaru, los dos elefantes pararon de inmediato el trote al ver el enorme acantilado que se posaba justo un metro de ellos.
-este es el rio, la orilla del reino- sonrió Inuyasha después de reconocer el tormentoso caudal.
-si logramos cruzar estaremos a salvo- sonrió tomando una de las manos de Kagome.
-¿y por donde se supone que vamos a cruzar?- gruño Sesshomaru viendo el alto precipicio y el peligroso flujo de agua.
-mira, por ahí- señalo un puente colgante Inuyasha después de echar una ojeada.
-¡bien, bien, bien! los tengo justo donde los quería- sonrió Naraku complacido viendo como los jovenes se acercaban al destartalado puente.
-Kagome, yo iré primero para procurar que sea seguro- indico el príncipe dando unos pasos cautelosos sobre el puente; justo cuando había dado exactamente seis pasos las cuerdas que sostenían los tablones se quebraron, para su fortuna los dos elefantes consiguieron sujetarlas a tiempo para que no cayera al mortal rio.
-Jeje, en cualquier momento se caerán al agua, flotaran y derecho hasta el abismo- sonrió Hakudoshi desde el filo de la catarata con forma de boca de elefante.
-y zap, será todo- sonrió viendo como un leño se destrozaba al chocar contra una pared donde apuntaba la cascada. Alejándose sonriente busco un lugar donde poder ver el espectáculo cómodamente.
-creo que es seguro- sonrió Inuyasha mientras Kagome caminaba a pasos inseguros tras él, Naraku observo atentamente los tablones, como lo sospechaba varios se habían perdido, y dejaban agujeros lo suficientemente grandes para que cupieran una persona, con ayuda de sus ilusiones hiso aparecer un falso tablón.
-ven Kagome, no pasa nada- la llamo Inuyasha sin darse cuenta del engaño. Temerosa Kagome dio el paso pero en cuanto su pie se posó en el tablón este desapareció, la muchacha grito al sentirse caer.
-¡no!- grito también Inuyasha al ver como su amada era arrastrada por las aguas. Sin pensarlo salto del puente para poder rescatarla.
-¡hermano!- llamo Sesshomaru preocupado al verlo saltar, mientras que Rin se abrazaba a su espalda temerosa.
-¡ja, ja! El príncipe ya es historia- salto de gusto Naraku.
-¡ahora yo soy el futuro!- se regodeo viendo como ambos jovenes luchaban por mantenerse a flote. Mientras los niños y los elefantes los seguían desde la orilla para intentar ayudarlos.
-¡aguanta Kagome ya voy!- llamo Inuyasha, intentando alcanzar a Kagome, pero la corriente era demasiado fuerte y la arrastraba cada vez más lejos de él.
-¡Inuyasha!- llamaba Kagome entre una horrible tos provocada por la ingesta de agua.
-¡Kagome! ¡No!- grito al verla desaparecer por la boca del elefante de piedra.
-¡SI!- se hecho a reír Naraku, una menos, y ahora solo faltaba el príncipe
-Kagome…- sollozo Inuyasha, ahora ya no podría alcanzala, pero cuando su cuerpo comenzaba a aflojarse, ya algo agotado por forcejear con la corriente una cuerda apareció en su visión.
-¡¿Qué de…?!- gruño Naraku boquiabierto viendo como el enorme globo de aire caliente recogía al príncipe de las garras del rio.
-padre… la perdí…- jadeo Inuyasha preso del cansancio y el shock de la experiencia.
-¡rápido Kirara! ¡Al otro lado!- ordeno a la pantera que con ayuda de sus colmillos tiro de las sogas que controlaban la dirección del globo.
El globo, impulsado por una pequeña hélice giro bruscamente para poder llegar a tiempo antes de que la joven saliera. Dentro del túnel de la cascada, Kagome intentaba sujetarse de una de las muchas estalagmitas que había, pero sus manos húmedas y la rapidez con la que la arrastraba el agua le hacía imposible sujetarse.
En el palacio…
-¡ya veo el globo!- anuncio Takemaru sin despegar su ojo derecho del telescopio que Izayoi tenía en su habitación para observar las estrellas.
-El rey tiene al príncipe con él, pero no a Kagome…- gruño de modo casi despectivo.
-¿y los niños? ¿Puedes verlos?- pregunto Izayoi acercándose preocupada.
-¿eh? ¡No!- negó preocupado, mientras que Izayoi ahogaba un sollozo.
En el rio…
Finalmente el globo llego al otro lado, Inuyasha, ya más tranquilo, tomo la cuerda con la cual estuvo a punto de saltar pero su padre lo empujo atrás.
-no, yo lo hare- negó arrebatándole la cuerda y deslizándose abajo antes de que su hijo pudiese protestar.
-mmm… esto no es bueno, pero…- sonrió Hakudoshi que justamente estaba escondido cerca, mientras tocaba con cuidado la punta de su afilada lanza.
Rin que no quería mirar como el rey se descolgaba por la cuerda giro su carita, justo a tiempo para ver como Hakudoshi calculaba su puntería para reventar el globo con un golpe de su lanza. Disimuladamente tiro de la manga de Sesshomaru, quien a regañadientes volteo a verla, ella señalo a Hakudoshi; el pequeño príncipe gruño adivinando las intenciones del sirviente de Naraku, pero antes de que pudiera hacer nada Rin le tiro de la oreja forzándolo a acercar su rostro al de ella, Sesshomaru frunció el ceño, pero una sonrisa se formó poco a poco en sus labios mientras escuchaba el plan que la niña le susurraba.
-no alcanzo… ¡Kirara, baja!- ordeno viendo que no lograba llegar al nivel del agua, la pantera obediente tomo otro de los cordeles del globo liberando parte del aire caliente y provocando que el aparato bajara.
Hakudoshi estaba ya en punto de lanzamiento, su objetivo desinflar el globo y acabar con ambos varones a la vez. Pero justo cuando echaba su brazo hacia atrás tomando impulso un par de toques en su hombro le enviaron un escalofrió.
-por favor… que no sean mangos…- rogo apretando sus ojos y girándose lentamente.
-¡FUEGO!- rugieron Sesshomaru y Rin juntos, liberando una lluvia de amarillenta y empalagosa fruta contra él, tan fuerte que el pobre termino golpeándose en la cabeza con una roca debido a los empujones.
En el palacio…
-¡ah! Ahí están los niños, y a salvo- sonrió Takemaru viendo como entre Rin y Sesshomaru ataban a Hakudoshi mientras que Buyo y so padre lo sujetaban al piso. (No querrán saber cómo)
-oh… gracias al cielo- sonrió Izayoi dejando escapar un suspiro de puro alivio.
En la cascada…
Colgado de una mano, Inu no Taisho aguardaba muy atento a que apareciera la amada de su hijo, cosa difícil pues las gotas de agua le nublaban la visión, eso sin mencionar los varios palos y hojas que salían catapultados contra él. Y por si todo eso era poco, la pica que sujetaba la cuerda al globo se soltó debido a su peso.
-¡padre!- grito Inuyasha logrando pescar el extremo a tiempo para evitar que el monarca callera al abismo, pero la misma acción lo desestabilizo, provocando que se balanceara como un péndulo, mientras que Inuyasha luchaba por que no fuera a golpearse contra algo.
-¡Kagome!- llamo Inu no cuando la chica paso a toda velocidad, lo bueno es que aun su edad de 30 años, era aún muy ágil y consiguió pescarla de la muñeca justo un centímetro antes de que se estrellara contra la pared. La sujeto con fuerza contra su pecho mientras su mano derecha se aferraba a la soga.
-cuidado- advirtió Kagome viendo cómo se acercaban peligrosamente a uno de los muchos pedruscos afilados.
-¡Kirara! ¡Sube!- ordeno el rey aferrando su agarre, la pantera cogió otra de las muchas sogas y tiro aumentando las llamas que mantenían a flote el globo.
-¡rápido Kirara!- rugió Inuyasha tirando de la cuerda con fuerza para subir a su padre y Kagome a la seguridad del globo.
-Inuyasha…- sonrió Kagome una vez se encontró en los brazos de su amado príncipe, Inuyasha la abrazo de vuelta con gruesas lágrimas, cosa que no podía importarle menos. Incluso su padre se sorprendió de aquello, jamás había visto a su hijo llorar, nunca.
-¡ESO SU MAGESTAD! ¡BIEN HECHO!- saltaba Rin de gusto mientras Sesshomaru sonreía soberbio golpeado con una vara a Hakudoshi que colgaba de un árbol como una fea piñata.
-¡NO, NO Y NO!- berreaba Naraku desde su escondite viendo, rojo por la ira, como el rey, el príncipe heredero y aquella chiquilla entrometida se habían librado nuevamente de sus artilugios.
-¡odio loa finales felices!- gruño, tomo una enorme piedra que por ahí había y la arrojo con toda su fuerza contra el dorado espejo, el cual debido al impacto se volvió solo escombros y cenizas doradas. Naraku, cayendo en cuenta de su error tomo a puños los restos del espejo que alguna vez había sido la fuente de sus poderes.
-esto aún no termina- gruño con voz amenazante mientras se levantaba del suelo.
Aquí el pen ultimo capitulo chicos y chicas, quiero agradecerles a todos los seguidores de esta historia y de mi canal, ya que para una escritora de corazón como yo, no hay mayor satisfacción que saber que los productos de mis loquitas manos son del agrado de los demás, y dicho sea de paz les recuerdo que si me dejan al menos dos comentarios sobre este capítulo les daré un adelanto (no Summary) de mi nueva historia "el correcto" que llegara a ustedes el próximo 8 de marzo del año en curso, espero les guste ya que como todas mis historias, fue escrito con mucho cariño.
Continuara…
