-¡Fuera todos!- ordeno Quirón- menos David y Annabeth.
Todos los campistas salieron, nos quedamos en la arena Quirón, yo y el tal David.
David, era alto y musculoso, tendría unos veinte años, su pelo castaño me resultaba familiar y tenía unos ojos grises como Malcom o como yo.
-Annabeth este es David, tu consejero por el momento- el chico me sonrió- ahora os voy a dejar a solas, para que David te muestre tu cabaña y las actividades.
Quirón abandono la arena dejándonos a mi ¿hermano? Y a mí.
-Annabeth, como ya ha dicho Quirón soy David hijo de Atenea y el consejero- asentí- me tienes impresionado, no todos los días alguien enfrenta a un hijo de Ares y menos si es mayor que tú y no te hace ningún rasguño.
-No ha sido nada- dije sonrojada.
-¿Qué no ha sido nada? Ha sido genial- me dedico otra sonrisa- eres muy especial Annabeth, tienes talento, algún día todo el mundo te reconocerá.
-Gracias- aun estaba como un tomate- nuestra madre…
-Atenea- me ayudo.
-Eso, nuestra madre ¿la has visto?
Él se rió.
-No se suele ver a los dioses, están en el Olimpo haciendo sus asuntos.
-Pero Dionisio…
-Está aquí porque su padre Zeus le castigó por perseguir a una ninfa prohibida, pero no te preocupes Atenea siempre reconoce a sus hijos, ella es un madre cariñosa, dicen que es la única diosa que coge a sus hijos después de nacer.
-Sólo sé que tiene una voz muy bonita- murmure para mí misma, pero David lo escucho.
-Tienes suerte, algunos ni llegan a oírla, eso significa que cree que eres especial.
-Pero ha tardado en reconocerme…
-Atenea reconoce a sus hijos en la fogata- explico- pero viendo los acontecimientos ocurridos hace nada…
-Por eso estaban todos tan impresionados- murmure.
-Sí, el último hijo de Atenea que ella no lo reconoció en la fogata fue ni más ni menos que George Washington.
Traque saliva.
-Sin presión alguna- susurre.
-Vamos, te voy a llevar a la cabaña- asentí.
Empezamos a caminar hasta que llegamos al ala de cabañas, todos nos miraban, lo repito no me gusta ser el centro de atención.
Nos paramos enfrente de la cabaña número 6, estaba pintada de color gris y hay un búho tallado en la puerta, además de que se pueden ver unas cortinas tan blancas como la nieve.
David me sonrió y entró en la cabaña, yo lo seguí y me quede embobada.
Había mapas y pergaminos pegados por las paredes, también había varios bancos de trabajos donde miles de hojas estaban esparcidas, las camas estaban puestas a un lado, cerca de la ventana para que la luna nos pueda iluminar los libros cuando leamos por la noche, pero lo sin duda más impresionaba era que había una enorme armario lleno de libros, de todo tipo.
-Es… increíble.
David se rió.
-No podemos negar que eres hija de Atenea- rió- esta es tu cama- señalo a la cama que estaba justo al lado de la ventana.
Por la puerta entraron una chica y un chico, estaban discutiendo.
-¡Claro que no vamos a hacer eso! ¡Entraríamos en una guerra con Ares!- exclamaba la chica.
-¡Se lo merecen! Gracias al chico ese piensan que somos débiles- gruñó el chico.
-¡Se llama Malcom!
-Ángela, Damián ¿qué ocurre?- pregunto David.
-Damián quiere hacerles una broma pesada a la cabaña de Ares por hacer que Malcom parezca débil.
-Damián, no podemos hacer eso- dijo David.
-Pero…- intento protestar el chico.
-Pero nada.
El chico se fue maldiciendo a todos.
-Perdón- me miró David- no os he presentado, Annabeth está en Ángela, Ángela está es nuestra hermana que llegó anoche Annabeth.
-Eres la chica que tiró una y otra vez a Clarisse al suelo sin recibir daño alguno- me sonrió Ángela.
Asentí.
-Mañana tenemos una captura a la bandera, seguro que nos vendrías bien- me miró David.
-Ahora vamos, tenemos entrenamiento con espada- señaló Ángela.
Y caminamos hacia la arena.
Después del entrenamiento todos fuimos a la cabaña de Atenea, y cada uno se desplomo sobre su respectiva cama.
Resultaba que la cama que estaba a mi derecha pertenecía a Malcom.
-Ha sido alucinante, todavía no puedo creer que lucharas con una daga y que estuvieras al nivel de David- dijo Malcom.
-Luke, mi amigo, es el mejor espadachín de los últimos 300 años y cuando estuvimos juntos por las calles él y Thalía me enseñaron a pelear- explique.
David se levantó de su cama mientras una caracola sonaba.
-Cabaña de Atenea tenemos que ir al comedor- declaró.
Todos se posicionaron en fila, del que había pertenecido más tiempo al campamento al que menos, por ello yo era la última y Malcom estaba delante de mí.
Nos colocamos en la mesa número seis y después de hacer la ofrenda a los dioses comenzamos a comer, pude ver como desde la mesa número cinco, la mesa de Ares, varios me lanzaban miradas de odio, pues había ridiculizado a su cabaña.
Mire a la mesa se Hermes, Luke me sonreía, le devolví la sonrisa.
Después de cenar nos fuimos a la cabaña, y nada más tocar mi cara en la almohada me dormí, y ese había sido mi primer día en el campamento mestizo.
Querría decir que mi siguiente día en el campamento mestizo fue mejor, pero estaría diciendo una mentira, y no soy de la cabaña de Hermes.
Me levante a primera hora de la mañana, no podía dormir, las pesadillas me seguían persiguiendo, mire la hora y eran las cinco de la mañana, sabía que si salía fuera las arpías de la limpieza me intentarían comer pero necesitaba urgentemente dar un paseo.
Me puse un abrigo encima de mi pijama y salí afuera, inhale aire, necesitaba aire fresco, comencé a caminar por el campamento y mirar todo a mi alrededor, ahora todo parecía tan fácil, incluso mágico, todavía no podía creer que el correr por las calles junto a Thalía y Luke se acabara, que el robar comida, el acampar al aire libre mirando a las estrellas, el acurrarme con Thalía en el mismo saco de dormir, o el que Luke me llevara en brazos porque me hacía la dormida acabará.
Mentiría si dijera que no lo echaba de menos, pero ahora todo era diferente, Thalía no estaba y yo tenía una cabaña que contaba conmigo además de que no podría dejar a Malcom a David a Ángela o a alguno de mis hermanos, bueno menos a Damián, ese chico era realmente insoportable y vengativo, estaba claro que había heredado todo lo malo de nuestra madre.
Mire enfrente de mí y encontré el árbol de Thalía, sin quererlo me había dirigido a allí, me acerqué y acaricie el tronco, la echaba horriblemente de menos, ella me solía contar cuentos para dormir, me solía peinar por las mañanas pero lo que más extrañaba eran sus sonrisas, ella era mi hermana de otra madre y de otro padre, pero mi hermana.
Oí unos llantos que me alejaron de mis pensamientos.
En el otro lado del árbol estaba Grover, el sátiro que nos encontró y llevo al campamento.
-¿Grover?- pegunté.
Él se giró quedándonos cara a cara, lagrimas surcaban su cara y podía ver como intentaba esconder sus mocos.
Saqué de mi bolsillo un pañuelo y con una sonrisa se lo entregué, el dudo pero lo acepto y se sonó los mocos estruendosamente.
-Gracias.
-¿Qué te pasa?- pregunté sentándome a su lado.
-Soy un desastre por mi culpa Thalía esta así- señaló el árbol- os puse en peligro a Luke y a ti, me tope con la mestiza más poderosa de la época y mira como ha acabado, tenía órdenes estrictas de Quirón de traer solo a Thalía y la he fastidiado- estalló en llanto.
-Tranquilo, Grover eres genial, a pesar de las ordenes de Quirón nos ayudaste a Luke y a mí porque no querías dejarnos solos, no te culpamos de nada, además Thalía eligió su destino, se sacrifico para que tú, Luke y yo estemos aquí, eres el sátiro más valiente que he conocido.
-No has conocido a muchos sátiros- soltó.
-Te equivocas, el campamento está infestado.
-De todas formas mis "jefes" dicen que todo es por mi culpa.
-Bueno, Luke y yo no te culpamos, Grover se que estás destinado a hacer cosas grandes- le sonreí.
-¿Cómo lo sabes?
-Lo presiento, las buenas personas o en este caso cabras reciben lo que siembran, eso solía decirme mi madre cuando me guiaba hacia Thalía y Luke, no te sientas culpable, todos estos momentos de sufrimiento valdrán la pena algún día, porque gracias a estos momentos de tristeza podemos disfrutar mejor los momentos felices.
-Pareces que tienes treinta- reímos- se notan los genes de Atenea, gracias Annabeth, será mejor que vayas a dormir, las arpías tienen hambre- dijo saliendo corriendo, vi como la oscuridad de la noche se lo tragaba.
No tenía sueño, así que me puse a correr, di muchas vueltas al campamento, no sé exactamente el número pero mis piernas no podían más así que fui a la cabaña de Atenea y cerré los ojos.
-¡A levantarse hermanita!- Malcom me zarandeo.
-¡Me vuelves a llamar hermanita y te parto la cara!- gruñí escondiendo mi cara en la almohada.
-¡Qué cariñosa eres!- ironizó- venga levanta que es hora de desayunar.
De mala gana me levanta y me cambié.
Desayunamos en el gran comedor, Luke me sonrió desde su mesa como iba siendo habitual, le devolví la sonrisa, acabé de desayunar y me dispuse a ir a mis actividades, que curiosamente compartía con Luke cuando David anunció.
-Cabaña de Atenea, hoy no hay actividades, tenemos que planear una estrategia para capturar la bandera.
Todos seguimos a nuestro consejero y entramos en la cabaña.
-¿Quién está en nuestro equipo?- preguntó Ángela.
-La cabaña de Deméter, Hermes y Apolo- respondió David.
-¿Y en el bando contrario?- esta vez preguntó Malcom.
-Ares- todos hicimos una mueca- Dionisio, Hefesto y Afrodita.
-Pero la cabaña de Afrodita y la de Hefesto son enormes- se quejo Damián- deberíamos haber escogido a Afrodita.
-Que estés loquito por una chica de Afrodita no significa que nosotros tengamos que hacer una alianza con la cabaña- atacó Ángela.
Damián iba a replicar pero David lo interrumpió.
-No estamos aquí para pelear, necesitamos una estrategia.
-¿Y si colocamos a los de Apolo a por la bandera, Hermes defiende y nosotros estamos en los flancos?- preguntó Ángela.
-Te has olvidado de los de Deméter- gruñó Damián- por eso es mejor estar con la cabaña de Afrodita.
Todos empezaron a discutir sobre una estrategia, pero en mi mente se formo una.
-Oye Annabeth, ¿nos escapamos? No tengo ninguna estrategia y seguro que van a estar un rato- me propuso Malcom.
-Yo tengo una, pero soy la pequeña, no me van a escuchar- dije.
-¡Basta ya! No arreglaremos nada discutiendo- bramó David.
Malcom levantó la mano y David le dio la palabra.
-Annabeth tiene un plan- me puse nerviosa, ¿por qué le diría que tengo una estrategia? Es un bocazas.
-Seguro que es malo, es demasiado pequeña- se quejo Damián.
-Quiero oírla, todos empezamos con una, tal vez pueda dar ideas- sonrió David.
Algo en mi interior se encendió, solo Malcom confiaba en que podría elaborar una buena estrategia, yo les demostraría que podía hacerla.
-Los de Deméter podrían hacer magia con las plantas para hacer trampas y que sea más difícil el acceso a la bandera, la tendríamos que colocar entre mucho bosque, los de Hermes nos servirían de distracción, recordemos que Malvin le tiene rabia a Luke, el grupo de Malvin irá a buscar a Luke, después los de Apolo la mitad podrían dar apoyo a los Hermes y la otra mitad podría esconderse entre los árboles y gracias a su puntería les derribarían con las trampas de Deméter, nosotros los de Atenea nos encargaremos ayudar a quien lo necesite, excepto Ángela, Malcom y yo que iremos a por la bandera…
-¿Por qué ustedes?- preguntó Damián- te recuerdo que Malcom es un debilucho y tú una cría.
-Por eso mismo no se esperaran que vayamos nosotros, he visto a Malcom luchar con espada es bueno, sé que puedes con ellos, lo subestimaran, además yo he vivido en la calle, sé como esconderme entre las sombras, además pondrán a Clarisse a defender, es demasiado impulsiva y pequeña para que la pongan en otro sitio, y cuando me vea no se lo pensará dos veces y vendrá a por mí dejando la bandera desprotegida.
Todos se me quedaron mirando asombrados.
-Ya veo porque mamá te ha reclamado antes de la fogata, tu plan es increíble- me elogio David, todos dijeron que mi plan era perfecto, hasta Damián, a regañadientes lo hizo.
Todos salieron a practicar, dejándonos a Malcom y a mí solos.
-Annabeth gracias por confiar en mí, pero ¿cómo sabes que no la fastidiare?- preguntó temeroso.
-Te he observado, eres muy bueno peleando, no quieres enfrentarte a Clarisse porque crees que no podrás, pero eso no es cierto, solo necesitas que alguien te de un voto de confianza y yo seré ese alguien.
-Vamos a entrenar, no quiero defraudarte- y los dos nos encaminamos hacia la arena.
Cuando tocó la hora de capturar la bandera la cabaña de Ares estaba totalmente confiada en que ganarían, pero nosotros teníamos un plan infalible, y sabía que era así porque lo había planeado yo y mis planes nunca fallan.
-Capitanes estréchense las manos- David y George de Ares se estrecharon las manos.
-Que gane el mejor- sonrió Davis.
-Ósea nosotros- todos los del equipo contrario rieron.
-Ya lo veremos- y David se retiró.
Pude ver como Clarisse me lanzaba miradas de muerte, y yo simplemente le sonreí y eso hizo que se enfureciera aun más.
-Espero que tú plan sirva porque si no estás muerta- amenazó Damián.
Tragué saliva.
-Sin presión- murmure.
Una armadura y media hora después me encontraba agazapada en las sombras junto a Malcom y Ángela.
-¡Empezad!- oí el grito de Quirón.
-¿Sabes que si perdemos Damián te matará no?- me preguntó Ángela mientras avanzábamos.
-Ya me ha amenazado.
-Chicas, mejor nos concentramos en ir a por la bandera en vez de los problemas de ira de Damián.
Empezamos a caminar, pude ver como varios campistas del otro equipo caían antes las trampas de Deméter y las flechas de Apolo, como preví Malvin y sus seguidores estaban luchando contra Luke, y no había rastro de Clarisse.
-La bandera está ahí- señaló Malcom.
-¿Sin protección?- pregunté incrédula- tiene que haber un truco.
-Mientras tú piensas en ese truco yo voy por la bandera, no quiero perder de nuevo contra Ares, llevamos tres juegos seguidos perdiendo.
Ángela corrió hacia la bandera, cuando estuvo a punto de tocarla varios hijos de Ares aparecieron, estaban subidos a los árboles, uno de ellos era Clarisse, habían noqueado a Ángela y ahora se encontraba en el suelo inconsciente.
Malcom y yo nos miramos, era hora de actuar.
-Hombre si el debilucho y la niñita han venido a intentar coger nuestra bandera- rió Clarisse.
-Te recuerdo que esta niñita te venció una vez.
Clarisse y el chico cargaron contra mí, comenzamos a luchar, yo era buena pero seguía teniendo siete años y esos dos eran mayores y eran dos contra uno, enseguida me tumbaron.
-Ahora no eres tan chulita- comentó Clarisse con sorna.
-Olvidas que no estoy sola- sonreí, ella pareció sorprendida.
Malcom por detrás le hizo frente al chico, como dije Malcom era muy bueno y estaba ganando, con el chico de Ares fuera pude fácilmente con Clarisse.
-Annabeth ¡Coge la bandera y corre!- gritó Malcom.
Cogí la bandera de Ares y corrí como alma que lleva el diablo, todos los miembros del otro equipo cuando me vieron corrieron tras de mí, pude ver como Luke derribaba a un chico que estaba a punto de derribarme, y al final cruce el limite, haciendo que la bandera de Ares se convirtiera en la de Atenea.
Todos comenzaron a gritar eufóricos a mi alrededor, menos los del otro equipo que maldecían, mi plan había funcionado eso era lo importante, mi hermanos me levantaron.
-¡Viva Annabeth!- gritaron todos.
Después de ese día todo el campamento conocía el nombre de Annabeth Chase, pero todavía me faltaba hacer algo, yo había nacido para ser líder, pero por ahora me conformaba con ser la mano derecha de David.
