En los siguientes años no hay nada que rememorar, solo entrenamiento, capturar la bandera, chistes prácticos…
Pero hay un día que no olvidare, tenía nueve años, hacía dos años que había llegado al campamento y demostrado mi valía, Luke y yo solíamos quedar todas las tardes en el pino de Thalía, y de vez en cuando nos escapábamos y nos adentrábamos en el bosque hacia un bonito prado que un día sin querer habíamos encontrado.
Ya llevaba exactamente dos horas esperando a Luke en el pino de Thalía, pero no aparecía. De repente pude verlo lo salude efusivamente cuando una hija de Afrodita, creo que se llamaba Silena se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y se despidió coqueta, eso solo me hizo enfurecer.
Luke era mío, y de nadie más, no iba a dejar que una hija de Afrodita me quitara a mi hermano, Luke me prefería a mí y no a ella, el monstruo de los celos y yo nos habíamos hecho buenos amigos.
Luke se acercó con una sonrisa, y ese acto hizo que me dieran ganas de darle bofetadas hasta que se le quitara esa sonrisa.
-Hoy llegas tarde- dije enfurruñada.
-Perdón- me dio una sonrisa, pero me mantuve firme.
-¿Estabas con esa hija de Afrodita?- pregunte señalando a la chica que se alejaba.
-¿Estás celosa?
-No.
-Mientes, Annabeth te conozco desde que eras una enana, recuerda que te conozco como nadie.
-Pues sí, estoy celosa, y seguro que Thalía también lo está- señale el pino.
Él se rió.
-Annabeth te prometo que la única chica en mi vida eres tú- me acarició la mejilla- no me interesa ninguna otra.
-¿Y la hija de Afrodita?
-Silena es solo una amiga, te prometo que nadie podrá ocupar el lugar que ocupas en mi corazón- me regaló una sonrisa.
Luke era tan bueno, guapo y listo, lo quería pero no sabía exactamente como, sentía que Luke no era el chico para mí, pero él era lo único que tenía ¿podría otro chico entrar y trastocar mí vida como lo hizo él?
-¿Entonces por qué llegaste tarde?- pregunte cambiando de tema.
-Resulta que soy el nuevo jefe de la cabaña once.
-¡Eso es genial!- di un par de saltitos y luego lo abracé.
-Lo sé, pero lo malo es que tendré menos tiempo libre, tal vez no podremos quedar todas las tardes como siempre.
-Da igual- le sonreí- así me quedo más con David, dice que tengo madera de líder, solo necesito un poco de práctica.
-Eso lo supe desde el momento en el que te vi- me guiñó un ojo- aun recuerdo la vez que lideraste el equipo azul en capturar la bandera y nos diste una gran paliza, aun sigo sin saber cómo conseguiste dormir a medio equipo sin ningún hijo de Hipnos y hacer que la otra mitad tuviera alucinaciones.
Reí.
-Un mago nunca revela sus trucos.
Lo siguiente memorable fue cuando cumplí los diez años, el verano se acercaba a su fin, y yo me encontraba en mi cama leyendo un libro de arquitectura, yo quería se arquitecta de mayor, hacer el monumento más grande hacia los dioses que dure miles de años.
Mi hermano Malcom, ahora con doce años entró en la cabaña.
-Annabeth- me llamó.
-¿Sí?- pregunte sin apartar la mirada del libro.
-Te han enviado una carta- aparte la mirada del libro, y me centré en la carta que mi hermano tenía en la mano- Toma.
Cogí la carta y él salió de la cabaña, quería impresionar a la hija de Hefesto Nyssa, había llegado a principios de mes, y era el interés de Malcom.
Abrí la carta y enseguida reconocí la letra, era de mi padre.
Querida Annabeth, lo siento.
Sé que no me he comportado debidamente contigo, no te he tratado como la hija mía que eres, quiero que volvamos a intentar vivir juntos, te echo mucho de menos, no sabía lo que tenía hasta que te fuiste, no hay día en el que no me arrepienta de la manera en la que te trate, te quiero cariño, te ruego que vuelvas a casa.
Un beso papá.
PD: Quiero que tengas el anillo de mi universidad, para que tengas algo de tu padre siempre contigo.
Lagrimas surcaban mi cara, mi padre quería que volviera, solos él y yo, y eso era lo que quería.
Salí corriendo de la cabaña en dirección a la casa grande, tenía que decirle a Quirón que este año volvería a casa, que por fin mi padre se había dado cuenta de lo mucho que me quería, pero me choqué contra alguien.
-Annabeth no te había visto correr así desde que dijeron los hermanos Stoll que regalaban libros en el comedor- se quejó Luke.
-Perdón, pero es que estoy muy contenta.
-¿Por qué?
-Porque mi padre me ha enviado una carta, se ha dado cuenta de lo mucho que me quiere, me ha pedido que vuelva con él- dije con una sonrisa.
-¿No iras a ir verdad?- preguntó preocupado.
-Luke me lo ha pedido, quiere intentarlo de nuevo.
-Annabeth solo te va a hacer sufrir, no duraras el año entero- me advirtió.
-Lo hare, todo ha cambiado.
Luke aceptó mi decisión a regañadientes, pero no pude evitar que me acompañara a ver a Quirón.
Cuando lo vimos, estaba jugando con el señor D a las cartas.
-Hola chicos- nos sonrió- Annabeth ¿quieres ser mi pareja para el póker?
-En otro momento, ahora quiero decirte algo.
-Una pésima decisión- añadió Luke.
-¿Qué pasa?- Quirón preguntó preocupado.
-Mi padre me ha enviado una carta y…
-Y se ha tragado todas las chorradas que ha dicho y quiere intentar vivir con él- me interrumpió Luke, suspire exasperada.
-¿Quieres eso de verdad?- preguntó Quirón, asentí- espero que no te equivoques.
-¡Bien!- celebró el señor D- una mocosa menos que aguantar.
Luke lo asesinó con la mirada.
Pude oír como Luke le susurraba a Quirón.
-Dile a David que no le dé su cama a otro, seguro que no aguanta mucho.
-¡Te he oído!- dije saliendo por la puerta.
-¡Es una mala idea!- suspiré.
Una semana después me encontraba enfrente de mi casa en Virginia, me pesaba el dracma que Luke me había dado para llamar al campamento diciendo que volvía, él consideraba que había tomado una mala decisión pero yo le demostraría que había acertado.
Toqué la puerta.
Mi padre me abrió con una sonrisa.
-¡Annabeth!- me abrazó- estás enorme.
Sonreí.
-Papá hace tres años que no me ves- me sonrojé.
-Venga entra, tu habitación este exactamente como la dejaste.
Me pare en seco, Helen estaba allí con su cara malhumorada mirándome.
-Hola Annabeth.
-Hola- dije fría, pensé que mi padre la habría echado.
Mis hermanos pequeños, Bobby y Mattew, me señalaron.
-¿Quién es?
-Es vuestra hermana- contesto mi padre- Annabeth.
-¡Hermanita!- corrieron hacia mí y me abrazaron.
-¿Por qué no te caes?- preguntó Bobby- la gente normalmente se cae cuando hacemos eso.
-He entrenado en el campamento.
Fui a mi habitación, y estaba como la había dejado, hasta las mantas que había amarrado para poder escapar por la ventana estaban intactas encima de la cama.
Pensé que todo sería fácil, que solo estaríamos mi padre y yo pero me equivoque.
Los problemas no tardaron en volver, en la escuela nadie quería ser mi amigo, porque era la niña inteligente que siempre sacaba dieces, y sin querer había ridiculizado a la popular, los problemas también seguían en casa, las pesadillas volvieron y mi madrastra me peleaba porque por ellas asustaba a mis hermanos, y para colmo mi padre a penas pasaba tiempo en casa, aguante un mes y tres semanas, como predijo Luke no pude más.
Me encerré en el baño e hice un arcoíris, lance el dracma y desapareció.
-Oh diosa iris acepta mi ofrenda, por favor muéstrame a Luke Castellan en el campamento mestizo.
Luke apareció, estaba en la casa grande y me sonrió cuando me vio.
-Hola Annabeth.
-Luke- dije triste- ¿podrías decirle a Quirón que vuelvo al campamento?
-¿No ha funcionado?
-No, como predijiste, estarás contento.
-Annabeth te mentiría si te dijera que no, soy un egoísta, tú eres lo único que hace que no pierda la cordura que siga…- pareció perdido en sus recuerdos- da igual, pero que sepas que yo quiero tu felicidad, y si tu felicidad esta junto a mí mejor que mejor.
-Tranquilo voy a volver- le sonreí.
-Te espero impaciente, hasta pronto.
-Adiós- deshice el mensaje iris.
Esa era la primera vez que veía todo lo que realmente me necesitaba Luke, no me había imaginado nunca cuanto lo hacía, ahora pensaba que tal vez, solo tal vez, él me necesitaba más a mí que yo a él.
Fui a mi cuarto, cogí ropa, ambrosía, néctar, pero deje alguna arma, por si algún monstruo venía por mi olor, coloqué el anillo de mi padre en mi collar de cuentas, sería un recordatorio de lo necia que había sido, que mi padre nunca sería capaz de cambiar.
Ate las sabanas y las lance como si fuera una cuerda por la ventana, y una vez más huí de casa, pero esta vez tenía un sitio a donde ir.
Pero no contaba con que los problemas habían surgido en mi ausencia en el campamento.
