Nada más llegar vi a Luke, estaba esperándome en el pino de Thalía con las brazos abiertos, no me lo pensé dos veces me lancé sobre él, y nos fundimos en un abrazo.
-Te echado mucho de menos- me susurro en el oído.
-Y yo a ti Luke.
-No sabes cuánto te necesito en este momento mi querida Annabeth- me volvió a hablar en la oreja.
Coloque mi cabeza en el hueco de su hombro, él inhalo mi aroma.
Me podría quedar así, junto a mi querido Luke por la eternidad pero había algo que no estaba bien, sentía que no encajábamos, que eso no lo debía hacer.
Nos separamos y me regaló la mejor de sus sonrisas, me cogió de la mano y juntos fuimos a la casa grande.
-Me alegro que hayas llegado sin ninguna complicación- Quirón me sonrió- siento que lo de tu padre no funcionara.
-Todos los sentimos- susurre.
-Será mejor que te instales en tu cabaña, es una suerte porque no han ocupado tu cama- me dio una sonrisa.
Solté una carcajada.
-Yo la acompaño- dijo animadamente Luke, que me cogió la mochila y comenzó a caminar.
-¡Luke! ¡Espera!- corrí tras él.
Llegamos a la cabaña, Luke deposito mi mochila al lado de mi cama y se acostó sobre ella.
-Tú como si estuvieras en tú casa- dije sentándome a los pies de la cama.
-Annabeth, ¿te he dicho que te añoraba?- pregunto mirando al cielo.
-Sí, recuerdo habértelo oído decir varias veces.
-Es que te necesito.
-¿Cómo un chico de diecisiete años puede necesitar a una de diez?
-No lo sabes tú bien- Luke iba a decirme algo importante cuando alguien entró en la cabaña interrumpiéndolo.
-Hombre si la enana ha vuelto- Damián apareció- ya me había hecho ilusiones de no verte en bastante tiempo.
-¿Qué quieres Damián?- escupí.
-Solo quería decirte que hoy tenemos una captura la bandera, y que tú no juegas.
-¿¡Cómo?!- exclame.
-No podemos ganar sin Annabeth- dijo Luke igual de sorprendido que yo.
-¡Cállate! Esto es un asunto de Atenea no de Hermes- espetó.
-Annabeth es asunto mío- lo encaró.
-Quiero hablar con David, seguro que tiene solución- me interpuse entre los dos chicos.
-David se ha ido, resulta que lo han admitido en una universidad muy buena y no va a volver, y yo he cogido el mando de la cabaña- sonrió- y los hijos de Hermes no son bienvenidos.
Y salió de la cabaña.
-¿Tú lo sabías?- pregunté después de un gran silencio.
-¡No! ¡Claro que no! Te lo habría dicho- se defendió el chico.
-Será mejor que te vayas- le dije- tengo que hablar con Malcom y Ángela.
Luke asintió y los dos salimos de la cabaña.
-Creo que están en la arena- me dio un beso en la mejilla- espero que lo soluciones todo- y se marchó.
Fui a donde me había dicho Luke, y efectivamente esos dos se encontraban apuñalando a unos muñecos.
-¡Malcom! ¡Ángela!- los llame, acercándome a ellos.
-¡Annabeth!- los dos me abrazaron.
-Díganme que no es verdad eso de que David se ha ido y Damián es el nuevo líder- pedí.
-Es todo cierto- Malcom bajó la cabeza.
-David se fue, sin decirnos nada, y Quirón nos lo notifico hace una semana y Damián se presentó para ser el nuevo líder, y yo también lo hice, comenzamos a luchar y me dio con una pistola eléctrica, hizo trampas y cuando caí comenzó a darme hasta dejarme inconsciente ganándose el puesto de líder- explico Ángela con amargura.
-Si no hubiera hecho trampas Ángela hubiera ganado- murmuro Malcom.
-¿Y qué hacéis aquí? ¿No deberíais estar con los demás jugando a capturar la bandera?- pregunté.
-Damián nos ha excluido- gruñó Ángela.
-Y veo que por tu cara a ti también- comentó Malcom.
-Tenemos que hacer algo, no podemos quedarnos de brazos cruzados- murmure.
-¿Y bien?- preguntaron.
-¿Y bien qué?
-¿Qué vas a hacer?- preguntó Malcom.
-¿Por qué tendría yo qué hacer algo?
-Annabeth- llamó Ángela- David confiaba en ti, me cuesta admitirlo pero él quería que algún día tú obtuvieras el mando, por eso siempre eras su mano derecha, te estaba preparando, además tú eres la que mejor hace planes de la cabaña.
-Pero… soy demasiado pequeña, nunca ha habido una jefa de cabaña tan pequeña como yo- dije.
-Annabeth tú has estado en este campamento desde los siete, te lo conoces como la palma de tu mano- me animó Malcom- y además siempre hay una primera vez.
-Tienes que retarlo- esta vez habló Ángela.
-¿Retarlo?
-A un combate por el liderazgo, normalmente estas cosas no solemos hacerlas, solemos aceptar a los lideres nos gusten o no pero sé que tú eres mejor que él, naciste para que te sigan no para seguir a alguien, y eso lo has demostrado en capturar la bandera, cuando eres la capitana todos hacen lo que tú dices y nadie te replica- explicó Ángela.
-No, no puedo der líder, soy demasiado pequeña, démosle un voto de confianza a Damián seguro que no es tan mal líder.
Malcom y Ángela iban a replicar cuando Damián entró en la arena.
-¡Hemos perdido por vuestra culpa! Nos dais mala suerte hasta cuando no jugáis, seguidme que tengo que daros un buen escarmiento- gruñó saliendo de la arena.
-Seguro que no es tan mal líder- Malcom imitó mi voz.
Ya llevábamos dos semanas y Damián no podía ser peor líder, en todas las competiciones que habíamos competido Atenea había perdido y quedado en última posición, Damián no escuchaba las ideas de los demás y cada vez que perdíamos nos echaba la culpa, claro que a mí me excluía de los juegos, a Malcom y Ángela de vez en cuando los dejaba competir.
Ahora me encontraba sentada bajo el árbol de Thalía junto a Luke y Grover, el niño cabra y yo nos habíamos hecho muy buenos amigos.
-¿Luke no deberías estar planeando una estrategia para ganar el captura la bandera?- preguntó Grover.
-No, vamos a ganar- Luke sonó muy confiado de sí mismo.
-¿Por qué estás tan seguro? Te recuerdo que estás contra Atenea- advirtió Grover.
-Atenea es un desastre- explique- desde que Damián cogió el mando ya no es lo mismo, siempre perdemos porque no escucha las ideas de los demás, además de que me excluye de todo, desde que he vuelto no he competido ni una sola vez.
-Pero… Annabeth tú eres la mejor estratega que tiene el campamento- se quejó Grover.
-Damián no lo ve así, cree que sigo siendo la niña asustada, inexperta y para nada valiente de siete años que llegó al campamento.
-Damián está ciego- Luke sonrió- si no puede ver lo especial que eres es que es tonto, y no merece ser un hijo de Atenea.
-¿Y si tiene razón?- pregunté.
-No la tiene Annabeth- me animó Grover- no todos cuando tienen siete años se enfrentan a un cíclope para salvar a sus amigos.
-Annabeth- Luke me miró serio- eres la chica más guapa, inteligente, valiente y capaz de todo que he conocido, nunca dejes que nadie te haga dudar de ti misma, porque eres genial.
Sonreí.
-Yo también pienso lo que ha dicho Luke, solo que él se me ha adelantado- comentó Grover haciéndonos reír.
-Annabeth has nacido para que la gente te siga, recuérdalo- Luke me guiñó un ojo- me voy, aunque Atenea este fatal no significa que el resto también lo esté.
-Yo también me voy, hay un arbusto de arándonos muy mono- sonrió pícaramente Grover.
Me despedí de ellos con la mano, y corrieron dejándome allí junto a Thalía.
-Thalía- miré el pino- tal vez podría ir para ayudar un poco, tal vez Damián me deje dar ideas.
Una brisa me golpeo la cara, sonreí, me despedí de Thalía y corrí a la cabaña.
Cuando abrí la puerta me quede boquiabierta, todos estaban peleándose, esto parecía la jungla y no una cabaña en un campamento.
-¡Basta!- vi a Damián gritar- Malcom eres un estúpido y débil, por eso Clarisse te pegaba.
-¡Ya no lo hace! Ahora soy otra persona- le plantó cara.
Vi a cámara lenta e impotente como Damián le pegaba una cacheta a Malcom y este caía al suelo.
-¡Nadie me desafía!- le empezó a pegar patadas y vi como Malcom se retorcía de dolor.
Lo que me impresiono es que nadie hacía nada, menos Ángela que estaba siendo sujetada para que no fuera a ayudar a Malcom pero el resto estaba inmóvil mirando la escena, sentí rabia, sentía enfado y me sentí traicionada, se suponía que éramos hermanos y los hermanos se ayudan entre sí.
Corrí hacia Malcom y recibí las patadas por él, me dolía pero tenía que seguir firme, no podía dejar que viera mi debilidad.
-¡Para!- le dije firme y autoritaria.
Damián se detuvo y me miró sorprendido.
-Deberías estar fuera- comentó.
-Venía a decirte que podía ayudar, que tenía ideas, pero vi esto y quiero que pares de una vez, nadie merece que lo trates como tú lo haces- declaré.
-¿Y qué vas a ser?- preguntó desafiante- solo eres una cría, solo eres un campista más, y nadie declarara en contra de mí.
-Te desafió.
-¿Cómo?- preguntó estupefacto.
-Te desafió por el liderazgo.
Todos comenzaron a murmurar, Ángela y Malcom se colocaron detrás de mí para darme apoyo.
Él no era un buen líder, yo no había nacido para seguir a alguien, yo había nacido para que me siguieran.
-Mañana a la hora de almorzar, no queremos montar un espectáculo, pero como no quieres que yo sea tú líder, ninguno de los tres- nos señaló a Malcom, Ángela y a mí- dormiréis hoy aquí, y cuando pierdas que lo harás, ya se me están ocurriendo castigos para ustedes.
Malcom, Ángela y yo nos fuimos de la cabaña.
-Lo has desafiado- comentó Malcom sin creerlo.
-Lo sé.
-Pero ¿por qué ahora?- preguntó Ángela.
-No podía dejar que siguiera siendo un tirano, no podía dejar que siguiera hiriendo a alguno de ustedes.
Los dos sonrieron y me pasaron sus brazos sobre mi hombro.
-¿Dónde vamos a dormir? ¿Alguien había pensado en eso?- preguntó Malcom.
-Hoy toca dormir bajo las estrellas- sonreí.
-No voy a dormir en la intemperie- se quejo Malcom.
-No he dicho eso.
Caminamos y entramos en la cabaña número ocho.
El techo de la cabaña era el cielo nocturno, y mis hermanos la miraban asombrados, yo lo sabía porque un día Damián me mandó a limpiar las cabañas sin campistas, entre yo y un chico de Deméter las limpiamos.
-¿Soy el único que no le gusta la idea de dormir en la cabaña de Artemisa?- preguntó Malcom levantando una mano.
-A mí me gusta- murmuro Ángela.
-¡A ti te gusta porque eres chica! ¡Sí Artemisa o una de las cazadoras se enteran me cortan las pelotas!
-No se enteraran, además mamá no la dejaría, esto es por una buena causa, Damián cree que una chica no puede ser líder.
-Si me matan mi muerte estará en vuestra conciencia- declaró Malcom.
Ángela y yo reímos, luego los tres nos fuimos a dormir.
Me levanté a las cinco de la mañana, no podía dormir, estaba nerviosa, así que me puse las zapatillas y una chaqueta y comencé a correr alrededor del campamento.
Damián iba a hacer trampas, pero ¿cómo esquivarlas sin yo hacer una? Una idea se me vino a la mente, corrí a una de las cabañas, toqué la puerta y enseguida me abrieron.
-Necesito tú ayuda- dije dejando a una Silena asombrada.
