El resto del día los de la cabaña de Atenea estuvieron pendientes de mí, pero sin duda lo mejor fue ver las caras de asombro de los demás campistas cuando me vieron entrar delante de todos, como la líder que era.
Y enseguida llegó la noche y las pesadillas, todavía me inundaban las imágenes que había visto.
Me desperté sobresaltada, eran las seis de la mañana y todos seguían dormidos, como era habitual me puse un abrigo y unas zapatillas y corrí al árbol de Thalía para mi sorpresa Luke estaba allí, iba a partir para su misión.
-¡Luke!- lo llame.
-¿Qué haces despierta a estas horas?
-No podía dormir, pesadillas.
Me dio un abrazo.
-Me tengo que ir, ¿podrás vivir este tiempo sin mí?
Reí.
-Suerte- le desee mientras se iba.
-No la necesito.
Luke no podía estar más equivocado, una semana después apareció con una cicatriz que le recorría la cara, lo bueno era que no tocaba su perfecta sonrisa, por lo menos traía una manzana.
Desde ese día supe que quería ir de misión, así podía demostrarle a Luke que no era un niña pequeña, que podía defenderme sola y también así me probaría a mi misma de que podía sobrevivir en el mundo real.
-Quirón- lo llame.
-Dime Annabeth, ¿en qué puedo ayudarte?
-Quiero ir a una misión- dije firme.
-No.
-¿Por qué no?
-Mira como ha acabado Luke- señaló a la enfermería, a Luke le estaban revisando- no habrá misiones.
-Pero Quirón Luke no sabía donde se metía, pero yo pienso las cosas antes de hacerlas.
-Un no es un no Annabeth.
Y se fue.
Pero no me rendí, estuve dándole la paliza durante semanas hasta que por fin se digno a responderme.
-Quirón quiero ir a una misión, sé que puedo- insistí- ¿por qué no me dejas?
-¿Quieres saberlo?- asentí- porque he hablado con el oráculo y tiene que llegar una persona especial.
-¿Quién es?
-No se sabe Annabeth, pero tienes que esperar a que aparezca.
-Quirón, quiero presentarme voluntaria para guiar a los nuevos.
-Annabeth, sé lo que estás intentando hacer- adivinó Quirón.
-Yo solo quiero ayudar a los pobres semidioses a que se sientan en casa- le dedique una sonrisa dulce.
Y ese día empezó mi búsqueda sobre ese alguien especial.
Dos años, habían pasado dos malditos años y ese alguien no había aparecido, para colmo Quirón se había ido a una escuela, decía que había algo que quería comprobar, y yo me tuve que ocupar de liderar a los campistas en su ausencia.
-¿Quirón?- pregunté al ver al centauro entrando al campamento.
-¿Qué tal Annabeth?
Corrí hacia él y le di un gran abrazo.
-¿Has solucionado ya ese asunto?- pregunte dejándolo de abrazar.
-Me temo que todavía no, pero he venido por las vacaciones de navidad, tengo una sorpresa para algunos de ustedes- me sonrió- vamos dentro, preparare un poco de chocolate.
Los dos caminamos a la casa grande y como él dijo preparo dos tazas humeantes de chocolate caliente.
-¿Vas a tardar mucho en resolver ese asunto? Por aquí se te echa de menos.
-No sé cuanto voy a tardar mi querida niña, cuéntame cómo ha esta esto en mi ausencia.
-Lo normal, Ares se ha peleado con Atenea, después los de Hefesto han hecho explotar algo, los de Apolo le lanzaron una maldición a la cabaña de Hermes que ahora se dedican a gastar bromas a los de Deméter…
-Te olvidas- Luke entró en la sala- que colgaste a los hermanos Stoll por dos largar horas boca abajo en el árbol de Thalía.
-No haberme puesto una tarántula en la cama- gruñí.
Quirón rió.
-Nunca vais a cambiar, y eso me alegra.
-¿Qué tal estas?- Luke le dio un gran abrazo al centauro.
-Bien, pero ahora quiero anunciar algo.
-¿Qué es?- preguntamos Luke y yo a la vez.
-Tenéis que llamar a los hermanos Stoll, Clarisse de La Rue, Malcom Ridler, Lee Flecher, Michel Yew y Charles Beckendorf, ellos y ustedes dos habéis sido elegidos.
-¿Para qué?
-Lo contaré luego.
-Quirón sabes que odio no entender.
-Anda id a buscar a quienes os he dicho.
Asentimos, corrimos por todo el campamento buscando a los siete semidioses y cuando los encontramos juntos fuimos a la casa grande.
-¿Qué pasa Quirón?- preguntó enfada Clarisse, ya que la habíamos interrumpido en uno de sus entrenamientos.
-Pasa que a ustedes los rondadores, los que no pueden vivir sin que un monstruo a la redonda vaya a por ustedes los dioses os han dado un obsequio, estáis invitados a ir al Olimpo en el solsticio de invierno.
Todos comenzamos a murmurar, eso era fantástico.
Podría ver la arquitectura en el Olimpo, me moría de ganas, pero lo que más me interesaba de ese sitio era mi madre, quería verla nunca lo había hecho.
-Ósea, iremos dentro de dos días- dije.
Quirón asintió.
-Flipante- chocaron las manos lo hermanos Stoll.
-Chicos volved a vuestras actividades- mandó Quirón.
Todos salimos de la casa grande.
-¿Tú, yo en el Olimpo? ¿Te lo puedes creer?- le pregunte ilusionada a Luke.
-La verdad es que no- noté que su voz era sombría- sería mejor no ir.
-¿No quieres ver el Olimpo? Sé que lo estás deseando, ya me puedo imaginar la arquitectura del lugar.
-Annabeth esto es mucho más grande- murmuro para luego marcharse.
¿Mucho más grande? ¿A qué se refería?
Para mí esos dos días fueron interminables, estaba emocionada ante la posibilidad de ver toda la arquitectura ¿y por qué no decirlo? Estaba emocionada por poder ver a Atenea.
Ahora todos estábamos en la colina mestiza, esperando impacientes a que Argos apareciera con el camión para ir al Olimpo.
-Chicos- Quirón nos llamó- ¿alguno sabe dónde está el Olimpo?
Levante la mano.
-Yo he oído que está en la planta número seiscientos de algún edificio de Nueva York.
-¿Se puede saber de dónde los has oído?- preguntó curioso el director de actividades.
-Como he tenido que mirar informes cuando tú no estabas, en alguno se podía ver la dirección, además de tener que jugar mucho a las cartas con el señor D y ya sabes que nuestro director cuando juega cuenta muchas cosas.
-Típico- rió- está como dijo Annabeth en la planta seiscientos del Empire State Building.
Todos empezamos a murmurar entre nosotros, cuando Argos apareció con el camión.
-¡Me pido ir de copiloto!- Los Stoll corrieron para ver quien se sentaba delante.
-¿Pararan algún día?- le pregunté a Luke.
-No creo- reímos y subimos al camión, nos sentamos una al lado del otro.
Cuando el camión paró todos bajamos empujándonos unos a otros para ver quién era el primero en llegar al Olimpo, bueno todos menos Luke, a él seguía sin gustarle esta visita.
Mientras Quirón fue a hablar con el portero nosotros esperamos enfrente del ascensor.
-¿Cómo creéis que será?- preguntó Malcom.
-Lleno de armas- contestó Clarisse.
-Tal vez el templo de tu padre- rieron los Stoll.
-Yo creo que no deberíamos ir- murmuro Luke.
Lo ignoramos.
-Yo creo que lo importante son nuestros padres- dije.
-¿Por qué lo dices?- preguntó Charles Beckendorf.
-Porque por algo nos han regalado esta visita, tal vez quieran conocernos- sonreí.
-No os hagáis ilusiones- contradijo Luke- los dioses nunca tienen buenas intenciones, pasan de nosotros.
-Chicos es hora de subir- Quirón apareció, Luke y yo esperamos.
-¿Por qué dices eso?- le pregunté a Luke.
-Lo digo para que no te desilusiones, no quiero que estés triste, mi misión en la vida es protegerte- iba a replicarle cuando Quirón habló.
-Vamos chicos, entrad en el ascensor- nos urgió.
Hicimos lo que nos dijo.
El Olimpo era increíble, no podía dejar de mirar todo a mí alrededor, comenzamos a caminar y había una estatua de la reina de los dioses, me resultó familiar, raro pues nunca había estado en el Olimpo.
Quirón se dio cuenta que me había quedado mirándola.
-Annabeth ¿qué pasa?
-Yo he visto ya esta estatua.
-Nunca has estado en el Olimpo- dijo.
-Lo sé, pero creo que se ve en mi sueño…
-¿En cuál de ellos?- me miró preocupado.
-No lo sé- mentí, no quería decirle que la veía en el sueño de cuando caía.
-Vamos a la sala de tronos- cambió de tema, yo sabía que Quirón había notado mi mentira pero no me presiono, él sabía que si lo ocultaba yo tenía mis razones.
La sala del trono como su nombre indica era la sala de los tronos de los dioses, esa es su fuente de poder, me quede contemplándola.
En el trono más majestuoso y grande reposaba el rayo maestro de Zeus, al lado en un trono un poco más pequeño había un enorme tridente, y en un lado de la sala, donde habían hecho un trono improvisado mucho más pequeño que el resto se encontraba el yelmo de la oscuridad, tragué saliva no entendía el por qué los dioses los dejaban allí, a la merced de cualquiera pero enseguida recordé que los dioses no podían robarse sus simboles de poder unos a otros.
Me fije en un trono, no era tan grande, tampoco majestuoso pero lo que me llamó la atención era que encima había un libro, de portada azul, sonreí al ver que era de arquitectura.
-Es el trono de mamá- me susurro Malcom.
-Lo sé, ahora me estoy preguntando cómo será.
-Yo solo sé que tiene que tener los ojos grises, date cuenta que la mitad de nuestra cabaña tiene los ojos grises- asentí.
-¿Y su pelo?
-No lo sé, hay dos o tres pelirrojos, tres pelinegros y tú y yo somos rubios, el resto tienen el pelo marrón, somos demasiado variados para saber cuál es su color de pelo.
-Tiene una voz maternal, o eso recuerdo, desde los siete que no la oigo.
-¿Crees que la veremos hoy?
-Si te digo la verdad, no lo sé, quiero verla, deseo poder conocer a nuestra madre pero sabes que es una diosa y está prohibido el contacto con mortales, sé que no debo ilusionarme que si lo hago me decepcionaría.
-¿Sabes lo que pienso yo?- negué con la cabeza- que nunca hay que perder la esperanza.
Y salimos de la sala de tronos siguiendo a los demás.
-Ahora tenéis una hora libre- anunció Quirón- por favor no os metáis en líos- dijo mirando a los Stoll.
-¡Tenemos que gastar una broma a ese hombre rechoncho de ahí!- dijeron corriendo en dirección a ese hombre.
-¡Dicen que hay inventos muy divertidos!- Malcom y Beckendorf se fueron.
Y pronto solo quedamos Quirón, Luke y yo.
-Annabeth necesito que te quedes conmigo- me susurro Luke.
Yo le iba a preguntar el por qué cuando Quirón nos interrumpió.
-Perdón por interrumpiros pero la diosa Atenea quiere hablar contigo Annabeth.
-¿Conmigo?- pregunté sin creerlo.
Él asintió.
-Si quieres hablar también con ella ve a su templo, lo visitamos hace un momento- y se fue.
-Annabeth no vayas- me rogó Luke.
-Es mi madre, y quiere conocerme- le dije ilusionada.
-Los dioses nunca son como tú piensas, solo quieren utilizarte- parecía enfadado- además Annabeth no podré resistir sin ti.
-¿Resistir? Luke no sé de que hablas, pero eso da igual iré a ver a mi madre, da igual todo lo que digas.
-Annabeth esto igual que con tú padre, los dos te abandonaron, pero nosotros somos familia te lo prometí- dijo firme.
-No es igual, ella no podía estar conmigo porque las leyes no le dejan mi padre me abandono a mi suerte, Luke voy a ir a hablar con mi madre.
Y sin más corrí hacia el templo de Atenea, pero lo que no sabía en ese momento era que Luke necesitaba realmente que yo estuviera con él para no caer en la tentación.
