Septiembre, 4 del 2014
Querido Steve:
¿Puedes creer que te escribo desde la cima de la Torre Eiffel? Es bonita la ciudad desde aquí y, aunque no nunca he sido de las que se enamora de las ciudades, me pregunto si conociste Paris antes, durante la guerra.
No he sabido más de ti buscándome y estos días he estado pensando sobre esto que me haces sentir. No sé exactamente qué es, y no quiero darte falsas esperanzas, porque sé que tus ojos ahora dicen algo diferente sobre mí. Cuando te vi en Suiza, veías una foto mía que seguramente hurtaste de los expedientes, y la veías con un poco de tristeza…
¿Te han dicho que eres fácil de leer? Tu rostro siempre…
Lo siento, debo irme. Terminaré esta carta cuando esté en un lugar seguro.
Steve, me encontraron.
Me estoy volviendo sentimental, y no puedo hacerlo ahora.
Lo siento, Steve.
