Entré en el templo de mi madre, pero no vi a nadie allí.
-Preséntate- una voz femenina que me resultaba familiar ordenó.
-Yo soy Annabeth Chase, hija de Atenea, capitana de la cabaña número seis.
Miré a mí alrededor y de repente una mujer apareció detrás de mí.
Tenía puesto un vestido griego blanco, su pelo color marrón chocolate le caía como una cascada, a simple vista se podía ver que era hermosa, toda una diosa, no la habría reconocido si no fueran por sus ojos, eres grises tormentosos como los míos.
-¿Madre?- pregunté temerosa.
-Hola, hija- me regaló una sonrisa maternal.
Quería ir abrazarla, a decirle lo mucho que la quería a pesar de no conocerla, lo que ansiaba que ella estuviera orgullosa de mí, pero me contuve eso no era apropiado.
-¿Querías verme?
-Sí- se acercó a mí, y me tomo de la mano, se sentía bien- hija mía estoy muy orgullosa de ti, has superado todos los obstáculos con creces, me enorgullece que seas mi hija, pero quiero advertirte que algo grande viene y quiero que estés preparada.
-¿Algo grande?- asintió.
-Te has convertido en toda una guerrera, y pensar que te tuve en brazos cuando apenas pesabas tres kilos.
-Mamá yo…
-No tienes que decir nada hija mía, sólo quiero que estés preparada, jugaras un papel importante en los acontecimientos que pronto sucederán.
-Estaré preparada- informé.
-Hija mía nunca dudes de mi amor, te quiero y eres mi favorita, pero no sé lo digas a tus hermanos, diles de mi parte que entrenen mucho pero no les cuentes nada sobre lo que viene, podría cundir el pánico.
-¿Entonces por qué me lo has dicho a mí?
-Porque desgraciadamente tú vas a tener un papel importante, no quiero que te pase nada- me dio un beso en la mejilla, sonreí, era la primera vez que me daba un beso- Annabeth recuerda que te quiero.
Se alejo de mí, y comenzó a brillar, giré mi cabeza para no ver su verdadera forma divina que me podría matar.
No entendía la mayoría de cosas de la charla.
Un trueno resonó, el tiempo empezó a ponerse raro.
-¡Campistas nos vamos!- gritó Quirón.
Todos nos reunimos enfrente del ascensor, Quirón estaba pálido y Luke llevaba una mochila que juraría que no llevaba antes, algo raro pasaba, ¿sería el gran suceso que había predicho mi madre?
-Quirón ¿qué ocurre?- pregunté.
-Nada de lo que haya que preocuparse, por ahora- susurro la última parte pero yo la pude escuchar.
En cuanto llegamos al campamento Quirón salió corriendo para arreglar ese asunto dejándome a mí de nuevo a cargo del campamento junto al señor D.
Intente conseguir información, pero solo averigüé que algo había sido robado y si no era devuelto antes del solsticio de verano algo malo pasaría.
Luke se había distanciado de todos los campistas, a penas lo veía por el campamento se pasaba el día en el bosque, y actuaba muy raro, siempre alerta y nervioso, algo le pasaba pero no quería hablar de eso conmigo, cada vez que sacaba el tema desviaba el tema de conversación o se iba.
Después de seis meses Quirón volvió al campamento con el asunto presuntamente arreglado, digo presuntamente porque no parecía que lo hubiera arreglado, solo parecía que lo había postergado, seguía sin contarme nada sobre el asunto tampoco lo sátiros hablaban y a eso le sumamos el hecho de que seguía sin aparecer esa persona.
Pero no todo era malo, pues el día de mi cumpleaños apareció un regalo inusual.
Ese día me desperté y salí un rato a correr, me encontré a Clarisse jactándose de la lanza mágica que le había regalado su padre Ares, el dios de la guerra.
-¡Felicidades!- me felicito Malcom por el camino.
-Gracias.
-Ya tienes doce años- me sonrió.
-Ya no soy una niña.
-Para mí siempre serás mi hermanita, aquella niña que me defendió de todos los matones que me dio confianza en mí mismo- me revolvió el pelo.
-Voy a la cabaña, para cambiarme, estoy toda sudada.
-Ven pronto a almorzar, no se lo digas a nadie pero la cabaña de Atenea hemos hecho una tarta para ti- me guiñó un ojo y salió al comedor.
Entré en la cabaña y un extraño paquete apareció de la nada encima de mi cama.
Cogí una pieza larga, del invento que estamos haciendo los de la cabaña de Atenea con la de Hefesto y toqué el paquete, cuando eres una semidiosa aprendes a desconfiar de todo, a el palo no le había pasado nada.
Agarré desconfiada el paquete, el papel de envolver era plateado y había un búho dibujado en el centro, abrí con cuidado y en el interior había una gorra de los Yankees, un equipo de beisbol, también había una nota que leí.
Con esta gorra te podrás ocultar de tus enemigos, te esconde de la vista pero no de los otros sentidos, espero que te sirva de gran utilidad, me disculpo por perderme el resto de tus cumpleaños pero ya sabes que me está prohibido verte.
Te quiere mamá
PD: Espero que hayas entrenado, estoy orgullosa de ti.
Me coloqué la gorra, no parecía gran cosa, me miré las mano pero no las veía… ¡Era un gorra de invisibilidad!
Esta noche en capturar la bandera iba a dar dos o tres sorpresas, sonreí y me guardé la gorra en el bolsillo, mi madre sí que sabía hacer regalos.
Fui hacia la mesa de Atenea y como dijo Malcom había una tarta encima de la mesa, le habían puesto doce velas, me cantaron el cumpleaños feliz y finalmente sople las velas y pedí una deseo, que el alguien especial apareciera.
Y cuando menos me di cuenta había llegado la noche y con ello la partida de capturar la bandera.
-¡Equipo azul!- los llame- tenemos que ganar esta partida- dije firme.
-¿Cómo?- preguntó Lee, líder de Apolo- Clarisse ha conseguido que las cabañas de Hefesto, Hermes y Deméter, dejándonos a las cabañas de Afrodita, que solo juega Silena, Dionisio, que solo hay dos campistas, y a nosotros Apolo y ustedes Atenea.
-Vale, la mitad de Atenea se encargará de estar cerca de la bandera haciendo trampas, la otra mitad ayudará a los de Apolo que estarán en una posición adelantada, Castor y Pollux irán por el flanco derecho mientras, Silena, Malcom y yo por el izquierdo.
-¿Cómo conseguiremos la bandera?- preguntó Malcom- seguro que han puesto a Luke guardándola para que tú no puedas cogerla.
-Eso os lo explicare por el camino- sonreí- ¡Por Atenea!
-¡Por Atenea!- gritaron los demás.
Y comenzó el juego, como dije Silena, Malcom y yo estábamos en el flanco izquierdo.
-¿Ahora nos dirás que tienes pensado?- preguntó Silena.
-Ustedes id hacia la bandera, seréis una distracción.
-Annabeth, Luke estará pendiente de ti- dijo Malcom.
-No me verá.
No les deje seguir haciendo preguntas, les señale el claro donde tenían la bandera, Luke y un chico desconocido de la cabaña de Deméter estaban cuidando la bandera.
Silena y Malcom fueron a por ellos, Luke mientras luchaba contra Malcom miraba los lados por si me veía, me puse la gorra y noquee al chico de Deméter, Silena no se lo pensó dos veces y corrió a ayudar a Malcom, sonreí Luke estaba demasiado ocupado.
Cogí la bandera y corrí, reí al ver la cara de los demás campistas al ver una bandera moviéndose "sola" hasta pude ver como a Clarisse se le caía su lanza eléctrica al agua y sin querer electrocutaba a tres de sus hermanos, cruce el límite y el equipo azul estalló en bitores.
Antes de quitarme la gorra vi a Luke, Silena y Malcom llegando hasta mí.
-Hola- sonreí cuando volví a ser visible.
-¿Cómo…?- preguntó atónito Luke.
-Eso eso ¿cómo?- preguntó Malcom.
-Me la regalo mamá por mi cumpleaños- señalé la gorra- hace a su portador invisible.
-¡Viva Annabeth!- me vitoreó el equipo azul.
Luke me dio un abrazo.
-Viva- susurro en mi oído.
No todo iba tan mal después de todo.
Unas semanas después me encontraba durmiendo en mi cama, en la cabaña de Atenea cuando un sueño me invadió.
Lo raro, era que no consistía en las visiones que vi en la profecía, era la primera vez en dos años que no soñaba eso, no es que lo soñara todos los días pero cada vez que me invadía un sueño semidiós soñaba sobre eso.
Estaba en el pino de Thalía, Grover estaba en un rincón murmurando cosas incoherentes y algo sobre enchiladas, había un niño por la estatura diría que tiene once o doce años, no pude verle la cara pero estaba asustado, dirigí mi vista a donde miraba y me quede helada, el minotauro estaba allí y al parecer perseguía al pobre chico, me intente mover pero solo era una mera espectadora, temía por la vida del chico nadie se merecía morir a manos de un monstruo y a tan solo un paso del campamento, recordé a Thalía, tenía que salvar al chico por ella.
Desperté, había agua en mi cara, y a un lado Malcom tenía una sonrisa divertida y sujetaba un vaso, no había que ser un genio para saber lo que había sucedido.
-Antes de que te mate por despertarme lanzándome agua quiero saber el por qué me despertaste, y de ese modo- dije amenazadora, oí como Malcom tragaba saliva.
-Annabeth ya son las cinco de la tarde- explicó- y te intentamos levantar por todos los métodos, música, llamándote, zarandeándote incluso mandamos a la pequeña Sofía a saltar en tu cama.
-¿He dormido tanto?
-Sí.
Me levanté, y corrí a vestirme tenía que avisar a Quirón sobre el sueño que había tenido, el chico necesitaría ayuda, además no quería sentirme culpable de otra muerte, sabía que la muerte de Thalía no era mi culpa pero eso no hacía que me sintiera mejor.
Tuve que estar varias horas insistiendo en que Quirón me viera, al parecer estaba ocupado con el algo que había sido robado.
Salió al porche, donde yo le esperaba.
-Annabeth…- suspiró- si quieres saber que pasa no tienes por qué preocuparte y…
Lo interrumpí.
-Quirón he tenido un sueño.
-¿Cómo?
-Un chico y Grover estaban por el pino de Thalía y un minotauro les perseguía…- vimos como el árbol de Thalía se movía, alguien le debía de haber dado un golpe.
-Tenemos un problema- murmuro Quirón.
-¿Otro?- pregunté.
-Annabeth esto es más serio de lo que crees.
-¿Ese chico podría ser mi billete para una misión?
-Annabeth…
No le dio tiempo a terminar porque vimos como el chico llevaba a Grover hacia la casa Grande, donde nosotros nos encontrábamos.
Nos miró y pude ver bien su cara, su piel no estaba muy bronceada y era escuálido, no tenía músculos pero tenía unos ojos verdes como el mar, como los que había visto en mi visión.
-Él es, debe ser él.
-Silencio Annabeth- me dijo Quirón- todavía está consciente tráelo dentro.
Lo lleve dentro, amenace a varios campistas de Apolo, tenía que cuidarlo yo, necesitaba saber por qué este chico era tan importante.
Y el resto, como se dice es historia.
