Doce

Marzo, 01 del 2015

Querido Steve:

Esta noche te encontré frente a mi puerta, tenías esa mirada dolida que abre un agujero en mi pecho.

Mesentí culpable, Steve.

Y luego me dijiste que lo sentías, y no supe qué hacer. No puedes decirme que lo sientes cuando he estado jugando con tus sentimientos, no eres tú quien debe pedir disculpas.

Tus ojos volvieron a ver dentro de mí, y me quedé paralizada.

No quiero que sigas viendo dentro mí. Sé que no te gustará lo que sea que encuentres.

Pero, ya no puedo evitarlo.

He vuelto a caer por ti, y no quiero lastimarte. No mereces ser lastimado por una asesina rusa que no sabe lo que siente. Tampoco quiero atraparte en este montón de nudos que soy.

Y, como dije antes, no estaba segura si podría mentirte mientras me veías a los ojos de esa manera en la que puedes hurgar dentro de mí sin mi permiso, y no fui capaz, y te observo dormir mientras escribo éstas palabras.

¿Puede alguien como yo darse una mínima oportunidad de sentir algo más que simple confianza por alguien como tú?

Steve, no quiero perder el control de lo que puedo, o no, sentir y parece que lo hago cada vez que me tocas.

No deberías permitir este juego. Eres el correcto en esta especie de costumbre que hemos desarrollado. Y yo solo hago lo que permites.

Pero, se acabó.

Ya no puedes permitírmelo más.

No puedes darme el derecho de tomar tu corazón sin obtener nada a cambio.