Trece

Marzo, 14 del 2015

Querido Steve:

Otra vez escribo viéndote dormir y se ha vuelto costumbre.

Veo la tranquilidad en tu rostro y me siento culpable. No debería aceptar este juego, no lo mereces y hoy se siente diferente.

Ya no me parece un simple juego, sino algo más... Íntimo. ¿Puede haber algo más íntimo que esto?

Me preguntaste sobre la cicatriz en mi costado izquierdo.

Te conté que fue en una misión «diplomática» para la KGB, tenía que liquidar a una mujer que estaba causando problemas y una de sus balas me rozó. Pero, eso no fue ningún impedimento para culminar mi objetivo.

¿Sabes que no te dije? Que ella tenía una familia a la cual proteger, que tenía hermanos y le amenacé con matarlos si no se entregaba a las autoridades rusas.

Ella se rindió y yo no hice más que dar por culminaba mi misión.

¿Y si Clint hubiese terminado la suya? ¿Y si yo no estuviera aquí? ¿Habrías sabido de que existí?

Creo que no.

En fin, hemos estado haciendo esto por un par de meses, o más, y si sigo pensando el asunto sé que esto se volverá más común, más frecuente y no quiero que te vuelvas más frecuente en mi vida de lo que ya eres.

No porque no me agrades, sino porque sé que tarde o temprano, me terminaré yendo de aquí. Porque eso hago cuando las situaciones se salen de mis manos, busco una salida fácil y rápida y no me importa quién salga lastimado.

Y sabes que no quiero lastimarte.

Steve, las cosas entre tú y yo se van consumiendo.