Aquí está el segundo capítulo. No creo que suba uno diario, pero este a sido rápido. La canción que sale se llama "Perfect two" y es muuuuuy moñas/bonita/comosequierallamarsegunelgusto

sin mas dilación, espero que les guste el nuevo cap :)


La mañana era muy fría, y no parecía que fuese a mejorar. Es más, las nubes, de un gris oscuro, amenazaban con tormenta, y el aire olía a humedad. Un fuerte pitido invadió la oscura habitación. Ymir apagó el despertador y miró al techo, sin fuerza ni ganas de levantarse. Se dio la vuelta para mirar a la pared, encontrándose cara a cara con los penetrantes ojos rojos de una vampiresa semi-desnuda y con la boca llena de sangre. Amaba ese póster. A los diez minutos su compañera de piso entró, pegando una patada a la puerta. La tiró una almohada a la cabeza y la gritó "a desayunar", a lo que ella respondió abrazando el objeto y tapándose la cabeza.

-¡Levántate, imbécil!-tiró de la manta, arrancándola de sus manos, y el frío golpeó a la pecosa, haciéndola temblar.
-¡Annie!-bufó molesta.

-¡No soy tu madre, a la próxima te dejaré llegar tarde!-salió del cuarto cuando escuchó la cafetera pitar-Ni siquiera sé por que me molesto...

-¡Murmuras como una vieja chalada!
Se levantó de mal gana, y se encaminó a la cocina, solo vestida con una básica gris y su ropa interior. Annie la miró de reojo y negó con la cabeza, demasiado acostumbrada ya a esa imagen como para molestarse en reñirla. La tendió una taza de café solo, y ella la aceptó con un gracias. Metió pan en la tostadora, cogió dos platos y mermelada y se fue al salón. Tras poner la mesa encendió la televisión en un canal cualquiera, que coincidió con un canal de música,en el cual sonaba una horrible y cursi canción de amor que la iba a hacer vomitar. Sin embargo, justo cuando iba a cambiar, reconoció la melodía. Aquella era la canción que la rubia del instituto estaba tocando. Se mantuvo unos segundos en silencio y, finalmente, dejó su voz sonar tan bajo que apenas ella misma era capaz de oírse.
-Cause you are the one
For me
For me
And im the one
For you
For you...-cantó en voz baja, paladeando aquellas palabras que nunca había pronunciado. El amor de ese tipo nunca había sido para ella, ni siquiera en canciones. Todas sus canciones favoritas de amor eran duras, no correspondidas y, la mayoría, subidas de tono -we are the perfect...two...-se quedó un minuto en silencio, mirando su taza. Negó con la cabeza y dio un trago al amargo líquido, que logró que volviese a su estado de ánimo normal.
-¡Ya están las tostadas!-la gritó su amiga desde la cocina.
Mientras se dirigía a esta, no pudo evitar reír. La chica de ayer era pequeña, delgaducha y rubia, como su compañera. Sin embargo, y aun sin haber hablado nunca con ella, sabía que eran polos opuestos. Tras desayunar, fue a su cuarto a vestirse. Rebuscó entre su ropa hasta encontrar algo que la agradase: unos vaqueros rasgados, una camiseta negra de "my darkest days" de manga corta, una sudadera gris/marrón/nunca sabría de qué color era, un chaleco negro, unas deportivas anchas y un gorro normal y corriente negro. Agarró su monopatín y su mochila, se metió las llaves al bolsillo y se dirigió a la entrada, donde ya la esperaba la otra chica. Ella vestía unos vaqueros negros algo ajustados, una sudadera gris, una cazadora con estampado militar y botas. También tenía una tabla en sus manos y una mochila a su espalda.
-Tardaste mucho, ya me iba a ir sin ti.
-Oh, cállate. Siempre quieres irte sin mi-murmuró abriendo la puerta.
Callejearon hasta llegar a la avenida principal, en la que tenían que ir esquivando a los jóvenes que, como ellas, iban hacia su escuela, andando como zombies algunos, gritado otros. La más alta hizo un gesto con la cabeza hacia la carretera, donde un autobús se había parado en el semáforo. Pasaron rápidamente por un grupo de pijas que se había detenido en mitad de la calle, arruinándolas la foto que se estaban sacando, y se agarraron al parachoques trasero justo cuando arrancaba, dejándose arrastrar. Estuvieron enganchadas apenas dos minutos, hasta que se fue por otra calle. Se ganaron los pitidos de varios coches por salir disparadas hacia la carretera que giraba hacia el lado correcto, pero subieron rápidamente a la acera más despejada y siguieron serpenteando entre la gente, hasta que finalmente llegaron a su centro. Atravesaron el patio, un par de profesores las gritaron que no podían estar allí con el monopatín, y ellas simplemente les ignoraron.
-Hey-llamó la atención la pequeña, e hizo un gesto con la cabeza hacia la derecha.
La pecosa miró hacia allí. En una esquina algo apartada, dos chicos se pasaban la mochila de una chiquilla. Esta trataba inútilmente de cazarla al vuelo dando saltos, cosa que solo alentaba a los abusones a reírse más. En menos de un segundo la castaña ya había acelerado todo lo que podía para dirigirse allí. Dos metros antes de llegar hasta el más alto de ellos, dio un salto, que lanzó el monopatín contra él. Le acertó de lleno en la entrepierna, haciéndole caer de rodillas. El otro trató de encararse, pero Annie salió de la nada, atizándole con su mochila en la cara al pasar, y logrando que besase el suelo. La más alta recuperó las pertenencias de la chica y se las entregó con una sonrisa, tapándose antes la cara con la sudadera, logrando que no se la viesen más que los ojos.
-¿Estás bien?-la preguntó amablemente
-S...si...gracias...-la miró, sintiéndose atrapada por ese extraño ámbar, que la recordaba a los ojos de un lobo.
-No hay de qué-le dio un pisotón a su tabla para hacerla mirar de nuevo hacia la puerta-Nos vemos esta tarde...-rió y aceleró en pos de la otra, que ya se había ido, volviendo a despejar su rostro.
-Si...-sonrió. Tenía que ensayar más para cuando llegase la tarde.
Ni siquiera se molestó en comprobar que los chicos no estuviesen demasiado heridos, aunque después se sentía un tanto culpable por ello. El timbre la hizo olvidarse de ese detalle, pues el llegar tarde la asustaba más que el posible castigo por dejarles tirados allí. Desde la ventana de su clase, Ymir la vio correr. Finalmente recordaba quién era esa pequeña niña, y deseó con todas sus fuerzas que ya hubiese aprendido a tocar.

-Tiempo sin vernos, Christa...-susurró sacando los libros que necesitaba para primera hora.

-¡Ymir, siéntese!

-Si, si...-respondió de mala gana cuando el profesor la llamó la atención.

A pesar de estar sentada, a pesar de tener que atender, sus ojos viajaron de nuevo al cristal. Ya no estaba allí, era obvio, pero, como si su imagen estuviese grabada en el asfalto, se quedó mirando e imaginando esos hermosos e inocentes ojos azules...


¿Que les a parecido? ¡Invito a opinar! si hay alguna petición para la historia, algún detalle que os gustaría ver o algo así, podéis decírmelo y, si encaja en mis planes, estaré encantada de incluirlo. !Hasta la próxima¡