Veintiuno
1 de agosto de 2015
Querido Steve:
Ésta mañana te he visto entrenar en el gimnasio, parecías molesto y perdido en tus pensamientos, le dabas tan fuerte al saco que no escuchaste cuando entré y subí al nido de Clint.
A veces, subo acá y te observo entrenar. Me pregunto en qué pensarás cuando golpeas el saco de esa manera. ¿Podría ser yo la causante? No lo sé, no me atrevo a preguntar. Creo que me dolería ser la causante de tus molestias.
Ahorita, todo está en silencio y oscuro. Alguien viene y sé que eres tú. No quiero que me veas.
Acabas de encender las luces del gimnasio, y llevas puesta las vendas. ¿Volverás a golpear el saco hasta hacerlo estallar?
Steve, debes dejar hacer esto y yo necesito saber por qué lo haces. Creo que ya he visto suficiente furia en ti y he esperado demasiado tiempo como para dejar que destroces toda la utilería.
