Bueno me estoy dando cuenta de que fue un error escribir y subir a la vez...de todas formas no voy a abandonar la historia, aunque tardaré bastante en subir...


Llegaron al local bastante tarde al final, casi a las once, y por pura suerte las dieron una mesa al momento. El sitio era pequeño pero muy agradable y acogedor, con una chimenea que quedaba cerca de su mesa, donde el fuego danzaba y los niños jugaban a calentarse las manos y tirar palitos. Pidieron la cena al camarero, el cual se quedó sorprendido por la cantidad de cosas que Shasa iba añadiendo a la lista.
-¡No sabía qué elegir!-dijo en su defensa una vez se quedaron solas.
Mientras ella devoraba los platos con cara de felicidad, sus amigas se dedicaban a hablar de sus clases. Ymir ofreció a Christa practicar en su casa en vez de en el instituto, y la otra aceptó encantada, más por ver la casa de su profesora que porque la molestase trabajar en el centro, aunque en cierta forma la daba algo de vergüenza ir allí con ella...a solas...trató de apartar esos pensamientos antes de sonrojarse. Sasha no tardó mucho en darse cuenta de que, en esa mesa, ella sobraba. Las chicas empezaron a acercarse más hasta el punto de tener las manos entrelazadas, y lo más probable era que ni siquiera se hubiesen dado cuenta de ello. Ymir acariciaba el dorso de la mano de la otra con el pulgar distraídamente, mirándola sonreír mientras la contaba anécdotas del colegio. Pero la calma se acabó cuando una mano firme se apoyó en el hombro de la pecosa.
-Ymir.
-¡Levi! ¿Qué hace aquí?
-¿Te acuerdas del amigo de esta tarde?-la ironía marcó su tono-Pues he venido con él. ¿Quieres venir a saludarle?
-No...mejor no.
-Ymir, te lo pido, ven a saludarle.
Tras una mirada confusa, se puso en pie y le siguió, no sin antes despedirse con una caricia cariñosa a Christa en la mejilla y despeinando a la arquera. La llevó hacia la puerta trasera, y antes de salir la explicó el por qué de obligarla a ir.
-Hay dos delante y dos detrás. No podéis salir de aquí con vida. Mis compañeras y yo nos libraremos de ellos pero...necesitamos tu ayuda. No podemos obligarte a hacerlo pero hazlo por ella-miró a la rubia- morirá si fallamos.
-Os ayudaré. ¿Quienes sois?
Hizo un gesto con el brazo y dos personas se acercaron: Petra, la enfermera del instituto, y Hanji, la profesora de química. Hicieron inclinaron la cabeza a modo de saludo.
-El ataque tiene que ser rápido. No quiero bajas ni problemas como la última vez-apretó los puños-Un herido es ya demasiado para nosotros.
-¿Fue Erwin?-preguntó sin dudar la joven.
-Así es. Él es nuestro comandante, pero en su ausencia yo estoy al mando. Bien, dad un arma a la cría, vendrá conmigo. Iremos a la puerta trasera, vosotras atraed a los otros dos allí también y acabaremos con ellos. Tened cuidado.
-Hey, hey, hey, ¿como que acabar? ¡¿Vamos a matarlos?!
-¿Tienes una solución mejor?-la miró con una ceja alzada
-No sé...¿llamar a la policía?
-Son policías-explicó Petra con una sonrisa tierna.
-Y vosotros...¿qué sois?
-Amigos. No tienes que saber más por ahora, te lo explicaré todo cuando llegue el momento-la tendió una pistola con silenciador-¿Sabes usarla?
-¿Por quién me toma?-la hizo girar varias veces en su mano antes de agarrarla firmemente y meterla en su cinturón-Atraqué muchas gasolineras de joven con pistolas de balines.
-Esperad dos minutos antes de traer a los otros al callejón.
-¡Si, señor!
Ambas mujeres se cuadraron, colocando el puño derecho en su pecho y el izquierdo en la espalda. Levi hizo lo mismo, mientras la joven sólo les miraba, confusa. Por el gesto, a la enfermera se la levantó un tanto la camiseta, dejando ver el tatuaje de dos alas, una blanca y otra azul, en su cadera. Hanji tenía el mismo en el antebrazo, se lo había visto muchas veces en clase. Se preguntó, curiosa, si Levi tendría uno igual.

-¿Estás lista?-preguntó el hombre poniendo la mano en el pomo de la puerta.
-Que remedio-murmuró, casi en un gruñido.
Se puso la capucha, giró la muñeca y pegó una fuerte patada al metal, haciéndolo rebotar contra la pared. La pecosa le siguió mirando al suelo. El hombre puso una mano sobre su arma , oculta por su cazadora, y les miró desafiante. Solo dos hombres estaban fuera.
-Lo siento pero aquí no pueden estar-dijo uno sin siquiera mirarle.
-¿Ni ustedes, me equivoco?
-¿Eh?-uno se los sujetos escupió el cigarro que tenía en la boca al suelo y lo pisó-¿Pero tú de que vas, enano?
-Tsk...Vas a insultar a tu puta madre, bastardo-finalmente se giraron a verle.
-¡Es Rivaille!-trataron de dar un paso atrás, asustados, pero la chica sacó la pistola en un abrir y cerrar de ojos y apuntó al que más cerca tenía
-Estate quieto-dijo amenazadora.
-Deja de hacer el imbécil, no es una peli americana barata-imitó su gesto y disparó. Un cuerpo cayó al suelo-Iban a acabar así de todas formas-el otro corrió la misma suerte.
La menor se quedó helada. No sabía que aquello la iba a marcar tanto, pensó que iba simplemente a verles caer con indiferencia. Pero ver cómo la sangre manchaba el suelo la estaba dando ganas de vomitar. Un grito sonó a la entrada del callejón. Los otros dos enemigos observaban con los ojos abiertos como platos los cadáveres de sus compañeros. Antes de poder huir, las mujeres que iban detrás de ellos les tiraron de una patada al interior. Ellos se pusieron de rodillas en actitud suplicante.
-Os daremos el dinero, el móvil, pero por favor no nos matéis.
-No queremos dinero-bufó Levi-Queremos justicia.
-Por favor...
Uno de los hombres metió la mano disimuladamente en su gabardina, y el plateado de un cañón brilló a la luz de las farolas. Por acto reflejo, sin pensar, Ymir apuntó a su cabeza y apretó el gatillo. El retroceso del arma la hizo daño en la muñeca. Hanji le voló la nuca al otro sin siquiera cambiar el gesto serio de su rostro. Resonó un "clank" cuando la pistola que el primero estaba cogiendo chocó contra el suelo, y la joven miró sus manos, impregnadas de olor a pólvora. Las ganas de vomitar se hicieron aún mas presentes.
-Bienvenida a la legión de reconocimiento, Ymir-con gesto chulesco, Rivaille tiró encima de los cadáveres una carta con las mimas alas que llevaban en sus cuerpos-Quedaremos mañana para tatuarte las alas de la libertad. Ya eres una de los nuestros.