No tengo excusa para haber tardado taaaaaanto...la verdad es que estoy pasando una mala racha. Lo siento mucho y espero que os guste


La espera se la hacía eterna. Golpeaba la pared con la yema de los dedos al ritmo de la canción que escuchaba, rezando por que se le hubiese olvidado la cita a Levi. Pero no, apenas dos minutos después la bocina de un coche llamo su atención, y Rivaille la instó a entrar con un gesto desde el asiento del conductor. Tragó saliva y caminó hacia él, mientras guardaba los cascos. El verse sin música aumentó sus nervios, pero no podía irse ahora.

-Pareces tensa.
-Odio las agujas-fue toda su respuesta hasta que se sentó junto a él-Y un tatuaje son CIENTOS de agujas, CIENTOS de veces-se abrochó el cinturón y miro a un punto fijo al frente-Vamos antes de que me arrepienta.-Levi rió.
-¿Arrepentirte?-metió primera y pisó el acelerador-Ya estás metida hasta el cuello.
Sabía que era cierto, y no podía decir que la idea la agradase. Un mensaje llegó a su móvil: "Ymir me preguntaba si...bueno si quieres eh? Si no nada...si querrías ir al cine conmigo esta tarde. Pero si no puedes no pasa nada!"
La joven se sonrojó y el pulso se disparó en su pecho. Tecleó rápidamente un "bueno, si me suplicas tendré k ir" mientras en verdad solo quería escribir SI y acosarla a preguntas de hora, lugar...a su lado, el conductor rió.
-¿Y a ti qué te pasa?-bufó molesta.
-Me hace gracia el amor adolescente-dijo sin más-Sois capaces de hacer cualquier tontería por amor, y cambiáis de enamorado cada mes o menos. ¿Por qué realizar sacrificios así por alguien que olvidarás pronto?
-Rivaille, ¿Sabes desde hace cuánto conozco a Christa?
-No. ¿De principio de año?
-Error-sonrió-Desde que esa cría no llegaba a los 6 años. Y aún así ella me enseñó la mitad de las cosas que sé. Me enseñó a leer, me enseñó a jugar...me enseñó a sonreír, aunque hace tiempo que lo he olvidado. Y ahora que está de nuevo aquí, sin recordar quien soy, sin saber por qué me acerqué a ella...está volviendo a enseñarme.
No volvieron a hablar en lo que quedaba de viaje. A los diez minutos llegaron a la zona mala de la ciudad, la "ciudad subterránea", llamada así por estar en gran parte debajo de los puentes de la autopista. Los sin casa se juntaban allí, mezclándose con el mundo de la droga y la prostitución. Aparcaron el coche frente a una casa algo apartada del resto, con un gran jardín y dos rotwailers enormes, que comenzaron a gruñir apenas bajaron del coche. A una sola mirada del hombre, bajaron las orejas y se escondieron en sus casetas.
-No te preocupes por los chuchos-abrió la verja de una patada-Son unos cobardes.
Entraron, de nuevo sin llamar, a la casa, y apenas lo hicieron un fuerte grito de dolor se extendió por todo el lugar. A Ymir se la pusieron los pelos de punta. Levi solo negó con la cabeza, soltando un "tsk", molesto.
-¡Vamos, Armin! ¡Aguanta!
-¡Pero Eren...!
-Nadie te esta obligando, Armin. Podrías irte ahora.
-Ya está dentro, Ackerman. Éste no sale.
Levi entró en una habitación pequeña donde Hanji tatuaba a un rubito llorón. A su lado, un joven le animaba mientras una asiática leía un libro tirada en un sofá cercano. El pequeño estaba sin camiseta, y tenía menos de medio contorno trazado en el omóplato. La chica sólo llevaba, de cintura para arriba, un sujetador deportivo, y en su cadera lucía las alas de la libertad cubiertas por un plástico. Debía habérselo hecho hacía poco, pues aun tenía sangre y estaba terriblemente rojo. El otro chico solo tenía el brazo derecho a descubierto, con la manga corta doblada aún mas hacia arriba. En el hombro brillaba también el emblema, aún más reciente que el de la otra, aparentemente.
-Buenos días, Ravioli~
-¡Hanji! ¡¿Qué te he dicho de llamarme eso?!
-¡Levi! ¿Por qué tan tenso~?
-Por favor, cabo-el rubio tembló-No la entretenga...
-Cobarde...-negó con la cabeza-Ymir, ven. Yo te tatuaré.
La pecosa tragó saliva y se sentó donde la ordenaba, en una silla al lado del pequeño, frente a la asiática. A la pregunta de dónde lo quería dijo que en la espalda, y tras colocarse como la indicaba, el hombre empezó a tatuarla. El dolor no era tan insoportable como ella pensaba, así que se dedicó a mirar a su alrededor hasta que detuvo la vista en la cadera de la morena.
-Ya mirarás el tuyo cuando lo tengas-dijo ella sin levantar la vista del libro.
-Vaya, que ruda-siguió observándola-Oye, ¿tu conoces a una perra rubia llamada Annie? Ojos azules, siempre de mala ostia...-en esa ocasión si se decidió a mirarla.
-¿Leonheart? ¿De qué la conoces?
-Es mi compañera de piso.
-¿Y cómo sabes que la conozco?
Ymir sonrió, traviesa, señalando su brazo.
-Ese número que tienes apuntado es el suyo.
La chica se sonrojó y se volvió a enfrascar en la lectura, maldiciendo entre dientes. Sus amigos rieron, y el moreno se puso frente a Ymir con una amplia sonrisa.
-¡Hola! Soy Eren Jaeger, de Alemania. ¿Te vas a unir al equipo?
-No, sólo me tatúo esa cosa tan fea porque me gusta-el chico la miró con la boca torcida-si, he venido a unirme. Por obligación. Soy Ymir, de Suiza.
-Y-yo soy Armin Arlert-sonrió tímidamente-Vengo de Alemania también-en vista de que su compañera no decía nada, la presentó el mismo-Ella es Mikasa Ackerman. Los padres de Eren la adoptaron en Japón.
Ymir, curiosa, trató de ver qué era lo que con tanto interés leía Mikasa, pero no podía moverse demasiado. Aprovechó que Levi se apartaba a limpiar la sangre para cotillear. La joven estaba leyendo "Carrie" de Stephen King.
-Es mucho mejor "It"-comentó, pensando que ni siquiera la escucharía.
-Lo he leído ya. No está mal-puso un cartoncito en la página que tenía abierta, la cerró y se giró a mirarla-¿Qué más has leído?
Para sorpresa de sus amigos y de la propia pecosa, las jóvenes se enfrascaron en una conversación sobre lectura que duró la hora y media que tardo Levi en tatuarla. Para ese entonces, Armin ya había acabado y también se había unido, aunque su gusto era totalmente distinto. Eren solo se sentó al lado, aburrido. Según explicaron, al alemán solo le importaban las peleas y la acción. Estuvieron un rato charlando, hasta que los adultos terminaron de recoger y, prácticamente, les echaron del lugar. Con una sonrisa pícara, Ymir se aclaró la voz.
-Hey, chicos. Queréis venir a mi casa a hablar un rato más? Tengo cerveza y patatas!
-Claro, no tenemos nada que hacer-aceptó Eren.
-Además, creo que a estas horas está Annie...-comentó, mirando a la joven de reojo.
Las mejillas de Mikasa se tiñeron de un suave rojo, el cual disimuló rápidamente subiéndose la bufanda. Fue Hanji la que les llevó en su gigantesco todoterreno, lleno de barro y objetos extraños, en su mayoría afilados. La mujer les explicó que ella era la encargada de hacer hablar a sus prisioneros, y que los objetos eran "un incentivo". Sus ojos se oscurecieron y una sonrisa tétrica se pintó en sus labios mientras empezaba a explicar cómo usarlos. Todos a excepción de Armin escuchaban con interés la inesperada explicación. El pequeño rubito solo rezaba para bajar pronto de ese coche lleno de psicópatas, y al parecer sus plegarias fueron escuchadas, pues en menos de cinco minutos ya estaban en la casa de Ymir. Tras despedirse, les invitó a seguirla.