Disclaimer: Todo el universo de ATLA pertenece a sus creadores, y no a mí, que lo hago por mera entretención, sin fin de lucro alguno.

Atrapada

Capítulo II

Por E. Waters.

Era un día muy, pero muy soleado, donde el astro rey pegaba fuerte sobre las millones de cabezas, de los habitantes de la Nación del Fuego. Sin embargo, la gente a las calurosas calles, salían con túnicas, yukatas y kimonos, los cuales cubrían toda la figura del cuerpo, casi como si calor ni sintiesen.

Y ciertamente, Katara no comprendía cómo, ¡por los mismos espíritus!, como la gente podía lograrlo, sin que una gota de sudor resbalase por sus pálidos rostros.

"No lo entiendo." Dijo la joven, pensando en voz alta, mientras que se miraba en un espejo de cuerpo completa, vestida con la típica indumentaria de la Nación del Fuego. "Como soporta esta gente, semejante calor."

De pronto, sintió como alguien tocaba la puerta. El corazón de la chica saltó… ¿Y si era Zuko?

"Pase."Habló, con un hilillo de voz.

Pero para desilusión de la chica, sólo era una sirvienta del palacio más.

"Señorita Katara, la princesa Azula le espera a las afueras del Palacio." Diciendo esto último, la mujer desapareció de la habitación tan pronto como apareció.

Una especie de mueca se formó en los labios de la maestra agua. Y es que mientras los ojos dorados de el Señor del Fuego creaba un placentero retorcijón en el vientre, los ojos dorados de la princesa le hacían sentir una horrible sensación en el estomago. Había algo en esos ojos dorados, que impedían de que ella, pudiese sentir franca confianza por la otra chica.

Sin embargo, hablar con la princesa era necesario; Como es de esperarse, Zuko, en su cargo como Señor del Fuego, estaba ya demasiado ocupado con asuntos propios de país, como para también ocuparse de asuntos exteriores… de eso, se encargaba Azula, y Katara, como representante de su Tribu que era, debía hablar sí o sí con ella.

Por lo tanto, se armó del típico valor que le caracterizaba, y vio por última vez su reflejo en el espejo, dándose cuenta que parecía una ciudadana más de la Nación, sino fuese por sus intensos ojos azules.

Katara no tenía ni la más mínima idea, de que Azula tramaba contra ella, porque… ¡Algo debía tramar, si la miraba de esa forma tan peculiar! Además, simplemente, no se podía fiar de la maestra fuego, el pasado que ella llevaba sobre sus hombros, la condenaba.

-No juzgues a los demás por su pasado, Katara, todos pueden cambiar… ¿Cómo Zuko lo hizo?-Se dijo la chica, mentalmente.

Por lo tanto, debía, por ende, darle igualmente una oportunidad a Azula, por mucho que sus instintos le gritaban que no lo hiciera, pero por esta vez, la joven le haría caso a su lógica, siendo más como su hermano.

"Sokka…" Dijo la muchacha en un suspiro, ¡cómo extrañaba a su hermano! ¡Cómo extrañaba a Aang!

Pero ella debía ser fuerte. Y no solo fuerte con ella, su vida personal, sino más bien fuerte por su tierra natal, la cual, tanto la parte norte como sur, había terminado con serios problemas tanto económicos como sociales.

Siendo así, salió de la habitación, y se encaminó con pasos rápidos hacia donde estaba el pasillo, el cual conectaba con las afueras del inmenso Palacio.

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"Azula." La voz de Zuko era intensa y directa. "¿Te sucede algo con Katara?"

"¿Con esa campesina?" Respondió la princesa, de modo juguetón. "No, nada, Zuzu."

"¡No le digas campesina!" Los ojos del Señor del Fuego de abrieron más de lo que ya estaban. "Ella es una gran Maestra Agua… la mejor del mundo, me atrevería a decir…"

"De acuerdo, Zuzu, la campesina es la mejor maestra agua del mundo." Contestó la chica, sumamente sarcástica. "Como sea, debo reunirme con ella ahora, recuerda que yo soy encargada de las relaciones internacionales."

"Está bien, puedes irte, Azula" El chico sonaba bastante duro. "Pero si me llego a enterar, que le has hecho algo a Katara, yo…"

"¿Tú qué, Zuzu?" Azula disfrutaba cada momento de la conversación. "¡Oh, no me digas!" Sonrió burlesca. "La campesina te interesa."

Las blancas mejillas del joven enrojecieron de forma débil, pero antes de que pudiese rebatirle algo a su hermana menor, esta había salido de recamara de reuniones, del Señor del Fuego.

El muchacho se desplomó sobre su asiento, y suspiró; Azula muy hermana suya podría ser, pero no confiaba ni un poco en ella, es más, si fuese por él, ella no tendría cargo alguno dentro de la política de la Nación, pero habían poderosos documentos, que dictaban lo contrario.

Así que, sólo le quedaba confiar en Katara, y en sus poderes de maestra agua, de los cuales Zuko se fiaba de forma plena, puesto que, para suerte o no de Katara, Azula no sabía nada sobre la sangre control.

"Señor del Fuego, el Ministro de Economía, le espera."

"¿Uhm?" Zuko salió de su ensimismamiento, y fijó sus ojos sobre quien le hablaba, el cual era Tenzai, su secretario personal. "Hágalo pasar, Tenzai."

Y con ello, las preocupaciones del joven se quedaron en el aire, enfocando su atención en asuntos propios y administrativos de la Nación.

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No podía evitar sentirse satisfecha; Katara, su capricho actual, estaba prácticamente a su merced, y ella, Azula, hasta podía sentir el regocijo de la complaciente victoria. Para la princesa, la chica de la Tribu Agua sólo era una especie de objeto, una vía para sentir placer, pero más allá de esa poderosa atracción física, la joven no sentía nada más por la maestra agua… y es que, en verdad, jamás había sentido algo así por alguien, y ciertamente, Katara no sería la excepción.

"Katara, te estaba esperando." Dijo suavemente Azula, mirando de arriba para abajo, a la otra chica.

"Siento la demora… Princesa Azula." Respondió la muchacha, eligiendo el camino de las formalidades. "Hay demasiados pasillos en el Palacio, y…"

"Te has perdido. " Completó la joven. "Es lógico, después de todo, tú vivías en tiendas de campaña, ¿no?"

La muchacha estuvo a punto de decirle algo a Azula, ofendida ante sus palabras, pero a último momento se mordió la lengua, literalmente hablando, ya que lo que menos deseaba era tener roces con la Princesa de la Nación del Fuego.

"¿Qué haces ahí parada?" Los ojos dorados de la chica, se posaron duramente, con un brillo peculiar. "Debemos emprender nuestro viaje, hoy iremos al consulado del Reino Tierra, para conversar sobre los nuevos límites marítimos."

-Tranquila, Katara, tranquila.-Se decía la maestra agua a sí misma, sacando una paciencia de quién sabe dónde. Pero tal vez pasaría de alto todas esas ofensas, sino fuese porque la otra muchacha la miraba de esa manera, cada vez que ella le miraba de reojo.

Ella ya había visto esa mirada antes, pero no podía ser lo que ella pensaba que era, ya que era ilógico, puesto que sólo recordaba haberla visto en las iris marrones de Jet, y en menor grado, en los ojos azules de Sokka cuando miraba a Yue…

Estaba en eso pensando, cuando de pronto sintió como una mano de Azula, se posaba, de una forma tan delicada, que hasta la misma Katara se sorprendió, sobre la mano izquierda de esta misma.

"Katara." Dijo primero la maestra fuego. "Escucha, sé que tenemos diferencias, pero si queremos hacer bien este trabajo, debemos aliarnos." Una extraña sonrisa, que aparentaba ser amigable, se esbozó en los rojizos labios de la princesa. "¿Por qué no somos amigas?"

El primer impulso de la muchacha, fue reírse, pero rápidamente desechó esa opción, la cual reemplazó con alzar curiosa una ceja. ¿Ella, la Princesa Azula de la Nación del Fuego, querer ser amiga de ella, una joven de origen humilde? Había algo raro en todo ello; La joven no era estúpida, dudaba mucho que Azula le ofreciese su amistad así como así… algo planeaba ella, algo que no sabía muy bien que era.

"De acuerdo." Respondió entonces Katara, no muy segura del todo.

Azula mantuvo esa rara sonrisa en la cara, pero ahora había algo más en su mirada dorada, y ese algo era un brillo triunfal, un brillo que distaba mucho del de los ojos azules de Katara.

Incómoda, fijó su mirada hacia un lado, tratando de desviar su atención de ese brillo en los ojos de la princesa, y concentrarse en el hermoso paisaje que le brindaba la Nación del Fuego, muy diferente a la de las Tribu Agua.

Y aunque la chica no lo notó, debido a lo nerviosa que se encontraba, la mano de Azula se mantuvo sobre la de Katara, hasta que ambas llegaron al carruaje, que las llevaría hacia el consulado.

De poco a poco, Azula lograría su objetivo, de ello estaba total y absolutamente segura.

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La sesión en el consulado, había sido agotadora, y ambas jóvenes estaban muy cansadas. Y es que mientras Katara trataba de hacer un trato equitativo entre ambas Naciones, Hung Gar, el cónsul del Reino Tierra en la Nación del Fuego, reclamaba una diferencia de nueve millas hacia el sur de la costa este del Reino Tierra.

Finalmente, y después de arduas horas de discusiones y tratados, se les permitió cuatro millas de las siete reclamadas, al Reino Tierra, con el trato de que el Reino Tierra rebajaría un treinta y cinco por ciento, el precio del carbón, extraídos de las minas de aquel mismo Reino, que se exportaba a la Nación del Fuego.

"No sé cómo dejaste que ese Hung Gar se llevase cuatro millas de mar, los Sabios estarán furiosos." Decía Azula, ya en el carruaje.

"Pero hemos obtenido un gran descuento en el oro." Katara se mostraba optimista. "Además, nadie quiere otra guerra."

El carruaje se detuvo, y ambas chicas bajaron. Era hora ya de la cena, y muy agotadas, pasaron al comedor real, en donde Zuko, sentado en la cabecera, les esperaba.

"Han llegado tarde." Comentó el chico, mirando desconfiado a su hermana.

"Fue culpa de ese tal Hung Gar, hermano." Dijo rápidamente Azula, tomando asiento al extremo del puesto de Zuko. "¿Cierto Katara?"

Pero la maestra agua estaba demasiado concentrada en los ojos dorados del Señor del Fuego, como para darle una respuesta pronta a la princesa. Azula entrecerró el ceño, y dirigió su mirada hacia donde se encontraba su hermano, el cual tenía su mirada posada en los ojos azules de Katara.

Celos. Azula sintió unos celos terribles. ¿Cómo no sentirlos? ¡Katara era suya, su juguete! O bueno, al menos eso era lo que ella pretendía…

"¡Oh!" Katara sintió la intensa mirada dorada de la otra chica, sobre ella. "Sí, pero hemos hecho un muy buen trato… tal vez, se algo fuerte la idea de entregar cuatro millas de mar, pero…"

"¡Cuatro millas de mar!" Zuko de pronto se vio exaltado.

"Tranquilo, Zuzu." La maestra fuego, comenzó a recuperar el control, que había ligeramente perdido. "A cambio de ello, hemos recibido un buen descuento por el carbón."

"¿En serio?" El joven claramente se calmó. "¡Pero eso es buenísimo! A los Sabios les encantará la idea. " El muchacho, entonces, posó su mirada nuevamente sobre la maestra agua.

Azula podía percibirlo; Podía notar como Katara se inquietaba ante la mirada dorada de su hermano, pero no se inquietaba de la misma forma cuando ella le miraba, sino que se inquietaba como si sintiese avergonzada… no asustada.

Pero no importaba. Zuko era demasiado tímido e ingenuo, como para poseer a Katara antes que ella. Mas ella lo sabía, Katara no resultaría tan fácil, como en un primer momento lo pensó, pero eso en vez de desanimarla, la entusiasmaba.

Y el juego cada vez comenzó más interesarle a la trastocada princesa.

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Cuando aquella noche, Katara se dirigió hacia su habitación, tamaña sorpresa se llevó al ver a la mismísima Azula, sentada sobre su cama. La princesa estaba vestida con una larga y fina baya roja, con franjas doradas, casi tan doradas con sus ojos.

"¿Princesa Azula?" La voz de la muchacha sonaba débil. Había algo en su mirar, que le asustaba.

"Me puedes decir Azula, Katara" Una sutil sonrisa adornaba el rostro de la chica. "¿Somos amigas después de todo, no?"

"C-claro." El corazón de la chica dio un brinco, sólo que al revés de lo que sintió por Zuko, ese saltó fue por puro temor, nada de placer o emoción.

"Sólo quería felicitarte." Azula se levantó se acercó peligrosamente a la otra chica. "Créeme, Katara, juntas podemos llegar muy lejos."

Sumamente nerviosa, la muchacha se alejó un poco de la figura de la maestra fuego, casi tropezándose en sus propios pasos. Sintió entonces miedo, un miedo terrible. Era muy sospechoso que Azula de repente se mostrase amable… ¿acaso ella deseaba dañarle?

"Es muy tarde, Azula." Dijo débilmente la joven. "Lo mejor será que vayas a tu recámara."

"Cierto." La princesa se acercó un par de pasos más, casi rozando la figura de Katara. "Pero antes, mi beso de buenas noches."

"¿Qué?"

Pero antes de que Katara pudiese decir algo más, los labios de Azula se posaron sobre la mejilla de la maestra agua, muy, muy cerca de los labios. Mantuvo los labios sobre la piel de la joven un par de segundos, y se forma lenta, los retiró. Una enigmática sonrisa estaba adornando el rostro de la princesa fuego.

Las morenas mejillas de la muchacha, se sonrojaron, y la otra chica a paso elegante y triunfal, salió de la habitación.

¿Cómo se suponía que debía sentirse? Ella jamás había dado un beso en los labios, aunque con Aang lo estuvo a punto de hacerlo.

-Pero este no ha sido un beso en los labios.-Pensó la muchacha, tratando de tranquilizarse. –Sólo ha sido un beso de las buenas noches.-

Sólo eso… un beso de las buenas noches, nada más que eso.

Próx. Capítulo:Azula trata, de forma estratégica, acercarse a una ingenua Katara, la cual aún está encantada por Zuko. Mientras tanto, él sigue con sus sospechas por Azula, pero un viaje inesperado, cambiará las reglas del juego, las mismas que la princesa instauró desde un principio.

Si dejan Review, sería genial =)