Bueeeno, les dejo el tercer capítulo de una historia que tenía más que abandonada, pero que el bichito de la inspiración me tocó para continuarla. ¿Frozen? MUY pronto subiré algún capítulo, de alguna de mis historias de esa película. ¡Les deseo una buena y agradable lectura!
Disclaimer:Avatar NO me pertenece sino que a Nickelodeon y sus asociados.
Atrapada
Capítulo III
Por E. Waters
Los días para la joven proveniente la Tribu Agua del Sur, a rápidos, muy rápidos al punto que sin darse cuenta ya llevaba casi un mes asentada en el palacio principal del monarca de la Nación del Fuego, quien era precisamente Zuko.
La verdad de las cosas, era que cada vez que el tiempo pasaba, la chica se encantaba más y más del muchacho. Y es que si bien, en un principio estaba algo reticente, debido al historial que le pasaba al chico, poco a poco la joven aprendió a querer al muchacho…
Y hasta tal vez, algo más que eso.
En realidad, todo estaría muy bien si no fuese porque sentía una penetrante mirada dorada observándole, y esa mirada no era de Zuko, u otro noble de la Nación, sino que la de la misma princesa Azula.
Katara no era tonta.
Ella sabía que la otra chica planeaba algo contra ella, pero ¿qué?
Y es que a ojos de la Maestra Agua, ella no tenía, pero nada que ofrecerle a la princesa, puesto que carecía de estirpe o incluso poder, poder que de a poco se le había estado ganando.
—Debe ser solamente mi imaginación— era lo que continuamente la chica se repetía a sí misma —. Azula debe estar más ocupada de encontrar un buen esposo, que estar ocupada de mí— pensaba continuamente.
Y ella tenía la razón.
Si bien, Azula era joven, ya muchos chicos nobles de la Nación, habían comenzando a acortejar a la princesa, recibiendo incluso jugosas propuestas de países extranjeros, como El Reino Tierra específicamente.
¿Qué pasaba, entonces con Zuko?
Obviamente, la soltería del nuevo Señor del Fuego duraría poco, muy poco y eso Katara lo sabía a la perfección.
—¿Qué me pasa? —se preguntó la chica a sí misma, masajeando sus sienes, cuando revisaba un importante documento, no pudiendo concentrarse del todo bien en él. Tenía que admitirlo; el tema de los hermanos más poderosos de la Nación, la tenía un tanto distraída.
Sintiéndose más sola que nunca, puesto que aunque contaba con Zuko éste estaba demasiado ocupado con asuntos pertinentes a la realeza, la muchacha se limitó a seguir revisando documentos.
Y sí, tenía que admitirlo. Extrañaba mucho a su hermano, extrañaba mucho a Toph, extrañaba mucho a Aang.
Sin embargo, ella sí se había dado cuenta de algo, en todo ese tiempo, y ese algo era darse cuenta que ese amor que sentía por el Avatar, era meramente platónico, lejos de ese cariño casi físico que sentía por Zuko.
Ella se daba cuenta, cuenta de su acelerado palpitar cuando veía al Señor del Fuego, como sus morenas mejillas se sonrojaban al chocar con su mirada dorada, o bien cuando accidentalmente sus cuerpos se rozaban.
—¡Pero seguramente, él se casará con una noble! —era lo pensaba continuamente Katara, suspirando en el acto.
¿Qué podía hacer, pues entonces?
Estaba ella justamente pensando en ello, cuando alguien tocó a su puerta. El corazón de la joven dio un brinco, pensando que era Zuko quien tocaba la puerta…
—¡Adelante! — dijo ella.
Pero se equivocaba.
—Katara, que bueno encontrarte aquí.
Los ojos azulados de la muchacha se abrieron mucho, al encontrarse con esa mirada ambarina.
Una mirada ambarina que no pertenecía a Zuko.
—¿Azula?
—¿Esperabas a alguien más?
—No… —pero aunque la chica quería engañar a la princesa, falló en su intento, y es que mientras ella era demasiado mala mintiendo, Azula era demasiado astuta.
—No tienes por qué mentirme —dijo Azula, y Katara notó algo en los ojos de la otra muchacha, algo que no le gustó en lo absoluto—. ¿Piensas en Zuzu, no?
—¡P-por supuesto que no! — y sin quererlo, la muchacha de la Tribu Agua, se sonrojó de forma furiosa y titubeó en el acto.
Azula miró atenta a la Maestra Agua, y no pudo evitar deleitarse ante la inocente de la otra muchacha, de la forma ingenua que pensaba de forma romántica con Zuko.
Y todo eso sólo hacía más deleitable, el proceso de 'cazar' a la joven.
—No tienes por qué mentirme, Katara —y Azula se comenzó a acercar de forma amenazante hacia la muchacha—. Zuzu tiene muchas pretendientes, ¿lo sabes, no?
—¡Claro que lo sé! — la joven tuvo que desviar su mirada, y es que el sostener su mirada con la de Azula, siendo la mirada de esta última tan intensa, era un verdadero reto.
—Entonces, ¿qué harás al respecto?
La muchacha se quedó muda… la otra joven tenía la razón, ¿qué podía ella hacer al respecto? No tenía nada, ni dinero, ni estirpe, las cosas fundamentales como para convertirse en la consorte del Señor del Fuego.
—Yo…
Y cuando Azula estuvo a punto de decir otra cosa, otra persona tocó la puerta.
—Adelante—dijo Katara casi en un hilillo de voz. El tema de que Zuko pudiese encontrar una esposa que no fuese ella, la tenía realmente compungida.
—Princesa, señorita Katara, el Señor del Fuego las espera para cenar.
La Maestra Agua se levantó un tanto torpe de su asiento, puesto que estaba un tanto alterada por esa breve conversación con Azula, la cual solamente tenía una enigmática sonrisa en sus rojizos labios.
La muchacha reprimió un suspiro.
—Me alegra de verlas, hermana… —y los ojos de Zuko se posaron en la joven de ojos azules—. Katara.
Azula, entonces, observó por el rabillo del ojos a la otra chica, viendo que ésta tenía una sonrisa ligeramente soñadora, a la vez que un ligero rubor estaba impregnado en su piel, cosa que no le gustó para nada.
Se suponía que Katara debería estar así por ella, no por el idiota, como ella le decía a su hermano, de Zuzu.
¿Celos…?
—Así que, el comandante Okahi me ha dicho que tu maneja como diplomática ha sido brillante —fue lo que habló Zuko, mirando de esa forma a la joven.
Una forma que Azula, por el contrario que se podría pensar, la tomó cómo buena, puesto que un plan comenzaba a maquinarse en su mente.
—¿Eso ha dicho el comandante? —y ese sutil sonrojo continuó en sus morenas mejillas.
—Sí, es más, hemos hablado y queremos que te unas de forma oficial a las filas de la Nación.
—No sé si…
—Eso es perfecto.
Sin embargo, quien dijo esas palabras no fue Katara, sino que más bien la misma Azula.
—¿Cierto que sí? —Zuko sonrió de forma plena—. Además, eso sólo significará esa tan anhelada unión entre Naciones… sólo imagínalo, Katara, la representante de las Tribus Agua formando parte de las líneas de la Nación del Fuego.
Sin embargo, la propia Katara dudaba.
Si llegaba a aceptar la propuesta del chico, ella tendría que estar sí o sí en la Nación del Fuego, y la verdad era que en vista que se había resignado a ver a Zuko desposado con una chica que no era ella, no quería sufrir, al menos de esa forma.
—Piénsalo, Katara.
La joven simplemente se limitó a asentir ligeramente con la cabeza, y estando tan enfrascada en sus divagaciones ni se dio cuenta que la princesa de la Nación del Fuego la miraba de forma insistente.
Nadie, pero nadie le negaba algo a Azula, y ciertamente Katara no sería la excepción a esa regla.
Pero ella sería prudente y astuta, y lógicamente no se metería a la cama de la Maestra Agua, y comenzaría a besarla y a tocarla así nada más.
Después de todo, la noble era como una serpiente, una serpiente astuta, sagaz, prudente, ambiciosa, maliciosa y muy, pero muy peligrosa
Un peligro que cada vez estaba más y más cerca de la chica de piel morena.
—Zuzu, Zuzu, Zuzu, no sabes lo que te espera… en serio que no sabes lo que te espera. —eran los recurrentes pensamientos de la princesa.
Y es que la maquiavélica mente de Azula, ya estaba trazando un plan, un plan algo extraño, un plan algo perturbante, pero por sobre todo codicioso y en cierto punto hasta algo cruel… y es que no había que olvidar, que la chica sólo pensaba en ella, y en nadie más.
Mientras la joven seguía planeando, Zuko se encontraba en la sala principal del Señor del Fuego, en compañía del comandante Okahi y sus subordinados más cercanos y con más alto rango, hablando precisamente del futuro de este mismo.
—Señor del Fuego, gracias a esa chica de la Tribu Agua, la Nación ha logrado reivindicarse, aunque de forma lenta, pero segura dentro de las otras naciones, cosa que es excelente —habló en comandante Okahi—. Incluso…
—¿Incluso qué? —Zuko alzó curioso una ceja.
—Bueno, hemos pensado en que debería de dar una gira en el Reino Tierra.
El muchacho se quedó un momento callado. Lo que menos quería precisamente ahora, era que Katara estuviese lejos de él, que conociera a otras personas….
Otras personas, de las cuales la Maestra Agua se podría enamorar.
—¿Señor del Fuego, pasa algo?
—No, nada, es sólo que… —y Zuko miró dudoso la situación, puesto que sabía que aunque pudiese estar enamorado de Katara, no podrían jamás desposarse debido a que la chica tenía nula estirpe—. Nada, está bien, que vaya de gira.
—Tal vez si ella se hace conocido, pueda ser posible nuestro matrimonio —pensó el muchacho esperanzado, esperanzado que su deseo fuese cumplido.
Pero, ¿estaba Katara enamorada de él? O sea, el chico tenía muy en claro que no le desagradaba a ella, mas ¿era amor, amor lo que ella sentía por él, es amor que él tanto le profesaba?
Y casi al borde de la desesperación, puesto que debería de estar muy desesperado cómo para hacerlo, el muchacho salió del despacho.
—¿Azula? — dijo entonces el joven, tocando la puerta de la alcoba de una hermana menor.
—¿Eres tú, Zuzu? —la chica respondió, algo irónica.
—Sí, ¿puedo entrar?
—Adelante.
El chico ingresó a la inmensa y lujosa habitación de la princesa, y se sentó a un costado de la cama de su hermana.
—¿Qué sucede? —preguntó Azula, mirando de forma maliciosa al Maestro Fuego.
—Sé que nuestra relación no es de lo mejor, pero…
—¿Pero…? — la chica alzó con curiosidad una ceja.
—Necesito que averigües si es que yo le gusto a Katara.
Y sí, Azula se hubiese reído en la cara de su hermano mayor, pero finalmente logró contenerse y mirar atenta al joven.
—¿Y qué gano yo con eso?
—Te nombraré cómo General vitalicia.
La muchacha miró atenta a Zuko, y se deleitó, se deleitó de la debilidad y desesperación del chico, se deleitó de su vulnerabilidad, y aún más se deleitó al saber que ella pasaría más tiempo con su presa, porque al fin y al cabo así era cómo veía a Katara.
—Está bien.
—¿Lo harás? —y los ojos dorados del chico brillaron más que nunca—. Justo ella se irá de gira por el Reino Tierra, aunque ella aún no lo sabe. Bueno, la cosa es que si podrías acompañarla, y bueno, averiguar lo que te pido.
—Lo haré.
Al día siguiente, tan pronto como cuando salió de su alcoba, la muchacha de ojos azulados fue llamada al salón del Señor del Fuego, diciéndole que tenían algo muy importante que le debían informar.
—¿Y si…? —pensó Katara, teniendo miedo que esa noticia era algo así como que Zuko se comprometería con una chica, en promesa de un futuro matrimonio.
De esta forma, la muchacha ingresó a la inmensa habitación, topándose de manera inmediata con Zuko, Azula y el comandante Okahi.
—En vista que de lo demostrado en su desempeño, hemos decidido que usted, junto a la princesa Azula, darán una gira por el Reino Tierra, siendo su objetivo el de unir más a ambas naciones —informó el comandante Okahi—. ¿No es así, Señor del Fuego Zuko?
—Así es—y esos dorados ojos se posaron en la chica de la Tribu Agua—. Esperamos contar contigo, Katara.
Y si bien, la Maestro Agua se sentía honrada que la enviasen a tal misión, al sentir esa intensa mirada por parte de Azula sobre ella, no pudo evitar sentir algo de temor al respecto.
—Tranquila, Katara, ella no te puede hacer nada, no le conviene hacerlo— se dijo constantemente la muchacha, antes de mirar a la cara a Zuko.
—Acepto la misión, Señor del Fuego.
Siendo así, el muchacho sonrió, el comandante Okahi sonrió, pero realmente tal vez la sonrisa más triunfal, fue la de la propia Azula.
—Partirán en dos días más, primero hacia las costas de la Nación del Fuego, para después tomar un barco hacia el Reino Tierra —dijo el comandante Okahi —. Si el Señor del Fuego lo permite, puede retirarse, señorita Katara-
—Adelante —secundó entonces Zuko.
La muchacha de ojos azules asintió con la cabeza, pero antes de irse de forma completa de esa inmensa habitación, una voz hizo que un helado escalofrío le recorriese por toda su espina dorsal.
—Yo la acompañaré —fue lo que dijo Azula, estando incluso más sonriente que el mismo Zuko.
Katara tragó con dificultad.
—Es paranoia mía, es paranoia mía —se dijo la chica de forma constante, pero por mucho que se repitiese eso en su cabeza, no evitaba sentir esa intensa mirada sobre ella, tal como un depredador seguía a su presa.
Y en cierta forma, o al menos en ese caso, así lo era.
¿Cómo podría ella soportar todo un viaje, con la princesa? Y es que aún recordaba aquel beso de buenas noches…
—Nos vemos, Katara —siseó Azula al oído de la chica, antes de finalmente desaparecer por el pasillo.
Y Katara se sintió más confundida que nunca.
¿Les ha gustado? ¡Review! Poorque un a historia con review, es una histria y un autor felices.
