¿Desde hace cuánto no actualizaba este fic? Pues desde hace mucho xD. Pero hoy tenía ganas de actualizar un fic, y bueno este salió o.o . Espero que sea de su grata lectura (:
Disclaimer: 'ATLA' NO me pertenece a mí, sino que a sus creadores y a Nickelodeon.
Atrapada
Capítulo IV
Por
Mañana en la mañana, ella y la princesa partirían hacia el Reino Tierra, en donde ambas chicas, aún cuando una de ellas jamás había pertenecido a la nobleza, ni mucho ambas, serían crucial parte para construir lazos entre esa nación y la Nación del Fuego.
Y realmente, la muchacha de ojos azules no tenía problema alguno en cumplir aquella misión, sino fuese porque sentía la intensa mirada de Azula sobre ella, la cual era precisamente su acompañante en esa especie de campaña política.
—Son cosas tuyas, Katara, no has hecho nada cómo para que Azula te mire de esa forma —se decía constantemente la maestro agua, mientras se acomodaba el cinto de su vestido, el cual a diferencia de sus típicos vestidos, este era rojo.
De un intenso rojo, nada que ver con el prudente azul el cual siempre usaba.
Cuando se aseguró que cada cosa estuviese en su respectivo lugar, la chica se dirigió hacia la salida de su habitación, y abrió la puerta corrediza.
—El Señor del Fuego la espera, señorita —dijo educadamente una criada, a lo que Katara se limitó a asentir con la cabeza, y comenzar a encaminarse hacia la cámara en donde Zuko regía.
Sin embargo, durante el trayecto se topó con la propia princesa Azula, quien se encontraba con su espalda recostada en la pared, teniendo los brazos cruzados.
—Buenos días, princesa Azula —saludó la muchacha de la Tribu Agua a la noble, de forma educada y hasta algo alejada.
Tal y como ella deseaba que fuese su relación, con la joven de piel pálida y cabellos oscuros.
—Buenos días, Katara —y algo parecido a una sonrisa se formó en el rostro de la princesa —, sabes que me puedes tutear, ¿no?
—Sí, pero… —la chica caviló un poco, y es que se le hacía raro tratar con familiaridad a alguien con quien en el pasado, tuvo tantos roces.
—Pero nada, Katara — Azula intensificó su tono de voz al nombrar a la otra chica —, después de todo, perteneces a un alto rango de nuestras filas… además, ¿no recuerdas que somos amigas?
Al decir Azula 'nuestras filas', la muchacha no pudo evitar sentirse tan incómoda. Después de todo, la joven de ojos azules no olvidaba con facilidad todo el daño que la Nación del Fuego hizo con su patria natal.
En total silencio, ambas jóvenes se encaminaron hacia la cámara del Señor del Fuego, y cuando llegaron un guardia les permitió la entrada.
—Buenos días, hermana… —dijo entonces Zuko, posando continuamente su mirada en la otra chica —, buenos días, Katara —y tras decir eso, una sonrisa un tanto torpe se esbozó en el rostro del maestro fuego.
Cosa que obviamente, no pasó por desapercibida por Azula.
—Muy bien, en breve partirán ambas al barco que les dejará, en las costas del Reino Tierra —fue lo que dijo el comandante Okahi —. ¿Tienen alguna duda al respecto? Deben tener en cuenta, que este es el primer encuentro amistoso de la Nación del Fuego al Reino Tierra, después de la llegada de Avatar.
—Sé perfectamente hacer, comandante —respondió Azula con voz segura —, y estoy segura que Katara también lo sabe, ¿no? —y esos intensos ojos dorados, se posaron en la figura de la chica.
—P-por supuesto —la muchacha titubeó, aún cuando trató de sonar segura, más que nada porque la mirada de la princesa le incomodaba en exceso.
Zuko, entonces, miró atento a la chica de la Tribu Agua, y se preguntó si es que era realmente correspondido por ésta.
—Bueno… supongo que después de esta misión, ella podrá calificar como futura Dama consorte del Señor del Fuego — pensó el muchacho, esperanzado que aquel objetivo fuese cumplido a la perfección.
Porque al fin y al cabo, hermano y hermana, eran cortados por la misma tijera.
—De acuerdo… —Zuko alzó la voz —, entonces ustedes serán llevadas al barco, y de ahí viajarán hacia el Reino Tierra —el chico miró por última vez a Katara —. Pueden retirarse, y les deseo el mejor de los viajes.
Sintiendo la mirada del joven sobre ella, la maestro agua tuvo una especie de brinco, el cual fue de tal forma que ni se percató que Azula la estaba otra vez observando.
De esta forma, las muchachas subieron al carruaje, y en total silencio, fueron escoltadas hacia el puerto más próxima a la capital de la Nación, y mientras Katara miraba de forma distraída el paisaje que el ofrecía la ventanilla del carruaje, Azula pensaba en qué manera ella se acercaría a la otra joven.
Por supuesto, para la princesa todo lo que haría sería por simple diversión, pero si ella hacía las cosas, las haría bien, de la manera 'correcta'.
Porque Katara, al fin y al cabo, no era 'otra chica más', no una criada, una mujer de mal vivir… no, ella era la representante de la Tribu Agua, cosa que aumentaba la exigencia, lo que sólo hacía que Azula se encaprichase más todavía.
—Ni te darás cuenta, Katara —pensó la chica de ojos dorados.
Siendo así, el carruaje se detuvo en el puerto, y en breve descendieron del carro dirigiéndose hacia al barco, en donde le esperaba el teniente Tzu.
—Bienvenidas —dijo el teniente, reparando primero en Azula —, princesa —seguidamente el hombre hizo una pequeña reverencia —, señorita Katara—dijo a continuación.
—Gracias por la bienvenida, teniente Tzu —Azula se adelantó a Katara, al momento de hablar —. ¿Partiremos esta misma noche, no?
—Así es, su alteza.
—Perfecto —una especie de peculiar sonrisa se formó en los rojizos labios de la noble —. ¿Podemos pasar a nuestras habitaciones?
—Oh, por supuesto—y el teniente Tzu se hizo a un lado, de tal forma que las muchachas pudieran ingresar más de lleno al barco, el cual estaba lleno de comodidades —. La primera habitación hacia la derecha, es suya, su alteza… la que le sigue es la de usted, señorita Katara.
—Oh, gracias —atinó a decir la muchacha de piel morena, sintiéndose de pronto cómo fuera de lugar.
—¿En qué me he metido? — pensó la chica, mientras totalmente muda se encontraba detrás de Azula y el teniente, los cuales charlaban animados sobre asuntos políticos.
—Bueno, señoritas, las dejo aquí… debo ver los reportes del día —el teniente miró amable a las dos muchachas —. Si me disculpan… — e hizo una pequeña reverencia.
Katara asintió algo ansiosa con la cabeza, a la vez que Azula sencillamente miró algo arrogante al teniente.
Algo cansada de tanto ajetreo, la maestra agua estaba a punto de irse a su respectiva habitación, cuando fue que la propia princesa la detuvo sujetándole de forma aparentemente amable del brazo.
—¿Qué…? —logró articular Katara.
—¿No te gustaría que fuéramos a beber algo, al bar del barco? —interrumpió la otra muchacha.
—¿Al… bar? — la chica alzó curiosa una ceja —. ¿Hay un bar… aquí… en el barco?
—Por supuesto, Katara —la maestro fuego sonrió de nuevo, de esa perturbadora forma —. Es lo menos que debe de tener un barco, teniendo en cuenta que aquí se hospedará alguien de la familia real.
—Oh, claro — la chica otra vez caviló —. No sé si sea una buena idea, me refiero que ya es tarde y debemos de descansar; cuando lleguemos al Reino Tierra, con suerte tendremos algún momento para descansar, precisamente.
—Por eso mismo, Katara —insistió la chica —, dudo mucho que podamos beber libremente algo de sake, si no es una reunión política.
Y la persuasiva mirada de la muchacha de piel pálida, se fijó de forma penetrante en los ojos azulosos de la chica de la Tribu Agua.
—De acuerdo — dijo finalmente ella —, pero sólo una hora, ¿de acuerdo?
—Por supuesto —y Azula no teniendo reserva o prudencia alguna, sonrió de forma evidentemente triunfal, cosa que en realidad incomodó a la otra joven.
Entonces, las dos muchachas se dirigieron al bar, el cual para sorpresa de Katara, este era de tal alcurnia, que casi parecía una copia exacta del bar más afamado de la capital de la Nación del Fuego.
—¿Qué desean, señoritas? —preguntó el encargado, el cual le mostró una agradable sonrisa, que hizo que Katara se sintiese más tranquila.
Y es que sinceramente, le hecho de estar junto a Azula, la tenía tensa, extremadamente tensa.
—Sirvamos una botella de sake, por favor —dijo la princesa, sentándose en la barra.
—¿Una botella? —la chica de ojos azules, alzó curiosa una ceja —, ¿no que sólo beberíamos una copa y ya?
—Vamos, Katara, no seas aguafiestas —y otra vez esa sonrisa tan peculiar en ella —. Siéntate y relájate.
La muchacha, si bien, miró con algo de desconfianza a Azula, finalmente terminó por hacerle caso y se colocó en la misma barra que la otra chica. El encargado, siendo así, colocó una botella del sake, según él el mejor sake de la Nación, en la mesa de la barra y un par de vasillos.
—Brindemos, Katara, porque nuestra misión sea exitosa y favorable de nuestra nación —y la noble alzó un vasillo, el cual estaba rebalsado de sake.
—¿'Nuestra' nación? —y otra vez la muchacha alzó una ceja.
—¿Acaso que no estás aquí, para cumplir un mandante del Señor del Fuego? —Azula bebió algo de sake —. Ya eres parte cómo de la familia, después de todo.
Cuando la joven de ojos dorados dijo eso, los ojos de Katara parecieron incluso brillar… ¿Era sólo su imaginación, o era que Azula la estaba algo así cómo incluyéndola como, tal vez, la consorte de Zuko?
—¡No sueñes tanto, Katara! —se regañó a ella a sí misma, tratando de volver los pies sobre la tierra.
—Si tú lo dices…
—Claro que sí — y la princesa bebió otro largo sorbo de sake —. Ya, Katara, bebe… este sake está realmente bueno.
Y aunque algo le decía a la maestro agua que no bebiera, que no se relajara, que se mantuviese en guardia y en defensiva porque sencillamente y por lógica Azula no era de fiar, ella terminó por aceptar la invitación de la otra chica.
En un principio, todo pareció perfectamente normal.
Aunque Katara sabía que no debía de relajarse del todo, puesto que como se ha mencionado que ella estaba consciente que Azula no era precisamente alguien cómo para fiarse, pronto se vio en su tercer vasillo de sake.
Y es que Azula se comportaba diferente.
Tal vez fue por el sake, tal vez fue porque estaban a solas, tal vez porque no estaban presionadas por el frío y reglamentario protocolo de la corte real, la cosa era que de pronto Katara comenzó a sentirse a gusto.
Comenzó a sentirse, en cierta manera, más libre.
Obviamente, todo estaba previamente planeado por Azula, quien siempre iba un paso adelante.
—Así que, dime… ¿te gusta Zuzu?
—¿Ah? —los ojos azulados de Katara se abrieron mucho.
—Vamos, Katara, no te hagas la boba conmigo… he visto cómo se miran —la mirada de Azula se volvió más intensa que nunca —. Puedes contármelo —y ella se acercó más a la otra muchacha.
Y cuando la princesa estuvo a punto de sacarle algo a la muchacha de la Tribu Agua, fue cuando esta misma se encontró dormida, profundamente dormida, todo debido posiblemente al alcohol.
La muchacha noble soltó una grosería en su cabeza… ¡Estuvo tan cerca, de ser más próxima de Katara!
Allí estaba ella, la muchacha de piel morena y de ojos azules, totalmente débil, totalmente expuesta.
—¿Y si…? — pensó de forma inevitable Azula, el verla tan vulnerable.
Cierto, ella podría aprovecharse… podría tocarla, podría mancillarla, podría satisfacer sus más carnales deseos.
Pero algo, algo que ni la misma muchacha no supo muy bien qué, la frenó, la detuvo.
—Por favor, llévela a su dormitorio — ordenó la princesa al encargado de la barra.
Sintiéndose de pronto algo molesta consigo misma, por no haber aprovechado tan apetecible oportunidad, la joven caminó casi hecha una furia a su propia alcoba.
—¿Por qué? —se preguntó la chica, la cual apenas llegó a sus aposentos, se colocó su camisola de dormir, y se arropó hasta la cabeza.
Al día siguiente, y apenas la luz de sol se filtró por las ventanas de la habitación de Katara, la muchacha abrió los ojos sintiendo un fuerte dolor de cabeza, y teniendo cómo último recuerdo los penetrantes ojos dorados de Azula.
—¿Pero qué…? —se preguntó la joven, sobresaltándose un poco en el acto.
Un vaso de sake, dos vasos de sake, tres vasos de sake…
De pronto, todo volvió a ella; Azula siendo amable, sospechosamente amable, aquella bebida alcohólica de exquisito e incomparable sabor, y por último, la peligrosa pregunta por parte de la maestro fuego, antes de caer rendida.
Las mejillas morenas de la chica enrojecieron de la pura vergüenza.
—Bueno, al menos no hice el ridículo o algo por el estilo —pensó ella, sintiéndose algo más aliviada al respecto.
Siendo así, la muchacha rápidamente se aseó y se vistió, y tan pronto como cuando lo hizo subió hacia la cubierta del barco.
—¡Azula! —exclamó la chica, al ver a la otra joven apenas subió —, yo…
—Está bien —aclaró de inmediato la princesa —. Ayer al parecer bebiste algo de más, y te quedaste dormida en la barra del bar.
—Lo siento —soltó Katara, casi de forma automática, aún cuando por dentro pensaba que parte de la culpa la había tenido en cierta forma Azula, puesto que esta misma la había animado a seguir bebiendo.
—No hay problema… — y la chica miró hacia el frente —. Falta poco para que lleguemos a tierra, debemos estar preparadas.
La otra joven asintió ligeramente con la cabeza, y se preguntó que en qué momento la noble comenzó a comportarse tan amable con ella…
¿Quería acaso Azula algo a cambio? Pero si era así… ¿qué sería? Después de todo, a pesar de sus actuales rangos, ella, Katara, era simplemente una chica de origen campesino, y nada más.
—¿Pasa algo, Katara? —preguntó la noble, y otra vez esa intensa mirada en ella.
—No —respondió la aludida.
En serio, no pasaba nada… ¿o era todo lo contrario?
Muy bien, eso sería por ahora. ¿Reviews? ¡Sería genial! No saben cuánto me gustan, y cuánto me sirven para seguir con la historia n_n
