Volví de mis larguísimas vacaciones mentales.
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Creo que ahora le toca el turno al tío de Levi, veamos qué opina sobre la extraña relación que eligió su querido sobrino.
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DISCLAIMER: Los personajes de SNK no son míos sino de Hajime Isayama muertes locas.
GENERO: ereri / AU/ romance / vampiros/ Eren celoso / mini Eren x Armin
El brazo del niño no dejaba de sangrar, la bala había rozado parte de la muñeca y el espeso líquido carmesí acabó manchando el suelo de madera. El niño de cabellos oscuros hizo un puchero de dolor, sus ojos grises se cristalizaron y sollozó de forma audible en medio de la noche.
—Cállate ya, Levi Rivaille Ackerman—gruñó un hombre alto de expresión seria y peligrosa, empujó la puerta con el hombro para poder entrar al cuarto, traía varias bolsas con medicamentos y comida.
Su forma de vestir bastante inusual, camisa blanca y pantalones negros con un cinturón de los años ochenta donde enfundaba varios tipos de pistolas y municiones. El largo saco lograba cubrir sus armas y la barba endurecida por los años le otorgaba un aspecto violento amedrentado aun más por el sombrero de color negro pasado de moda que nunca se quitaba.
—...Papá —gimoteó el niño al verlo, sosteniendo el brazo muerto con la otra mano, sorteando con los diminutos pies los restos de botellas y colillas de cigarro que ardían como lava caliente al mínimo contacto con sus plantas.
—Un hombre no debe llorar nunca —dijo Kaney acercándose al niño para cargarlo en brazos y ponerlo sobre la mesa.
—Pero me duele
—Sopórtalo —oprimió con violencia el pequeño hombro arrancando un grito de dolor de parte de Levi.
Gracias a varios años de experiencia y heridas, Kaney logró darle las puntadas perfectas a la fea cortadura del niño y limpiar la piel muerta y oscurecida.
Él no era una niñera, su forma de vida jamás le permitió tener una esposa o novia, mucho menos hijos propios. Solo se permitía algunas furtivos amores y el consuelo de las mujerzuelas que le entregaban su cuerpo a cambio de pocas monedas.
Por esa razón, Levi Rivaille Ackerman era algo nuevo para su vida.
La muerte de su hermana había llegado a sus oídos hacia solo un año, el sentimiento familiar fue más fuerte que su testarudez, así que fue a reconocer sus despojos una última vez y se encontró con el mocoso muerto de hambre. Levi siempre fue frágil, débil por naturaleza y bastante bonito.
Definitivamente no era un niño apto para ese tipo de vida.
Y lo demostraba la experiencia, Kaney era un matón, un asesino a sueldo pero sobre todo un cazador de vampiros. A pesar de convivir en paz con esa otra extraña raza de monstruos, esas aberraciones humanas; como los llamaba Kaney, muchos millonarios pagaban fortunas por obtener un poco de su sangre que curaba cualquier herida.
Por esa razón, él vivía huyendo de las leyes impuestas por ambos mundos. Kaney era un hombre preparado, o lo había sido hasta la llegada de Levi, ahora escapar era fatídicamente más difícil que antes. Prueba de eso, la horrible herida en el brazo de su sobrino.
Así que decidió que lo mejor para el chico era abandonarlo.
Sucedió a lo largo de varios años muy cortos, Levi tuvo que aprender a sobrevivir por su cuenta, era fuerte. Un Ackerman legítimo. Rudo y malhablado.
La última noche juntos, Kaney lo dejó en aquel horrible orfanato.
—¿Papá? —llamó el niño luego de seguir a Kaney por el oscuro pasillo, sus manitas se aferraron al borde de su saco.
—No soy tu padre —musitó Kaney con más rudeza de la prevista— ya no tengo porque cuidar de ti.
—Eres mi familia —insistió Levi suplicándole con la mirada que se quedara.
Hasta entonces fue un ser humano feliz, a pesar de ter que huir cada vez que la legión los encontrara, a pesar de no tener amigos, a pesar de las heridas de su cuerpo, a pesar de todo.
—No tienes familia —exclamó Kaney soltándose bruscamente del agarre de su sobrino, consciente de que iba a romperle el corazón a ese pequeño— tú solo eres...solo eres Levi
Levi se levantó sobresaltado, tuvo que mirar varias veces a su alrededor para despejar su mente. Eren dormía plácidamente al otro lado de la cama, con la mejilla hundida en el suave almohadón y el torso desnudo.
Sorprendido, secó una lágrima de su ojo derecho, de seguro provocada por aquel sueño molesto.
El flojo bostezó del ojiverde terminó por tranquilizarlo, Eren estiró sus brazos con la intención de sentarse y abrazarlo por detrás. Su cuerpo continuaba caliente y la empalagosa voz que tenía lo despejó por un rato.
—La mejor noche de mi vida —dijo el ojiverde, con su frase de siempre luego de haber hecho el amor, pasando una mano por la cintura de Levi besando su clavícula y lamiendo los moretones para que sanaran rápidamente.
El pelinegro se dejó hacer sin decir una sola palabra, con el rostro hundido, el nudo en la garganta más vivido que nunca, su labio inferior tembló de manera involuntaria y tuvo que dejarse llevar por los lametones de su esposo para tener la mente en blanco.
Todavía le quedaban cinco minutos antes de que el dolor punzante de su pecho menguara y volviera a ser el mismo Levi Jaeger de siempre, el capitán de la legión, el más fuerte...
...
POV Kaney/Kenny (no sé cómo lo llaman, pero me parece más bonito Kaney)
Sostengo el periódico digital en mis manos sin apartar la vista de los titulares.
"Levi Jaeger ascendido como capitán oficial de la legión de reconocimiento"
Siempre supe que el bastardo llegaría lejos, lo veía en su mirada.
Lo que me molesta es como lo consiguió, convirtiéndose en la puta barata de ese monstruo. No lo conozco en persona, solo sé que es un vampiro de clase superior llamado Eren y le otorgó su extranjero y fastidioso apellido a mi querido sobrino.
No me interesa la sarta de mentiras que digan, diferentes razas nunca se enamoran, es indignante que Levi se ofreciera a criar a la criatura del monstruo como si fuera suya.
Afortunadamente el metro donde viajo está por llegar a su destino, sin hacer ninguna parada ni disminuir la velocidad puedo vislumbrar la asquerosa ciudad donde dejé a mi querido sobrino años atrás.
Extiendo los variados instrumentos para matar sobre la mesa del vagón, los pruebo uno a uno limpiando la montura y ajustando el calibre.
Una mujer de traje azul me ofrece algo de beber, está nerviosa al igual que todos los demás pasajeros que se mantienen en completo silencio. No siento pena por ellos, muchos debieron de bajar en las anteriores paradas pero no lo hicieron ni lo van a hacer.
—Ya, déjalo —le gruño con desdén a la tonta empleada que no deja de temblar. Se va y mi concentración vuelve a mi Mágnum con una sola bala.
Está destinada a fulminar a ese monstruo que se aprovechó de Levi.
La máquina del techo anuncia que llegamos en cinco minutos, lo mejor será bajar ahora o quedarme y lidiar con cientos de oficiales armados que me esperan en la próxima parada.
Me pongo de pie guardando mis amadas pistolas, todos los rehenes bajan la cabeza al verme pasar, están cansados y ojerosos como yo.
Fue un largo viaje.
El conductor reduce la velocidad y por experiencia propia sé que el metro se detendrá en dos minutos, estos son suficientes para desactivar las bombas ubicadas en cada asiento y para alivio de los viajeros secuestrados las vuelvo a guardar en mi maletín. Una luz roja nos anuncia que llegamos a la parada, me ubico en la última fila y salto por la ventana trasera.
El túnel subterráneo queda a oscuras a medida que el metro se va, se detiene y puedo ver a casi toda la policía de la ciudad apuntando hacia él, dicen mi nombre e ingresan para sacar a los rehenes.
Una sonrisa se forma en mi cara sin que yo mismo pueda detenerla, a este paso podré llegar a la casa de Levi y acabar con ellos de una vez por todas.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
Es blanca, más o menos de color marfil. Tiene dos pisos fáciles de escalar y las ventanas sin rejas de seguridad, un columpio de fierro esmaltado me recibe en el enorme jardín trasero.
La cerca no tiene la protección apropiada para un capitán de la legión, puedo invadirla fácilmente sin ser descubierto. Tampoco tienen canes, mejor aun, no quisiera matar a ningún perro.
Escucho unas risas provenientes del salón principal, la gran ventana tiene las cortinas corridas y me dejan ver el interior de la planta baja.
Con el rostro pegado al cristal, no logro distinguir las fotos que cuelgan de las paredes, pero el empapelado es preciosos, con muebles de un gusto que solo los Ackerman poseemos. La alfombra se extiende en medio, terminando al pie de unos escalones donde alguien está dormido...o muerto.
Nunca se sabe.
Su cabellera rubia apoyada en el primer escalón me deja advertir que es un chico, con los ojos entrecerrados y la boca semiabierta como si estuviera gimiendo o ahogándose. Sobre él, una figura mediana sostiene sus manos inmovilizándolo e impidiendo que escape.
Es un niño, de unos diez años. Con las piernas abiertas a cada lado de la cintura del rubio. La cabeza hundida en torno a su cuello le da una apariencia de estarlo besando o susurrándole un secreto.
Por un momento siento un dejavú, el niño tiene el cabello negro y cortado. Igual que Levi, cuando tenía esa edad, incluso tienen la misma forma de agacharse y el mismo color de piel.
Imposible, no puede tratarse de él.
No tengo que confirmarlo puesto que el niño me oye llegar, suelta al rubio y voltea para verme.
Me quedo petrificado al ver que es la viva imagen de Levi, o la que recuerdo que tenía cuando lo deje en ese orfanato.
La única diferencia son sus ojos, profundamente rojos y brillantes. Se tornan verdes como piedras relucientes al verme y frunce el ceño como solo aquel niño a quien abandone podría hacer.
Pero no es este, Levi era un humano, este monstruo es uno de ellos.
Un vampiro.
Tiene la boca roja, los labios hinchados y una gota carmesí rueda por la comisura de estos siendo recogida rápidamente por una lengua rosada para no desperdiciar nada de su alimento.
El rubio intenta levantarse, sorprendido por mi intrusión, pero en ese momento el clon de Levi suelta un gruñido de advertencia, como si estuviera defendiendo a su presa, los ojos azules del rubio me observan y al instante noto que es humano.
Cuando el cristal se hace añicos puedo averiguar que ya es tarde, el pequeño monstruo es un nivel superior. De ninguna otra forma podría haber roto la ventana desde esa distancia.
De esa forma logro entrar de un salto plantándome delante de ellos. Con gran agilidad, nadie puede igualarme, saco la pistola enfundada de mi cintura y la pongo sobre la frente del niño monstruo.
El rubio ahora lanza un chillido de rata y aparta al monstruo a un lado, tratando de defenderlo, el empujón solo sirve para que el niño monstruo golpee su cabeza contra el piso con una expresión contrariada.
Puedo ver claramente la herida que le infringió al rubio humano, dos o tres mordidas en el cuello aun con algo de sangre.
—Voy a abrirte la cabeza —le digo al niño redirigiendo el ojo del arma a su lado.
—¿Quién eres? —pregunta entonces el rubio
—Solo agradece y cállate
—¡El solo estaba alimentándose! —grita entonces— vete o... llamaré a la policía —amenaza— Edén, ve por el teléfono
Ahora sé que el niño monstruo se hace llamar Edén y por la actitud del humano rubio puedo notar que es una especie de esclavo o esta hipnotizado.
Ningún afeminado va a detenerme, aprieto el gatillo pero en menos de un segundo la puerta se rompe con un crujido y una sombra pasa a toda velocidad delante de la bala impidiendo que le vuele los sesos al niño. La sombra se difumina alejándose y acercándose hasta que logra controlar su velocidad y se detiene a unos metros, dándole forma a un hombre de cabello castaño y ojos verdes llenos de ira.
Con una mano tantea la cabeza del niño vampiro, en busca de posibles daños porque la cría no deja de gruñir bajito y termina desmayándose en sus brazos.
El castaño le entrega el niño al rubio.
—Armin, vete a otra habitación —le dice sin dejar de mirarme con rencor.
Su mirada se torna salvaje, automáticamente sé que este vampiro no piensa preguntarme quien soy, me exterminara en silencio tirando mis restos a algún callejón vacío.
Da un salto hacia adelante pero lo esquivo con agilidad. Es rápido, como todos, pero esta contrariado al notar mi fuerza.
Luchamos varios minutos, solo puedo concentrarme en sus movimientos y sus cejas pobladas. No es un mal luchador, sus inesperados movimientos me debilitan. Alguien tuvo que entrenarlo, la forma como pelea me recuerda mucho a la de Levi.
Quiero que se convierta en mi presa. Voy a cazarlo, aun si tengo que perseguirlo a los confines de la tierra.
Quiero su cabeza.
Quiero ser quien derrame sus entrañas sobre la tierra.
—¡Basta! —grita alguien, interponiéndose entre nosotros dos.
Me dejo caer hacia atrás observando la mano que ha impedido que el vampiro hunda sus garras en mi cuello. Es una mano delgada pero fuerte. Con una cicatriz de tres puntadas mal hechas.
El vampiro de ojos verdes transforma su enfurecido rostro y salvaje por uno lleno de confusión. Vuelve en si pestañeando rápidamente. Poco a poco sus facciones inhumanas se vuelven más normales y los colmillos reducen su tamaño al igual que las garras.
Mira con horror la sangre expandiéndose en la camisa del otro y se apresura en apartar la mano como si quemara con fuego.
—Mi amor —le dice balbuceando— ¿Qué haces aquí?
¿Mi amor?
El monstruo salvaje acaba de convertirse en un animal doméstico y contrariado.
Me relajo un poco para poder observar los irreparables destrozos del salón, la mitad de los cuadros han caído y la cortinas ahora son solo tiras inservibles.
A mi lado reposa un cuadro con el vidrio disperso en fragmentos que me dejan ver una caligrafía inconfundible de escribano.
A mi lado, con un ademan más amenazador que protector, Levi Rivaille Ackerman clava sus ojos en mi con la misma expresión de hace ya varios años.
Bajo el arma y el vampiro baja las garras.
Eren, como se llama el vampiro, se olvida de mi por completo volcando su atención al brazo herido de Levi. Le rasga la camisa dejan ver el profundo corte, entonces pega la boca a la herida que el mismo infringió y comienza a lamerla para no desperdiciar ni un gramo de su alimento.
—¿Estas bien? —se apartó observando con preocupación la piel regenerada de Levi— ¿Te duele?
—Kaney —murmura Levi con la voz dura, fría y e indiferente.
—Levi
Me reconoce por completo
Lo reconozco.
Aparta a Eren de un empujón suave, debo cerrar los ojos para que su puño oscurezca mi mente. Lo admito es un chico rudo, mi hijo.
Me desmayo.
Si he de morir, quisiera que fuera ahora.
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Extra: Traumando
Un encuentro casual, era lo menos casual en nuestras vidas.
