Este fic ya finalizó, estos son solo los extras.

: )

Supongo que este es el extra final. He arreglado los anteriores capítulos. Muchas gracias por leer este fic, alegran mi vida. Espero que les haya gustado. Las amo.

DISCLAIMER: Los personajes de SNK no son míos sino de Hajime Isayama muertes locas.

GENERO: ereri / AU/ romance / vampiros/ Eren celoso / mini Eren x Armin / extras


El viejo Kaney despertó con un dolor de cabeza, hace más de una semana que vivía en el cuarto de huéspedes de aquella casa que estuvo a punto de destrozar.

Aquella era su base secreta, desde la cama con dosel hasta la puerta de madera fina. Y no, aún no era un anciano con aires de grandeza. Él era Kaney, el gran cazador de vampiros que vino a salvar a su "orgullo" de las manos de ese sucio vampiro.

Aceptaba que el niño con cara de "voy a chuparte la sangre", fuera el hijo legítimo de su orgullo, y le pidió disculpas por la forma en la que entró a esa casa. Pero nunca perdonaría a Eren Jaeger.

Deslizándose como un reptil en la noche, Kenny llegó hasta el pasillo de abajo cerca de la habitación de Andrew.

El niño, ya no tan niño, había acorralado a Armin sobre la cama y disfrutaba chupando y lamiendo el cuello del rubio. Sin darse cuenta que "el abuelito" Kaney los espiaba por una de las rendijas de la ventana.

Kaney aplaudió internamente los progresos de su nito, en esos días le había enseñado las mil y un formas de como seducir a tu presa. A este paso, Andrew se convertiría en su segundo pequeño orgullo.

Continuando con la travesía, llegó hasta el salón principal.

Su orgullo, Levi, se encontraba sentado en una de las pulcras mesas del comedor.

Jadeaba, no, no jadeaba. Un Ackerman nunca jadea de aquella forma. Su Levi era un macho pelo en pecho. No una mujer que jadeaba.

—…sigue chupando —lo escuchó decir en voz alta.

Kaney pestañeó varias veces antes de darse cuenta de que Levi no se encontraba solo, la odiosa cabellera del chupasangre se asomaba entre sus piernas, siendo sostenida con fuerza por las manos del pelinegro.

¿Es que acaso en esa casa nadie descansaba de noche?

A este paso se convertiría en un motel de sexo.

Molesto, Kaney decidió interrumpirlo, pero el ojiverde fue más rápido. Saboreando el pene de Levi con la boca, dio grandes lamidas en aquel falo. Fue sacándolo con cuidado para succionar la punta demostrando que era un niño bueno a Levi.

—Termine —ronroneó Eren mirando con adoración al pelinegro.

—Bien —Levi hizo una mueca de burla— ahora puedes alimentarte.

Casi con desesperación, Eren se puso de pie sujetando con fuerza los hombros del pelinegro, sus brillantes ojos esmeralda se tornaron carmesí cuando hundió el rostro en el cálido cuello de Levi. Gimió sin pudor alguno, con los colmillos hinchados e implorantes, al olfatear la caliente sangre que corría por las venas de ese delicado cuello.

—Muerde

—Sí, bebé

Las manos de Eren se deslizaron hasta el pecho de Levi, tanteando para ubicar aquellos pezones erectos y tibios al contacto con las yemas de sus dedos. Los oprimió y jugó con ellos mientras lamía el cuello de Levi.

Abrió la boca para morderlo.

Los caninos se hundieron en la piel, rasgándola, succionando la sangre con la boca.

Era obsceno.

Levi, su orgullo, su querido futuro matón de vampiros movía las caderas tratando de rozar la entrepierna de Eren.

Con las piernas colgadas en el aire, estaba sentado en la mesa, atrajo al ojiverde.

"¡Deténganse!" quería gritar Kaney.

Impotente, oculto desde su rincón, observaba a esos dos enredando sus cuerpos como lagartijas en celo.

Pero ya lo pagarían.

En especial ese vampiro que saboreaba la sagrada sangre de su orgullo.

Levi abrió los ojos, siendo presa de las placenteras sensaciones que le provocaban los dientes de Eren, suspiró dejándose llevar por aquellas manos que recorrían su cuerpo.

No se dio cuenta en que momento el zumbante sonido de una cuchilla le corto la respiración.

Por alguna razón, la oca de Eren dejó de lamer la sangre que brotaba de su cuello. Pestañeando con sorpresa, Levi bajo la vista para ver el cuerpo sin cabeza de su esposo.

—Mucho mejor —dijo Kaney, regodeándose por su hazaña.

—¿Eren? —Levi tocó el cuerpo del ojiverde, al instante, cayó al suelo como un costal de papas. La cabeza había rodado más al fondo.

—Me la llevaré como trofeo —Kaney estuvo tentado a coger la cabeza de Eren por los cabellos y huir de casa. Pero Levi lo miró con un gesto de profundo odio.

—¡Qué carajo haces aquí! —le grito, saltando de la mesa para buscar la cabeza decapitada.

—¿No recuerdas que me invitaste a pasar un fin de semana en tu casa? —cuestionó el otro

—Fue Eren quien te invito, por mi te habría enviado al mismo infierno

—Ya pague los destrozos de la casa —Kaney intentó quitarle la cabeza— eres mi orgullo Levi, tienes que ser comprensivo.

—Deja de joderme, me abandonaste hace años y ahora vuelve para decapitar a mi esposo.

—Fue un degollamiento.

Levi bufó con molestia, intentando volver a pegar la cabeza de Eren al cuerpo original.

—Agradece que puede regenerarse —lo amenazó Levi— ¿Tienes idea de lo que hubieras ocasionado?

—La vida de un viudo no es tan solitaria como parece…

—¡Cállate!

—No entiendo como ese vampiro pueda hacerte feliz

—Es mi familia —Levi dejó de temblar cuando vio como un ligero humo volvía a cocer ambas extremidades separadas.

Familia.

Kaney siempre había odiado esa palabra. Pero su orgullo se veía feliz.

—Volveré dentro de tres unas —carraspeó con dignidad

—Esa frase es arcaica

Kaney le sonrió.

—De todas formas volveré.

—Haz lo que quieras —Levi se puso sobre Eren, esperando que abriera los ojos. El ojiverde volvió a la vida tosiendo con fuerza.

Kaney se acercó a ambos, Levi se veía amenazante.

Igual al niño a quien abandonó hace tiempo.

Se quitó el sombrero para ponérselo a Levi, los tiempos cambiaban. Lo mejor sería volver a la base de estrategias con los demás cazadores.

—¿Pareces feliz, cierto? —le dijo, alejándose.

—Lo soy.

Eren abrió los ojos en pleno estado de shock, se puso alerta demasiado tarde. Levi continuaba sentado sobre él.

—¿Qué paso? —le preguntó

—No —negó Levi— acabas de morir hace unos minutos.

—¿¡Que!? —abrazó al pelinegro— lo lamento, no volverá a pasar.

—No, no volverá a pasar.

Levi le dio un beso, sorprendiéndolo.

Sobre la mesa yacía el sombrero de Kaney, intacto. Como un mudo testigo de aquel encuentro.

Se podría decir que era una típica noche de verano en casa de los Jaeger.

FIN