A veces me pregunto ¿Cómo pueden ser tan extrañas las cosas?, es increíble el cómo todo va cambiando, e incluso como por ambición te condenan a un lugar donde no te desean ni te quieren, donde simplemente no hay amor, como el que tu guardas en tu corazón.
Bien por el destino estoy aquí y no puedo retractarme no solo porque mi familia así lo decidió sino también porque para mi es algo increíblemente perfecto pero a la vez que estoy en el cielo estoy en el infierno, pues aquel joven no me ama, nunca lo hizo…
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En casa de los Pataki…
-¡¿Por qué demonios decides por mi Bob?!
-¡Cállate Helga! Esta decidido y no hay marcha atrás, además los señores Shortman están de acuerdo también –Dijo Bob sonriendo
-¡Es totalmente ridículo! ¡¿En qué siglo crees que estamos?!
-Silencio los dos ya llegaron….
"Arnold" pensé nerviosamente
-Hola buenas noches Señores Shortman
-Buenas noches –Dijo Stella quien venía tomada de la mano de su esposo y atrás de ellos venia un cabeza de balón algo molesto pues no estaba de acuerdo con aquel arreglo
Una vez todos reunidos en el comedor de la familia Pataki, Bob se dispuso a hablar –Bien como bien ya saben jovencitos, estamos aquí para arreglar la boda de ambos –Miro a ambos jóvenes una chica sonrojada y el otro molesto –Es una importante unión, pues también se unirán las familias –Miro a Miles –Gracias por aceptar que era lo mejor
-Si pero aunque no se comprometan quiero que sepa que de mi parte estoy dispuesto a seguir haciendo tratos con usted Bob –Dijo respetuosamente Miles
-Claro y se lo agradezco –Alzo su copa –Bien brindemos por el compromiso de nuestros hijos y por la fortuna que podremos tener juntos
-¡Salud!
Helga se acercó un momento a Arnold quien se encontraba sentado en la sala esperando a que la tortura pasara -¡Hola cabeza de balón!
-¿Qué quieres Helga?
-Me alegra que tus padres volvieran por fin Arnold –Dijo nerviosamente
-Gracias a mí también me da gusto –Dijo tratando de fingir una sonrisa –Quiero que sepas que no estoy de acuerdo con el matrimonio, realmente nunca pensé en casarme contigo así que…
-¡¿Crees que yo si cabeza de balón?! –Dijo ofendida -¡¿Te imaginas como saldrán mis hijos?! ¡Con cara de mensos y una estúpida cabeza de balón!
-Bueno pues saldrían igual de feos que tu –Dijo molesto -¡Lo peor con una uniceja como la que tenías y como la que tiene el avaro de tu padre!
-¡Te odio! –Dijo la joven con lágrimas en los ojos para después subir a su habitación
Arnold se dio cuenta de que lo que hizo estuvo mal, se sintió terrible, pues el empezó aquella pelea, pero ahora no podía controlar tanto su apariencia de buen samaritano como siempre decía Helga, a sus 15 años no podía controlar sus impulsos, le costaba debía admitir que sobre todo cuando estaba con aquella rubia.
Los padres de Arnold habían regresado después de que este los encontró, en aquel viaje a san Lorenzo con la ayuda de sus amigos, también de Helga pues ella había ganado el concurso de literatura y había decidido ir allá, Arnold le había insistido que le dijera ¿Por qué lo había hecho? Pero ella nunca le dijo y poco a poco el tema quedo en el olvido para el rubio.
Ambas familias querían aliarse para hacer más grande el emporio de los localizadores, no solo en Hillwood si no en otros lados, Miles conocía a bastante gente que estaba interesada y tenía un fuerte capital que podía ayudar, por eso Bob decidió que era un buen candidato para ser socio, pero después también se le ocurrió la idea de comprometer a sus hijos como algo más serio y comprometedor para ambas familias.
Pese que la familia de Arnold había insistido que no era necesario, pero terminaron convencidos por Bob y Miriam, esta última sabia acerca de los sentimientos de su hija, pues después de la rehabilitación para dejar su adicción había cambiado tanto ella como su relación con sus hijas y Olga ya no era más la hija perfecta para ellos, pues ambas eran perfectas.
Al día siguiente Helga iba tarde a la escuela como de costumbre, se apresuró a salir para tomar el autobús pero no se esperaba…..
-Hola –Dijo seriamente
-Hola –Respondió para después ignorarlo
-Helga –Arnold le tomo la mano –Discúlpame por ser grosero ayer
-Está bien cabeza de balón no tengo que perdonarte nada
-¿Entonces te llevo a la escuela?
-¿Por qué de pronto te da por venir aquí disculparte y querer llevarme a la escuela?
-Mis padres me pidieron que lo hiciera –Dijo sinceramente
"¡Oh claro no te emociones ya Helga, este chico jamás te amara!" pensó tristemente
-¿Vamos?
-Si claro –Dijo subiéndose al auto
Al llegar a la escuela….
-Helga por favor no digas nada de lo…del….compromiso por favor
-¿Por qué?
-Aún no se lo digo a Lila
-….
-¿Puedes hacerme ese favor? –La miro a los ojos de manera suplicante por lo que Helga solo dijo
-Está bien –Dijo rendida ante la fuerte mirada verde
-Gracias
Durante las clases todo transcurrió lo normal, pero en el receso…
-Bien Helga ¿Por qué no me has dicho nada?
-¿De qué hablas princesa? –Dijo nerviosamente
-Por favor tu madre le conto a la mía –Dijo sonriendo pícaramente –Tu sueño hecho realidad ¿no Helga?
-No se dé que hablas
-Por favor ¿me vas a negar que Arnold es tu prometido?
-¡Silencio Rhonda! En verdad no sé de qué hablas
Pero fue demasiado tarde…. -¡Helga no me dijiste nada! ¿Por qué?
-Phoebe por favor no es verdad, ¡Maldita sea!
Lila quien había escuchado todo se quedó paralizada, pues Arnold estaría casado en un futuro con Helga y no con ella, eso le dolió demasiado no pudo soportarlo y se fue de ahí inmediatamente, desde hace tiempo se había dado cuenta de que amaba a Arnold.
-¿Lila?
-¡Oh Arnold que bien que llegas! –Dijo Rhonda acercándose -¡En verdad felicidades, pues ya se que te comprometiste con Helga!
De pronto Helga sintió la mirada verde puesta en ella, vio aquella mirada llena de furia y molestia hacia ella, nunca había visto a aquel amable niño de esa manera, le dio miedo pues lo desconoció totalmente y no se equivocaba.
-¡Helga!
-¡Antes de que me digas algo Arnoldo yo no le dije nada….!
-Necesitamos hablar –Dijo tomándole la mano
Una vez en el pasillo de la preparatoria –Te pedí que no le dijeras a nadie Helga
-Yo no se lo dije Arnoldo, la estúpida de Miriam se lo dijo a la madre de Rhonda y esta se lo conto a su hija la princesita y ella fue la que me lo dijo –Explico rápidamente
-Ahora tendré que ir a ver a Lila, porque si no lo sabes ella escucho todo.
-¿En verdad? Que preocupante –Dijo sarcásticamente
-No sé por qué demonios tengo que casarme contigo en un futuro
-Ni yo Arnoldo
-Rómpelo entonces…
-Ni en sueños ¡estás loco! Bob jamás lo aceptara ¿Por qué no lo haces tú?
-No puedo –Dijo bajando la mirada –No quiero decepcionar a mis padres
-Entonces será mejor que vayas a decirle eso a la señorita perfección
-Bien, te espero a la salida
-¿Cómo para que cabezón?
-Mis abuelos quieren que vayas a comer –No fue una petición fue una orden o al menos eso sintió Helga
-¿Si no voy qué?
-Vamos como si tuvieras algo mejor que hacer, si quiere irte caminando adelante, solo te esperare 10 minutos a la salida Helga –Dicho esto se dio media vuelta y se fue…
-¡Estúpido cabeza de balón! –Dijo encaminándose al otro lado -¿Cómo diablos puede tratarme así? Como si yo hubiera tenido la culpa de la decisión de nuestros padres, es un estúpido, además tan preocupado por Lila siempre ha sido así. ¿Y yo que? A mí que me maten no importa, ¡Maldito como lo odio! Sin embargo….. –Saco su relicario que aun tenía consigo, pero con la foto de un Arnold adolescente -¡Lo amo, pese a tanto tiempo y los tratos entre nosotros, mi corazón sigue siendo tuyo amor mío! ¡Oh Arnold! Como quisiera ser yo esa chica especial, para que este matrimonio arreglado no fuera una tortura para ti si no una bendición como lo es para mi amor…
No se percató de que alguien la observaba…. -¡Lo sabía!
