-Helga

-¡Ah! Hola Arnold, no te había visto –Dijo sonriéndole dulcemente

-Bueno tal vez si no estuvieras abrazando a mi primo todo el tiempo te darías cuenta de que existo

-¿De qué hablas?

-Te vi, abrazándote con el

Helga lo miro sorprendida -¿Porque no fuiste a decirme algo como siempre?

-Prometí no ser tan celoso –Dijo sonriéndole y tomándola de la mano para halarla hacia el

Helga se sonrojo inmediatamente y no supo que más decir, solo asintió al asentir lentamente mientras los ojos verdes chocaban contra los zafiros azules de la rubia.

-Pero no te quiero ver cerca de mi primo ¿De acuerdo?

-Explícaselo a él, Arnoldo

-Hablo enserio Helga, no lo digo más que por tu bien

-¿Porque? ¿Acaso sabes algo que yo no sé?

-Solo hazme caso, procura no estar cerca de él.

-Bien lo intentare aunque para serte honesta, me causa un poco de lastima

-A mí también

Helga lo miro un momento y después sonrió, pues pese a todo Arnold seguía siendo igual que siempre y se preocupaba siempre por todos, aunque no les cayera de todo bien – ¿Nos vamos?

-Claro princesa, vámonos

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Arnie se encontraba en su recamar, pegando sus últimas adquisiciones, entre las cuales se encontraba un arete en forma de flor de color rosa y también una camisa color rosa que había sacado de la habitación de su amada.

-Eres hermosa mi amor –Susurro mientras ponía una fotografía de su amada mientras estaba en clase de literatura.

-Arnie –Arnold tocaba la puerta, esta vez sin atreverse a entrar

-Dime, primo

-La cena esta lista

-Bien en un momento iré

-De acuerdo

Arnold se alejó de la habitación de su primo, un tanto intranquilo, pues no solo le preocupaba su obsesión si no también le aterraba que le hiciera daño a Helga.

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Era media noche, la joven rubia aun despierta mirando la hermosa luna que tanto la acompañaba en sus noches de soledad y anhelo hacia su musa que siempre había deseado tener durante toda su vida junto a ella, pero ahora era diferente pues aquel hermoso sueño se estaba volviendo realidad.

Ahora sus poemas eran de amor que profesaba para el pero ya no con anhelo si no con miedo de tenerlo por fin a su lado y pensar que podría ser un sueño solamente y que el en cualquier momento se iría.

-Arnold –Susurro mientras miraba su relicario –Debo dormirme ya –Apago la luz de la lámpara y se recostó en su cama para poder soñar con su amado cabeza de balón, sin percatarse de que alguien la observaba.

A la mañana siguiente….

-¡Aaaah!

-¿Qué sucede cariño?

-¡No esta!

-¿Qué no está?

-¡Mi listón Miriam y mi libro de….!

-¿De qué?

-De la escuela, si eso…y no esta tampoco

-Bueno el listón era tiempo de que lo cambiaras ya, por lo que se refiere al libro, ¿segura que estaba aquí?

-Miriam estoy segura, me quede despierta hasta tarde por hacer…la tarea.

-Bien lo buscaremos

Quince minutos después salió de su casa, triste, pues Helga no encontró ni su libro ni su listón, al salir se topó con Arnold quien le sonreía pero al ver su mirada se acercó a ella preocupado. -¿Estas bien?

-No…perdí…el…mi… -Se señaló la cabeza para que el entendiera

-¿El listón?

-Si –Comenzó a sentirse realmente mal, aquel listón era un recordatorio del primer día que conoció a Arnold y de lo hermoso que siempre había sido la personalidad de su amado.

Arnold comprendió porque le dolía –No hay problema princesa

-Pero…

-Me importas tu no un listón, Helga, entiendo el cariño que le tenías y no me agrada que lo hayas perdido, pero lo más importante es que tu estas aquí y puedo verte nuevamente –Le sonrió dulcemente

Ella sonrió débilmente –Creo que tienes razón pero también desapareció mi…libro

-Eso no me agrada, pues esos poemas son solo para mí y nadie debería leerlos nunca –Sonrió ante la cara de la joven –Porque son exclusivos para mí y solo yo puedo deleitarme con la talentosa mujer que tengo enfrente

Helga se sonrojo pero sonrió –Sabes puedo escribir otros

-Bien espero que lo hagas todos para mí como siempre –Dijo presumido y sonriendo –Pero esta vez, quiero que me dejes leerlos contigo

-No eso no cabeza de balón

-¿Qué tal si desaparecen de nuevo? Mínimo deseo saber que decían

-Ya veremos Arnoldo, ahora debemos ir a la escuela, vamos

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Arnie se encontraba en la clase de literatura esperando a que cierta chica rubia ingresara al salón, por lo que desesperado ya porque llegara comenzó a pararse para ver porque tardaba tanto y entonces vio como Arnold la llevaba de la mano para dejarla hasta el salón, por lo que regreso molesto a su lugar.

Helga entro por fin al salón con una hermosa sonrisa de par en par, Brainy al verla la miro feliz, al ver que aquella joven estaba cumpliendo su sueño por ahora, pues nadie sabía lo que podría pasar después.

-Hola Helga, te aparte un lugar junto a mí

-¡Ah! Hola Arnie, lo lamento pero no…

-Por favor no tengo amigos aquí y Arnold no tiene los mismos horarios que yo

"Arnold me matara si alguien le dice que estuve cerca de él, pero que… ¡¿Qué me pasa?! No tiene que prohibirme nada ese cabeza de balón…" –Bien gracias Arnie

Se sentó junto a él, esperando que no se le hiciera eterna la clase pues odiaba estar cerca de aquel joven que tanto aborrecía.

-Helga ¿Y tú listón?

Ella bajo la mirada triste –Lo perdí

Arnie sonrió aunque esto no lo noto ella –Que mal, me gustaba ese listón, era hermoso porque también tu ropa siempre es rosa como el listón, bueno era…

Helga lo miro sorprendida, era su imaginación o Arnie le había dicho lo que Arnold hace años le había dicho de aquel listón que tanto le dolía haber perdido.

En aquel momento toco la campana -¿Vamos juntos a almorzar?

-Lo siento pero Arnold me espera, Arnie

-Podría almorzar con ustedes… -Arnie la miro suplicante –Es que me siento muy solo y…

-Está bien pero no llores

"¡Demonios este se parece a Olga!" Pensó molesta

Al llegar a la cafetería, Arnold ya la estaba esperando pero miro sorprendido a la chica quien llegaba a la cafetería en compañía de Arnie, quien al ver a su primo empujo "sin querer" a Helga quien por poco cae pero él la sostiene y la acerca a él.

La joven reacciona segundos después y lo intenta empujar pero Arnie es ahora más grande no como el niño de hace años por lo que no es tan fácil y no la suelta -¿Estas bien?

-¡Si pero suéltame tonto!

-Solo quería ayudarte, además te ibas a caer –Arnie bajo su mirada triste

-Como sea pero no me toques –Dijo la joven cada vez más molesta pues no la soltaba

-Solo te ayudaba no tienes por qué enojarte…

-Arnie suéltala por favor –Arnold se había acercado y trataba de mantener la calma

-Solo la ayudaba…

-Suéltala –Repitió Arnold

-Por favor Arnie suéltame, sé que solo me estabas ayudando, gracias –Comento rápidamente la joven mientras le regalaba una media sonrisa pero…

Arnie la abrazo inesperadamente –Perdóname no quería que te lastimaras, por eso te sujete, pero no pensé que te fuera a molestar…solo…no quiero que te pase nada…me muero sin ti

Ante esta declaración la joven abrió sus hermosos ojos zafiros azules de la sorpresa, volteando a ver a Arnold quien también miraba sorprendido ante lo dicho por su primo, ambos cruzaron la mirada asombrados por lo que escucharon y por el comportamiento de Arnie, pero Arnold reacciono y su mirada se volvió furiosa, Helga pudo notar los celos salir de aquellos hermosos ojos verde esmeralda de su amado.

-Ya basta Arnie –Lo tomo para alejarlo de Helga –No te le acerques y tú sabes bien porque te lo digo

-¿Porque eres tan malo conmigo?

Helga se separó del joven mientras Arnold lo halaba lejos de ella, por lo que rápidamente Arnie cambio su actitud mirando a su primo furioso.

-Es mi prometida

-Tal vez pero…no es ahora nada tuyo, así que aun puedo estar conmigo, porque nos amamos –Miro a Helga quien cada vez más sorprendida, mientras se alejaba asustada del chico.

-No es así, Arnie

-Estas celoso, además tu estas más loco que nada –Dijo sonriendo -¿Crees que no vi el listón de Helga, la ropa y el libro de poemas que tienes bajo tu cama?

-¡¿Que?!

Arnold miro a su primo sorprendido, además de que el grito de la rubia le hizo comprender que ahora estaba en un enorme lio y ni siquiera era culpable de aquello que le acusaban.

-No es verdad…Helga –Se acercó pero la joven molesta se alejo

-Muéstramelo, iremos a tu casa, para ver si es verdad

-Bien no tengo porque ocultarte nada porque yo no he hecho nada –Dijo molesto el cabeza de balón

-Bien

Arnie solo sonrió triunfante

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-Jajajaja perfecto Arnie, eres un genio –Susurraba el joven disfrutando del espectáculo aun que se había realizado en la cafetería aquel día –Todo está ya balanceado y Helga poco a poco se dará cuenta de que Arnold no le conviene y entonces…será mía

Hola queridos lectores

primero una disculpaa por la demora, pero aqui tienen otro capitulo de mi fic :D

espero les guste ;D

saludos