COMIENZO...
LUNA DE MIEL
Helga se encontraba caminando por las hermosas calles de Venecia, lo cual solo era un decir pues la ciudad estaba en agua como bien saben, pero ella sentía que todo era un hermoso sueño hecho realidad, Arnold a su lado y ella estaba a punto de ir a pasear en un sencillo bote junto al amor de su vida, quien era ahora su esposo, como lo había soñado aquella vez.
Arnold llego a su lado para abrazarla por la cintura, atrayéndola hacia él, ella se ruborizo pero no dijo absolutamente nada, después de todo se debía acostumbrar a que entre ellos ahora había más confianza y era de él, completamente suya y él era solo de ella.
-Bien amor ya podemos irnos
Ella sonrió complacida, realmente Arnold le complacía en todo lo que ella deseaba, parecía que solo vivía para hacerla feliz.
-Vamos entonces, cabeza de balón
Ambos se dirigieron al bote que los esperaba para dar un pequeño pase por la hermosa ciudad, tomados de las manos se sentaron en el bote, ambos comenzaron a mirar el paisaje que le daba aquel hermoso lugar, los edificios, las personas, los lujosos restaurantes, observaban todo.
-Mira hermosa, ¿Qué te parece si comemos ahí? –Dijo el rubio pues moría de hambre
Helga miro el lugar, era algo sencillo pero realmente se veía deliciosa la comida que estaban haciendo, así que no puso ninguna objeción; bajaron del bote para poder comer.
-¿Qué te parece si hoy, que es nuestro último día aquí, vamos a este hermoso lugar? –Dijo el rubio señalando un folleto de la galería de la academia.
La rubia sonrió dulcemente –Claro aunque me encantaría más seguir paseando por bote hasta que…de la hora de irnos
El joven sonrió complacido ante la idea y asintió, por lo que al terminar de comer ambos siguieron su paseo por bote, pese a que lo habían hecho…no importo, siguieron ahí paseando y disfrutándose el uno al otro, hasta que tuvieron que abordar el barco para irse directo a su siguiente destino…Paris.
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Al llegar a Paris, ambos rubios cansados ya un poco llegaron al hotel donde se hospedarían "Bella vida" así se llamaba el hotel, inmediatamente se recostaron en la cama exhaustos.
-No creo que pueda seguir el día de hoy cabeza de balón
-¿quiere decir que descansaras desde ahora? –Pregunto el rubio poniéndose encima de su esposa con una pícara sonrisa
-Si eso pretendo… -Dijo la rubia cerrando los ojos
-Tal vez logre hacer que cambies de opinión ¿No?
-Eso depende…Arnoldo
-¿De qué Angel?
-¿Cómo pretendes hacer que cambie de opinión?
-Así –Susurro besándola dulcemente mientras tomaba sus muñecas para intensificar su beso y caricias con su cuerpo sobre el de ella, Helga obviamente reacciono y se ruborizo inmediatamente.
-Arnold… -Susurro entre besos -¿Cómo es que aun tie…tienes…quiero decir…? –Se sonrojo aún más.
-Contigo siempre tendré amor –Dijo sonriente al ver lo hermosa que se veía su esposa, se veía inocente, frágil y hermosa.
-¿Prometes que siempre? –La rubia le miro de manera suplicante -¿Prométeme que nunca dejaras de tener tiempo y energía para mí? –Susurro temerosa
-Te lo prometo amor, yo nunca dejare de amarte ni de estar a tu lado
Helga sonrió –Gracias
-No hay nada que agradecer –Volvió a besarla, lentamente demandaba más y más de su esposa, hasta que terminaron haciendo el amor, aquello se estaba volviendo una costumbre para ambos, Helga era como el fosforo que podía prenderse en cualquier momento y provocaba el ardor y pasión en su esposo, quien con tan solo una mirada de su parte se encendía la llama.
Siempre fueron como el agua y el aceite, realmente nunca tuvieron tanto en común, al menos nunca se dieron cuenta pero en aquel viaje estaban descubriendo que realmente podían tener mucho más en común de lo que pensaban, ambos estaban disfrutando del hacer el amor juntos, ambos se entregaban con amor y dulzura, se entregaban con pasión y lujuria, ambos deseaban uno del otro, deseaban más y más, Helga era muy dócil en la cama quien lo habría imaginado, Arnold podía hacer lo que deseara él mandaba en aquel terreno y ella solo obedecía complacida y nada obligada a lo que él le pedía, eso sí…la amabilidad y respeto estaba por encima de todo esto pues Arnold seguía siendo el mismo caballero aun en la intimidad con su esposa y Helga…ella sí que daba un cambio radical.
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Un joven pelirrojo observaba a la pareja desde lejos, el los había estado siguiendo desde que salieron de Hillwood, había estado al pendiente de la pareja e inclusive había hecho travesuras para provocar una confrontación entre la pareja pero hasta ahora no lo había logrado.
-Bueno –Dijo malhumorado mientras miraba a los jóvenes salir del hotel tomados de la mano -¡Ya lo sé!
-¿Enserio? Pues que bien que lo sepas porque quiero más…más detalles –Dijo una mujer al otro lado de la línea.
-Lo sé, ya no me grites, en cuanto tenga todo el material te lo enviare…tampoco me llames yo te marcare, adiós
Colgó furioso, ya estaba exasperado de que esa chica todo el tiempo le estuviera marcando, realmente había accedido al favor, porque realmente era un favor que le hacía, pero solo exclusivamente porque su amiga se lo había solicitado, de no ser por eso el jamás de los jamases estaría tan lejos de su hogar y sin que le pagaran un centavo por ese trabajo.
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-Mi amor –Dijo la rubia cuando paseaban por una feria al parecer, ella tomaba un corazón enorme de almohada que decía eres el amor de mi vida, de color rosa, Arnold le miro curioso, a veces olvidaba que Helga en realidad era una romántica sin remedio, así que después de unos segundos sonrió y participo pues era de un juego para ganarse aquella almohada enorme para su esposa, desgraciadamente no gano.
Arnold estaba algo triste como en muchas ocasiones lo estuvo al querer impresionar a una chica, pero como otras veces el joven del lugar les regalo un pequeño osito panta con un corazón en sus manos que decía te amo, más de lo que piensas, obviamente todas las frases en francés, era de tamaño mediano, y para ser honestos era un oso hermoso.
-¡Es tan hermoso! –Murmuro la rubia una vez que Arnold le dio el osito.
-Si pero…realmente yo solo he visto algo muy hermoso –Dijo el joven enamorado mirándole a los ojos tan inmensos como el mar, jamás olvidaría nunca esa mirada tan llena de vida, de una luz, un brillo muy especial, un brillo que era solo para él. –Te amo
La rubia sonrojada le sonrió –Yo también te amo, Arnold
La luna de miel estaba realmente saliendo mucho mejor de lo que alguna vez Helga pensó, recordaba muy bien aquel sueño en el que ella y Arnold locamente terminaban casándose, ella se había visto así misma felizmente casada y durante ese sueño realmente fue muy feliz pero nada, nada…ni un sueño podía opacar o compararse al sueño que ahora sentía junto al rubio.
Ambos caminaban ya de noche por Paris, aquella ciudad del amor, aquella ciudad donde se veía e incluso se respiraba un ambiente lleno de amor y felicidad, algo realmente increíble pues no todos podemos siempre estar tan felices y llenos de amor ¿O sí?
Llegaron a un hermoso restaurante –Arnold –Le llamo la joven al mirar hacia las estrellas -¿Puedo confesarte algo?
-Por supuesto
-Sé que ya lo he dicho e incluso tú ya sabes prácticamente todo de mi por ese diario que…bueno tu sabes, pero…quiero que sepas que yo te amo y siempre te he amado y que jamás habrá nadie que te amé tanto como yo te amo –Susurro sonrojada tratando de sostenerle la mirada –Tal vez es exagerado pero…
-Shhh, no es exagerado amor
-¿No?
-No, me gusta tu manera única de sentir ese hermoso sentimiento por mí y no quiero que jamás cambie
-¿De verdad?
-En verdad hermosa –Dijo depositándole un cálido beso
-Gracias y…Arnold
-¿Si?
-¿Quieres preguntarme algo? Ya sabes algo que…no se tengas aun duda, tal vez pueda responderte
-De hecho tengo unas
-Bien ¿quieres empezar?
-No aquí amor, mejor vamos al hotel –Susurro mirando intensamente a su esposa quien sonrojada asintió con una sonrisa
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Al llegar al hotel, después de acomodarse ambos jóvenes se sentaron en la cama matrimonial, poniéndose cómodos, el rubio se dispuso a hacer el interrogatorio a la joven rubia de ojos azules tan hermosos como el mar que tenía frente a él.
-Bien ¿Qué te parece si cada que acerté te quitas una prenda como recompensa? –Dijo sonrojado pero sonriéndole
La rubia le miro entre sonrojada y molesta – ¡Que listo! ¿No? Y ¿Cuál es mi recompensa si no lo haces?
-Me la quito yo
-¿La que yo quiera?
-Claro de eso se trata amor –Susurro besándole suavemente el cuello mientras la joven cerraba los ojos para disfrutar de la caricia de su esposo.
-Bien
-Ese día que saliste de uno de los conductos disfrazada con ropa de exploradora, era porque deseabas recuperar algo de mi casa ¿Cierto?
-Afirmativo –Dijo la joven algo nerviosa
-Era… ¿El libro de poemas?
-Error –Sonrió
-¿No? –El rubio le miro sorprendido estaba seguro de que era así
-Si ingrese un día para poder recuperar ese libro de poesía pero no fue en ese momento, de echo fue el mismo día que cayó en tus manos y jamás te diste cuenta, pues estuve toda la noche en tu armario y Salí después de ti para ir a la escuela.
-Vaya –Dijo pensativo el rubio –Entonces ¿Qué era aquel día?
-Deje una grabación en tu buzón telefónico, bajo los efectos de la anestesia del dentista, donde te confesaba todo mi amor –Dijo la rubia sonrojada –No…no lo pensé realmente mucho y entonces…lo hice y tuve que ir después para recuperar esa grabadora al darme cuenta de lo que hice…
-¿Y te disfrazaste de exploradora para que mis abuelos te dejaran pasar? ¿O para que no te reconociera?
-Lo primero, en efecto fue para ingresar a la casa.
-Bien entonces estamos empatados –Dijo pícaramente, la joven sonrojada asintió pues Arnold había acertado un poco.
-Bien quiero…quiero que te quites…la…la…camisa
Arnold sonrió ante la timidez de su esposa y acto seguido se quito la camisa dejando al descubierto su torso, algo que provoco que la joven se sonrojara.
-Yo quiero que te quites…el listón de tu cabello –Susurro sorprendiendo a su esposa, quien se lo quito –Me gusta verte con el cabello suelto, te ves hermosa, como siempre, pero me gusta –Dijo sonriéndole
-Gracias
-Bien, mi otra duda es… -Miro a su esposa –Helga…eras tú mi Angel guardián ¿Cierto? –Su pregunta saco la sorpresa de su esposa quien no entendía –Aquella vez de navidad, deseaba encontrar a la hija del señor Hyunh y no pude…completar la lista que por cierto perdí después de que te vimos en la tienda, comprando el videojuego ¿Tu…diste las botas…las botas de Nancy Spumoni?
La rubia se sonrojo –Si… -Susurro levemente, Arnold sonrió, pues ya lo sospechaba –Deseaba darte un hermoso regalo de navidad y…no sabía cuál…pero…tu…deseabas tanto eso y…no quería que dejaras de creer en los milagros…así que…bueno ya sabes
-Creo que siempre tuve esa sospecha, siempre estaba ahí cuando menos lo esperaba, con lo de Ruth aunque claro no te presentaste como tu…si no como Cecil, mi bella Cecil, lo de Lila, lo de esa chica Summer y…
-Y mejor le dejas ahí cabeza de balón, solo de recordar cuan ciego eras, me da náuseas y malestares
-Si fui un ciego pero no más, siempre negué lo que sentía…siempre me llamaste la atención Helga, de echo a veces le daba mucha importancia a lo que se suponía no me importaba, me preocupaba siempre por ti y siempre quería saber que te ocurría, desde que te vi aquel día en la lluvia…siempre fue así.
-Arnold
-Ahora me dedicare a compensarte por tantos años que te cause esta agonía a la espera de que por fin mi venda se cayera, no hare más que amarte, respetarte, cuidarte y estar a tu lado en las buenas y malas para siempre amor.
La rubia se sonrojo pero sonreía felizmente, no agrego nada solo le miro dulcemente.
-Y temo decirle señora Shortman que perdió –Dijo el rubio sonriendo
-¿Cómo que señora Shortman? No me digas así, Arnoldo… ¡Espera! ¿Cómo que perdí?
-Sí, yo atine a mis dudas, ahora te toca tu castigo –Tomo por la cintura a su esposa para recostarla en la cama –Tendrás que quitarte todo
-Pero…pero…
-¿Qué ocurre amor?
-Yo…bueno es que…
-Te deseo amor –Dijo sonriéndole pícaramente mientras le besaba suavemente sus labios para después bajarse hasta el cuello, donde se apoderaba de todo a su paso, de cada rincón de la piel de la joven comenzaba a hacerla suya –No me cansare nunca de decirlo, Helga, eres hermosa y quiero siempre estar contigo
-Yo también siempre quiero estar contigo amor
-Por siempre
-Por siempre
Se besaron cálidamente mientras sus corazones se volvían nuevamente uno mismo, besándose dulcemente y acariciando lenta y apasionadamente sus cuerpos se dejaron llevar por el manto del amor, amor que esperaban que durara por todo, por todo el resto de sus vidas, esperaban que con un beso se pudieran quitar el alma mutuamente para siempre, como tanto anhelaban.
Hola queridos lectores
les dejo este epilogo espero que sea de su agrado, mil gracias a todos por sus hermosos reviews y dejenme anunciarles la buena noticia a peticion de todos ustedes mis queridos lectores si hare la continuacion como habia planeado de este fic ;D este sera publicado esta semana espero que les guste tambien pues como podran ver hay aun asuntitos pendientes jejeje ;D ¿quien sera ese pelirrojo? mejor dicho ¿quien lo contrato? creo que lo saben jejeje
bueno en fin aqui termina el fic matrimonio, pero esperen la continuacion :D
saludos lindo inicio de semana.
