Holaa! C: aquí traigo el nuevo capítulo del cuarto año de Sarada. Se me dificulta un poco poner escenas SasuSaku sin Sasuke ahí ;_; pero bueno x'D, ese no es el punto de la historia sino Sarada. Estoy pensando en hacer una continuación a este fic; este se trató de los once años que la pequeña pasó sin su padre, el próximo será de la vida de Sarada con su familia completamente reunida y ella siendo toda una ninja c: obvio, habrá SasuSaku y NariHina, pero la pareja principal de ese fic sería Boruto y Sarada.
En fin!, disfruten….
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Bloque 4.1
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El tío amarillo.
Sarada paseaba con sus manos llenas de colores y hojas, unas blancas y otras con monos muy raros dibujados en ellas. Se instalaba en un lugar, dibujaba una de sus raras obras de arte y se movía a otro lugar. Terminó colocándose en la mesa de centro.
─ ¡Sarada! ─ Gritó Sakura desde la cocina─ ¿Qué haces?
─¡Dibujo! ─ Y movía sus manitas tan rápido con el crayón, que terminó saliéndose de la hoja y marcando parte de la mesa.
Sakura preparaba el almuerzo para las visitas, Naruto y Hinata habían planeado ir para charlar un poco y servía que Sarada conocía a su próximo compañero de preescolar.
Hacía ya tiempo que Sakura y Naruto no se veían. Aún recordaba la cara del séptimo cuando le presentaron a la recién nacida Sarada Uchiha. La idea de tomarle una foto a su rostro no dejaba de pasar por su cabeza… '¿¡Sarada!?' gritaba, tan escandaloso como siempre.
Además quería ver cómo iba el embarazo de la chica Hyuga, una nena… otra hermosa nena (aparte de su hija) caminando por Konoha.
No pasó mucho tiempo cuando sonó el timbre de la casa. Sakura se apresuró a dejar el último plato reluciente en la mesa y corrió a abrir.
─¡Sakura-chan! ─ Gritó el séptimo, escandaloso aún a esa edad.
─Sakura-chan─ Contrastándole, tal como el Ying y el Yang, Hinata le hizo una educada y amigable reverencia mientras le sonreía genuinamente.
─Naruto, Hinara─ Animada abrazó a los dos obteniendo de vuelta un apretón, y cuando volteó hacia abajo pudo ver el mismo cabello amarillo y puntiagudo del mayor.
─Y tú debes ser Boruto…─ Le sonrió. El niño le obsequió una de sus típicas sonrisas resplandecientes, pero tímidamente se refugió tras las piernas de su madre. ─¡Pasen!
La familia del Hokage entró cómodamente, aunque Sakura y Hinata no hablaran mucho ambas estaban agradecidas la una con la otra, una por amar y tratar de proteger tanto a su mejor amigo y compañero, y la otra por nunca haber dejado solo a Naruto en todo su camino ninja, incluso cuando le salvó la vida en la cuarta guerra. Así que, la amistad que ambas tenían era muy fuerte. Naruto siempre lo decía, la familia Uchiha y la familia Uzumaki eran una sola.
Boruto entró a la sala siguiendo los pasos de Hinata, cuando entraron lo primero que llamó su atención era la pequeña niña en vestido rosa que dibujaba garabatos en una hoja de papel. Tenía unos hojos muy brillantes ocultos detrás de esos lentes y una sonrisa encantadora, Hinata fue la primera en acercarse a ella para saludarla y cargarla un poco, muy poco ya que la pequeña era bastante grande a sus cuatro años y no le haría bien a su embarazo. El segundo el hablarle fue Naruto.
Siempre tan escandaloso…
─¡Sarada-chan! ─ Gritó y la tomó entre brazos para elevarla hasta el cielo… o hasta el techo de la casa─ ¡Eres tan grande!, si sigues así alcanzarás a Boruto.
Este último aún no se animaba a hablarle, Sarada reía en los brazos de Naruto mientras él le daba vueltas. 'La hija del teme…' pensaba, pues era una encantadora niña, y al ver lo encantadora que era no podía parar de imaginar lo encantadora que sería la suya.
─Ya está servido─ Sakura salió de la cocina con un delantal blanco floreado y una sonrisa en su rostro. Naruto y Sarada eran lo más cercano que tenía a Sasuke.
Minútos después…
─¡Sí, Sarada-chan!, el tío Naruto es el séptimo Hokage, ¿puedes creeerlo? ─ Le decía Naruto mientras se llenaba la boca de comida─ Te lo ju-gro, te pgo-tejere─ Maticaba.
─Naruto-kun, no hables con la boca llena, cariño─ Se sonrojó Hinata al notar su última palabra. 'Cariño'… aún se sorprendía al darse cuenta de que podía darse el lujo de llamarlo cariño sin sentir pena.
─El tío─ Repetía Sarada. Sí había visto a Naruto antes pero era la primera vez que él le decía que era su tío, pues las otras veces no había tenido ni tiempo de llegar a hablarle con lo ocupado que era el ser Hokage.
La cena fue de maravilla, Sakura y Naruto recordaban los viejos tiempos junto con Hinata, ambas reían juntas recordando las estupideces que hacía o decía el chico. Boruto y Sarada se la pasaron comiendo, ni siquiera hablaron. Era raro, le decían que él sería su compañerito en la escuela, pero ella ni siquiera sabía qué era la escuela.
Cuando se fueron, Sarada los veía desde la ventana. 'El tío amarillo' pensaba, pues ni siquiera había recordado su nombre, pero sabía que era alguien importante que debía recordar.
….
El regalo de papá.
Sasuke no se detenía a hacer paradas inútiles en su investigación. Él iba a lo que iba. Exacto, a comprar ese oso… espera, ¿qué?
Todo empezó cuando su investigación lo llevó a una aldea un poco retirada de Konoha, él iba tranquilo con su capa negra cubriendo de manera efectiva su katana, su brazo a medias ya no necesitaba vendajes puesto que la herida hace mucho había sanado y su cabello había crecido un poco. La mañana iba bien hasta que empezó a ver a los niños corriendo al jardín, unos solos, otros con más niños, pero lo que más le llamó la atención en ese momento de soledad fue ver a un niño corriendo de la mano de su madre.
A su mente llegó la pregunta…'¿Cómo estará Sarada?', obviamente también cierta pelirosa hacía presencia en su mente, pero Sakura era una adulta, sabía la situación y la ausencia de Sasuke… pero, ¿y Sarada?, ¿ella no se preguntaba por su padre?, ¿no se sentía triste al ver a los niños corriendo de la mano de sus padres, ambos?... No quería que esos pensamientos lo distrajeran, 'Tonterías', pensó. Además, él a esa edad lo púnico que quería era la aprobación de papá, de mamá, incluso de Itachi; quería ponerse retos, capturar huellas de gatos como Itachi le había impuesto… Pero él era un niño… sabrá Dios qué cruzaba por la mente de una niña pequeña.
¿Ella quisiera verlo?, seguía tratando de alejar ese tipo de pensamientos pero no podía, ¿Sarada lo olvidaría?... Cuando el volviese, ¿lo aceptaría? '¡Estupideces!' volvió a pensar.
Siguió andando entre los aldeanos y los puestos cuando de la nada al voltear a su derecha observó varios osos de peluche, eran del tamaño de un niño de cinco o seis años, eran bastante grandes. Siguió avanzando, él no se pararía ahí en cualquier puesto sólo para comprar un oso de peluche para su hija. Para su hija que lo merecía todo, para la niña que él había engendrado junto a la mujer que amaba, para la pequeña que sufría la ausencia de su padre que un simple oso no arreglaría nada… obviamente lo compró.
¡Pero él no lo haría!, él no se rebajaría, pero nadie dijo nada sobre la imitación de Naruto comprando el peluche. Qué útil le fue Naruto en ese momento.
Sasuke estaba sentado en un árbol frondoso a la salida de la aldea cuando la imitación del Hokage llegó frente a él para desaparecer en una nube de humo. El oso aterrizó en el brazo de Sasuke.
Tal vez Sasuke no se daba cuenta, de que aquel oso, un oso entre cientos y miles de osos, sería el muñeco más especial en la faz de la tierra, no se había puesto a pensar en ese momento que Sarada Uchiha recibiría el primer obsequio de su padre, el que sí existía, el padre que aunque en ese momento no estuviese con ella… ella tenía un padre.
