Sarada
Uchiha
Bloque 7-1
'Sakura y el truco de la aguja'
Sakura y su pequeña de siete años estaban juntas en la sala, disfrutaban del calor de su hogar mientras que afuera hacía un frío del infierno. La pelirosa cosía un moño para Sarada, le encantaba ese moño y siempre lo usaba en su blusa blanca, pero de tanto ponerlo y quitarlo varias veces se le había perdido, así que la pelirosa decidió coserlo y que dejara de molestar con sus 'Mamá, ¿y mi moño?'.
-Sarada- le llamó- ve por un poco de agua para mamá- Pero Sarada estaba en esa etapa rebelde en la que el niño deja de obedecer a sus padres y tratar de hacer las cosas por su cuenta y sólo para ellos.
-No. Ve tú.- Sakura estaba harta de esa etapa, amaba a su pequeña hija y como toda madre quería lo mejor para ella y que ni el viento la tocase, pero con su caracter tan pesado que tenía la pelirosa... tenía que ponerse firme. ¡¿Pero cómo?!, con aquella criatura tan hermosa que tenía enfrente, ¿cómo regañarla?, tal vez cuando tenga más experiencia como madre, o cuando le encontrara el modo a Sarada podría, pero ahora... siete años no bastaban para que ella pudiera gritarle a la niña.
-Sarada- Le sonrió- ¿Nunca te eh mostrado el truco de la aguja?
-¿La abuja?- Imitó Sarada.
-Aguja, cariño, aguja. Mira...-Tomó una aguja sin hilo que tenía en su caja de costura- Presta atención eh...-Pero sin que sarada se diera cuenta, en la otra mano tenía una aguja igual a la que 'metía' a su boca, y de la nada, una mano metió una aguja por su boca y la otra la sacó por detras de su cuello.
-¡WOW!- exclamó- ¡Hazlo de nuevo!, ¡de nuevo!
-¿Sí?- Le sonrió Sakura, había caído en su truco- Ok, pero sólo una vez más, ¿ok?- volvió a fingir que introducía la aguja por su garganta, pero esta vez su cara quedó en blanco, sus ojos se exaltaron y empezó a agitarse- S-Sara...da...-Hacía señas hacia su garganta donde se alojaba la aguja que se había caído antes de que la sacara
-¿Mamá?- Los ojos de Sarada se empezaron a llenar de lagrimas- ¡¿Mami?!
-A...A-Agua... Ag...ua- Decía Sakura con dificultad. Sarada corrió inmediatamente a la cosina a llenar un baso de agua y darselo a la pelirosa, la cual lo tomó hasta el fondo.
-¡AAh!- Exclamó de alivio- Sarada... me salvaste la vida- Decía mientras secaba las lagrimas del rostro de su hija y ocultaba en su mano dos afiladas agujas.
-¿Estás bien, mami?- Preguntó inocentemente la niña.
...
La decepción de Sarada
Sakura tendía las sabanas blancas tras de su casa. El viento del invierno soplaba un poco pero nada que unos ganchos no pudieran solucionar. Sarada había llegado de la escuela para dormir, desde que iba a la academia no dejaba de estudiar y ensayar alguno que otro jutsu que nunca le funcionaban... era como si no tuviera motivación para hacerlos, y estos eran jutsus especiales del clan Uchiha, su clan.
Su madre le había dicho que en cualquier momento podría regresar papá, así que Sarada quería sorprenderlo aprendiendo algunos jutsus de su clan tan especial y temido... pero nada. Ningún jutsu le salía y Sakura lo notaba.
Debía admitir que su corazón se quebraba lentamente al ver a su pequeña de esa manera, se arrepentía de haberle dicho esas palabras que usó para que la niña no estuviese triste... pero sólo lo había arruinado todo.
-Sarada- Entró a su cuarto- la cena ya casi está lista, amor... ¿Sarada?- Las luces iluminaron la habitación dejando ver a un pequeño bulto envuelto entre cobijas y almohadas con dos enormes osos a su alrededor, uno que su padre le había dado y un conejito que Naruto le obsequió en su cumpleaños. Ella pensaba que era porque, como el mismo Naruto había dicho, toda la aldea era su familia y todos le importaban, sin embargo era más por el hecho de ser la pequeña hija de sus dos mejores amigos, una que había visto de bebé y que consideraba incluso como una hija.
Sakura salió para remover el estofado, esa niña le estaba dando una buena preocupación y culpa. Sabía que Sasuke no volvería aún... y no volvió; ni al siguiente día, ni al siguiente, ni al mes, ni al año, ni a los dos años... él no volvía.
-Papá...
