Segundo relato cortito, aunque ligeramente mayor que el anterior. ¡Muchas gracias de antemano por haber comentado y/o leído! Eso significa que os gusta, y si os gusta, pues obviamente seguimos.
¿Qué pasaría si…?
¿…Sucrette le pidiese ayuda a Nathaniel para comprarle un regalo a alguien especial?
Apenas llegaron al centro comercial y Nathaniel volvió a dudar del porqué estaba allí. Cuidado, que esto no significaba que que no le entusiasmase la idea de pasar un día agradable con Sucrette, sin embargo era el motivo que los había terminado llevando al lugar lo que le preocupaba realmente. Fue precisamente al día anterior cuando la chica se plantó frente a él y, con una sonrisa a la que difícilmente podría decirle que no, le pidió que la acompañase allí. En un primer momento habría accedido fácilmente, sin embargo fueron sus siguientes palabras las que le hicieron dudar de verdad…
Y aquí venía el problema. Según le dijo ella, quería comprarle un regalo a alguien especial –¡siquiera mencionó su nombre!– y necesitaba su ayuda.
¿Quién era ese alguien? ¿Le conocía? ¿Era alguno de sus compañeros? ¿Una de las chicas? ¿O… uno de los chicos? Y más importante aún…
… … ¿Por qué no quería decirle su nombre?
Nathaniel suspiró.
—De verdad, Sucrette, no entiendo por qué precisamente yo…
La chica rodó los ojos al volverlo oír replicarle lo mismo que minutos antes.
—Ya te lo he dicho. Quiero comprarle un regalo a una persona, pero nunca consigo acertar. —Lo miró fijamente—. Y no es algo que pueda decidir yo sola.
Nathaniel frunció el ceño de forma casi imperceptible. Ya había mencionado a esa "persona" antes, sin embargo no entendía por qué motivo siquiera podía decir su nombre. ¿Por qué esconderle esa información? ¿Acaso había algún motivo oculto? Era obvio que sí, y esto era algo que irritaba de sobremanera, aunque en ningún momento quiso hacérselo ver. Suspiró.
—Entiendo que quieras asegurarte de hacerle un buen regalo a esa persona, sin embargo no entiendo por qué motivo tengo que ser yo precisamente quien te ayude a elegirlo.
Sucrette siguió caminando en busca de la tienda adecuada. Apenas le dio importancia a su pregunta.
—Porque tiene gustos similares a los tuyos —respondió, encogiéndose de hombros. Nathaniel negó con la cabeza.
—¿Similares a los míos? ¿Y qué significa eso?
—Pues que está obsesionado con los libros, como tú —concluyó.
Ahí lo tenía. La primera pista sobre la identidad de esa persona misteriosa de la que Sucrette no quería hablarle. Y ahora lo entendía todo, por supuesto. El motivo por el que no había querido decirle ni una sola palabra sobre ello: ¡se trataba de un chico! Es decir, un chico cuyo nombre no había querido decirle. No había que ser muy listo para saber el motivo por el que la chica había querido llevar todo esto con semejante cuidado.
—¿Te pasa algo? —le preguntó ella de pronto, mirándolo con una expresión curiosa. Nathaniel se recompuso rápidamente. Tampoco era cuestión de empezar a actuar de forma extraña delante de ella.
—No, ¿por qué? — Sin embargo no pudo evitar emitir cierto resentimiento en su voz. No por la chica, si no por el motivo que los había llevado allí.
Encogiéndose de hombros, Sucrette lo miró de reojo y sonrió ligeramente, a lo que el rubio no pudo evitar sonrojarse. Aun con esto, por un momento Nathaniel pudo jurar que detrás de esa inocente sonrisa se escondía un secreto completamente oculto a su vista.
Esto le hizo pensar. En un primer momento lo único que quería era acabar rápidamente con este asunto, irse a su casa, y olvidarse completamente de ello. Sin embargo, si había algo que tenía claro ahora era que no podía olvidarse de ello. Y lo decidió. Tenía que averiguar de quien se trataba la persona. En realidad esto siquiera debería ser algo que le preocupase, y más aún cuando él mismo era el primero en concederle cierta privacidad a la gente en cuanto a sus asuntos personales se refiere. Sin embargo era algo que también le afectaba a él, de alguna manera. Así que… ¿por qué no?
—¿Te parece bien esta tienda? —preguntó Sucrette de pronto. Nathaniel se detuvo junto a ella y observó a su alrededor el lugar en el que se encontraban. Vingir, por supuesto. No podía ser otra tienda.
—Por supuesto —respondió. La verdad es que adoraba ese sitio. No conocía una tienda mejor en la que pasar el tiempo que esa. Se volvió hacia Sucrette—. ¿Y bien? ¿Qué es lo que buscas exactamente?
La chica se encogió de hombros.
—No lo sé. Por eso te he traído, ¿no? Elige tú algo.
El rubio no pudo más que sonreír con suavidad ante semejante respuesta.
—Que a dos personas les guste leer no significa que tengan los mismos gustos. Supongo que ya sabrás eso, ¿verdad?
—Por supuesto que sí. ¿A qué viene eso?
Se encogió de hombros.
—Necesitaría conocer algo más sobre ese alguien especial —Nathaniel no supo exactamente qué es lo que pasó entonces por la cabeza de Sucrette, pero en cuanto soltó esas palabras las mejillas de la chica tomaron de pronto un evidente tono rosado.
—Oye —replicó ella, desviando la mirada—, ¿quién ha dicho que es especial?
Nathaniel rodó los ojos.
—Tú. Ayer mismo. ¿No lo recuerdas? — Carraspeó un poco—. "Tienes que acompañarme para comprarle un regalo a alguien especial".
—Y-ya. Bueno… —murmuró, encogiéndose de hombros con aparente indiferencia. Dejando el tema de lado, se llevó un dedo a los labios en gesto pensativo—. Supongo… que le gustan mucho los libros de policías.
—¿De verdad? —El rubio alzó una ceja—. No conozco a nadie así en el instituto. ¿Me dices de quien se trata? —probó.
Sucrette rodó los ojos con una sonrisa.
—No.
—¿No?
—No. Ya te enterarás. —Nathaniel apretó fuertemente los labios. No sabía si debía tomarse bien eso. En cualquier caso, decidió dejar de insistir y seguir con aquello que los había llevado allí.
—Está bien. Libros policíacos. ¿Algo más?
Sucrette asintió, preparada para esa pregunta.
—Siempre suele estar al día, así que cuando le regalo algo resulta que ya lo tiene —concluyó ella, y en su voz fue claramente perceptible la decepción de la chica en lo referente a este tema. Nathaniel la observó detenidamente por unos segundos.
—Ya sabes… —murmuró—. Que le regales a alguien una cosa que ya tiene solo demuestra lo mucho que la conoces.
—Ya, pero… —Soltó un bufido, paseando la mirada por la tienda—. No estaría mal por una vez hacer un regalo original, que no haya tenido antes.
—Ya… ¿Has probado a regalarle algo diferente a un libro? —probó, echando un vistazo largo a una de las estanterías en busca de algún título interesante. Miró de reojo a Sucrette a esperas de una respuesta.
—¿Qué? —Parpadeó, atónita—. ¿Y eso por qué?
—Dices que no consigues acertar porque lo que le regalas ya lo tiene, ¿no? —Ella asintió—. Pues simplemente asegúrate de regalarle algo que sepas con seguridad que no tiene —concluyó—. Si eres tú quien se lo regala, seguro que le gustará.
En cuanto Nathaniel concluyó esta frase, la expresión de Sucrette, pensativa por unos segundos cambió de golpe, pasando a lucir de pronto una gran sonrisa señal de haber logrado dar con la idea adecuada. El chico pudo ver en el brillo de sus ojos cómo finalmente todo había tomado sentido para ella.
Sonrió.
—Supongo que no vas a decirme en qué estás pensando, ¿verdad? —Negó lentamente con la cabeza sin dejar de sonreír—. ¿Prefieres ir tú sola? —Ella asintió.
—¿No te importa, no? —preguntó, mirándolo con algo de impaciencia. En cuanto el rubio negó con la cabeza, y tras agradecerle, se despidió rápidamente y arrancó a correr, dejándolo solo en la tienda.
Suspiró. ¿Qué importaba que fuese a hacerle un regalo a otra persona? Él había sido quien había pasado un día con ella. Eso era suficiente.
Eso al menos en principio. Pues la expresión de Nathaniel al día siguiente al ver el peluche de gato de metro y medio junto a su taquilla no tuvo precio. Castiel hizo una foto. Bueno, en realidad hizo varias. Y Peggy lo publicó. Pero eso no era lo que contaba.
Lo que de verdad valió la pena para el rubio fue descubrir que de hecho él era la persona especial. Y con eso le bastó.
He decidido responder aquí, ya que así me aseguro de haber respondido a todo el mundo, incluidos los que no tienen cuenta, y evitar olvidarme de nadie. Ahí vamos:
MadGHater: Básicamente, la pereza de Armin quedó completamente reflejada en esa frase xD Aunque obviamente no fuese más que una excusa. Pero el humor sigue ahí. ¡Por cierto! Me alegra mucho que digas que escribo bien :) Seguiré esforzándome por hacerlo así.
PinkyYo: ¡Un Armin sonrojado es definitivamente lo más tierno que hay!^^ Y tienes razón con el tema de Sucrette. Lo que ocurre es que quise darle más importancia a la reacción del chico, pero tendré en cuenta más los pequeños detalles sobre Sucrette de aquí en adelante :)
shionlover: ¿Verdad que sí? Internet está lleno de drabbles sobre ellos, pero es más complicado encontrarlos en esta página. Por eso mismo decidí empezar a ponerlos aquí, así incluso podemos hacer que el fandom se anime un poco~
BRabbit15: Tengo que decir que Armin es también uno de mis favoritos. El que más, de hecho^^ Y me gusta saber que a fans suyas les ha gustado este pequeño corto tanto como a mí. ¡Muchas gracias!
Muchas gracias a todos, tanto los que han leído como los que se han molestado en pararse a comentar :) De verdad lo digo. Actualización, entre dos y cuatro días, espero. A no ser que surja algo que me lo impida. ¡Gracias por estar ahí!
