El señor de negro
Sarada llegaba de la academia, ¡fue genial! Se repetía en la mente. Hoy su sensei les había aplicado la prueba de las shurikens, Sarada la había pasado con éxito, además, su madre le decía que las Shurikens eran la especialidad de su padre, lo llevaba en la sangre.
-Sarada- Escuchó desde arriba. Sakura iba bajando por las escaleras con un paquete rojo en sus brazos- ¿Cómo te fue?
-Bien…-Sarada no despegaba la vista de la caja roja- ¿qué es eso mamá?
-Medicina.
Su madre era la mejor ninja médico que pudiese haber existido, incluso superando a la quinta Hokage. Pero eso inquietaba a Sarada. Ella no quería ser una ninja médico, sino asesina como su padre (No mala, sino fuerte), si bien, su madre era la mujer más fuerte, no quería ser médica… buscaba cualquier excusa para no ser médica.
Sakura no la obligaba a serlo, pero… ella quería ser como su padre y el séptimo, fuerte, poderosa, capaz de proteger aquello que ama… querer ser como alguien que te abandonó desde pequeña, en vez de ser como la persona que más te ama en este mundo y que siempre está a tu bien estar… ¿no era eso una especie de 'traición' hacia su madre?
-Bien.- Y subió hacia su habitación. A decir verdad… No era un día especial sólo por el examen, sino que también lo fue porque, la sombra negra que a veces la seguía estuvo ahí.
Era un secreto de la Uchiha. A veces, una sombra negra la seguía, no muy de cerca ni muy de lejos, no siempre en momentos importantes, a veces cuando estaba de ocio. No le veía la cara, era un hombre en capa negra, pantalones negros, cabello negro… era muy raro. Y bueno a la vez.
Ni ella entendía por qué.
-Varios días después, en la oficina del Hokage-
-Pienso hacer una excursión- Habló la Konohamaru- Ya sabe, hace más de ocho años no sucede nada peligroso, además iremos los senseis de cada grupo.
-¿Cuántos grupos irán?- Naruto tenía las manos en la espalda como un viejo.
-Sólo tres- Aseguró.
-… Sólo tres… Bien, tienes razón, hace mucho no sucede nada. Pero sólo un poco, no muy alejados de Konoha, espero los tres senseis estén bien preparados-Le sonrió- No pienso poner a los niños en riesgo, así que… te los encargo.
-¡Sí!- Sonrió Konohamaru honrado.
-Dos días después, a la salida de Konoha-
Había un alboroto total, niños corriendo de aquí allá, persiguiéndose entre sí, otros reían y charlaban, Sarada sólo se mantenía al margen al lado de Chouchou, quien comía a puños.
-Y le dije-Se echaba un puño de sabritas- ¡No somos novios!, enserio, no sé qué tienen los chicos que mueren por mí. –Sarada sonreía con una gotita en la cabeza.
-Bien- Llegó Konohamaru con Shitsu y Kento- Más les vale estar atentos y listos niños, estos bosques son muy peligrosos- Claro que no lo eran, desde hace ocho años todo era paz y tranquilidad… sólo el hokage y Uchiha Sasuke sabían en realidad lo que pasaba, pero Konohamaru quería infundirles miedo para divertirse más y le tomaran más interés al viaje.
-¿Escucharon eso?- Boruto llegó por detrás junto con Inojin- ¡Esto será grandioso!
-No te exaltes- Sarada acomodó sus gafas- Aunque algo pasara, tú seguramente te quedarías llorando y asustado- Todos los niños alrededor rieron.
-¡Sarada!- Gritó enfadado.
-Bien. Nos dividiremos en grupos de tres- Dijo Kento- Uchiha Sarada, Mitchi Nanami y Mitchi Kohaku, conmigo.
-Uzumaki Boruto- Gritó Konohamaru- Akimichi Chouchou y Nara Shikadai.
-Yamanaka Inojin, Metal Lee y… -Shitsu miró al pequeño niño con insectos en las manos y la cara pintada- Y tú… 'niño raro'- pensó.
El equipo de Sarada se fue en dirección opuesta al de Boruto, y el equipo de Inojin se fue recto, así cada quien anduvo por distintos lares.
El sol no era muy fuerte así que no molestaba, lo que molestaba era ver a Kento-sensei hablar y hablar y hablar… sí, era muy inteligente, ¡pero todo lo que él decía ella ya lo sabía!, por otro lado los dos gemelos, Mitchi Nanami y Mitchi Kohaku, sólo sonreían y asentían interesados en lo que decía el sensei.
-Bah…-Soltó Sarada sin ser escuchada. Era tan aburrido…
Lo que nadie, ni siquiera el sensei había sentido eran a los dos chicos escondidos en las copas de los árboles, pareciera que no se movían, pero aparecían en diferente copa cada instante mientras los observaban desde cada ángulo, hasta que encontraron a su presa. Uchiha Sarada.
-Es ella- Dijo un hombre con una especie de máscara- Es una Uchiha.
-¿Seguro?- Dijo su compañero- No nos vayamos a equivocar, la vez pasada estuvimos espiando a aquella mujer pelinegra sólo por tener el símbolo Uchiha. Y cuando vimos… ni siquiera era el símbolo de ese clan.
-Y por eso matamos a Kinosuke… errores como esos no se pueden perdonar.
El ninja más robusto sacó un Kunai de su manga- ¿Quieres hacerlo?
-No…-Interpuso su brazo deteniéndolo- Hay que esperar… siento una presencia.
Pasaron quince minutos y seguían espiando al pequeño grupo que se movía a paso lento explorando la fauna e investigando los frutos envenenados que no debían comer.
-¿Ahora?
-Sí, olvídalo… creí que alguien nos seguía.
Sarada movía sus pies perezosamente dejando dos canales de tierra por donde habían pasado sus pies arrastrándose. No sintió cuando la tomaron por la espalda, tal vez si hubiese puesto más atención a su alrededor en vez de intentar no quedarse dormida, habría escuchado el crujir de los árboles cuando sus enemigos salieron disparados a toda velocidad.
-¡¿Sarada?!- Kento se puso en posición defensiva frente a los gemelos mientras buscaba a la niña. -¡Byakugan!
Giraba su cabeza en busca de algún enemigo, cuando los encontró estaban justo tras de ellos, sin moverse, con Sarada pataleando en el hombro del más robusto y con sonrisas burlonas.
-Un Hyuuga.
-Niños, atrás- Ordenó el sensei mientras concentraba su chakra dispuesto a atacar.
-Kento-sensei- Dijo Nanami en voz baja mientras señalaba los árboles que empezaban a desintegrarse desde la copa.
-¡¿Q-Qué?!- Abrió los ojos asombrado.
- Yo le llamo, Kane no Jutsu… no será oro, ni un jutso, pero vale más que tu propia vida.
-¡¿Quiénes son ustedes, y por qué tienen a Sarada?!
-No… -Habló fríamente el ninja- la pregunta es… ¿quién eres tú, y por qué te atreves a hablar de esa forma?-Sarada asustada seguía pataleando, tenía la mano del hombre tapando su boca pero en una pequeña oportunidad pudo apartarla y sacar todo el aire de sus pulmones en un grito despavorido. Los pájaros abandonaban asustados sus nidos.
-¿Escuchaste eso, Empu?- Dijo el robusto hombre que la sostenía- Me encanta ese ruido- Sonrió maniáticamente.
-Y te encantará más cuando en realidad esté agonizando de dolor.- Terminó de hablar y se abalanzó hacia el Hyuuga con un kunai en la mano.
Kento bloqueó el ataque dando justo en uno de los puntos vitales del brazo de aquel ninja, pero no le dio tiempo de esquivar el otro brazo que se dirigía a su costado opuesto saliendo así volando por los aires. El ninja bajó la vista hacia los dos pequeños gemelos que estaban temblando.
-Je…- Sonrió. Dio un paso al frente pero volteó curioso hacia atrás, donde Sarada había mordido al otro ninja y pateado una de sus partes vitales… o más bien su miembro masculino. -¿Daio?- Empezó a reír desenfrenadamente mientras el otro ninja se levantaba como si nada hubiera pasado, pero el punto era que aquella niña lo había descolocado un segundo y logró escapar, pero no por mucho.
-¡Ven aquí!- Gritó Daio mientras Empu, confiado en que la atraparía seguía riendo. Kento aprovechó la distracción y se lanzó hacia Empu con un Kunai, fracturando el brazo que ya había golpeado antes atravesando el kunai justo en la unión de su codo.
-¡Argh!- Se quejó- Maldito animal- Levantó el otro brazo y de una cachetada mandó a volar de nuevo al Hyuuga- No hay problema- Decía con dificultad- Los científicos que crearon el ácido del Kane no Jutsu podrán arreglar mi brazo. ¡Daio!, apresúrate.
Sarada corría a toda prisa pero sus pasos eran muy pequeños y todo empeoró cuando tropezó con una rama a medio camino. Se quejó del dolor y vio hacia atrás donde venía Daio enojado y justo cuando estuvo a punto de agarrarla Sarada perdió la conciencia del miedo y la impresión…
-Sarada…- Alguien la llamaba.
-Sarada-chan… ¡Sarada!- Abrió los ojos de golpe reaccionando al último recuerdo que tenía, ¿y aquellos hombres?, ella se encontraba en los brazos de Konohamaru- sensei- ¡Aaah!- Suspiró de alivio- Nos diste un buen susto, Sarada.- La pequeña parpadeó un par de veces.
-¿Y… Y los hombres?, ¿Y Kento-sensei?- Dijo asustada al recordar a su profesor herido.
-No te preocupes- Le sonrió Nanami- El señor de negro se encargó de todo.
-¿E-El… señor de n-negro?
