Aquí vamos de nuevo, esta vez con Castiel. ¿Cómo va vuestro nivel de fanatismo con este chico? ¡El segundo en mi lista, después del gamer! Y aun así el relato más largo que ha salido por ahora. Esperemos que os guste.
¿Qué pasaría si…?
¿…Sucrette empezase a rehuir a Castiel sin motivo aparente?
Castiel observó con irritación a la chica sentada cuatro mesas más adelante. No entendía nada. Se suponía que ambos se llevaban bien. Él se burlaba de ella, y ella saltaba y le soltaba alguna tontería. Se hablaban en los pasillos. Se saludaban. Incluso bromeaban entre ellos. Todo iba bien. Y en teoría debería seguir siendo así.
Pero entonces… ¡¿por qué demonios había ignorado por completo su presencia esa mañana?!
Todo el mundo en el instituto conocía perfectamente su carácter, y sabían muy bien, Sucrette incluida, que si había algo que le molestase de verdad, además de la existencia del delegado, era que le ignorasen de esa manera. Cuidado: sí que era cierto, y tenía que admitirlo, que ese día no había llegado con el mejor humor del mundo, sin embargo eso no era en absoluto un justificante para tratarlo de esa forma. ¡Ni siquiera le había contestado mal, por favor! ¿Desde cuándo un "buenos días, tabla de planchar" podía considerarse algo ofensivo? Lo peor no era que no hubiese reaccionado bien, sino que siquiera había reaccionado. En realidad en ese momento Sucrette se había limitado a mirarlo como quien mira una piedra. Sin reacción. Sin siquiera una emoción. Como si su persona hubiese dejado de tener importancia para ella. Oh, y eso le molestaba. Y mucho.
…¿Cómo se atrevía a hacerle eso?
No es que ahora quisiese parecer un maldito psicópata acosador –ni nada por el estilo–, pero si había algo que tenía claro es que esto no iba a quedar así.
¿Pero cómo abordar el tema? Por supuesto, su primer impulso fue el de ir directamente a echarle en cara el problema y reclamarle una explicación. Ya lo había hecho antes. No siempre le había funcionado como debía, pero al menos algo podía sacar de eso. Sin embargo sentía que esta reacción podía ser realmente exagerada teniendo en cuenta que la chica solo lo había ignorado una vez. Quizá incluso no lo hubiese oído. Podría darse el caso que hubiese estado tan distraída como para siquiera caer en su presencia. No era nada descabellado pensar en ello, teniendo en cuenta su expediente…
—Dime, Castiel. ¿Hay algún motivo que explique el que estés mirando a Sucrette como si fueses un psicópata acosador? —preguntó una voz junto a él. A regañadientes, apartó la mirada de la chica y se volvió hacia su derecha. Lysandro lo observaba con esa fachada de tranquilidad tan propia de él, aunque como amigo suyo, no le fue difícil notar algo de curiosidad en su voz. Rodó los ojos.
—No digas tonterías. ¿Por qué iba yo estar mirando a nadie? —le replicó, clavando la vista en la profesora, aunque sin molestarse obviamente en escuchar lo que estaba explicando. Esto no fue más que un movimiento hecho para evitar la mirada incrédula de su amigo.
El otro frunció ligeramente el ceño ante esto.
—¿Ha pasado algo?
—Nada —le ladró.
Lysandro asintió con tranquilidad. No era idiota. Si algo había aprendido de Castiel a lo largo del tiempo era que era absurdo intentar sonsacarle nada cuando se encontraba en semejante estado de ánimo. Y sin embargo era obvio que al chico sí que le pasaba algo. Prueba de esto fue el que no pasaran más de diez segundos hasta que el pelirrojo se diese por vencido y le hablase de nuevo, probablemente por necesidad de desahogo.
—¿Puedes creer que la idiota de Sucrette me haya ignorado? —gruñó. Lysandro soltó aire lentamente. Hablar con Castiel podía equipararse a cruzar un campo de minas, descalzo, y completamente ciego. Debía ir con mucho cuidado si no quería que nada le estallase en la cara.
—¿Y cuándo ha pasado eso? —preguntó, con el tono más conciliador que pudo.
—Antes de clase, cuando nos cruzamos en la puerta —respondió—. Y sin motivo.
—¿Estás seguro? Me cuesta mucho creer eso de ella…
—¿Insinúas que miento?
—Yo no he dicho eso —aclaró rápidamente, viendo la reacción de su amigo. Lo último que quería en ese momento era empeorarlo todo—. ¿Podría ser —intentó de nuevo, buscando con cuidado las palabras adecuadas— que le hubieses dicho algo que pudiese haberla ofendido?
—¿Por quién me has tomado? —le replicó. El otro lo miró en silencio, con una ceja alzada. Castiel tampoco tardó mucho tiempo en darse cuenta de sus palabras, a lo que decidió rectificar. Se cruzó de brazos y reclinó en su silla—. No. No que yo sepa. —Lysandro siguió sin decir nada, a esperas de una respuesta realista. Castiel soltó un gruñido, volviendo una vez más la mirada hacia la chica—. Ayer me burlé un poco de ella, ¡pero no fue nada! Y ella me replicó. Así que nada, lo normal.
—Es decir, que ayer todavía te hablaba… —murmuró, más para sí que para el otro—. Entonces el foco del conflicto se encuentra en esta mañana. ¿Le dijiste o hiciste algo antes de llegar a clase?
Castiel se paró a pensar en ello. Si bien su expresión de enfado no había desaparecido, en estos minutos al menos había logrado relajarse un poco. Ahora que se paraba a pensarlo, sí que se la había encontrado antes. De camino al instituto, apenas se detuvo cuando la vio, pues venía hablando acompañada de uno de los gemelos. Cuando paso junto a ambos siquiera se paró a saludar, aunque en ese momento podría jurar que ninguno de los dos cayó en su presencia.
¿Podría ser eso? ¿Podría ser que en un arrebato de niña pequeña se hubiese enfadado por ignorarla y ahora fuese ella quien lo ignoraba a él?
—Ya puede prepararse… —murmuró, prácticamente en un gruñido. Lysandro lo miró con preocupación, sin embargo decidió que lo mejor sería dejar al chico arreglar las cosas por su cuenta. No tenía intención alguna de meterse más.
La clase pasó relativamente lenta para Castiel, ahora que tenía claro su objetivo. En cuanto sonase la campana, se levantaría e iría rápidamente a por Sucrette, antes de que a ella se le ocurriese la brillante idea de salir del aula y perderse por el instituto, como era habitual.
Finalmente el timbre sonó, y como tenía pensado, se levantó rápidamente para dirigirse directo a ella.
—¡¿Se puede saber qué pasa contigo?! —prácticamente le gritó, atrayendo con ello la atención de una buena parte del alumnado. Sin embargo al ver a quien pertenecían los gritos, rodaron los ojos y volvieron a sus cosas. En cuanto a Castiel, cabe decir que esa no era precisamente la mejor manera de empezar las cosas, sin embargo era lo que le había salido, y tampoco es como si pudiese dar marcha atrás.
Se cruzó de brazos en cuanto Sucrette lo miró, mostrando una expresión completamente atónita. El pelirrojo le mantuvo la vista a esperas de una respuesta. Y eso fue todo. No hizo nada más. Ni una réplica. Ni siquiera un monótono "¿qué?". ¡Ab-so-lu-ta-men-te NADA!
Lo peor fue cuando ella volvió a darle la espalda para seguir guardando sus cosas. Castiel no podía creérselo. Frunció más el ceño, si cabía.
—¿Me estás escuchando? —preguntó. Dio la vuelta a la mesa para colocarse de nuevo frente a ella—. Te he hecho una pregunta. ¿Vas a dignarte a responderme? ¡Sucrette!
La chica lo miró de pronto, como si en ese momento Castiel hubiese dicho algo increíblemente importante. Y aun ni con eso siguió sin hablar. Se limitó a seguir mirándolo, como si estuviese esperando algo de él. ¿Pero qué demonios pasaba por la cabeza de esa chica? ¿Acaso se había quedado sorda?
—¡Maldita sea! ¿Me estás escuchando? ¡Si es así al menos moléstate en asentir, maldición! —le gritó. De verdad, ¡de verdad!, que su paciencia empezaba a agotarse si es que no se había agotado ya. ¡Y la chica asintió ¿Acaso podía ser la situación más creíble?—. Oh, ¿ahora sí que me oyes? —le replicó, con una voz cargada de sarcasmo—. Mira Sucrette, te juro que si no me respondes ahora mismo…
De pronto Alexy apareció junto a ellos con una sonrisa radiante.
—Ey, ¿cómo va todo por aquí? —preguntó, mirándolos a ambos de forma divertida. Castiel le prestó la justa atención, pues no le interesaba nada de lo que tuviera que decirles. Sin embargo Sucrette reaccionó ante su llegada, volviéndose hacia él con el ceño bien fruncido. Lo que más le extrañó al pelirrojo fue que continuó sin decir palabra.
La sonrisa de Alexy se amplió aún más ante esto.
—Sinceramente, creo que si sigues ignorando de esa forma a Castiel, se va a enfadar muuuuucho. No sé si me entiendes… —concluyó, señalándolo a él con un gesto de cabeza. Y tenía razón. A estas alturas, el chico estaba más que indignado con la situación. Por su parte la chica siguió mirándolo, prácticamente atravesándolo con la mirada.
Y ahora volvía a ignorar su presencia. Castiel estalló.
—¡SUCRETTE!
—¡Al fin!
Miró atónito a la chica. Finalmente había hablado.
—¿Pero qué…? —Ella se volvió hacia él con una sonrisa.
—No podía hablar. Alexy había atrapado mi nombre, y no podía decir nada hasta que alguien lo dijese tres veces. —Suspiró con dramatismo—. ¿Quién iba a decir que serías tú quien lo hiciese?
Castiel parpadeó atónito. Por unos segundos ni siquiera supo qué responder.
—¿Decir tu nombre… —respiró hondo para no matarla—…tres veces?
La chica lo miró con una expresión de sinceras disculpas.
—Fue cosa de Alexy —repitió, señalando con un gesto vago al aludido, quien al ver la reacción del pelirrojo había tomado la sabia decisión de abandonar rápidamente el lugar, dejando a su amiga a su suerte—. Fue él quien lo empezó todo —continuó ella—. Si hablaba entonces perdía. —Y a Castiel no le bastó nada más.
—¡Maldita sea! ¡¿Me estás diciendo que me he pasado una hora entera preocupándome para nada?!
—¡Oooh~! ¿Te habías preocupado por mí? —respondió Sucrette, sonriendo ampliamente. Al darse cuenta de lo que acababa de decir el pelirrojo no pudo evitar sonrojarse. Sin embargo esto no le impidió replicarle.
—¡Más quisieras! ¡Sigue soñando, tabla de planchar! —exclamó, dando media vuelta y empezando a dirigirse hacia la puerta. Aun así la chica todavía no había dicho la última palabra.
—¡Di lo que quieras! ¡Te has puesto así por mí~! —No se molestó en replicarle.
Una vez llegó a fuera, sin detener su marcha, se dio la libertad de mostrar una sonrisa de alivio apenas imperceptible. Ella era idiota, de eso no cabía duda alguna. Pero lo más importante: todo seguía como siempre.
PinkyYo: ¡El gato de medio metro que todos queremos~! Completamente de acuerdo en cuanto a Nathaniel. Definitivamente no sería él sin esa tendencia a sonrojarse por cualquier cosa xD Si lo piensas, ¡es quien más lo hace en todo el juego!
AiliGuby: Un peluche de perro marchando. Pero solo nos quedan de tres metros. ¿Eso te vale? Aiiiiish, me gusta mucho que me digáis que escribo bien, no tenéis idea de lo que me anima eso. ¡Gracias!
shionlover: Pues sí, y de hecho el capítulo donde se lo regalaba me gustó mucho. Aunque me habría gustado quedarme con ese gato xD ¿Entonces Nath es tu favorito? Yo lo sitúoooo, el cuarto en mi lista xD
Gill o'Teen: Spamea todo lo que quieras, que yo encantada xD Y de nuevo, muchísimas gracias por los ánimos. Gusta mucho oír (bueno, leer) que escribo bien. Así seguiremos n_n
Una vez más, gracias a todos por leer :) Sigo manteniendo la actualización entre los dos y los cuatro días, aunque me gustaría mucho aprovechar este San Valentín para subir uno. Por ello, intentaré por todas que la siguiente llegue el día 14. ¡Adióooos!
