Me siento un poco culpable, porque dije que subiría esto en San Valentín (de hecho tiene relación, y sería lo adecuado), sin embargo me ha sido imposible estar a tiempo. No porque sea largo, que no lo es, sino porque apenas hace unos minutos que acabo de llegar a casa, pese a mis intentos por haber intentado hacerlo antes. ¡Pero vamos! Que tampoco pasa nada. Está aquí, y eso es lo que cuenta. Además, que creo que fuera de España sigue siendo día 14, y eso ya es algo.
¿Qué pasaría si…?
¿… Kentin creyese encontrase a Sucrette declarándose a alguien?
Kentin sintió la imperiosa necesidad de pararse a tomar y soltar aire lentamente cuando llegó ese día a Sweet Amoris. El gran edificio de ladrillo gris se alzaba ante él, sin embargo no de la forma en la que estaba acostumbrado. Por lo visto, a alguien se le había ocurrido la brillantísima idea –nótese el sarcasmo – de decorar la entrada con ridículas pancartas extremadamente rosas y con corazoncitos, anunciando así lo especial de ese día, como si realmente a alguien le importase.
Sintió un escalofrío.
San Valentín.
¿Quién lo mandaría a él salir de la cama esa mañana?
La verdad fuera dicha, y aunque era algo que jamás le confesaría a nadie, debía admitir que al viejo Kentin siempre le había gustado ese día. De hecho no recordaba uno solo en el que no hubiese preparado algo para Sucrette, al menos desde que tenía memoria. Sin embargo este año sería distinto. Por nada del mundo iría detrás de nadie para rogarle por un rato de tiempo juntos. Aunque eso no significaba que no tuviese pensado hacer nada en especial. Y sí, le había comprado algo. Por suerte para él, fue a ella la primera persona que vio nada más cruzar la puerta de entrada.
La chica se volvió en su dirección, sin embargo no fue a él a quien miró.
—Hola, Su-
—¡Armin, ahí estás! —Kentin parpadeó atónito, con el saludo en la boca y sin saber qué decir. Su amiga, quien había pasado junto a él e ignorado por completo su existencia –sin siquiera caer en ello, probablemente –, se dirigió directamente hacia Armin a apenas unos metros tras ellos.
—¡Oh! Sucrette, ¿qué ocurre? —El castaño se volvió hacia ambos. Ya fue indignante que la chica pasara de él de esa forma, pero más aún lo fue el ver cómo el chico en un principio siquiera se molestó en mirarla, pues le pareció más adecuado seguir con su mirada clavada en la dichosa consola.
Kentin se cruzó de brazos. Una cosa era decidir hacer algo por San Valentín para Sucrette. Una muy diferente era hacerlo delante de otra persona. Y ya, si la persona en cuestión era Armin, entonces bien podía irse a su casa, porque ¡ni muerto permitiría hacer algo que ese idiota pudiese usar después en su contra!
Al parecer Sucrette no era la única que había ignorado a su persona, pues Armin tampoco parecía mostrar signo alguno de haberlo visto, lo que para él no significó más que vía libre para escuchar la conversación por la cara.
—Verás, quería pedirte una cosa… —empezó ella, mirando directamente al chico frente a él—. Pero antes dime, ¿sabes qué día es hoy? —Armin dudó.
—Pues… ¿sábado? —Kentin rodó los ojos. Y probablemente Sucrette también.
—No, es miércoles. Los sábados no tenemos clase. Pero tampoco es eso. —Soltó un suspiró—. Es San Valentín. ¿No lo sabías?
—¿En serio? —cuestionó Armin, alzando una ceja—. Pues vale. ¿Y qué pasa con eso?
La chica asintió, y su expresión, antes más animada, pasó a una mucho más reticente y cuidadosa.
—Verás, en relación a eso, quería pedirte… algo —Los ojos de Kentin se ampliaron al escuchar el tono que había adquirido repentinamente su voz, y una ruidosa alarma empezó a sonar en su cabeza. No podía creer lo que estaba pasando. ¡No! No podía ser. ¿De verdad estaba ocurriendo?
¡¿Acaso Sucrette se estaba declarando a otra persona en San Valentín?!
—¿A qué viene esa cara loco que tienes? Espero que no sea permanente, porque me da mal rollo…
—¿Q-qué? —Kentin se volvió hacia su derecha distraído, intentando todavía mantener toda su atención en las personas frente a él sin éxito. Gruñó—. Alexy, ¿qué quieres?
Para horror suyo, el chico, no conforme con hablarle de lado, se situó frente a él con una sonrisa.
—¿Tus padres no te han dicho lo mal que está espiar conversaciones ajenas? —Kentin se sobresaltó al saberse atrapado.
—No espío a nadie —replicó, ceñudo, mirando ahora directamente al chico.
—¡Yaaaa, por supuesto que no! Solo intentas escuchar lo que Armin y Sucrette están diciendo sin que te escuchen. —Rodó los ojos con diversión—. No es lo mismo en absoluto. —A Kentin le rechinaron los dientes.
—Oye, esto es importante, así que si no te importa…
—Pues sí que me importa, la verdad. Pero dejando eso de lado… ¿Me escuchas? ¡Ey! —Chasqueó los dedos ante él, intentando lograr de nuevo la atención que había perdido. Kentin volvió a mirarlo con molestia—. Esta tarde Armin quiere hacer un maratón de películas horribles. ¿Te apuntas? —Kentin abrió la boca para responder. Viéndolo de antemano, Alexy se adelantó—. ¡Y no se te ocurra negarte! ¿En serio vas a dejar que me torturen de esa manera a mí solo? —Se llevó ambas manos a la nuca—. Si vas tú al menos me dejará un poco tranquilo.
—Está bien, está bien —dijo rápidamente, viendo finalmente cómo la chica parecía empezar a irse. Alexy asintió encantado, y tras despedirse se unió rápidamente a ella.
En cuanto ambos desaparecieron por las puertas de una de las aulas, el castaño prácticamente se abalanzó sobre su Armin.
—¡¿Qué quería de ti?! ¡¿Qué es lo que te ha preguntado?!
Si bien en un primer momento el chico no mostró más que sorpresa por su repentina aparición, una sonrisa burlona no tardó demasiado en aparecer, pudiendo leer fácilmente las intenciones del castaño.
—¿Por qué te interesa tanto?
—¿Q-qué…? —Vaciló, sonrojándose en el proceso al sentirse descubierto—. ¡Por nada!
Armin rodó los ojos con una sonrisa que a Kentin le pareció exasperante. Dios, era incluso peor que su hermano.
—Claaaarooo. "Naaada~". Seguro que sí.
Intentó respirar hondo. No podía ser que siempre lograse sacarlo de quicio como si nada. Tenía que controlarse y sonsacarle toda la información posible, y eso solo lograría hacerlo hablándole de forma seria y madura.
—¿Me lo vas a decir o no? —volvió a probar, esta vez con un intento de voz mucho más amable, aunque forzado. Armin ladeó la cabeza sin dejar de sonreír ni por un segundo.
—Pues no.
Sus esperanzas cayeron en un pozo sin fondo. ¿Cómo podía pensar en Armin y "maduro" en la misma frase? Era idiota. Y sí: ahora estaba muy, MUY enfadado.
—¡Vete al diablo!
—¿Me voy contigo?
—¡Aaagh! —Definitivamente, no podía con él. ¿En qué momento había creído realmente que el otro iba a hacerle ningún favor? Empezó a caminar en dirección contraria a él, directo a su primera clase. Tras él, Armin continuó hablando, sin embargo intentó hacer oídos sordos a sus palabras.
—¡Oh, venga, que era broma! —exclamó él, con tono burlón, uniéndose a él sin siquiera pedirle permiso—. ¿En serio te interesa tanto saber lo que Sucrette quería?
Lo miró de reojo. Seguía sin fiarse de él.
—¿Vas a decírmelo? —Armin se encogió de hombros.
—Si de verdad te hace taaaanta ilusión… —Sonrió—. Sucrette me ha pedido si quería salir con ella.
Kentin se detuvo de golpe. En ese momento su cuello podría haberse partido perfectamente por el brusco giro que dio su cabeza al volverse a mirar a su amigo. Esta vez le sorprendió encontrarse a Armin con una mirada completamente seria, señal de que por primera vez en todo el día le estaba hablando de verdad. Esto le hizo sentirse extraño. Entonces ¿Eso era todo? ¿Tantos años detrás de Sucrette… para esto?
—B-bromeas, ¿no…?
—La verdad es que sí.
Y así fue cómo Kentin mató a Armin.
—¡Sucrette!
—¡Ah! ¿Q-qué pasa?
Sin cortarse un pelo, Kentin había entrado a toda velocidad en el aula y plantado frente a la mesa en la que la Sucrette se encontraba hablando amenamente con Rosalya, clavando ambas manos sobre la superficie en el proceso. Miró a la chica con decisión.
—¡¿Se puede saber qué querías de Armin?!
—¿De Armin…? —Sucrette lo miró en un primer momento atónita. Sin embargo, segundos después su expresión se suavizó rápidamente, adquiriendo una expresión algo avergonzada—. No es nada.
—¿Nada?
—Bueno, sí. Pero no es importante.
—Yo creo que sí.
—¿En serio, Sucrette? —Por desgracia para Kentin , Armin volvió a intervenir, aunque esta vez solo de pasada—. Vaya, chica. Me avergüenza que te avergüences… —La chica frunció el ceño.
—No me avergüenzo. Es solo que Kentin no lo entendería.
—¿Qué es lo que yo no entendería?
—Nada.
—Claro que algo. ¡Esto! —Y así fue cómo Armin sacó de su mochila el objeto de la discordia, dejándolo sobre la mesa frente a ambos—. Lo tenía en mi taquilla, qué suerte, ¿no?
Ignorando el rostro ligeramente avergonzado de Sucrette, Kentin lo tomó entre sus manos con un ceño bien marcado y leyó.
—¿San Valentín Sangriento…? —Por un momento se preguntó qué demonios hacía Armin con una cosa así en su taquilla. Pero después volvió a replantearse la pregunta pare centrarse en lo realmente importante…
¿En serio este era el tipo de cosas que le gustaban ahora a Sucrette? Porque si era así, ahora mismo por nada del mundo se molestaría en sacar de su taquilla el oso de peluche que le había comprado tres semanas atrás.
Rosalya, cuya presencia parecía haber sido pasada por alto, soltó un largo suspiro de aburrimiento.
—¿En serio estáis todos ciegos o yo soy la única que ha visto lo increíblemente celoso que es este chico?
Este fic era para Kentin, pero perfectamente podría haber sido para los gemelos. ¿Qué por qué? Bueeeno, pues esto es así: Armin es el enchufado de la autora, y Alexy, su comodín. El primero tuvo que conformarse con un relato de 1000 palabras clavadas, y sentía que necesitaba un poquito más de protagonismo. ¿Y con quien más que con Kentin? ¡Este trío es genial!
PinkyYo: Ey, cuidado, que cuanto más largo, más me lleva y probablemente más tarde en actualizar. Eso es lo bueno de las cosas cortas: que una puede escribirlo en un momento rápido de inspiración :) Eso sí: el humor jamás faltará^^
Lady Imperfect: ¡Pues muchas gracias por eso!^^ Insisto en lo mucho que me anima oír que una escribe bien, fuera de la trama. ¡Y sobre eso! Ni siquiera me lo había planteado, pero me parece una buena idea que seguro que pondré en práctica. Cada capítulo se centra en un personaje, y lo que ahí pase depende solo de su personalidad. Y OBVIAMENTE Alexy tendrá su capítulo. El señor Farrés es el que tendría que pensarme bien, porque no tengo mucha idea ún.
shionlover: No he podido evitar reírme en voz alta (no, pero ALTA) al leer tu primera frase xD Y es que es la descripción exacta de lo que es Alexy. En este mismo capítulo de hecho pasa exactamente eso. Poco a poco todo el instituto caerá ante él xD
MadGHater: Buff, ¿a que sí? Nathaniel puede ser muy inteligente, pero para estas cosas siempre lo he visto un poco cortito, la verdad xD Y ya que estoy, dejo constancia que el haceros reír es mi primera meta. Así que ¡conseguido!
Diamante no Mai: ¡Mu-chas-gra-cias! De hecho la narración es una de las cosas con las que más cuidado suelo tener, además del tema de las faltas. ¡Me alegra mucho saber que es algo que tenéis en cuenta! n_n
El protagonista del siguiente relato no va a ser una sorpresa (¿eeeh, Lyyyys?), aunque sinceramente, tengo que admitir que con este chico es con quien menos ideas tengo. Así que ahora puedo daros paso libre a cualquier idea o petición que se os ocurra y que os apetezca ver aparecer por aquí. Aunque yo seguiré pensando en las mías propias, obviamente ;) ¡Abrazos para todos!
