Allá vamos de nuevo. Tengo que decir que este capítulo es un poquito diferente al resto. No voy a decir en qué, porque eso es como… ¿hola? ¡Spoooileeer! Mejor no, ¿no? En cualquier caso lo que sí diré es que por ahora es el que más me ha gustado. No por el protagonista (que sí, algo que ver también tiene), sino más por el capítulo en sí. No sé. Ya me diréis :)


¿Qué pasaría si…?

¿… Alexy llegase a clase de mal humor y con un moretón en la cara?

Alexy supo que ese día no iba a sonreír.

Esto fue algo que decidió nada más mirarse al espejo esa mañana. El causante de su mal humor no era otro que ese gran cardenal aparecido bajo su ojo derecho. Podía verlo, había incluso empeorado desde el día anterior, cuando apenas era una pequeña marca roja. Eso sí, el dolor seguía siendo igual. Igualmente horrible.

Cómo odiaba a su hermano.

—Sabes que por mucho que lo mires no va a desaparecer, ¿verdad? —Tras él pudo ver el reflejo de su gemelo mirarlo con una expresión completamente seria. Al menos el chico había tenido la decencia de mantener el humor a raya ese día. Alexy no sabía qué le podría llegar a hacer si llegase a burlarse de él por algo como eso.

—Cállate —respondió secamente. Volvió a echarle un último vistazo a esa marca oscura, sin atreverse siquiera a tocarlo. Hacía apenas unos minutos su madre se había encargado de aplicarle un gel para el dolor, algo que Alexy no podría describir más que como la peor de las torturas. Con un suspiro, dio media vuelta y salió del baño, con Armin tras él.

De ser un día normal, lo más probable es que hubiese entrado desprendiendo alegría por los cuatro costados, como era habitual en él. Sin embargo, sin importar cuánto hubiese insistido su hermano de lo contrario, esta vez en cuanto llegaron al instituto el chico hizo lo imposible por pasar desapercibido. Algo ciertamente absurdo, teniendo en cuenta que iba a tener que compartir clase con todos sus compañeros, quienes no dudarían en preguntarle por su nuevo y horrible aspecto.

La primera, desafortunadamente para él, fue Peggy.

—¡¿Pero qué…?!

—¡Sin comentarios, Peggy! ¡Hoy no! —exclamó, pasando por su lado lo más rápido que pudo con tal de dejarla atrás. La chica, sin embargo, no quiso darse por enterada y fue inmediatamente tras él—. ¡Pero no me sigas!

—¡Vas a decirme lo que te ha ocurrido ahora mismo! —le reclamó, logrando atraparlo por la manga y tirando de él para detenerlo. Alexy intentó soltarse, sin embargo era obvio que las ganas de la chica, junto con su afán por la información y los chismes, lograron darle la fuerza suficiente como para detener al chico por al menos unos segundos—. ¡Esto es lo más interesante que ha pasado en Sweet Amoris durante las últimas tres semanas, así que no creas que te vas a escapar así como así!

—Por supuesto que lo creo. ¡Peggy, déjame en paz!

—¡No! ¡Dímelo! —En un rápido movimiento que el otro no se esperó, logró situarse delante de él y detenerle así el paso. Alexy apartó el rostro de ella, intentando ocultar todo lo posible la dichosa marca. Algo en vano, pues Peggy ya la había visto—. Y ahora dime, Alexy: ¿quién te ha hecho esto? Tienes que decírmelo, por el bien de la información, ¡y por el tuyo propio!

—Aunque más por el de la información, ¿no? —le replicó, de forma mordaz, cruzándose de brazos de forma indignada.

—¿Han sido tus padres? —siguió ella, ignorando su réplica.

—¿…Qué? Pfff… —De haber estado de buen humor probablemente se habría reído de verdad, sin embargo no fue capaz más que de soltar un gran bufido contenido y rodar los ojos—. Por favor, Peggy. ¿En serio? ¿Acaso conoces a mis padres?

—¡¿Entonces, quién?!

—¡Peggy, déjalo en paz! —exclamó una voz ajena a ellos.

Y de pronto, la cosa empeoró.

—Sucrette… —Precisamente ella era una de las últimas personas que querría que se enterara. No porque quisiese ocultarle algo así por vergüenza, sino por ella misma. Sabía bien que se preocuparía de sobremanera, y dudaba que hubiese nada que pudiese decir para tranquilizarla.

La chica apareció inmediatamente frente a él, interponiéndose en un intento por dejar a la periodista fuera de esto. Probablemente siquiera supiese lo que estaba ocurriendo, sin embargo no era necesario, teniendo en cuenta que quien estaba protagonizando la escena era Peggy.

—Sucrette, quita de en medio. ¡Tengo que hacer esto!

—No me importa lo que quieras. No puedes ir por ahí acosando así a la gente —expresó, firmemente, llevándose ambas manos a la cadera. En ese momento Alexy decidió intervenir, apartando a su amiga a un lado con suavidad y quedando una vez más cara a cara con la pelinegra.

—Exacto, Peggy. Además, ya te he dicho que no voy a contarte nada. ¿Por qué no te vas a espiar a la directora?

La chica hizo oídos sordos a sus palabras.

—Te lo advierto: me estás obligando a sacar mis propias conclusiones. —Lo amenazó con el dedo—. Lo averiguaré, lo quieras o no.

Frunció el ceño y ladeó la cabeza, llevándose esta vez ambas manos a la nuca.

—Te repito que hoy no estoy de humor —concluyó, entrecerrando los ojos. La chica apenas se inmutó ante esto. Sin embargo el enfado siguió reflejado en su voz.

—Como quieras. De todas formas no puede ser muy difícil. Si no han sido tus padres, entonces solo parece quedar una opción.

—Peggy, ni se te ocurra inventarte nada —saltó esta vez Sucrette—. Ya sabes lo que pasa cuando haces eso.

—¿Qué me importa? Tengo una verdad, y es que alguien ha golpeado a un alumno. Eso bastará.

Y sin decir más palabra, dio media vuelta y se fue echando humos. Ambos la observaron alejarse. No fue hasta que su figura desapareció escaleras arriba que Sucrette no tuvo el valor de volverse hacia él. En un primer momento siquiera le habló, aunque no hizo falta. Su cara era un libro abierto para él. Era evidente que la chica estaba más afectada que lo que intentaba aparentar.

—No es nada —concluyó el chico, viéndosela venir. Sucrette soltó una carcajada carente de humor.

—¡Nada! —exclamó, incrédula. Alexy cerró fuertemente los labios al oír su voz romperse. Parecía que verlo así le había afectado más de lo que creía.

—Ey, Su. Sucrette. Escucha. —La tomó por ambos hombros, intentando centrar su atención en él. Lo último que esperaba ahora era que ella fuese a sacar sus propias conclusiones—. Hablo en serio. No ha sido más que un accidente.

—Sí, claro. Te caíste por accidente contra el pomo de la puerta, ¿no? —le replicó, irónica. Se mordió los labios, sintiendo cómo se le hacía un nudo en la garganta que apenas le dejaba hablar con normalidad. Ver al chico de esa forma solo le daba ganas de llorar. De pronto, alguien decidió intervenir.

—Alexy tiene razón, Sucrette. Puedes creerle. —Ambos se volvieron hacia la voz. Allí plantado se encontraba Armin, uno con una expresión raramente seria. Tenía ambos brazos cruzados.

—¿A qué te refieres? —preguntó la chica, volviéndose hacia él—. ¿Qué ha pasado entonces?

Alexy soltó un bufido.

—Ya te lo he dicho. No es nada grave —repitió, imitando a Sucrette y volviéndose también hacia su hermano, lanzándole una mirada cargada de reproche—. Es simplemente que Armin… decidió abrir la puerta cuando yo estaba al otro lado, pese a haberle advertido de antemano que llegaba. —Rodó los ojos al recordarlo. Armin se sobresaltó al verse nuevamente acusado y chasqueó la lengua.

—¡Que te digo que no te oí!

—¡Y yo te digo que no me lo creo!

La chica los miró a ambos sin saber qué decir.

—¿Entonces solo era eso?

—¿Solo? —repitió Alexy, mirándola—. ¿Pero has visto esta marca? ¡Ni siquiera me atrevo a salir fuera por temor a que me vean! —Negó con la cabeza, indignado—. Esto es horrible…

—Ya te lo he dicho, podrías ponerte un parche… —empezó Armin.

—¡Que no voy a ponerme un parche!

—…y disfrazarte de Nick Fury…

Su hermano chasqueó la lengua.

—Armin, en serio. Vete al infierno.

El pelinegro buscó alguna otra contestación que darle, sin embargo su siguiente frase fue cortada antes siquiera de poder comenzar a decirla. La voz de Kentin empezó a oírse a metros de ellos, desde el fondo del pasillo.

—¡Alexy! ¡¿Es cierto lo que dicen?! —exclamó, acercándose con paso rápido. Cuando los alcanzó, se paró frente al aludido—. ¡Y no te molestes en negarlo, que puedo verlo perfectamente! —le advirtió. Tras esto se inclinó para ver de cerca el cardenal bajo el ojo del chico. Su expresión mostraba absoluta molestia, aunque también algo de preocupación.

—¿Y… qué es lo que dicen? —preguntó Sucrette, temerosa por lo que Peggy pudiese haber dicho. Pudo dar por hecho que había sido ella. ¿Quién sino?

Kentin la miró de reojo, antes de responder.

—Pues que un grupo de matones lo asaltaron al volver de clase —murmuró, y a ninguno de ellos les pasó desapercibido el rencor en su voz. Volvió a mirar la marca en la cara del chico, ceñudo.

—No —negó Armin, buscando corregirle—, en realidad fue…

—Pues sí, me asaltaron —lo cortó de pronto Alexy. Tanto Armin como Sucrette lo miráron atónitos.

—¿Qué? —dijeron, casi al unísono.

—¡Esos bastardos! ¡¿Cómo se atreven a hacerte algo así?! —Por su parte, ahora que había recibido la confirmación Kentin parecía querer romper algo. O todo el instituto, para el caso—. ¡De verdad que no soporto a la gente que abusa así de los otros, maldición! ¡Y tú! —añadió, señalándolo con el dedo—. ¡Más te vale ir con más cuidado por la calle, idiota! ¡¿Es que ahora voy a tener que acompañarte a casa todos los días?! —Soltó un gruñido—. ¡Ya verás como pille a quien te ha hecho esto! —concluyó, a voz de grito. Y dicho esto, empezó a marcharse en una dirección al azar con el cuerpo en completa tensión. Era obvio que nada de esto le había sentado bien. Necesitaba desahogarse.

Sucrette se acercó en silencio a Alexy. Había cambiado su cara de preocupación por una de absoluta confusión, idéntica a la de Armin allí también presente.

—Emm… ¿Alexy, qué…?

—¿Por qué le has dicho eso?

—Callaos los dos. —Los chistó, lanzando una mirada divertida al castaño. Éste empezaba a alejarse, aunque todavía podían oírse las maldiciones que iba lanzando en voz alta. Notó cómo al fin sentía librarse del gran peso que había estado acompañándolo hasta ahora. Finalmente, sonrió—. Lo prefiero así.


BRabbit15: Me alegra saber que he acertado con su personalidad. La verdad es que era lo que más me preocupaba, y aunque no ha sido lo mismo que con el resto de personajes, creo que he conseguido sacarlo correctamente^^ ¡Gracias! (no sé qué pensaría Lyandro si creyese que el dibujo fuese de Sucrette xD).

PinkyYo: ¡Dímelo a mí! Con lo fácil de leer que son Castiel o Nathaniel, y este va y se lo guarda todo para él -_- ¿Y del dibujo? ¡El punto de humor del capítulo! En serio, que ya pensaba que no iba a poder meter nada, con lo serio que es Lysandro… Y no te preocupes, que se va a seguir escribiendo. Es lo bueno de los relatos, que no tienen porqué acabar :) Me plantearé seriamente a los personajes secundarios.

shionlover: En realidad no sé si Lysandro es de esos que dejan pasar los resfriados, así que he dudado bastante con eso. El puñetero enigma andante, así es él -_- ¡Muchas gracias por pasarte!

Diamante no Mai: ¡Esa es exactamente la imagen que tengo en la cabeza!^^ Obviamente Castiel solo lo hizo como venganza, pero seguro que Lysandro se quedará el dibujo de recuerdo xD Y te apoyo con Armin. El mejor para mí, sin duda. Y con Alexy ya ni te cuento. Espero que te guste el siguiente ;)

Lo del tema de las actualizaciones creo que sigue igual, aunque es probable que tenga que alargarlo hasta una semana entera, culpa de las clases. Eso o vuelvo de nuevo a por los relatos cortitos. Para que veáis, el primero tiene 1000 palabras. Este casi llega a las 2000. Sigue siendo corto, pero permite alargarse un poco más. ¿Qué preferís?