Siento mucho la tardanza... Esta semana he estado bastante ocupada, y el que Lysandro fuera el siguiente tampoco me ha facilitado las cosas, la verdad. Este chico sigue siendo DEMASIADO complicado. De todas formas espero que el siguiente sea más fácil de escribir, porque en serio, ¡no quiero volver a pasar por esto!


¿Qué pasaría si…?

¿…Lysandro se olvidase el paraguas en casa en un día de tormenta?

Lysandro debería de haberlo sabido. Era algo que llevaban días advirtiendo en las noticias, e incluso si hermano Leigh se lo había recordado antes de partir hacia la tienda ese día. Las nubes negras también parecían ser un indicativo de lo que muy probablemente se iba a encontrar. Y ya, por si nada de eso fuese suficiente, el trueno que retumbó en mitad de la clase del señor Farrés y que hizo que buena parte de la clase saltase en su propio asiento del susto, bastó para hacerle ver al fin al albino que sí, ese día debería haber tomado su paraguas.

A ver, que no es que fuese un idiota olvidadizo, como se había asegurado Castiel se recordarle una y otra vez a lo largo de… bueno, de toda su vida. La realidad es que sí que pensó en tomar dicho paraguas. El punto aquí es que no sabía dónde lo había dejado, lo cual no era lo mismo, cosa que de todas formas no se molestó en discutirle a Castiel. Y ahí estaba él ahora, observando con absoluta serenidad la lluvia repiquetear furiosamente contra la ventana del aula. El paisaje del exterior se había ido desvaneciendo poco a poco según el tiempo empeoraba, y ahora apenas se veía nada, más allá de las gotas de agua. No hay que equivocarse, le gustaba la lluvia. Precisamente días como esos eran los que realmente le ayudaban a lograr ese estado de serenidad que terminaban llevándolo a escribir durante horas.

El timbre no tardó demasiado en sonar, dando así fin a las clases del día. Lysandro suspiró. Sabía que no valía la pena siquiera molestarse en levantarse, pues dudaba poder salir de Sweet Amoris por lo menos hasta que la tormenta remitiese un poco. Eso o que su hermano terminase su jornada y se tomase la molestia de venir a buscarlo, para lo cual tendría que esperar un mínimo de tres horas más, por lo menos.

—¡Lysandro! ¿Vas a levantarte ya o tengo que sacarte a rastras de la case? —Se volvió hacia su derecha para encontrarse a Castiel esperando de pie junto a su mesa. Por su expresión, era bastante que poca gracia que le hacía el verlo todavía sentado. Al ver su falta de reacción no pudo más que fruncir el ceño—. ¡Tierra a Lysandro! ¿Nos vamos o qué?

—Lo siento, Castiel. Hoy tendrás que irte solo —explicó con tranquilidad, empezando a guardar sus cosas con absoluta parsimonia—. Me he olvidado del –

—No me lo digas. El paraguas, ¿verdad? —lo cortó. Rodó los ojos—. Solo a ti se te ocurriría. Pues lo siento mucho, pero no voy a compartir el mío contigo.

Lysandro se levantó.

—No te preocupes. Tenía pensado esperar aquí hasta que la tormenta pasara. —En ese momento pudo ver cómo su amigo frunció ligeramente el ceño en algo que perfectamente podría haber sido una expresión de preocupación hacia su persona. Difícilmente otro hubiese caído en esto, sin embargo conocía al pelirrojo durante el tiempo suficiente como para saber que sí, de hecho ESTABA preocupado de verdad. Qué agradable.

—¿Y quién ha dicho que me preocupo? —le replicó, cruzándose de brazos—. Por favor, dudo que te vayas a morir por quedarte un rato solo en este sitio infernal…

—¿Quién se queda? —De pronto, Rosalya apareció como por arte de magia junto a ambos. Lysandro reprimió un suspiro. No es que la presencia de su ¿cuñada? Le molestase, pero lo cierto era que en ese momento no necesitaba para nada sus reproches. Al parecer, Castiel debió pensar en algo parecido, algo que no se cortó en demostrarle lanzando un bufido exasperado. Pese a ello, esto no le impidió responder.

—Lysandro. Por lo visto a pasado olímpicamente del mal tiempo y no se ha traído paraguas —explicó, con absoluto desinterés, colocándose bien la mochila sobre el hombro. Como era de esperar, la chica lo miró incrédulo.

—Será broma, ¿no? —replicó, alzando una ceja.

Sabiendo lo que venía ahora, Lysandro decidió dejarlos atrás y empezó a caminar en dirección a la puerta. Sin embargo ninguno de los dos dudó un segundo en ir tras él. Por su parte, Rosalya siguió hablando.

—No puedo creerlo. ¿Acaso no escuchaste las noticias? ¡Tormenta durante toda la semana! Sinceramente, no entiendo cómo no han cerrado Sweet Amoris, al menos ni que fuese por pura precaución… —Se volvió hacia Castiel—. ¿Qué? ¿Volveréis juntos, entonces?

—¿Estás loca? —Su amigo lo miró. —. Lysandro, paso de acompañarte. Vives muy lejos —concluyó, sin ningún atisbo de culpabilidad que a Lysandro nada le extraño. Volvió a mirar una vez más a Rosalya—. Ve tú con él. ¿No vive con tu novio? Pues ahí lo tienes. Yo me voy ya…

—¿Qué? ¡Ey, quieto ahí! —exclamó ella, atrapando a Castiel por el brazo antes de siquiera permitirle dar un solo paso—. No, de eso nada. Lo siento, Lysandro, pero no puedo compartir paraguas contigo —le explicó, mirándolo de reojo—. Mira, eso es cosa de enamorados, y OBVIAMENTE no voy a ir contigo, por muy cercano que seas.

—Ah, ¿y conmigo sí? ¡¿Qué insinúas?!

—¡Tú eres su amigo! ¡Debería darte vergüenza dejarlo solo y desamparado!

—¡Como si quedarse solo un par de horas fuera a matarlo!

—¡No, pero eso no significa que tú no puedas siquiera hacer el esfuerzo!

Hasta aquí había llegado. No solo no le gustaba que se hubiesen plantado en mitad del pasillo a gritarse mutuamente, sino que lo peor, es que era por causa suya. No entendía cómo podían hablar de él con semejante descaro, prácticamente intentando librarse de la aparentemente horrible carga que supondría el acompañarlo hasta su casa. Sabía que una vez Castiel decía que "no" a algo, ese "no" se mantendría pasase lo que pasase. Y pese a ello, lo mismo podía decir de Rosalya. Sin embargo no decidió cuestionarse la clase de amigos que tenía, pues en cierto modo entendía la postura de ambos.

Así pues, sintiendo que no valía la pena intervenir, finalmente tomó la decisión de dejarlos allí discutiendo. De todas formas, no era como si de verdad les hubiera pedido a ninguno de ellos que lo acompañaran.

Se acercó a la entrada exterior, lugar donde una buena cantidad de alumnos había comenzado a acumularse. Si bien la mayoría parecía estar preparados para irse, aparentemente él no había sido el único en olvidarse el paraguas. Observó el cielo, plagado de nubes negras que parecían no querer dejar pasar el más pequeño atisbo de luz ese día. La lluvia seguía cayendo furiosamente, por lo que de atreverse a poner un pie fuera, lo más probable es que no pasaran más de cinco segundos hasta encontrarse empapado de pies a cabeza. No iba a hacer eso.

—Voy a intentar adivinar… —De un momento a otro, una voz decidió cortar sus pensamientos y devolverlo a la realidad. Apenas se giró un poco para encontrarse a Sucrette junto a él. Sonreía—. ¿Alguien no se ha traído el paraguas hoy? —Lysandro no puedo evitar corresponderle.

—Sí, pero no te preocupes. He decidido pasar aquí un rato hasta que mi hermano pueda pasarse a por mí.

Al contrario de lo que cabía esperarse, Sucrette se limitó a encogerse de hombros ante esto, volviendo la mirada al frente como si tal cosa. En realidad, pese a sus palabras Lysandro se habría esperado alguna proposición por parte de la chica, o en cualquier caso alguna queja, siguiendo el estilo de Castiel o Rosalya. ¿A qué venía el silencio absoluto? Si bien no dijo nada, el que hubiese decidido dejar el tema como zanjado tan rápidamente le extrañó de verdad, cosa que por nada del mundo quiso hacerle saber.

—¿Entonces vas a irte ya? —preguntó a cambio, con un suspiro. Sucrette siquiera se molestó en mirarlo.

—Pues sí…

Lysandro frunció el ceño.

—¿Y a qué esperas?

Esta vez Sucrette necesitó de unos segundos más antes de responder. Finalmente volvió a mirarlo, esta vez con una sonrisa que implicaba unas claras disculpas.

—Intento pensar cuánto tiempo me llevará llegar hasta tu casa con esta lluvia.

Y ahí estaba. La Sucrette que conocía de verdad. No podía ser de otra manera.

—No es necesario.

Igual que no podía ser de otra manera que él se negase, por supuesto. ¿Cómo iba a dejar que la chica caminase tanto tiempo solo por su causa?

—Me da igual lo que digas. No tienes otra opción. —Lysandro sonrió suavemente.

—Esperar aquí.

—¡No vas a esperar aquí! Vamos… —insistió, poniéndole ojitos de perrito abandonado—. No puedes quedarte aquí solo. La directora puede enfadarse. Además, ¿qué mejor que volver a tu casa y disfrutar de la tranquilidad, no sé… leyendo un libro? —Suspiró. No quería hacerlo, y sin embargo no podía negarle lo bien que sonaba para él esa propuesta. Alzó la vista. Sucrette seguía mirándolo, esperando pacientemente una respuesta por su parte. ¿Cómo iba a decir que no ahora?

—Está bien. Si insistes, enton-

—¡Bien! ¡Me alegra que hayas recapacitado! —lo interrumpió alegremente, descolgándose rápidamente la mochila del hombro para sacar su paraguas—. Ya creía que iba a tener que insistirte por tres horas más. Conociéndote, realmente creía que iba a ser así…

—Y así habría sido, pero tengo que admitir que puede ser agradable pasear contigo… — admitió, con una tímida sonrisa. Sucrette habría respondido a esto, sin embargo decidió centrarse por un momento en su mochila, de la que todavía seguía rebuscando en busca del objeto. Pasado unos segundos, su sonrisa desapareció por completo, siendo intercambiada por un ceño bien fruncido y algo desesperado.

—No puede ser… —continuó buscando, cada vez de manera más ansiosa, llegando incluso a vaciar todo su contenido en el suelo—. ¡No puede ser! —volvió a repetir.

—¿Algún problema? —preguntó, más que nada por simple cortesía. La verdad es que era bastante evidente lo que estaba pasando.

—Mi… Mi paraguas —murmuró ella, con un hilo de voz—. No puedo creerlo. Me lo he olvidado también.

—Vaya, mira por dónde, otra persona con la cabeza en las nubes…

Sucrette cerró los ojos con un suspiro al oír esta voz, sintiéndose ahora incapaz de hacerle frente a ella. Por su parte, Lysandro sí que se molestó en volverse en su dirección.

—Castiel, por favor, no hace falta que te burles de ella —le recriminó con voz neutra. Su amigo sonrió de forma ladina, obviamente dispuesto a seguir con ello y no dejarlo correr.

—Madre mía, pero si son tal para cual —interrumpió de pronto Rosalya, situándose junto al pelirrojo y mirándolos a ambos con una expresión que no mostraba más que diversión. Sin dudarlo un segundo, empezó a caminar hacia el frente, sacando rápidamente su propio paraguas y abriéndolo bajo la lluvia. Castiel no tardó en imitarla—. No sé vosotros, pero yo me tengo que ir. He quedado, ¿sabéis? —explicó, sin el menor atisbo de culpabilidad. Y dicho esto, dio media vuelta y, tras saludar con la mano, se fue.

—Yo no he quedado, pero me voy igual —añadió el pelirrojo, empezando a alejarse como si nada—. ¡Ahí os quedáis!

Sucrette y Lysandro se quedaron allí parados, observando a sus supuestos amigos marcharse como si tal cosa bajo una lluvia que parecía no querer detenerse.

Pasados unos segundos, Lysandro se volvió hacia ella.

—¿Te apetece ir a la biblioteca a esperar? Podemos leer juntos, si quieres.

La chica se volvió hacia él, avergonzada.

—¿No te importa? —El mayor sonrió.

—¿Por qué iba a importarme?

Todavía les quedaban tres horas por delante, al fin y al cabo. Al menos podría pasarlas bien acompañado.


Y FIN. Del capítulo, claro. Al fic aún le queda :)

No puedo decir realmente que haya sido uno de los que más me haya gustado, sin embargo ya ha quedado bastante claro por mi parte lo difícil que se me hace tratar con Lys. En cuanto al siguiente, pues ya puedo deciros que será para Castiel, pero vamos, ¡que el chico ya ha tenido su protagonismo aquí! Muy bien, sigamos.

shionlover: La verdad es que en un principio se supone que no tenía que saberse el motivo, ¡pero es que era OBVIO que solo podía tratarse de eso! xD Y no te preocupes, le haré llegar los presentes a los familiares de Kentin. Espero que sirvan para resucitarlo. Lo necesito para seguir escribiendo. ¡Gracias por pasarte a comentar!

PinkyYo: Kentin ha hecho exactamente lo que muchos de nosotros hemos querido hacer desde el mismo momento en el que empezamos a jugar. La venganza ha sido realizada xD Eso se merece un regalo especial.

uksa: La directora puede ser una verdadera bruja cuando se trata del perro ese. Tanto que ni siquiera Kentin tiene lo necesario para enfrentarla :P No, ahora de verdad. ¿Quién se atrevería a confesarle algo así? Pues… él.

Diamante no Mai: Oye, pues la verdad es que incluso dejando a Kiki fuera de esto, es bastante fácil (increíblemente fácil, en realdiad) sacar de quicio a esa mujer. Aunque claramente cuando el perro es el tema central la cosa se complica un poco más xD ¡No he llegado aún al 29! Eso sí, lo he visto :P ¿Y chico? Pues Armin, por supuesto^^ ¡Tú sigue avanzando, que la cosa se pone cada vez más interesante!