Los personajes pertenecen a la saga de Twilight, la trama es mía.

Let´s Burn Together

Capitulo 1. ¿Who lives next door?

Me lo quede viendo sin decir palabra. Realmente no tenia nada más que decir, ya había dicho lo justo y eso de lanzar rollos solo para sentirme mejor no iba conmigo. Prefería lo directo.

-Lo siento, Mike- dije en voz baja mientras dejaba un billete sobre la mesa.

Alzo la mirada y me di cuenta que tenia los ojos rojos aunque su rostro estaba inmutable. Asintió y abrió la boca para decir algo pero negué y me puse de pie con prisa. Odiaba estos momentos. La gente decía que lo hacia por que lo disfrutaba pero no es cierto. Solo un ser sin corazón podía disfrutar algo como esto, yo simplemente no sentía nada. Ni felicidad ni tristeza. Tampoco sentía remordimiento por que lo que hacia era necesario, la próxima semana cumpliríamos tres meses de relación. Debía hacerlo ahora o seria muy tarde.

Sentí el aire gélido quemarme la piel apenas puse un pie fuera de la cafetería. Las calles estaban vacías, apenas era principios de verano y la mayoría de las personas ya se habían largado de este pueblo. No me sorprendía, Forks era tan deprimente con su cielo nublado que vivir aquí era estar atrapado en un interminable invierno. Abrí la puerta de mi pequeño auto, un beetle rojo deportivo, y arroje mi bolso al siento del copiloto. El olor a café y nicotina del interior me reconforto. Había algo en esa combinación de olores que me recordaba a casa. Estaba dando reversa mientras colocaba el aleatorio del reproductor cuando el sonido de un claxon me hizo saltar en mi asiento y pisar el freno hasta el fondo.

-¿Qué carajos?- mire por el retrovisor para encontrarme con un volvo plateado estacionado a más de metro y medio de mi bloqueándome la salida del estacionamiento.

¡Ni siquiera estaba cerca de rozarle el maldito auto y era él quien estorbaba! Toque el claxon tres veces y cada vez dejaba la mano más tiempo del necesario sobre el. El auto no se movió ni un centímetro y tampoco lo hizo el conductor.

-Maldita sea- gruñí abriendo la puerta del auto de un golpe.

Camine hacia la ventanilla del piloto y toque dos veces con los nudillos. La ventana se bajo y dejo ver a un hombre de sonrisa engreída con unos lentes obscuros cubriéndole los ojos. Ha de ser ciego, eso tendría sentido.

-Estas obstruyendo mi paso- dije con la voz más tranquila que pude.

Se quito los lentes de sol revelando unos impresionantes ojos verdes enmarcados por unas pestañas negras y rizadas. Enarque una ceja cuando me di cuenta que este dichoso hombre solo se me quedaba viendo con su estúpida sonrisa. Bonita y estúpida sonrisa.

-¿Eres mudo o sordo?- presione cruzándome de brazos.

-Ninguno de los dos, soy Edward Cullen- dijo con una voz gruesa y ronca que contrastaba totalmente con su aspecto de niño mimado- ¿Y tu eres?-

Traque saliva y me relamí los labios. Hay que admitirlo, podía ser una perra sin corazón la mayoría de las veces pero no podía evitar que mi cuerpo reaccionara hacia cierto tipos de hombres. Este, por ejemplo.

-Solo mueve tu carro para que pueda salir-

Sonrió pero yo ya estaba dándome la vuelta para volver a mi auto, así que si dijo algo más no lo escuche. Azoté la puerta y toque el claxon. Estaba por tocar una segunda vez cuando vi que comenzó a moverse. Paso por mi lado, tan pegado a mi auto que pensé que me golpearía, y saludó. Maldito engreído. Esa era justamente la clase de hombre por la que era quien era ahora. Metí la reversa y esta vez si logre salir a la calle e incorporarme al trafico vespertino de Forks.

Una leve llovizna empezó a caer cuando estacione fuera de mi casa. Todo estaba en silencio, el auto de mi madre estaba en el garaje pero yo sabia que no había nadie dentro. Renee se había casado con su segundo marido, Phil, hace unos cinco meses y desde entonces ha pasado más tiempo viajando que en casa. Dejo el whisky y nos mudamos un barrio más exclusivo que el anterior a las afueras de Forks. Lo cierto es que la casa me encantaba. Era del tamaño perfecto con un estilo de cabaña, pisos de madera, paredes forradas con tapiz café y beige, chimenea de piedra y lo mejor de todo; una terraza en el tercer piso, cuadrada con ventanales del suelo hasta el techo que daban al bosque tan espeso que era imposible ver más allá de la primera fila de arboles.

Durante el día la casa era un hervidero de gente, las señoras que se encargaban de la limpieza, el jardinero, el chofer, la cocinera y no se cuantos empleados más de Phil. Un lujo innecesario a mi parecer; con mi madre solo habíamos dispuesto de una señora que nos ayudaba y había sido más que suficiente. Sin embargo, por las noches la casa estaba tan silenciosa que podía escuchar el aire silbando alrededor y si ponía verdadera atención, el crujido de las hojas bajo la pisada de algún animalito. No me molestaba, lo bonito de la soledad es que cuando aprendes a sentirla, a disfrutarla, ya no quieres salir de ella.

Subí a mi habitación que se encontraba en el segundo piso al final del pasillo. Era sencilla, paredes blancas, una cama, un tocador, un escritorio pegado a la ventana y un librero que ocupaba toda la pared del extremo opuesto. Cambie toda mi ropa fría por una cómoda pijama y recogí mi cabello en un moño alto. Salí a la terraza con mi libro favorito en una mano y la cajetilla de cigarros en la otra. Me acomodé en el sillón pegado al ventanal del lado izquierdo que me permitía ver un lateral de la casa y el patio trasero de la casa vecina. La casa de a lado había sido la primera en esta parte del pueblo, muchísimo antes que se construyera la zona residencial. Es propiedad de la familia Cullen, quienes podrían ser solo un mito por que jamás se les ha visto, se cree que viven ahí por que los trabajadores entran puntuales en la mañana y se retiran por la tarde.

Pensé en todos los rumores que corrían por el pueblo mientras encendía el pitillo y le daba una fuerte calada. El sabor a menta con piscas de nicotina me inundo la boca, el humo bailo sobre mi lengua y me permitió relajarme. Decían que era una familia grande, de tres a cinco hijos, aunque algunos decían que eran diez pero lo veía improbable. Un medico de renombre que había perdido su licencia y ahora vivía exiliado del mundo castigándose por sus errores. Otros decían que el doctor se había vuelto loco y tenia encerrada a toda su familia en el sótano. El mejor de todos es el que afirmaba que era una familia de vampiros. Yo creía que ahí no vivía nadie, que se habían mudado hace mucho y nadie se había dado cuenta. Da igual, el punto es que estoy completamente sola.

Estaba enfrascada en la vida de Elizabeth Bennet cuando escuche un estruendo. Se me cayó el libro del susto mientras intentaba descifrar de donde provenía. Sonaba como el motor de un auto pero como aquellos modificados que rugen con cada cambio de velocidad. Contuve la respiración mientras escuchaba el sonido de la grava al revolverse. El ruido era tal que por un momento creí que el auto estaba dentro de mi casa. Por favor, por favor que no sea nadie. Me asomé por el ventanal al mismo que un auto negro con las ventanas completamente polarizadas se detenía al frente de la casa vecina. Por favor que no sean vampiros. Abrí con un cuidado impresionante la puerta para salir al exterior, desde ahí lograba ver el jardín trasero y la entrada de los vecinos. Se apagó el motor del auto, dejando que una inquietante calma cayera sobre mi, no se oía ni un solo ruido y me hice más pequeña en una esquina intentando ver sin ser vista.

La puerta se abrió con un ruido sordo, cerrándose segundos después. Todas las luces del exterior estaban apagadas a excepción de la farola que alumbraba la carretera y la de la puerta principal de los Cullen, ninguna era suficiente para dejarme ver al conductor misterioso. Un escalofrió me recorrió la espina dorsal, en parte por el frio y en parte por los sonidos metálicos que rompían la quietud de la noche. Un golpe. Algo siendo arrastrado por la grava. Un tintineo. Estuve a punto de salir corriendo hacia el interior de la casa cuando la figura se plantó bajo la lámpara y pude verlo.

Era un hombre muy alto, podía ver unas piernas delgadas y largas embutidas en un par de jeans, los hombros anchos iban cubiertos por una tela negra. No lograba ver su rostro pero parecía ser rubio con el cabello largo. En la mano llevaba una maleta que era lo que provocaba el sonido de la grava. Se paro de golpe y movió la cabeza hacia mí. Me quede paralizada cuando comprendí que me estaba mirando, podía sentir sus ojos fijos en mi y el corazón martillándome en los oídos. Me había inclinado sobre el barandal sin darme cuenta, retrocedí como alma que lleva el diablo a pesar de que, inconscientemente, sabia que no podía haberme visto. No con toda la obscuridad alrededor de mi. Segundos después siguió su camino, perdiéndose en el interior de la casa.

El calor de mi habitación me recibió de manera sobrecogedora. Tenia el cuerpo helado y entumido como si hubiese pasado horas nadando en el rio congelado. Había observado la casa unos minutos más, esperando ver salir a alguien más. No se había encendido ninguna luz ni vuelto a escuchar otro ruido. Es como si la casa se hubiese tragado al hombre. Estaba nerviosa, era normal, no había nadie a quien pedir auxilio si un doctor loco decidía venir a matarme o peor, a convertirme en vampiro. Me metí entre las sabanas pegando las rodillas al pecho con el celular en las manos. Había mandando más de veinte mensajes a Alice, mi mejor amiga, pero no había obtenido respuesta. Deje la marcación rápida lista mientras cerraba los ojos e intentaba dejar de pensar en el conductor fantasma.

Me desperté con un dolor martillante en la nuca. Había pasado toda la noche dando vueltas y soñando con vampiros rubios bañados en sangre. Mi sangre. El sol entraba en rayos suaves a través de las ventanas y se escurría por el piso convirtiendo las esquinas en obscuros fantasmas. Con el susto de anoche, estar sola me estaba poniendo demasiado nerviosa. Mi celular solo tenia llamadas perdidas de Mike, la ultima persona a la que pediría venir.

Tire la taza de café cuando un ruido vidrioso llenó la casa. Alguien tocaba la puerta, eran golpes rápidos y fuertes. No hice ningún movimiento, me quede de pie con el café mojándome la planta de los pies. No esperaba a nadie. Las piernas comenzaron a picarme y gritarme que corriera. Estaba apunto de hacerles caso cuando escuche un grito.

-¡Bella! ¡Bella, venga abre la puerta!- Era Alice.

Solté el aire que no sabia que estaba reteniendo. Camine hacia la puerta dejando pegajosas manchas sobre el suelo. A través del vidrio pude ver a mi pequeña amiga con su cabello negro hecho una maraña sobre los hombros, su piel más pálida de lo normal contrastaba con las obscuras manchas de maquillaje alrededor de sus azules ojos. Un vestido negro ajustado como una segunda piel se le enrollaba sobre los muslos dejando ver sus piernas delgadas y desnudas. En la mano, sus tacones.

-¡Dios, Bella estas viva!- chilló enroscando sus bracitos en mi cintura apenas abrí la puerta. Arrugue la nariz cuando el olor a alcohol me pegó de lleno.

Le sonreí mientras la seguía a la cocina. Se sirvió una taza de café tomando asiento en uno de los banquitos. Tenia los ojos rojos y una cara que dejaba ver lo divertida que había estado la noche. Debí adivinarlo cuando no respondió mis mensajes. Siempre íbamos juntas a las fiestas y ayer ni siquiera me había avisado.

-Te estuve llamando- dije tomando el trapo que colgaba de la encimera. El café se había secado como costras sobre los mosaicos blancos. Ojala no quedara mancha.

-Lo se, B. Lo siento. Rosalie ha dado una fiesta impresionante, se supone que era de bienvenida a su primo, dicen que esta como un dios, pero nunca llegó. Era tan exclusivo …-

Me paré de golpe ocasionando que se callara a media frase. La mire con la pregunta impregnada en la línea recta que era mi boca. ¿Exclusiva? ¿Desde cuando yo no era invitada a las fiestas exclusivas? Cuando comprendió abrió tanto los ojos que parecía que se le saldrían de las cuencas.

-Bella no …- suspiró- No quise decir eso, sabes como es Rosalie y tu y ella no han tenido buena relación, pensé que irías con Mike.

Deje el trapo sobre el lava trastes. Unas manchas deslavadas habían quedado impregnadas en los contornos de los mosaicos. Alice tenia razón. Rosalie Hales era una rubia despampanante, su padre era dueño de varios lotes de autos en el Estado y probablemente tenían más dinero que la mitad de Forks junta. Nuestras madres suelen ir a los eventos pero ella siempre me ha visto con indiferencia, la cual se convirtió en odio cuando comencé a salir con Mike.

-Termine con él anoche- solté encaramándome en la silla de lado. Su cabello voló cuando se giro a verme con la boca abierta en una redonda O.

-¡¿Qué!?- gritó parándose y dando vueltecitas de un lado a otro- ¡No se como puedes hacer eso, Bells! Es el cuarto en lo que va del año, pensé que esta vez seria enserio. Mike es el sueño de toda chica-

-No el mío Ally-

Y era cierto. Mike era guapo, rico, amable y tenia un futuro prometedor pero hacia falta algo. Tal vez si me temblaran las piernas cuando me besaba o si me hiciera perder el sueño. Sonara soñador pero siempre he pensado que cuando llega la persona indicada simplemente lo sabes. Mike no era el indicado así como ninguno de mis antiguos novios. Cada uno de ellos había tenido fecha de caducidad: tres meses.

-Tu sabrás- dijo Alice dándome unas palmaditas en la espalda- Voy a bañarme, te quiero.

La mire subiendo las escaleras entre brinquitos y tarareos. Alice Brandon ha sido mi mejor amiga desde que llegó de Los Angeles hace seis años. Es 150 centímetros de pura energía, tenia uno de los corazones más nobles que he conocido y siempre ha estado cuando la necesito. Sin embargo, no me entiende, quizás, por que no conoce toda la historia. Suele preguntarme como puedo ser tan fría. Como podía estar con alguien y de pronto, sin pensarlo dos veces, sacarlo de mi vida sin remordimiento alguno. Una vez que terminaba una relación, me deshacía de todo, como si fuera un archivo a eliminar en un computador y jamás volvía a mirar atrás. Era fácil de entender si sabias que por mucho tiempo había sido a mi a la que abandonaban sin mirar atrás.

Necesito un cigarro. Acababa de sentarme en las banquitas blancas del jardín trasero cuando escuche las alegres pisadas de Alice detrás de mi.

-¿Quiénes uno Ally?- le pregunté extendiendo el brazo sobre mi cabeza y tendiéndole la cajetilla – Dios, lo necesitaba ya.

-Ni Dios ni Ally- contestó una voz ronca en vez de chillona proveniente de un costado, no de detrás - Y te aceptaría el encendedor.

Me levante de un brinco ocasionando que el cigarro se me cayera sobre las piernas quemándome. Parado en medio del jardín había un hombre, se veía enorme con el cabello castaño cayéndole sobre el rostro. Llevaba una cazadora negra sobre una playera blanca y tenia las manos en los bolsillos de sus jeans obscuros. Me miraba con una sonrisa torcida y un puro sin encender entre los labios. Era guapo. Maldita sea, era hermoso.

-Estas en propiedad privada- titubee.

- A ti no te importo mirar anoche- se encogió de hombros haciendo que me sonrojara hasta el cuero cabelludo. Era él.

El conductor misterioso estaba parado justo frente a mi, en mi propiedad, con una apariencia peligrosa. Y entonces, grite.


Hey!

Primer capitulo listo. Se que puede sentirse un poco pesado por la falta de diálogos pero la intención era que se dieran un poco más la idea de como es Bella, como es su vida. Espero que haya servido para eso si no pues que mínimo les haya gustado :)

Voy a intentar subir un capitulo semanal, no lo prometo por que me gustaría darles la mejor calidad que pueda así que si no me "inspiro" preferiría no subir a subir algo que no valga la pena.

Gracias por el review Bonnie420, me alegro que te haya llamado la atención y ojalá no te aburra jaja

Dejen sus comentarios, quejas, recomendaciones, si quieren platicar, lo que gusten.

Hasta la próxima!