Los personajes pertenecen a la saga Crepúsculo, la trama es mía.


Let´s Burn Together.

Capitulo 3. Something is starting.

-Debes estar bromeando- dije mirando asombrada la reluciente foto en la pantalla de su celular.

-Yo nunca bromeó- respondió arrebatándome el aparato plateado de las manos. Rodee los ojos dejándome caer de nuevo en la toalla.

Era un día hermoso como pocos en Forks. Las nubes habían decidido tomarse unas vacaciones despejando el cielo y permitiendo que el sol pasara a saludar. Por lo mismo, Alice se había ido de vacaciones con su familia y todos mis amigos habían decidido ir a La Push a pasar el día, como yo seguía castigada por la tremenda borrachera de hace una semana no tenia permiso. Así que ahora estaba tumbada en el jardín trasero luciendo un bikini rojo, tomando margaritas y disfrutando del sol. Nada fuera de lo común, a excepción de que lo estaba haciendo con Edward Cullen.

-Deberías intentarlo- sugirió mordisqueando la pajita de su vaso- La libertad que sientes es incomparable.

Lo miré. Estaba acostado a unos cuantos centímetros de mi, si estiraba la mano podía tocarlo. Llevaba unas bermudas negras que hacían ver su piel muchísimo más pálida de lo que era. La ausencia de camiseta me dejaba admirar un pecho tonificado opacado por un abdomen perfectamente marcado. Si su rostro era un poema, no sabia que era su cuerpo. Un bonus extra que le habían otorgado los dioses, como si ser perfecto no les hubiese complacido lo suficiente. Y aparte, tenia una vida perfecta.

Había pasado la ultima media hora mostrándome fotos de sus viajes. Había recorrido todo América de mochilero, visitado Francia, Inglaterra y otros países de Europa. Había jugado con leones en África y saltado en paracaídas del Cristo Redentor en Brasil. ¿Si quiera era eso posible? Pues sí, para Edward lo era.

-¿Y por que volviste a Forks?- pregunté recordando su rostro sonriente en las fotos. Aquí casi nunca sonreía y lo comprendía. Era Forks.

Se encogió de hombros de esa forma particular que tenia. Tan fugaz que apenas te dabas cuenta y formando un ligero puchero con los labios. Lograba dar el mensaje que quería: Le importaba un carajo.

-Ya no tenia a donde ir-

Me senté mirándolo con la boca abierta. Debe estar bromeando. ¿Cómo podías cansarte de viajar? ¿Cómo podías quedarte sin un lugar a donde ir? Yo no había salido de el estado más que para visitar a la abuela Mary en Phoenix. Si tuviera las oportunidades de Edward no volvería a ver el melancólico ambiente de Forks nunca más.

-¡Estas de broma! ¿Cómo puedes cansarte de algo así?- me puse de pie caminando hacia el interior- Debes estar loco.

- De acuerdo, te diré la verdad. Regrese por que me dijeron que había una castaña preciosa que merecía la pena conocer-

Cualquiera se hubiese atragantado con sus palabras pero había pasado tiempo suficiente con él esta semana para saber que lo decía jugando. Más de la mitad de lo que decía era broma, lo cual era un problema por que no sabia cuando tomarlo enserio. Un día me podría decir que estaba muriéndose y yo me reiría. Regrese con dos cigarros en la mano y me senté en su toalla a un lado de sus piernas.

- ¿Y ha valido la pena?- pregunté dando una calada y dejando que Edward tomara el cigarro reclamándolo suyo.

Soltó el aire lento apoyándose en los antebrazos.

- No es tan asombrosa como me dijeron, bastante amargada- le aventé el encendedor a la cabeza a lo que el soltó una carcajada - ¿Lo ves?

Rodee los ojos reposando la cabeza en su estomago. El humo flotaba a nuestro alrededor con el sol pegándonos directo en el rostro. El resto del día paso así, entre bromas y tonterías. Realmente no recuerdo como comenzó mi amistad con Edward, tal vez fue cuando me salvó de un coma etílico o cuando se presentó al día siguiente con una caja enorme de donas. Lo cierto es que me la pasaba bien con él, era divertido pero lo suficiente taciturno para no aturdirme como solía pasar a veces con Alice y su boca parlante.

Al día siguiente una tormenta cayo sobre el pueblo sin intenciones de irse pronto. La lluvia no cesaba y caía con fuerza haciendo imposible que alguien saliera de casa más que para lo necesario. Renee se había ido a Seattle con Phil, por lo que pase los próximos días con Edward. Llegaba al medio día y se iba en la madrugada. Nos dedicamos a ver películas o tumbarnos en la terraza a leer un libro. Pedíamos comida a domicilio unos días y los otros el llegaba con platillos preparados por su madre, a la que no había conocido aun. Lo cual era extraño por que el único que salía de esa enorme casa era Edward, lo demás seguía igual que siempre.

-Estoy harta de la casa- me queje cuando los créditos aparecieron en la pantalla.

La lluvia estaba más fuerte que nunca creando una cortina de agua alrededor de la casa. Edward estaba desparramado en el sillón con la cabeza colgándole de un lado. Gimió como respuesta.

-Mañana deberíamos quedar en tu casa- comenté como quien no quiere la cosa- Debes tener cosas más interesantes.

Pensé que se negaría rotundamente o que se iría sin darme una respuesta. Había aprendido que cuando una pregunta no le agradaba se marchaba sin decir nada. Lo cual sucedía casi todos los días gracias a mi boca metiche. Siempre regresaba al cabo de una hora quejándose de lo silenciosa que era su casa y lo poco que soportaba a sus padres.

-Ya veremos- respondió poniendo play a la siguiente película.

No tuve oportunidad de agregar nada más y el tampoco lo hizo. Al menos no se había negado. Tenia demasiada curiosidad por saber que ocurría en la casa de a lado y tal vez mañana podría averiguarlo. Edward se marcho más temprano esa noche, se despidió con un gruñido y corrió a través del jardín con la chamarra cubriéndole la cabeza. Lo miré desaparecer detrás de la valla. A los pocos minutos me mando un mensaje diciendo que me avisaba la hora a la que podría ir. Sonreí complacida.

Me desperté temprano. Estaba nerviosa y ni siquiera sabia por que. Me seque el cabello y me vestí con un jersey azul marino que me quedaba muy bien. Preparé café y me senté en la terraza a esperar el mensaje de Edward. Dieron las tres de la tarde sin tener noticias de él. Estuve tentada de aparecerme en el frente de su casa pero no me atreví. Al fin de cuentas no sabia que se ocultaba detrás de esas paredes. Cuando el sol comenzó a ocultarse le llamé, el buzón de voz salto enseguida. Toda esperanza se esfumó cuando el cielo se obscureció por completo, me deshice del bonito jersey y me metí a la cama preguntándome por que tampoco había venido.

Edward no volvió al día siguiente ni los días después.

La lluvia al fin había parado. El cielo seguía nublado pero si te fijabas bien podías adivinar unos leves rayos de sol detrás de las nubes. Alice al fin había regresado de sus pequeñas vacaciones. Lucia una piel bronceada y el cabello en clarecido de las largas horas en compañía del mar y el sol de la costa. Viéndola parlotear del guapo chico que había conocido, la odiaba un poco.

-Fue asombroso, Bella- dijo dándole una mordida a su tostada.

Asentí sin decir nada. Había escuchado solo partes de su historia. Han pasado cuatro días que no se nada de Edward, no contesta mis mensajes y mucho menos mis llamadas. Bueno, dos llamadas, tampoco estoy tan loca para acosarlo. Aunque había estado esperando a uno de los trabajadores para preguntar por él, un hombre bajito de aspecto cansado que se limito a sonreírme y seguir su camino; sin responder mi pregunta.

-Ayer vi a Rosalie- comentó mi amiga mirándome con una ceja levantada- Se la ha pasado echando pestes de ti.

Bufé.

-¿Y? Siempre lo ha hecho, Ally. Ni siquiera se como te cae bien-

Se encogió de hombros y pude ver que ponía su mirada sonsacadora. Cejas enarcadas, sonrisa traviesa y sus ojos entrecerrados para que supieras que sabia lo que ocultabas. Le sonreí ampliamente por que no tenia ni la menor idea de lo que me preguntaría. O lo que creía saber.

-Dijo que eras una caza fortunas- se me cayó la boca al piso- Que has estado pasando demasiado tiempo con ese primo suyo Edward.

La gente hablaba. Siempre. Era normal en un pueblo tan pequeño como Forks, pero que dijera que yo era una caza fortunas era absurdo. Quizás Edward tuviera una casa más grande, mejores carros y hubiese recorrido casi la mitad del mundo pero jamás hablábamos de dinero. Es más, casi nunca hablábamos de nada que no fuera tonterías.

Sentí un trozo de tostada pegarme en la frente. Alice se había recargado en sus brazos esperando que dijera algo.

-Es mi vecino, no hay nada que hacer por aquí por si no te has dado cuenta. Solo hemos estado pasando el rato-

-¿Pasando el rato? Tu nunca pasas solo el rato, Bella-

-No soy una zorra, Alice- reclamé ofendida.

Quizás tuviera algo de razón, yo no solía convivir con hombres a menos que incluyera buenas sesiones de besos y mucho sexo. No voy a negar que un polvo con Edward no se me había pasado por la cabeza. Sería como negar que estaba guapo. Pero no había pensado en realmente hacerlo; Edward era diferente. No una diferencia buena o mala, solo diferente.

-No dije eso. Solo que Edward tampoco se ve que sea un santo y esta para comérselo. No me sorprendería que hicieran más que solo pasar el rato pero si dices que no pasa nada te creo. No creo que te convenga alguien como él- explicó con una mirada seria, la que ponía cuando me hablaba con franqueza.

La voz que surgió detrás de nosotras nos hizo pegar un brinco.

-¿Alguien como yo?-

Edward estaba parado en la entrada de la cocina. Jeans y chaqueta habitual solo que una pequeña canasta de madera colgaba de su mano. Llevaba el cabello despeinado y tenia una expresión seria.

-Estaba la puerta abierta- explicó acercándose a donde estábamos. Alice se había quedado de piedra con las mejillas teñidas de rojo.

-¿Qué haces aquí?- pregunté recogiendo los platos del desayuno y llevándolos al lava traste con toda la intención de darle la espalda.

Me había invitado a su casa y luego había desaparecido. Sin un mensaje ni una llamada. Es más, me hubiese conformado con una nota pegada en la puerta. Me he aburrido, gracias por esta semana. Eso hubiese sido suficiente.

-Ha dejado de llover y pensé en invitarte a un picnic- su voz sonó suave pero alcance a ver que miraba a Alice con desagrado, la pobre no sabia como hacerse más pequeña en su asiento.

-Estoy ocupada- respondí concentrando todos mis esfuerzos en no mirarlo.

La sala se quedo en silenció. Escuche una silla moverse. Alice apareció en mi campo de visión aun con las mejillas rojas y una expresión abochornada. Llevaba sus cosas en la mano. Intente hacerle señas con la mirada, no podía irse, pero me hizo caso omiso.

-No te preocupes, Bells. Tengo que ir a casa- dijo dándome un beso en la mejilla- Nos vemos luego, Edward.

Cullen gruño cuando la puerta principal se cerro. Me seque las manos con el trapo que colgaba de una silla y lo miré. Estaba de pie en el mismo lugar con la canasta aun en la mano.

-No se por que la odias-

-El odio es un sentimiento muy fuerte- dijo acercándose a mi y empujándome por la espalda- Vamos, hace un día precioso.

Mintió. El cielo estaba más despejado pero el suelo seguía húmedo y lleno de barro. Habíamos recorrido apenas cinco minutos y ya tenia las zapatillas blancas convertidas en café. Me había guiado a través del bosque que se encontraba atrás de nuestras casas. Edward caminaba con paso seguro delante de mi mientras yo no dejaba de tropezarme cada cinco segundos, con lo que me ganaba una mirada exasperada de su parte.

-Empiezo a creer que vas a matarme y enterrar mi cuerpo- refunfuñe cuando una rama me pegó de lleno en la cabeza.

-Si quisiera matarte, tiraría tu cuerpo a mitad de la carretera, no justamente detrás de tu casa- respondió esperando a que me pusiera a su nivel- No valdría la pena el esfuerzo, Isabella.

Le lance una mirada furiosa apretando el paso para dejarlo atrás. Se rio de mi cuando tropecé con un tronco. A los pocos minutos los arboles dieron lugar a un hermoso claro. Estaba en mitad del bosque con el pasto verde a ras del suelo y flores de todos los colores adornándolo. La luz del sol iluminaba todo. Era como un sueño.

-Es hermoso- exclamé sorprendida.

Sentí las flores rozarme los talones conforme seguía a Edward al centro. Puso la canasta en el suelo y saco un mantel negro que extendió delante de él.

-Bastante alegre- dije viendo como comenzaba a poner recipientes sobre el.

-He estado haciendo senderismo estos días y lo descubrí apenas ayer. Inmediatamente supe que tenias que verlo- explicó sentándose enfrente de mi y pasándome un termo plateado.

Lo mire sorprendida. No solo por que hubiese pensado en mi si no por que había hecho senderismo durante la horrible tormenta. Y en parte por que había estado aquí y no me había llamado. Olisquee el termino reconociendo casi inmediatamente el olor a whisky. Arrugue la nariz.

-¿No es demasiado temprano?- pregunté dándole un pequeño sorbo.

-Nunca es demasiado temprano para un buen whisky, Isabella- rió.

Abrió uno de los recibientes y me paso una fresa. Estaba roja y cuando le di una mordida el jugo se escurrió entre mis dedos. Estaba deliciosa.

-Te he dicho que me llames Bella. Isabella no me gusta-

Me miró mientras lamia la fresa de mis dedos. Un espasmo me recorrió las piernas subiendo hacia mi vientre. Los rayos de sol hacían brillar su cabello y el verde de sus ojos. Sentí que habían pasado meses sin verlo y no unos pocos días. ¿Qué me esta pasando? Era Edward, amargado y grosero aparte de que apenas lo conocía.

-Me gusta Isabella- contestó llevándose una fresa a los labios y recostándose sobre el pasto.

Entorné los ojos aun sabiendo que no podía verme. Tantee el pasto para descubrir que no estaba húmedo así que lo imite apoyando mi cabeza contra el brazo. Se estaba muy tranquilo ahí, de haber sabido hubiese traído un libro o algo de música pero la platica con Edward no estuvo tan mal. Hablamos de su infancia, el colegio, descubrí que era dos años mayor y que había pasado el ultimo año viajando de un lado a otro. Su voz se apago cuando hablo de ello y aunque la curiosidad me carcomía me las arregle para no preguntar nada. Le conté que quería estudiar medicina en algún lugar lejano.

-Suiza es buena opción- comento pasándome un cigarro encendido.

-Demasiado lejos- suspire soltando el humo entre los dientes.

-Tiene buenos lugares para escalar, podríamos hacerlo juntos-

Fue solo una situación hipotética pero el corazón se me subió hasta la garganta. Edward consideraba que nuestra amistad seguiría, yo había creído que esto era cosa de un rato hasta que el decidiera irse de nuevo. No me gustaban los planes.

-Quizás- susurre casi segura de que no me había escuchado.

El día paso con calma, demasiado rápido para mi gusto. Comimos sándwiches y terminamos con el termo de whisky. Cuando comenzó a refrescar recogimos las cosas y tomamos el camino de regreso a casa. Sentía el rostro acalorado, mi equilibrio de por si pobre era un mucho peor después de todo el alcohol por lo que Edward tuvo que llevarme agarrada del brazo todo el trayecto. No me queje, su mano era cálida y firme con los dedos largos y cuadrados. Eran manos de hombre.

Las luces de mi casa estaban todas encendidas. Renee había regresado. Gemí al comprender que toda la tranquilidad se había esfumado. Edward me acompaño hasta la puerta trasera. Tenia las mejillas sonrosadas de una manera muy tierna. Le sonreí cuando me ayudó a subir los escalones.

- No gastan mucho en luz ¿Verdad?- bromee señalando su casa sumida en la obscuridad con apenas un foco alumbrando el porche trasero.

-Somos ecológicos- sonrió a medias- Te extrañe, Isabella.

Y dale con el nombre completo. Una deliciosa sensación se me plantó en el estomago. Sin pensarlo dos veces, claro esta, me puse de puntillas plantándole un beso en la mejilla. Su barba me pico en los labios, olía a naturaleza y al dulzón del whisky. Carraspeó obligándome a separarme demasiado pronto.

-Me la pase bien hoy, gracias-

Asintió y se dio la media vuelta. Se adentró en la obscuridad mientras yo me quedaba ahí parada con una sonrisa bobalicona en los labios. Edward me caía bien. Era relajado, no sentía ninguna presión cuando estaba con el, no había reglas y le encantaba tomarme el pelo. Me metí cuando el frio comenzó a calarme. Renee me miro con desaprobación desde la cocina, la ignore triunfalmente pero no pude evitar escucharla cuando iba a mitad de las escaleras.

-Espero que sepas donde te metes, hija-

Me estremecí. Más por el hija que por lo que había dicho. Esa palabra siempre la había dicho con un deje de amenaza y algo más que no lograba identificar pero no sonaba en absoluto agradable. Me metí bajo las sabanas sin darle demasiadas vuelta.

Esa noche soñé con Edward Cullen.


Hey!

Aquí les dejo el tercer capitulo. Gracias por leer, espero que les haya gustado.

¿Creen que los capítulos están demasiado largos o cortos? No se, a veces pienso que son demasiado tediosos.

Si gustan dejar algún comentario, recomendación, queja yo estaría encantada de leerles.

¡Hasta la próxima!