Notas Principales:
¿Pensaron que había muerto? Pues desgraciadamente nop (¿) la Universidad no me mató XDDDDD —aunque en realidad mi semestre aún no acaba ;_; — Iba a actualizar otra de mis historias, pero gracias a una cuqui señorita MichelleLopez542, actualizaré está! Muchas gracias por tu apoyo y tus palabras nena, este capítulo va especialmente dedicado para ti, espero que te guste 3
Gracias a: Koucchi15, sugA u-u, Ariante; por sus hermosos comentarios, en verdad me hacen muy feliz, y les contesto al final del capítulo. :'D
Oh… y hoy también es el cumpleaños de uno de mis pelirrojos favoritos —tengo un fetiche con los pelirrojos realmente (¿) XDDD—. Akashi bebé, aunque no existas, yo te quiero :3
LOL, sin más que decir, les dejó con un nuevo capítulo, espero que les guste! :'D
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—Capítulo Tres—
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— ¿Qué demonios es esto? —. Habló Kasamatsu con el enojo desbordando de sus azules ojos, no llevaban ni unas horas en Seirin y el príncipe Kise ya había sido amenazado por un… ¿fantasma?, que gente tan ridícula.
Kuroko entró cuando su sirviente había concluido de leer la corta nota. La mirada de odio de Kise traspasó la carcasa de su corazón, un dolor atravesó su pecho. Lágrimas de incertidumbre comenzaban a alojarse en sus pupilas de color cielo, seguramente su prometido lo repudiaba y él no tenía la menor idea de cómo lidiar con esos sentimientos. Con un leve gesto se dio ánimo y caminó lentamente hacía la mesa, el príncipe Kise no podría ser tan malo con él.
No notó que la distancia disminuía cada vez más, hasta que sin querer quedó frente a unos profundos ojos dorados pertenecientes a la persona con la que próximamente compartiría su vida —o lo que quedaba de ella—. La tensión se respiraba en el aire, Kuroko fijó su vista en aquellos ojos tan dorados como el sol, y pese a lo lúgubre de la velada pudo observar con detalle la simpleza de la belleza del príncipe del reino de Kaijo. Su largo cabello rubio, su piel blanca resplandeciente y esos rasgos perfectos que le daban al muchacho un aire de delicadeza pero al mismo tiempo de seguridad. Lo único que no encajaba en la parsimonia de ese paisaje, era la manera en que esos profundos ojos miraban con odio a todo su alrededor —incluyéndolo a el mismo—.
—Será mejor que me retire, el apetito se me ha ido de pronto—. Habló Ryouta, ignorando por completo la presencia del de ojos azules.
Kasamatsu se dio cuenta del desplante que estaba a punto de cometer Kise, su ridículo príncipe no podía desairar de esa manera a su futuro marido, no cuando se encontraban en sus tierras y enfrente de toda su gente. Aprovechó que estaba sentado junto al rubio y le pellizco el muslo para obligarle a desistir.
—Lo lamento mi Señor, el viaje ha sido bastante largo—. Interrumpió Yukio, dirigiéndose a Kuroko para tratar de justificar a Kise. —El príncipe Ryouta está algo cansado, perdónelo por su comportamiento—.
—No hay nada de que perdonar—. Respondió Tetsuya con voz suave, perdido nuevamente en aquellos ojos amielados. —Si yo fuera a quien obligaran a casarse con un desconocido, reaccionaría de la misma manera—.
El rubio se sobresaltó al escuchar ese comentario fuera de lugar del principito ese, se sintió ofendido y quiso sacar todo el veneno que tenía acumulado desde hace días en forma de insultos para el joven.
—No necesito su lastima, majestad—. Contestó altivo. —El compromiso fue dictado por nuestros progenitores y yo solo estoy aquí para cumplirlo—. Kise se paró de su silla y fue a encarar de frente a Kuroko, lo observó de pies a cabeza tratando de examinar cada mínimo detalle. —Lamento mucho que al verme no haya podido cumplir sus expectativas, pero el sentimiento es mutuo, créame mi querido príncipe—.
Una mueca de asco proveniente del rubio provocó en Kuroko una nueva llaga en su pecho, pero no iba a demostrar que las palabras provenientes de su recién conocido prometido lo dañaban más que soportar 18 años de una enfermedad incurable, se mantuvo sereno en su silla mientras veía como la comida servida se iba enfriando poco a poco.
—Con su permiso, majestad—. La última palabra pronunciada por Kise salió con sorna de sus labios. —Iré a un lugar en donde no hayan cosas que contaminen mi vista—.
Ryouta azotó los cubiertos en la mesa y con pasos sonoros salió del gran comedor. El silencio ensombreció el ambiente, hasta que Kasamatsu habló repentinamente.
—Lo siento mucho, alteza—. Hizo una vehemencia a Kuroko. —Estúpido idiota, me las pagara por esto— maldijo por lo bajo y salió corriendo detrás del rubio.
El príncipe Tetsuya se quedó por un momento ensimismado en sus pensamientos para luego ordenar que levantaran la mesa y que recogieran todo el desastre de lo que él planeaba que fuera una noche especial.
Salió caminando a paso lento, miró a Momoi en la entrada de la cocina, la chica tenía los ojos llorosos y una mueca de dolor en su bonito rostro, Kuroko le sonrió a pesar de que en su corazón una tormenta estaba en pleno desarrollo.
Al llegar a su gran y solitaria alcoba, el príncipe de Seirin vistió su albornoz de seda mientras recordaba la manera en que aquella mirada dorada lo observaba con odio y con repulsión, y entre las silenciosas sombras las palabras de desprecio hicieron un eco horrible en su alma, se permitió llorar después de todo, para ver si así podría liberar un poquito su dolor.
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Suaves ventiscas mecían las copas de los árboles en una danza suave, los cantos pausados de los grillos anunciaban que la primavera estaba a punto de hacer su llegada dejando atrás el sórdido invierno.
En los aposentos del príncipe de Seirin se podían oír otros ruidos distintos de los que se escuchaban afuera, las suelas de unas botas azotándose delicadamente contra los azulejos hacían un eco ligero tratando de no alterar la calma de los sueños de quien yacía ahí.
Aquella persona no detuvo su caminar hasta topar con la cama del príncipe, él lo observó y acunó su cara con suaves caricias limpiando el rastro de lágrimas que aún quedaban en aquel pálido y bello rostro, el cuerpo de Kuroko se removió entre sueños y una tímida sonrisa se adueñó de sus labios.
—No permitas que nadie te haga llorar, mi príncipe—. Susurró una voz profunda. —Todo aquel que se atreva a lastimarte pagará con su vida—.
El hombre permaneció quieto observando descansar al próximo heredero al trono, lo miraba con determinación, apreciando cada uno de los finos rasgos con algo a lo que se le podía llamar como adoración. Acarició los rebeldes cabellos azules con tanta delicadeza como si temiera romperlo, para después concluir con un suave beso en la comisura de los labios resecos del príncipe.
—Esto es un recordatorio para que mañana pienses un poco en mí, Tetsuya. Promete que aunque sea un instante, lo harás—.
Y con un movimiento de su espesa capa oscura, desapareció sin dejar rastro alguno.
Al saber que aquel hombre se había marchado, unos ojos azules se abrieron por inercia, lo había visto y sentido todo, desde el corto beso hasta la dulce promesa que le escuchó decir. Esos sucesos llevaban ocurriendo desde que cumplió 16, no sabía quién era o por qué lo hacía, pero se sentía cuidado y protegido cuando ese extraño ser entraba a su habitación. Era su ángel personal, aquel que lo acompañaba cuando se sentía más solo y triste.
Kuroko sonrió para sus adentros y volvió a quedarse dormido.
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Después de que Kasamatsu casi aplastará su moral con palabras, el poder de concebir el sueño era una misión imposible para Kise. Se maldijo mentalmente una y otra vez, esos ojos tan claros como el cielo martirizaban su mente de una forma cruel, la manera en el que el príncipe Tetsuya lo había mirado —con anhelo y suplica— eran un bajo golpe para su estúpido orgullo.
Se revolvió el cabello y golpeó el colchón con fuerza, el maldito príncipe tenía el mismo color de ojos de aquel ser que atormenta sus sueños desde hacía meses, ese ser que lo hacía reír entre sueños y otras despertarse en medio de sollozos. Acaso eso era una señal divina o algo por el estilo, se preguntaba Ryouta. ¿Debería seguir adelante con toda esa farsa o tratar de huir para salvarse a sí mismo?
Al cabo de unos minutos entre tormentas mentales y nimiedades, el príncipe Kise se envolvió en el mundo de los sueños, tratando de escapar de una realidad que le pisaba la punta de los pies.
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A la mañana siguiente el rubio se levantó con la sorpresa de que esos ojos azules volvieron a aparecer en sus sueños, afligiendo su cabeza y achicando su corazón, tenía unas profundas ganas de llorar sin saber por qué, definitivamente la primera noche que pasó en el Castillo azul había sido espantosa.
—Vaya, al parecer han dejado de cimbrar los vidrios y todas las cosas se encuentran en su lugar—.
Kasamatsu entró con su porte galante caminando con pasos seguros a los aposentos del rubio, mientras el susodicho hacía una mueca con su rostro sintiéndose bastante expuesto porque sin querer ayer había mostrado sus poderes al capitán de la tropa de Kaijo. Sabía que en algunos reinos la magia se consideraba como un acto impuro, por eso Ryouta estaba agradecido de que Yukio guardara su secreto y no lo mirara como a un monstruo.
—Sabes que cuando estoy molesto no puedo controlar estas estúpidas cosas que hay dentro de mí—
—No hables así de tus poderes, sabes que me parecen algo realmente fascinante—.
El de ojos azul grisáceo vio la desolación reflejada en el rostro blanco del príncipe y quiso llevarse toda incertidumbre con besos y caricias, en su mente eso era lo único que deseaba
—Kise—. Lo llamó, con un tono de voz que trataba de esconder la molestia que en verdad sentía. —Lo que ayer le dijiste al príncipe Kuroko estuvo muy mal—.
El rubio arrugó la nariz, tener a Kasamatsu a su lado era como si una parte de su padre lo vigilara de cerca y aunque en realidad apreciaba sus cuidados, a veces se sentía demasiado atado a obedecer un estándar del cual jamás había estado de acuerdo. Aunque esta vez —odiaba admitirlo— Yukio tenía razón, la culpabilidad por tratar de esa forma al joven príncipe carcomía cada una de sus células, después de todo era un niño que recién acababa de cumplir los 18 años. ¡Dioses! ¡Él se casaría con un chiquillo! Seguramente el príncipe Tetsuya tenía nula experiencia en cualquier ámbito de lo que amor se tratase, y él como buen caballero tenía que ser amable e instruirle, pero… cómo hacerlo, si lo único que le apetecía era hacerle sufrir y pagar por cosas que él creía que Kuroko tenía la culpa.
—Ryouta, ¿estas escuchando? —. Kise se mordió el labio inferior. —Te acabo de decir que el príncipe Kuroko aún no ha salido de sus aposentos, así que es un momento excelente para que vayas y ofrezcas una disculpa por tu comportamiento de anoche—.
—No lo haré—.
—Kise, no me hagas obligarme a mandarle una carta a tu padre, avisándole de tu despreciable comportamiento—.
—Capitán—. Rogó el rubio, con una mueca demasiado irresistible para cualquier persona. Yukio sonrió, el príncipe engreído había aprendido muy buenas tácticas de cómo ser un completo adulador, pero esta vez no iba a lograr que cambiara de opinión.
—El que seas un completo zalamero conmigo no te servirá de nada—
El de ojos amielados sonrió con nostalgia. —Lo sé, últimamente nada me sale bien—.
Y dicho esto, el príncipe de Kaijo se desplomo entre las sábanas blancas, se llevó las manos al rostro impidiendo que su amigo viera a unas cuantas lagrimas traicioneras escurrir en sus mejillas.
—Príncipe, aunque todavía no lo asimilas, ese chiquillo que está a dos habitaciones de la tuya es con quien compartirás tu vida por el resto de la eternidad—. A Kasamatsu le temblaron los labios al decirlo, y Kise solo pudo fruncir el ceño a causa del nuevo sermón que le esperaba. —No te pido que te enamores de él de un día para otro, pero por lo menos podrías empezar a llevarte bien con él—.
—Y si no quiero llevarme bien con él—. Contraatacó el rubio, esquivando a toda costa la fuerte mirada de su capitán.
—Kise, te lo ruego, hazlo por mi bienestar emocional—.
Ryouta lo miró atónito, Yukio no le pediría cosas como esas jamás, a no ser que de verdad lo deseara, y él no se podía negar a sus absurdas peticiones.
— ¿Tanto deseas que lo haga? —.
Kasamatsu asintió levemente.
—De acuerdo, lo haré—.
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El sol resplandecía colándose por las finas cortinas de seda, revelando como una chica de un curioso cabello rosado entraba cuidadosamente a los aposentos del príncipe de Seirin. La jovencita recorrió las cortinas para que entrase un poco de luz, para ver si así podía iluminar el apagado rostro de su amigo que aún se encontraba durmiendo. Y mientras se encontraba arreglando un poco la habitación, fue ahí cuando la encontró junto a la mesa, tan frágil y tan hermosa. Una rosa roja con el capullo completamente abierto y con un listón negro atado en forma de moño atado al espinoso tallo. En ese instante descubrió que el fantasma había vuelto a visitar a su joven amigo.
Al principio ella pensaba que solo se trataban de rumores, tenía poco tiempo de haber llegado a Seirin y cuando escuchó hablar a la gente acerca de eso, ella pensaba que era una insensatez, pero al pasar los meses y al irse acercando a Kuroko empezaba a dudar más y más, el tan fantasma si existía y tenía una cierta fascinación insana con su amigo.
—Momoi-san, ¿Qué haces con esa rosa? —.
La chica se sonrojó al verse descubierta por su Tetsu-kun, y esa vergüenza aumento más al verlo con el cabello azul rebelde todo alborotado y con el albornoz todo desacomodado.
—Este…yo—. Tartamudeó, mientras se mordía los labios y sus manos vagaban en cualquier dirección.
Kuroko analizó la situación, seguramente Momoi había entrado a hurtadillas a su habitación y estaba de curiosa, se preguntaba por qué todas las mujeres tenían esa extraña cualidad. Entonces notó algo, una rosa en las manos femeninas de Satsuki, y eso no podía significar otra cosa, él, su ángel de la oscuridad había vuelto a aparecer, poniéndole brillo a sus siniestras noches.
—Tetsu-kun—. Habló la chica al ver a un Kuroko ido de la realidad. —Sé que no me debo de meter en tus cosas, pero tengo miedo por ti, temo que algún día esta persona te haga algún daño o algo así—.
Tetsuya sonrió para sí mismo, el amor genuino que le mostraba la hija de su nana era un gesto demasiado cálido que sentía no merecerlo. Caminó lentamente hasta llegar junto a Satsuki, para luego tomar la bella flor entre sus dedos, admiraba la simpleza de esos detalles, la suavidad de los pétalos y el delicioso olor que emitía. En definitiva su ángel tenía un muy buen gusto para escoger siempre a las flores perfectas.
Momoi lo vio tan entusiasmado que no se resistió a preguntarle unas cosas al pálido príncipe.
—Tetsu-kun—. Lo llamó, el chico dejó de prestarle atención a la rosa y sus ojos azules como el zafiro se enfocaron en ella. — ¿Quieres contarme acerca de tu ángel? —.
El príncipe de Seirin miró a la chica muy serenamente, ese era su secreto, pero Satsuki era de confianza así que no tenía más remedio que contarle, aunque se reservaría unas cuantas cosas para él.
—Mi madre murió cuando yo nací—. Comenzó a relatar. —Desde pequeño siempre fui muy enfermizo, o eso es lo que me decía padre. Cuando tenía cinco años, una epidemia atacó el reino y yo fui una de las víctimas, el sanador le dijo a mí padre que debido a mis antecedentes la enfermedad me atacaría hasta el punto de acabar con mi vida—.
Los ojos rosados de la chica reflejaban tristeza, quien diría que un chico que nació cubierto de riquezas tuviera que aguantar tantas cosas como lo hacía Kuroko.
—La sola idea de perderme volvió loco de culpa a mi padre, así que recorrió varios reinos para encontrar un sanador que pudiera ayudarme—.
Aquellos zafiros azules se detuvieron a contemplar la manera en que el sol entraba con calma a su habitación.
—Inexplicablemente me cure, aunque esa enfermedad me dejo secuelas para el resto de mi vida. El año siguiente me detectaron una insuficiencia en mi sistema inmunológico, hecho que hacía que cada vez mi corazón se debilitará más y más, y desde ese día me dieron fecha para morir—.
La voz del príncipe comenzaba a quebrarse, pero no iba a llorar, no iba a derrumbarse enfrente de Momoi, todavía le quedaba algo de orgullo. Ambos amigos estaban tan adentrados en la conversación que no escucharon unos fuertes pasos provenir de las mazmorras.
—El día en que mi padre abandonó el castillo en busca de más sanadores, fue a visitarme a mi habitación y entre susurros me dijo que no estuviera triste, que siempre que mirara la manera en que el sol se esconde entre la adversidad de los valles, recordara que un ángel siempre estaría al pendiente de mí—.
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Kise iba decidido a pedirle perdón al pequeño príncipe, jamás imaginó que al encontrarse parado detrás de la puerta de los aposentos principales, iba a escuchar una conversación de lo más interesante y curiosa, sobre todo muy curiosa.
—Perdóname Tetsu-kun—. Interrumpió Momoi. —Me parece bastante absurda esa idea, claramente esta persona que te visita por las noches no es un ángel, eso está bastante alejado de la realidad—.
— ¡Él es real! —. Protestó el joven de los ojos azules. —Tú afirmas que es una mentira cuando jamás lo has visto—.
—Y tú, ¿Lo has visto Tetsu-kun? —.
Kuroko desvió la mirada y los labios le temblaron levemente. —No—. Respondió. —Pero lo he sentido tantas y tantas veces, que eso me basta para saber que es real. Además que la rosa que tienes en las manos es una prueba de ello—.
¿Rosa? Ryouta miró el café de sus botas, no se aguantó la curiosidad y entre abrió la puerta para encontrar a un príncipe Tetsuya con la mirada perdida entre los pétalos de una rosa roja, el amor con la que la sostenía no era algo normal, de repente la sangre se le subió a la cabeza inundándolo de pensamientos estúpidos.
— ¿Sabes que lo he escuchado cantarme por las noches? Hay veces en que solo viene y se sienta a observarme, él creé que no lo notó, pero aquel día en que lo descubrí inesperadamente en mi habitación, no he podido dejar de mirarlo—. Kuroko se puso nervioso al recordar la manera en que sus labios encontraron calor en los de aquel visitante. —Él es mi ángel—.
—No deberías de decir eso Tetsu-kun, eso es bastante extraño, incluso para ti—.
—Lo sé, Momoi-san—. Respondió el príncipe. —Pero él es alguien que no me juzga por lo que aparento, ni me hace sentir como una abominación o me mira con lastima. Inexplicablemente cuando le tengo cerca un calor se instala en mi pecho y me ayuda a respirar correctamente durante el día, es como mi medicina para los días nublados y solitarios, me hace feliz, extrañamente feliz—.
Una sonrisa cálida se apoderó del rostro de Satsuki, sabía que no estaba bien que su amigo se hiciera ilusiones con pensamientos vanos, pero la manera en que Kuroko se expresaba de aquel ser la hacía sentir segura. Su madre le decía que las cosas esenciales estaban lejos de ser visibles, Tetsuya era joven y un soñador empedernido con un corazón demasiado frágil y sensible, así que ella no era nadie para destruir esos sentimientos que su amigo había formado por el famoso fantasma del Castillo, así que por esa ocasión iba a dejar las cosas así.
Pero Kise no pensaba lo mismo, la manera de sonreír de Kuroko llenó su corazón aún más de rencor y odio, arrugó fuertemente el fino planchado de su pantalón y caminó decidido a iniciar una nueva tormenta en la ya gris vida del príncipe de Seirin.
Una intensa ventisca detuvo por unos instantes las acciones de Ryouta, un trozo de papel voló lentamente hasta quedar justo bajo sus pies, lo levantó y el contenido hizo que la cabeza le diera vueltas, quemando cada espacio de su piel.
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~"Tú eres el único ser que logra calmar mi alma
y que me acompaña en mi melancolía.
Si puedes recordar…
Te pido por un instante que pienses en mí,
porque yo en ningún momento del día
dejo de pensar en ti"~
~ A.S. ~
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—El viento está soplando fuerte, será mejor que cierre las ventanas antes de que te enfermes—.
Al cerrar las ventanas y voltear, Momoi notó que un intruso los observaba, la mirada helada que le dedicaba el príncipe Kise al pequeño Tetsuya era indescriptible. El rubio tenía las mejillas completamente rojas por la furia contenida, junto a una pose altiva como la de un animal que espera atacar a su presa a muerte en cualquier momento.
Kuroko era extremadamente perceptivo, por lo que la presencia del rubio detrás de él no fue una sorpresa, se levantó de su cama para poder verlo y enfrentarlo como el fuerte príncipe que su padre le había enseñado a ser.
—Príncipe Kise—. Murmuró con la voz quebrada, la manera en que el otro lo veía lo llenaba de intimidación y de miedo, nadie lo había mirado de esa manera y eso lo ponía aún más nervioso.
—Con que un admirador secreto, mi señor—. Escupió con sorna el rubio, mostrando en sus manos aquella nota de la cual Kuroko desconocía el contenido. —De haberlo sabido jamás me hubiera presentado en este lugar—.
—Yo…—. Tetsuya trató de interrumpir.
— ¡Silencio! —. Gritó Ryouta. —Esto no debería de importarme en absoluto, puesto que esto desde el principio ha sido una farsa, un matrimonio por simple conveniencia de nuestros padres. Pero al menos te pido un poco de respeto, así que si vas a traer a tus amantes que sea cuando yo no esté cerca, que me llena de repugnancia—.
El príncipe de Kaijo salió azotando la puerta, dejando atrás a un Kuroko con las ilusiones ahogándolo en un llanto silencioso. Porque tenía la esperanza de poder llegar a conocer el amor y a aprender a amar sin restricciones, porque cuando vio aquellos ojos mieles llenos de valentía hace apenas una noche, rogó atentamente a las estrellas que algún día en vez de mirarlo con odio, ese par de ojos hermosos lo vieran con amor.
Pero todo era una intangible mentira y lo mejor era terminar ese compromiso malsano antes de que pasará otra cosa —o antes de que terminara completamente enamorado de Kise Ryouta—. Así que mañana iría a ver al juzgado de Seirin para acabar con todo.
Su corazón se sintió vació, miró afuera y como era de esperarse el día estaba comenzando a tornarse nublado, tan gris casi igualando a la profunda oscuridad de su corazón.
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Notas Finales:
¿Qué les pareció? Bueno, malo, me aviento de un precipicio? Lo siento, no he tenido mucha inspiración pero igual me gustó el resultado ;_;
Otra vez, no sé cuándo volveré a actualizar, el próximo año estaré en un proyecto de Investigación con un Doctor de mi Uni, me da mucho miedo, pero trataré de sobrevivir (¿) Pero no se preocupen, a esta historia todavía le queda mucho y no la abandonaré, se los prometo.
¡Felices Vacaciones! & Pásenlo genial en compañía de sus familias :'D
P. D. En el otro capítulo, Akashi y Kuroko tendrán su primer encuentro de frente, mientras que Kise empezará a ver a Kuroko con otros ojos… creo(¡) XDDDD
Ah… y perdón por el OoC en los personajes ;_;
Respuesta a los Reviews! .
Koucchi15, HAHAHAHAHAHAHA! Te lo juro que morí con tu comentario, en especial con eso de "Kise y sus estupideces épicas" lol ;_; Bullying al rubio porque es rubio(¿) ;_; y el Akashi rojo, plz ya no hay respeto (¿?) XDDDDDD
Sip, también soy del México, del hermoso estado de México(¿), y soy niña! Digo… cuantos hombres vivos(¿) escriben yaoi LOL
Sí, sé que soy la peor por no actualizar, pero… siempre he pensado que el infierno es un mejor lugar que el cielo (¿?) XDDDD
Gracias por comentar y por leer, te mando muchos besos :'D
sugA u-u, Seeeh, el amor y el desamor son platillos muy sabrosos :3333
Gracias por leer y comentar, en verdad lo aprecio! :'D
Besos & abrazos para ti!
Ariante; Awwws! Muchas gracias por comentar y por leer, decir que mi historia promete me hace ponerme más nerviosa de lo que estoy, digo todavía me falta aprender mucho en el mundo de la escritura, de igual manera gracias.
Y sí, aunque me tarde siglos este fanfic será terminado :'D
Besos & abrazos para ti!
