Los personajes pertenecen a la Saga Twilight, la trama es mía.


LETS BURN TOGETHER

Cap6. Los Cullen

Odio la primera semana de clases. Aunque en teoría, la escuela comenzó hace dos días. Yo me había tomado unas pequeñas vacaciones extras y quería que siguieran así.

Gemí aventando la pluma que estaba por guardar en mi bolso, la cual reboto contra la pared y golpeó en la cabeza a Cullen.

-Tranquila fiera- dijo apartando la vista del celular.

Me trepé a la cama gateando hasta meterme entre sus brazos intentando husmear en la pantalla de su teléfono. Y digo intentando por que lo bloqueo inmediatamente.

-¡Hey! ¿Por qué lo apagas?- reclamé pegándole codazos en las costillas.

-Estaba viendo tus fotos desnuda- contestó cambiando de posición para que quedara presionada entre la cama y su cuerpo.

-No tienes fotos mías-

Edward enarcó una ceja con una sonrisa picara bailándole en los labios. Me encantaba cuando se ponía juguetón, en el mes antes de que se marchara nunca había conocido esta faceta suya, pero durante estos dos días no ha habido más que bromas entre nosotros. Y besos, muchos besos.

-Lo cual es una verdadera lastima- contesto dándome un casto beso en los labios.

Se separó de mi rodando hacia un lateral de la cama. Su cabello estaba más despeinado que de costumbre por haber pasado la mitad del día acostado viéndome preparar todo para el día siguiente. Dios, este hombre era hermoso.

-Ven aquí- dijo palmeando el lugar a su lado. Negué sacándole la lengua haciendo que rodara los ojos -Que vengas acá, Swan.-

-Oblígame, Cullen-

Entrecerró los ojos mirándome con esa sonrisa ladeada que me encantaba. Comencé a reír apenas se inclinó sobre la cama intentando alcanzarme. Chille pataleando pero no puse resistencia cuando me arrastro por los pies hacia el y comenzó a hacerme cosquillas.

-Para, para por favor- grité entre risas.

Deje de retorcerme cuando sentí como me alzaba entre sus brazos para acomodarme sobre sus piernas. Odiaba la facilidad con la que podía moverme, como si pesara menos que una muñeca de trapo. Apoye mi cabeza en su pecho respirando su delicioso aroma.

-Tengo algo que decirte- dijo Edward.

La excitación del momento se esfumó dejándome un sabor semi amargo al fondo de la garganta. Desde aquella noche no habíamos hablado del tema y mucho menos habíamos definido nuestra relación. Todos los días había un momento que sentía pánico de que lo hiciera por que no sabia que respondería.

-¿No es muy pronto para pedirme matrimonio?- bromee por que tenia la estúpida idea de que así lo espantaría.

-Esme quiere conocerte- soltó rascándose la nuca.

Suspire aliviada. Esto era bueno ¿no?. Siempre había querido conocer su casa.

-¿Cuándo?- pregunté intentando no dar saltitos al estilo Alice.

-Esta noche-

.

.

Creo que nunca me había cambiado tantas veces de ropa en mi vida. Al fin me decidí por un par de jeans obscuros, una blusa blanca y un cárdigan largo azul marino.

-¿Lista?- preguntó Edward apareciendo en la puerta de mi habitación.

Vestía como siempre y no hizo ningún comentario sobre mi aspecto así que supongo que no estaba tan mal. Asentí tomando las llaves y mi móvil, no le encontraba sentido llevar una bolsa ya que estaría a tres pasos de mi casa.

Ninguno de los dos hablo en todo el camino. La casa era más imponente de cerca. Tenia una terraza trasera parecida a la mía pero en lugar de los colores cálidos, esta era completamente blanca con muebles negros y elegantes pilares custodiando la estructura.

-¿Estas bien?- preguntó Edward deteniéndose frente a las puertas dobles de vidrio.

-Eso creo- respondí con la voz demasiado chillona para mi gusto.

-Les vas a encantar, como a mi-

Me dio un beso en la coronilla y me guio hacia el interior de la casa. Delante de mi se extendía un estilo de recibidor amplio con un piano de cola negro al centro y al otro lado de este lograba ver la puerta principal. Al frente a mi derecha separada por un pasillo alcanzaba ver la sala de estar un nivel más abajo y a mi izquierda otro pasillo más estrecho.

Un zumbido salió del pasillo de mi derecha haciendo que pegara un saltito. Edward se tensó a mi lado haciendo que me diera un pequeño ataque de pánico al recordar todas las viejas leyendas sobre esta casa.

-Tu debes ser Isabella- dijo una vocecita femenina a la vez que el zumbido se detenía a unos centímetros de nosotros.

Era una muchacha joven no mayor de diesciseis años con el cabello pelirrojo cayéndole en gruesas ondas hasta la cintura, tenia los rasgos delicados casi idénticos a los de Edward, a excepción de los ojos que eran redondos y grises. Un vestido dorado de gaza se extendía alrededor de su delgado cuerpo rozando el inicio de las ruedas de la silla.

-Bella- corregí intentando sonreír lo más amablemente posible sin mirar la silla más tiempo del necesario.

-Isabella, ella es mi hermana menor Marie- presentó Edward mirando con un amor tremendo a la niña.

-Es un placer conocerte al fin; Ed no ha parado de hablar de ti. Mamá ha pasado todo el día en la cocina y eso que no sabíamos si vendrías- comenzó a hablar Marie deslizando la silla de rueda sobre el piso de madera provocando ese ligero zumbido.

Edward me sonrió tímido llevándome con el para seguir a su hermana. Yo estaba más desubicada que un delfín en el desierto. Nunca me había comentado que tenia una hermana, jamás. Tomamos la entrada a la derecha mientras Marie seguía hablando, llegamos un comedor igual de grande que el resto de la casa que que daba al bosque a través de un ventanal enorme mientras que a mi izquierda se podía ver la entrada a la cocina. Todo era blanco y negro con toques de diferentes tonalidades de grises.

-¡Mamá! ¡Edward esta aquí!- gritó Marie mirándome como si fuera la mejor cosa que hubiese visto en días.

La puerta se abrió dejando ver a una señora de mediana edad luciendo un vestido esmeralda que resaltaba sus ojos verdes. Llevaba el cabello cobrizo recogido en un moño elegante mientras se secaba las manos en una toalla. Me miró con unos ojos amables pero me sentí demasiado informal ante ellas. Debí haberle hecho caso a Alice y ponerme un vestido.

-Madre, ella es Isabella- dijo Edward. La señora sonrió y me atrajo en un abrazo.

-Mucho gusto, Isabella- me dijo con una voz aterciopelada que iba de acuerdo a su apariencia. Era la imagen que se me venia a la mente cuando pensaba en la palabra mamá.

-Llámeme Bella, Señora- contesté.

-En ese caso, llámame Esme. Me da gusto que hayas podido venir pero me he atrasado en la cocina ¿Por qué no le enseñas la casa, Ed? En lo que Marie y yo terminamos-

Edward rodó los ojos pero asintió. Marie me sonrió una vez más antes de desaparecer tras de la puerta con su madre. Se movía con tal fluidez que si no fuese por el zumbido no se sabría que andaba en sillas de ruedas.

-¿Qué quieres ver primero?- preguntó Cullen mirándome con timidez. Lo note nervioso y casi hace que se me derrita el corazón.

-Lo que quieras, Ed-

-Ni se te ocurra, Swan- advirtió tomándome de la mano llevándome por donde habíamos entrado e ingresando al pasillo de la izquierda.

-Tienes razón, me gusta más Eddy-

Pasamos dos puertas de madera negra hasta detenernos en la tercera a la izquierda. Abrió la puerta invitándome a pasar. Era una habitación amplia con las paredes desnudas en color blanco, una cama al centro y una mesita de noche con una lámpara y un marco; No había más.

-Bienvenida a mi habitación-

Me sentí extraña por el vacío de la recamara, no había nada personal ahí, nada que me dijera que ahí dormía Edward. Jasper me había dicho que no se había llevado nada con el así que deduje que debía estar así desde que llegó a principios de verano. Recorrí el espacio pero no había nada que ver así que me acerque a el y no pude evitar notar la fotografía.

-¿Quién es?- pregunté tomando el marco entre mis manos.

Era una foto muy bonita, aparecía Edward un poco más delgado a la vez que más joven, lucia una sonrisa enorme y el cabello más corto. Al otro lado había un muchacho parecido a el con la piel igual de blanca, el cabello negro y unos bonitos ojos azules. En medio de ellos dos estaba una niña pelirroja con un vestido de princesa que reconocí como Marie. No llevaba ninguna silla de ruedas.

- Un viejo amigo- respondió Edward quitándome la foto y colocándola en su lugar- Vamos, ya llegó Carlisle.

Le eche un último vistazo a la foto antes de salir tras el, preguntándome que desgracia le había pasado a Marie para acabar en esa condición y por que al ver al viejo amigo algo se había estancado en el fondo del estomago.

-¿Tu padre?-

-Lamentablemente-

En el camino al comedor intente dejar mis malos pensamientos fuera, probablemente solo era mi curiosidad haciéndome una mala pasada. Mi abuela siempre me decía que "La curiosidad mató al gato" y que si seguía así yo podía llegar a ser ese gato. Creo que tenia razón. Cuando entramos al comedor, toda la mesa estaba puesta mientras dos jóvenes de uniforme azul terminaban de poner platos repletos de comida al centro. Sentado en la cabecera de la mesa estaba un señor rubio vestido de traje y expresión dura. La clase de hombre que te impone respeto.

-Padre, Isabella- dijo Edward adentrándose a la sala. Tarde unos minutos en comprender que esa era su presentación.

-Buenas noches, señor- respondí con un hilo de voz. El padre de Edward me miró de pies a cabeza, no de manera grosera o fuera de lugar, fue más bien como una mirada de aceptación.

-Vives en la casa de a lado, ¿cierto?- preguntó inclinándose sobre la mesa. Pude notar que tenia un cuerpo fibroso bajo el traje y los rasgos muy parecidos a Edward solo que un poco más duros.

-Si, con mi madre y su esposo-

-Hmm, padres divorciados- comentó haciendo que Edward se tensara a mi lado y en parte yo también.

Todo el pueblo sabia que Charlie nos había abandonado así que no estaba muy acostumbrada a ese tipo de estuvo a punto de decir algo pero Esme entró interrumpiéndolo con Marie detrás de ella. Y en el fondo lo agradecí, por lo que sabia de la relación de los hombres de la familia, no hubiese terminado bien.

-Pero que hacen ahí, chicos. Venga, tomen asiento- dijo Esme empujándome tiernamente a una de las sillas.

Al final, Carlisle estaba en la cabecera con Esme a su derecha y Edward a su izquierda. Yo me había sentado a lado de Edward con Marie enfrente de mi. Esme comenzó a servir la comida en los platos y yo me puse de pie tomando el plato de Edward para servirle ganándome una sonrisa de su madre lo que me hizo sonrojarme.

¿Qué diablos haces Isabella? ¡Tu no eres así! Y me regañe a mi misma durante toda la cena por querer agradar a esta familia al precio que fuera.

-Y cuéntanos, Bella. ¿Cómo se conocieron?- habló Marie sonriéndome con picardía. No me había dado cuenta que había una joven morena sentada a su lado y le acercaba el vaso para que ella bebiera.

-Ehh, fue hace unos meses cuando Edward entró a mi casa sin permiso y mi mejor amiga quiso defenderme con una lámpara- bromee.

Esme y Marie se rieron intercambiando bromas sobre la situación pero pude sentir la mirada escrutadora de Carlisle que no sonrió ni siquiera un poco. Vaya, teníamos un publico duro.

-Suena a Edward- dijo él desviando la mirada a su plato. Esme se rió aunque un poco forzado y comenzó a contar anécdotas de cuando era más pequeño.

El resto de la cena paso sin mayor problema. Carlisle se dedico a asentir o secundar los comentarios de su esposa con una especie de gruñido, sin embargo sentí su mirada puesta en mi en varias ocasiones. Edward estaba tenso, no dejaba de apretar mi pierna por debajo de la mesa y, definitivamente, no era la clase de toqueteo que me gustaba.

-Así que este es tu ultimo año, Bella. ¿Vas a quedarte en Washington?- preguntó Marie. La pequeña pelirroja era la única que se veía relajada o quizá era por que no le quedaban opciones.

-Aun no lo se, no he visto los programas-

Carlisle me miro. - ¿Ya sabes que quieres estudiar?-

-Medicina pero aun no se que especialidad-

-Tengo algunos contactos en Seattle, dime si quieres que te recomiende, tienen un programa de internado estupendo. Edward tuvo la oportunidad pero ya sabes, se le da bien arruinar las cosas buenas -

O fue idea mía o fue el apretón que me dio Edward pero parecía que detrás de aquella frase había una doble intención. Lamentablemente, nunca he sido buena leyendo entre líneas pero al parecer él si por que se puso de pie de un golpe haciendo chirriar la silla contra el suelo.

-Creo que Isabella tiene que llegar a casa y ya se ha hecho tarde-

-Yo no…- comencé a decir pero Esme se puso de pie sonriéndome.

-Si, se ha ido el tiempo volando. Ha sido un placer tenerte aquí, Bella, sabes que puedes volver cuando quieras-

Me quede aturdida por unos mini segundos. ¿Me corría pero podía volver cuando quisiera? Claro, sin duda lo haría. Sentí la mano de Edward en mi espalda empujándome a que caminara.

-Gracias, señores Cullen- murmure intentando sonreír. La única respuesta fue el zumbido de la silla de ruedas tras nosotros.

-Edward …- comenzó Marie colocándose a lado de su hermano, quien solo negó con la cabeza, la cara de ella se entristeció.

-Quizás puedas venir a mi casa un día de estos, Marie. Podemos salir a tomar el sol o algo- ofrecí en un intento de borrar la expresión dolida de sus facciones.

-Me encantaría- respondió con una sonrisa enorme. Le sonreí de regreso y me despedí de ella con la mano.

Apenas puse un pie fuera de la casa, sentí como me quitaban un enorme peso de encima. Es raro la vibra que se mantiene en esa casa como si tuvieras que andar con demasiado cuidado para que no se derrumbe. Esme y Marie son amables y divertidas pero hay algo en ellas que me hacen querer sostenerlas en brazos y decirles que todo ira bien. En especial, Marie, que aun sin conocerla me hizo sentir una necesidad de borrar cualquier sentimiento de amargura.

-Lo siento- susurró Edward cuando cruzamos a mi propiedad.

Bufé. – Te invitare a cenar con Renee para que veas lo que es verdadero drama familiar-

El no dijo nada. Y yo estaba muriendo por saber que le había pasado a su hermana pero no sabia como iba a reaccionar. Cuando llegamos a la entrada lo jale hacia los sillones dónde me acurruque contra él.

-Me la pase bien- murmuré. El suspiro.

-Gracias por aguantar, Swan-

Nos quedamos un rato en silencio solo sintiendo sus latidos contra mi oreja. Me gustaba el aroma que desprendía como a menta y crema de afeitar. Se estaba bien entre sus brazos, demasiado bien, y comenzaba a asustarme. ¿Me estaba enamorando? Y que pasaría si lo hacia. Estaba consciente que no tendría la fuerza para alejarme de Edward a tiempo.

-¿Estas bien?- preguntó separándose un poco para mirarme a los ojos. No me había dado cuenta que había comenzado a mover las piernas inquieta, una mala costumbre.

-Si- y entonces decidí aventarme- ¿Qué le paso a Marie?

Sentí sus brazos tensarse pero no hubo ninguna otra reacción que me dieran pista de lo que sentía. Clave la mirada en sus ojos intentando encontrar tristeza o enojo pero estaban impasibles como si no hubiese escuchado mi pregunta.

-Tuvo un accidente automovilístico hace un año, el idiota que venia manejando hizo que se voltearan- explicó sin que el tono de voz le cambiara. Si yo tuviera una hermana y pasara por algo así ya estaría a moco tendido.

-Es tetrapléjica ¿Verdad?-

-C4- Respondió simplemente sin darme más explicaciones. Esto significaba que no tenia movilidad en absoluto, no podía mover las manos ni mucho menos las piernas, estaba atada a esa silla de ruedas para toda su vida con alguien a su lado que hiciera todo por ella.

-Tan joven- susurré sintiéndome increíblemente triste.

-Ya es tarde, deberías entrar- dijo poniéndose de pie- ¿Nos vemos mañana?-

-Tengo clases- conteste recordando ese pequeño detalle y entonces me sentí más triste. Jodida escuela.

-Cierto, avísame cuando llegues a casa entonces-

Me dio un beso en la coronilla y se marcho. Las luces de la planta baja estaban ya apagadas así que subí a mi habitación intentando no hacer ruido. Me metí a la cama sin cambiarme, estaba mentalmente agotada. Apenas cerré los ojos la tristeza me volvió a invadir pensando en todo lo que aquel idiota había ocasionado en Marie, tan alegre y guapa.

Me quede dormida pensando en que ojala haya pagado por su error.


Hey!

Hasta aqui este capitulo, creo que ya voy a empezar a meter como la parte obscura de ambos personajes, la intención principal era que no fuera una historia de amor y creo que estoy cayendo en eso jaja

¡Gracias por leer! Reviews, quejas, opiniones están más que bienvenidos

Hasta la próxima.