Estaba trabajando en las sugerencias que me habéis ido dejando en los comentarios, cuando volví a ver un video de la boda de Finnick y Annie en Sinsajo parte II y... sorpresa! No me había dado cuenta hasta ahora de que Effie y Haymitch estan juntos durante la ceremonia *.* Así que a partir de esa escena, he decidido hacer mi propia versión :)
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Prompt: "Effie y Haymitch en la boda de Annie y Finnick"
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– Podrías venir conmigo.
El mentor clavó la mirada sobre la mujer, como si de repente le hubiese salido una segunda cabeza. Instantes después, comenzó a reírse a carcajadas. La vida bajo tierra y la falta de luz solar tenían que estar empezando a hacer mella en su cordura, ya que de otra manera, no encontraba explicación posible para lo que acababan de escuchar sus oídos. Effie se mantuvo impasible, esperando pacientemente a que el hombre terminase de montar el espectáculo.
– ¿Te has vuelto loca, princesa? ¿Por qué iba a ir a la boda contigo?
– Porque no tienes a nadie más–replicó ella, cortando de raíz su carcajada. Él la observó con algo más de cautela, al comprobar que el asunto parecía ir completamente en serio.
– Tal vez sí que tengo a alguien.
– No intentes mentirme, Haymitch.
El mentor puso los ojos en blanco, refunfuñando entre dientes. Effie le conocía demasiado bien después de tantos años, aunque algo le decía que, de no haber sido así, tampoco se habría creído que el hombre más huraño del Distrito hubiese conseguido una cita antes que ella.
– Lo que tú digas, preciosa. De todas formas, no voy a ir a esa boda, ni contigo ni con nadie.
– No puedes no ir– replicó ella, visiblemente ofendida – Son Finnick y Annie.
– ¿Y? Pueden casarse perfectamente sin mí.
– ¡Todo el Distrito estará allí! – estalló finalmente, elevando considerablemente el tono de voz. El hombre dibujó una diminuta sonrisa satisfecha en sus labios, conforme al haber conseguido enfadarla – Me lo debes.
– ¿Qué?
– Por tu culpa estoy atrapada en este sitio espantoso. Me lo debes – trató de chantajearle.
– ¿Por mi culpa? ¡Te he salvado la vida! Si te hubieses quedado en el Capitolio probablemente estarías muerta a estas alturas, princesa.
– Me trajiste aquí sin contar con mi aprobación – replicó la escolta, cruzándose de brazos – Eso es un secuestro.
– No puedes estar hablando en serio… – obviamente no, pero Effie podía llegar a ser bastante cabezona cuando se lo proponía.
– Por supuesto que sí. Así que como ya he dicho, me lo debes.
La guerra de miradas se alargó durante unos cuantos minutos más, durante los cuales Haymitch estuvo sopesando los pros y los contras de acudir con Effie a la celebración. Un gran contra es que no habría ni una sola gota de alcohol. Había compartido con ella una cantidad incalculable de fiestas a lo largo de los años, pero siempre había estado lo suficientemente borracho como para poder lidiar con sus excentricidades. Esta sería la primera vez en la que se iba a enfrentar a una velada con Effie completamente sobrio. Un buen pro sería que, si acudían juntos, probablemente se libraría de tener que charlar con todo el mundo y mostrarse sociable, ya que eran pocos en el Distrito 13 los que habían aceptado a la ex-escolta con buenos ojos. Otro pro: el verse como una paria social probablemente la pondría de los nervios, por lo que Haymitch tendría un buen rato de diversión. Aunque pensándolo bien, eso también podía convertirse en un contra si la mujer decidía volcar sus frustraciones en él.
– Si voy contigo, tendrá que ser bajo mis condiciones – habló finalmente el mentor, dándose por vencido. Tenía que ir sí o sí, así que elegir a Effie parecía la opción más razonable. Ella asintió un par de veces con la cabeza, dispuesta a escuchar sus demandas – En primer lugar, nada de ir conjuntados ni de intentar elegirme la ropa – la mujer abrió la boca para protestar, pero ante la mirada de él, se limitó a rodar los ojos hacia un lado y asentir – Segundo, no tendré que estar pegado a ti constantemente.
– Pero te sentarás a mi lado durante la ceremonia y el banquete – replicó ella.
– Trato hecho.
Haymitch extendió la mano en su dirección, dispuesto a cerrar el acuerdo. Sin embargo, justo cuando ella iba a estrechar la extremidad, el mentor la retiró bruscamente.
– Y nada de quedarnos hasta el final – añadió el hombre. Eso pareció gustarle menos a Effie, que frunció el ceño mientras que una mueca disconforme se dibujaba en sus labios. A continuación, volvió a extender la mano.
– Si nos vamos pronto, al menos quiero un baile – la escolta contuvo la respiración durante unos instantes, esperando a que el hombre retirase la mano por segunda vez. Sin embargo, Haymitch parecía estar considerando realmente su condición.
– Como quieras. No te quejes luego si terminas con los dedos de los pies aplastados – dijo finalmente. Effie estrechó su mano y por fin el acuerdo estuvo cerrado.
– ¡Maravilloso! – exclamó ella, después de unos segundos, dando un pequeño saltito y aplaudiendo tontamente – Tengo que marcharme, mañana va a ser un día muy muy muy importante y no hay tiempo que perder.
Como un torbellino, Effie salió de la habitación de Haymitch, hablando en voz alta atropelladamente, planeando en cuestión de segundos todo el día de mañana. Puede que en el Distrito 13 le hubiesen quitado los vestidos, las pelucas y el maquillaje, pero Effie seguía siendo Effie, y Haymitch no pudo evitar arrepentirse inmediatamente de haber aceptado ir a la boda con ella.
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Curiosamente, la boda de Finnick y Annie había sido introducida en sus horarios, así que llegado el momento, la muñeca de Haymitch empezó a pitar con insistencia, avisándole de que la hora de la ceremonia había llegado. Se había duchado y se había puesto uno de los trajes grises del 13, limpio. La barba y el pelo eran un asunto completamente diferente, aunque al menos, se había quitado el gorro mugriento que solía llevar a todas partes dentro del Distrito. Al abrir la puerta, se encontró de bruces con un montón de tela rosa brillante. Tras semanas de gris, gris y más gris, los colores eran dañinos para la vista.
– ¿Qué diablos llevas puesto? – gruñó el mentor, tras unos segundos de estupefacción. El vestido de gasa rosa brillante no era lo más esperpéntico que había visto viniendo de ella, pero no había duda de que superaba los límites del Distrito 13. El maquillaje no era excesivo, pero la peluca…
– ¿Qué diablos llevas TÚ puesto? – replicó Effie, tras darle un repaso de arriba abajo – ¡Es una boda!
– Exactamente. ¿Por qué te has vestido de payaso de circo?
– Payaso de circ-¡es un vestido de alta costura! – ella estaba hablándole a gritos para ese momento. Un nuevo pitido cortó la discusión por completo – ¡Y encima ahora llegamos tarde!
– Aflójate el corsé y relájate, princesa. ¡Es una boda! – se burló, repitiendo la frase e imitando el mismo tono de voz que ella había utilizado instantes atrás.
Entre insultos y gruñidos entre dientes, Haymitch y Effie pusieron rumbo a la sala en la que se iba a celebrar la ceremonia. Por suerte, no habían sido los únicos que habían llegado con retraso, así que para alegría de la mujer y exasperación del hombre, pudieron ser testigos de todo el acontecimiento desde el minuto uno. A pesar de que el mentor intentó tomar asiento al fondo de la habitación, Effie terminó arrastrándole hasta la segunda fila, justo detrás de Plutarch y la Presidenta Coin. Absolutamente todo el mundo apartó la mirada durante unos instantes de los novios para clavarla sobre el montón de tela rosa y el mentor del Distrito 12.
– ¿Por qué no podías ponerte el uniforme como todo el mundo? – reprochó el hombre, hablando en voz baja.
– Porque ese uniforme, Haymitch, es un atentado al buen gusto y a la moda – los labios de Effie apenas de movían, pero el sonido llegó lo suficientemente lejos como para que Haymitch no tuviera problema alguno en entender sus palabras – Todo el mundo en este Distrito debería de estarme agradecido por haber traído la salvación en lo que a estilo se refiere – añadió, haciendo un par de gestos con la mano.
– Estas ridícula.
– Y tú estás tan ciego como los demás.
Antes de que pudieran seguir discutiendo, alguien les mandó callar. Al parecer, el volumen de sus voces se había ido elevando sin que ninguno de los dos se diese cuenta. El resto de la ceremonia transcurrió sin más incidentes. Effie se iba emocionando por momentos, especialmente después de que la pareja intercambiase sus votos, mientras que Haymitch simplemente les observaba en silencio. Para cuando Finnick y Annie fueron declarados marido y mujer, la escolta estaba llorando abiertamente, aplaudiendo con fuerza mientras que luchaba por controlarse.
En un acto de galantería sin precedentes, Haymitch hizo aparecer un pañuelo blanco delante de las narices de Effie, sin apartar la mirada del ahora matrimonio, que continuaba celebrando su amor frente al altar. La mujer reconoció el pañuelo como ese que el mentor solía llevar a todas partes, para sonarse la nariz siempre en los momentos más inapropiados. Una expresión de asco se dibujó en su rostro. El hombre, al notar que los segundos seguían pasando y que ella no cogía el pañuelo, dirigió la mirada en su dirección, topándose con su rostro crispado y lleno de lágrimas.
– Oh por favor… ¡Esta limpio! – se quejó Haymitch, tras poner los ojos en blanco. El color subió hasta las mejillas de Effie, que empezó a sentirse avergonzada por haber pensado lo peor de su acompañante. Sin perder más tiempo, cogió el pañuelo y se secó las lágrimas con él, dando pequeños toquecitos con la tela sobre su piel para no quitarse la capa de maquillaje junto con las lágrimas.
– Gracias.
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El banquete, si es que realmente podía llamarse así, estaba llegando a su fin. Las férreas normas del Distrito 13 habían sido ignoradas levemente, garantizando que una ración de comida algo superior a lo normal fuese servida entre los ciudadanos, aunque no lo suficiente como para que una gota de alcohol llegase hasta sus copas. Aunque llevase varias semanas sobrio y lo peor de su síndrome de abstinencia estuviese llegando a su fin, Haymitch aún seguía anhelando la vuelta de su amado licor. Sus manos empezaron a temblar, por lo que el hombre soltó los cubiertos antes de que el episodio fuese demasiado evidente y atrajese la atención del resto de comensales. Sin embargo, el detalle no pasó desapercibido para la escolta, que frunció el ceño de manera casi imperceptible.
– ¡Creo que es hora de que los novios hagan un brindis! – exclamó la mujer, elevando la voz lo suficiente como para que algunos de los invitados apoyasen su idea. En cuestión de segundos, todas las miradas estaban clavadas sobre Finnick y Annie, dándole a Haymitch unos valiosos minutos para poder terminar su cena en paz.
Ninguno de los dos dijo nada al respecto, pero una vez que los platos fueron retirados, una de las manos del mentor voló hasta la rodilla de Effie, dándole un pequeño apretón. Por el momento, eso sería agradecimiento más que suficiente.
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Después de que los novios abriesen el baile, cientos de personas se les fueron uniendo a medida que la noche iba avanzando. Algunos bailaban en parejas, otros en pequeños grupos, aunque debido a la gran cantidad de población del 12 que había en ese momento, los bailes tradicionales del Distrito pronto se volvieron populares entre los invitados.
Haymitch se había esfumado sin dejar rastro, mientras que Effie había tomado una posición algo más retirada, observando a los bailarines sentada en un lateral de la sala. Por primera vez desde que había empezado la velada, la mujer se estaba arrepintiendo de no haberse puesto el traje gris como todo el mundo. Quizás, de haber sido así, habría encontrado el valor para levantarse de la silla y acercarse al pequeño grupo de personas que rodeaba a Primrose Everdeen, que había asumido la función improvisada de profesora y se estaba dedicando a enseñarles los entresijos de la danza. Pero no, Effie había tenido que insistir en ponerse el dichoso vestido, atrayendo todas las miradas en su dirección a cada paso que daba. En el Capitolio, habría estado en el centro de la pista de baile desde la primera canción, pero aquí, se sentía como un pez fuera del agua bajo el sol abrasador. Un suspiro derrotado escapó de sus labios.
– ¿Cansada de tanto bailar, princesa? – Effie dio un pequeño respingo, girando la cabeza bruscamente. Se había quedado tan embobada observando a los invitados que no había escuchado al hombre acercarse.
– ¿Cansado de esconderte?
– Nadie puede culparme por intentar buscar algo que merezca la pena beber – bromeó el mentor, aunque por el tono de su voz, Effie no podía estar del todo segura qué parte de verdad se escondía tras el chiste. Él se dejó caer a su lado pesadamente, tomando asiento – ¿Disfrutando de la fiesta?
– No creía que fueses a volver.
– Teníamos un trato así que… prefiero unos minutos de tortura ahora que escuchar tus reproches durante semanas – explicó, ganándose una mirada poco amigable por parte de ella. Instantes más tarde, Haymitch se puso de nuevo en pie con movimientos lentos y pesados, extendiendo la mano en dirección de Effie.
– No conozco los pasos – replicó ella, atrapando su labio inferior entre los dientes, olvidándose durante unos segundos del pintalabios rojo que luchaba por no perecer ante el ataque.
– Yo sí – replicó él. La cara de sorpresa de la escolta pareció molestarle, ya que no pudo evitar soltar un pequeño bufido entre dientes – ¿Qué? Es un baile que aprendemos todos en el 12 cuando somos niños – la sorpresa poco a poco fue transformándose en una pequeña sonrisa. Durante unos instantes, Effie no pudo evitar imaginarse a un Haymitch con ocho o nueve años, sacando a alguna niña del Distrito a bailar con una expresión traviesa dibujada en su rostro – ¿Quieres que te enseñe o no? – gruñó el mentor, incómodo.
– Me encantaría – por fin, la mujer aceptó la invitación.
Al principio, la situación fue bastante tensa. Effie seguía más pendiente de lo que pudieran pensar los demás que de disfrutar lo que estaba haciendo, y Haymitch llevaba tanto tiempo sin relacionarse de manera sana con otro ser humano que prácticamente había olvidado cómo se hacía. Sin embargo, a medida que fueron pasando los minutos, la incomodidad fue desapareciendo. La mujer demostró ser una aprendiz bastante aplicada y pronto dejó de pisarle, repitiendo los movimientos que Haymitch le iba enseñando con soltura. Canción tras canción, sus cuerpos se fueron amoldando el uno al otro hasta quedar en sintonía, momento en el que realmente empezaron a disfrutar de la velada como cualquiera de los presentes. Effie era incapaz de borrar la sonrisa de su rostro, y aunque a él le costaba algo más mostrarse igual de desinhibido, al menos no estaba gruñendo enfadado. Al final, la promesa de bailar al menos una canción se alargó hasta el final de la noche, cuando el pitido de los horarios de todos los invitados avisó de la clausura de la ceremonia.
Haymitch la acompañó por los pasillos del Distrito 13, deteniendo sus pasos frente a la puerta de la habitación. Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, el hombre tosió un par de veces, aclarándose la garganta.
– Gracias – habló finalmente Effie – Ha sido una velada maravillosa.
– Sí, bueno… tampoco te acostumbres, princesa – la mujer puso los ojos en blanco, pero aún así, eso no la detuvo para acortar la distancia que les separaba y fundirse en un abrazo con el mentor.
– No lo estropees – le regañó.
En lugar de replicar, él se limitó a corresponder al abrazo, rodeando su cintura con firmeza. Antes de separarse, Effie se puso de puntillas y le dio un beso casto en la mejilla, tras sujetar su rostro con la palma de la mano.
– Buenas noches – se despidió ella, antes de alejarse definitivamente y entrar en su habitación.
– Buenas noches – murmuró él. Un calor agradable se asentó en la boca de su estómago, pero antes de que la sensación progresase y se le escapase de las manos, Haymitch volvió a hablar utilizando un tono de voz algo más alto – ¡Sigo pensando que pareces un payaso de circo!
Desde el pasillo, el mentor pudo imaginarse a la perfección el rostro de Effie poniendo los ojos en blanco, exasperada ante su actitud. Una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios antes de continuar con su camino.
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Y eso es todo por hoy^^
Sigo aceptando sugerencias, así que como siempre, os leo en los comentarios!
