Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama.

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Capitulo II: "Una chica extraña"

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Para Levi Ackerman los altos rangos eran realmente un fastidio, por ello no entendía como había terminado aceptando ser el capitán de la tropa.

En medio de una reunión entre los encargados de los escuadrones, el capitán se distrajo más de una vez para contemplar el vendaje de su mano. Nunca en su vida había visto una curación realizada de manera tan limpia y cuidadosa, muchas veces había preferido tratarse a sí mismo sus lesiones en vez de dejar que otro lo tocara, sin embargo, el trabajo que había realizado aquella practicante era simplemente impecable.

—¡Levi! —exclamó una ruidosa y familiar voz cuando salió del salón de reuniones.

El militar ignoró el llamado y siguió caminando a paso rápido, pero fue fastidiado por una extraña mujer de cabello castaño quien lo agarró del hombro para evitar que se escapara.

—¿Qué diablos deseas Hanji? —Preguntó hurañamente, sin ningún interés en lo que tuviera que decirle.

Hanji Zoe, una mujer alta con gafas gruesas y un delantal blanco desabotonado, era una doctora del hospital reconocida por su intelecto y conocimientos médicos a lo largo del país. Sin embargo, se destacaba principalmente por su enfermiza afición hacia la anatomía humana, que la había llevado a hacer desconcertantes peticiones como solicitar los cuerpos de los soldados fallecidos por el bien de sus investigaciones.

—Ayer te atendió Petra ¿No es así?

—¿y que hay con eso? — el humor del pelinegro se volvió más oscuro de lo usual. Nunca había logrado congeniar con la personalidad hiperactiva de la castaña, pese a todos los años que se conocían.

—¡Eres realmente un suertudo, hombre! —Bromeó la doctora dándole unas cuantas palmadas bruscas en la espalda— Pocas veces tenemos alumnas en práctica en este hospital, y en especial una bonita como ella ¿Qué tal estuvo?

—Era buena con las curaciones—Admitió Levi de forma cortante, devolviendo su mirada en el pulcro vendaje.

—¿Y solo en eso? —Cuestionó Hanji con picardía—Pensé que tal vez te habrías interesado en alguna otra cosa.

—Lamento informarte que no estoy de humor para esas cosas. He estado ocupado estos últimos meses, y encima debo ir vigilar a un cadete quien cometió una irresponsabilidad durante el entrenamiento de ayer.

La mujer suspiró con pesar tras las palabras del pelinegro. Limitándose a negar con la cabeza de manera dramática.

—Tanto a ti como a Edwin les falta algo de emoción en sus vidas— se quejó la doctora— Solo piensan en el campo de batalla y esas cosas. Algo de actividad nocturna no les haría nada mal.

—¿Qué quieres decir? —Preguntó el capitán levantando una ceja.

—Ya sabes…¿Acaso no te gustaría tener a una bonita enfermera en tu cama todas las noches? Le puedo buscar otra a Edwin si es que también le interesa.

—Realmente eres una loca al ofrecer a tu escaso personal para acostarse con otros—Bufó con indiferencia Levi tras el comentario.

—¡Es broma! ¡Es broma! No te enfades— Rio Hanji a carcajadas al sentir la molestia del militar—Solo te recuerdo que si el conflicto en la frontera no se resuelve pronto deberás ir hacia allá. Puede que no vuelvas nunca, así que solo te aconsejaba que disfrutaras un poco la escaza juventud que te queda.

—¿Por quién me tomas?

—Por un idiota que aunque busque la muerte con sus propias manos, nunca será capaz de encontrarla.

Después de esas palabras, Hanji se despidió de Levi y camino con tranquilidad por los pasillos del cuartel. El capitán volvió a dirigir sus inexpresivos ojos hacia su mano.

No era como si él buscara morir, sin embargo, tampoco deseaba vivir. Su existencia era ambigua, por lo que el campo de batalla era lo único que lo mantenía de pie.


—La situación va mal—Comentó Edwin pensativo mientras analizaba un mapa sobre su escritorio—Debemos enviar refuerzos. Según el último informe de las fronteras, el enemigo podrá invadir las ciudades continuas en poco tiempo. La marina logró frustrar su ataque en la costa este, mientras que la aviación bombardeo uno de sus campamentos militares. No obstante, han tomado dos pueblos bajo su poder. Nuestra misión será abrirnos paso por el sur y avanzar hasta la capital…

—¿Entonces cuando debemos partir? —Preguntó Levi mientras pulía meticulosamente su rifle favorito. Ignorando por completo lo riesgosa que era la estrategia propuesta por el comándate.

—Primero enviaremos dos tropas, una como cebo y otra para que nos abra el camino. Dependiendo de como resulte será nuestro turno, no queremos perder a nuestros mejores soldados

—De acuerdo.

El capitán no comprendía cual era el afán de las cabezas del ejército en resguardar a los soldados más calificados como reservas, y en su lugar enviar mocosos inexpertos e inmaduros al campo de batalla. No tenía sentido alguno, y sabía que Edwin pensaba igual que él, sin embargo, por muy alto que fuera su rango no podía ir en contra de los deseos del Estado.

Luego de verificar que todas los provisiones estuvieran en su lugar y contar las cantidades exactas de cada una, Levi dejó a cargo al cadete de ojos verdes al cuidado y se retiró de sus labores.

Pensó en volver a taberna que había ido el otro día. La cerveza no era para nada buena, pero no estaba dispuesto a gastar más dinero en un mero capricho para matar el tiempo, además quedaba a tan solo unas cuantas cuadras del campamento.

Caminó con lentitud, sintiendo como las personas lo miraban al verlo pasar, el uniforme era demasiado llamativo en tiempos de guerra.

Ignoró todo a su alrededor y se centró en sus pensamientos, sin embargo, una delicada voz femenina y una anaranjada cabellera lo hicieron volver a la realidad. La escena de un militar bastante conocido para él, forzando a la joven enfermera que había conocido el día anterior, ocurría frente a sus ojos.

—Creo que fui bastante clara al decir que no deseaba ir con usted—Desafío con firmeza la muchacha al soldado que aprisionaba su muñeca.

—¡Vamos! No perderás nada—Insistió el hombre de rizado cabello castaño, confiado en que su invitación era demasiado buena como para ser rechazada.

—¡He dicho que no! Por favor, déjeme ir—La postura de la chica era tan clara que no cedería ante las obstinadas palabras del soldado. Hecho que impresionó a Levi a gran medida.

El sujeto siguió insistiendo incesablemente, pero antes de que se avergonzara cada vez más, el capitán de la tropa central se interpuso entre ambos y agarró el brazo de su subordinado para que dejara en paz a la enfermera.

—¿Qué diablos crees que estás haciendo, Auruo?

La palabras de Levi, fueron tan frías que helaron la sangre del soldado, y un escalofrió recorrió su espalda, haciéndolo dar un sobresalto despavorido a penas vio con quien estaba tratando.

—¡Ca-ca-Capitan! —Exclamó Auruo dando un saludo militar a su superior.

—Por esta vez dejare pasar la situación, sin embargo, si vuelvo a enterarme de un segundo comportamiento similar a este recibirás un castigo. Regresa al campamento.

Sin darle siquiera la oportunidad de hablar, el hombre no pudo hacer más que acatar las palabras de Levi y se retiró sin nada más que decir.

Levi pudo apreciar como la expresión dura de la enfermera se relajó hasta volver a ser el mismo rostro amable y dulce con que la había conocido.

—¡Muchísimas gracias por ayudarme! —Agradeció la pelirroja con una cálida sonrisa en su rostro.

—Permítame disculparme por la conducta de mi subordinado—La palabras de Levi expresaban frialdad e indiferencia, pero en el interior se sentía desconcertado por la calidez de la chica.

—¡No tiene porque disculparse capitán Ackerman! —exclamó la chica un tanto avergonzada— Juzgando por el color del rostro y el brillo en los ojos, lo más probable es aquel soldado haya estado bebiendo. Esa debió haber sido la razón tras su actitud.

El pelinegro volvió a sorprenderse una vez más al ver que la enfermera recordaba a la perfección su nombre.

—Es peligroso que ande sola por las noches en esta ciudad. La escoltare a su hogar por el día de hoy—Cambió el tema de manera abrupta, dejando desconcertada a la enfermera.

Aunque era fastidioso el simple hecho de pensar en acompañarla a donde sea que viviera, no quería hacerse responsable si alguna otra cosas le sucedía era por dejarla sola.

Tras procesar las palabras del soldado, Petra se negó reiteradas veces, no obstante, Levi hizo caso omiso a sus quejas.

—Entonces déjeme al menos pagarle a modo de agradecimiento—Propuso la muchacha, mientras que el brillo de sus ojos ambarinos daba por entender que no aceptaría fácilmente un no como respuesta.

Levi quiso negarse de inmediato, pero al entender que sería más problemático, suspiró exhausto y acepto el trato de malagana. La muchacha simplemente sonrió satisfecha.

Pese a que no sabía absolutamente nada de ella, el militar solo pudo concluir una cosa: Era una chica algo única.

Se dirigieron al viejo bar al cual Levi tenía planeado ir desde un principio. Petra tenía una personalidad bastante agradable y sociable, a diferencia del soldado, quien solo se limitaba a responder si o no cada vez que ella le hablaba. Sin embargo, eso no evitó que la pelirroja iniciara una conversación con él y se conocieran un poco más.

Para su fastidio, Levi descubrió que Hanji se había encargado personalmente de contarle sobre él durante el receso de almuerzo. Ni siquiera quiso imaginar que diablos le había metido en la cabeza cuando un leve sonrojo apareció en las blancas mejillas de Petra, en el momento que recordó la conversación con la doctora.

Maldita bastarda…—Susurró con voz casi inaudible el capitán, para que la enfermera no lo oyera maldecir entre dientes.

Pese a que no hablo demasiado, por primera pensó en que no era molesto escuchar a otra persona hablar acerca de cosas tan triviales y comunes.

Definitivamente era una chica extraña ante los ojos de Levi.

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Como prometí aquí esta un nuevo capítulo!

Lamento mucho si hay faltas de ortografía o redacción.

También me disculpo si es que algún personaje queda muy ooc, ya que ha sido un buen tiempo desde que vi shingeki (Estaba leyendo el manga, pero debido a los estudios lo deje postergado)

Espero que les haya agradado aunque sea un poco :3

Muchas gracias por leer!