Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama.

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Capítulo V: "Esperandote"

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Todos los niños tienen sueños. Con el trascurso de los años estos pueden cambiar conforme maduran y optan por otros caminos, pero ella siempre fue firme a su aspiración de infante.

Soñaba con ser alguien que contribuyera con otros.

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Petra Ral nació en el seno de una familia humilde en un pueblo conocido por sus productos agrícolas al sur del país. Su padre era un panadero que tras su matrimonio pudo cumplir el sueño de abrir su propia tienda, mientras que su madre era una mesera que se retiró de su oficio al quedar encintada a temprana edad y se dedicó a la costura.

La relación de ambos paso por varios altos y bajos, ya que la familia de la madre no aprobaba la unión entre ellos debido a una notable diferencia de edad. No obstante, la madre de Petra hizo caso omiso a las oposiciones y contrajo matrimonio con el hombre que amaba.

Los nueve meses en la espera de la llegada de su hija fueron los más dichosos del matrimonio, a pesar de los tormentosos síntomas del embarazo. Cada día anhelaban conocer al niño que crecía dentro del abultado vientre.

Con los ahorros que acumularon desde sus días de adolescencia, compraron juguetes y muebles para la habitación del bebé, mientras que las ropas y los animales de peluche eran confeccionados a mano por la joven madre. Querían que aquella nueva vida tuviera una infancia feliz y sin todas las carencias con las que ambos crecieron.

Un frio día de diciembre el milagro ocurrió, y una pequeña niña de ojos ámbar nació. Ambos lloraron al escuchar por primera vez el llanto de la criatura, fue un parto difícil en donde la partera tuvo bastantes dificultades para dar a luz a la pequeña. Todos los gritos de dolor y las lagrimas de parte de la costurera valieron la pena una vez que sostenía a su hija sobre su pecho.

Ese era uno de los grandes milagros de la vida.

La felicidad de la familia Ral no pudo ser mayor cuando tenían a la niña de cabello anaranjado junto a ellos, sin embargo, la dicha no duró demasiado.

Un día de primavera, una pequeña Petra de no más de dos años caminaba de la mano de su padre en un cortejo fúnebre.

Frente a ellos un grupo de hombres cargaba un cajón de madera con flores blancas encima, mientras que una larga fila de personas, incluidos ellos, los seguía por detrás.

Le dolían los pies de tanto caminar y lo único que sabía era que debía seguir andando hasta que su papá le dijera. No entendía porque todos estaban llorando, y en especial su progenitor quien parecía devastado, sin embargo, algo en su interior le hizo sentir tristeza.

Cuando llegaron a un amplio campo lleno de lapidas, los hombres hicieron descender el cajón que habían estado cargando en agujero.

—Petra…En ese lugar esta durmiendo mamá—Explicó el padre al ver la cara de incomprensión de su hija.

—¿Y por qué esta ahí papá? Mamá dijo que jugaríamos hoy día—Preguntó la niña con inocencia e ignorancia infantil.

—Mamá no volverá cariño, ella no podrá jugar contigo nunca más ya que fue al cielo— El hombre trató de fingir una sonrisa y apretó con firmeza la mano de la pequeña, pero al ver como el vivo retrato de su difunta esposa comenzó a llorar con desconsuelo, las lágrimas escaparon de sus orbes oscuros y abrazó a su hija para confortarla.

Desde ese día, Joseph Ral se prometió a si mismo dedicar su vida al último regalo que su mujer le brindó.

No fueron ricos ni vivieron penurias. Su cuerpo comenzó a demacrarse con el tiempo, pero la sonrisa de su niña siempre lo salvó de no perder su camino. Cuando los malos tiempos llegaban, el alcohol y los malos consejos lo asechaban, pero siempre se mantuvo fuerte.

Petra creció como una mujer amable y fuerte, nunca se quejó de nada y siempre estaba dispuesta a ayudar en el negocio familiar. Sabía que ella era todo para su padre, por lo que se mantuvo aferrada a él, ya que ambos sabían que algún día tendría que partir para cumplir su sueño.

Nunca conoció el amor, ya que se mantuvo ajena a este a pesar de tener un considerable número de pretendientes. Ella era independiente, así que considero que una relación romántica no era necesaria por el momento.

La universidad a la que ingresó quedaba en una ciudad vecina a su hogar, por lo tanto, las visitas durante los fines de semana y festivos, de parte de Petra, eran tan frecuentes como las llamadas telefónicas durante las noches. Pero todo cambió una vez que la guerra inicio.

El lugar en donde se encontraban era pacificó y libre de cualquier conflicto, pero una vez que Petra debió hacer su práctica, fue obligada a trasladarse a un hospital militar bastante lejano.

Una mezcla de sentimientos se apoderó de ella: Adoraba la idea de ayudar a los soldados de su nación, pero a la vez le aterraba la idea de dejar a su progenitor.

—Debes ir Petra, es un paso para cumplir tu sueño—Explicó su padre, brindándole la misma sonrisa que en el funeral de su madre pero sin lágrimas que humedecieran sus ojos. Estaba dolido, pero sabía que era lo mejor para su hija.

—Pero…¿Y tú?...

La chica no alcanzó a terminar de hablar cuando su padre comenzó a acariciarle la cabeza.

—Ya has crecido Petra… Has vivido demasiados años por mí, y pese a ello nunca oí queja alguna de tu parte, pero es hora de que vivas por ti misma, eso es lo que tu madre habría querido. Lo único que me preocupa es que algo te ocurra en estos tiempos de guerra, sin embargo, no quiero que te detengas por mí. Con una llamada de vez en cuando es suficiente para este viejo.

Ahora las lágrimas corrieron de los orbes ambarinos de la muchacha, y se abalanzo contra su padre para abrazarlo mientras lloraba como una niña pequeña. No quería separarse de su única familia sabiendo que no era seguro volver a verse otra vez, sin embargo, ambos debían ser fuertes.

—¿Una llamada cada noche? —Preguntó la colorina con una sonrisa mientras se limpiaba las lagrimas de su rostro.

—No creo que tengas tiempo para eso—Rio el hombre acariciando la suave cabellera anaranjada de su hija, idéntica a la de su esposa.

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OoOoOoO

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Sentada en un rincón del hospital, Petra observaba el ancho firmamento mientras descansaba de organizar las fichas de los pacientes.

Era increíble para ella pensar en el tiempo que había transcurrido desde que había llegado a esa ciudad. El trabajo era agotador y en más de una ocasión no dormía durante noches completas, pero a cambio conoció a muchas personas únicas.

La doctora Zoe era una mujer excéntrica y a veces no estaba segura de como tratar con ella, en especial cuando comenzaba a hablar de anatomía humana, pero se había convertido en una buena compañía para Petra y siempre era un apoyo en todas sus preocupaciones. Sin ella no hubiera sido capaz de adaptarse tan fácilmente al personal y, sobretodo, no habría podido conocer más al hombre que le robaba sus pensamientos.

Petra nunca estuvo interesada en algún hombre en especial, sin embargo, el día que conoció al capitán Ackerman fue completamente distinto.

Sintió curiosidad en aquel individuo cuyos ojos retrataban una vida llena de penurias, carente de cariño y sin deseo de abrirse a nadie. Nunca hubiera imaginado que terminaría por convertirse en la compañera de beber del soldado, pese a nunca haber bebido en toda su vida. No obstante, algo la motivaba a estar a su lado.

Quería conocerlo, quería conocer sus penas. Deseaba confortarlo y hacerle saber que no estaba solo en ese cruel mundo. Para ella Levi solo era alguien solitario, carente de cualquier tipo de afecto.

Ahora ella estaba esperando su retorno luego de casi tres meses desu partida.

Desde que se fue a la batalla, comenzó a leer los periódicos más a menudo y ver los canales de noticias en sus tiempos libres, en busca de cualquier información sobre la tropa del militar. Lo único que había sabido de él desde la última vez que lo vio fue una corta repuesta a su carta.

"Volveré"

Podría ser absurdo sentirse tan angustiada por alguien que no conocía demasiado, pero el inexplicable vació que sentía al imaginar que Levi jamás volvería, le hacia esperar continuamente su retorno.

Era extraño para ella sentirse sola cuando terminaba el trabajo y no ver la silueta del azabache esperándola a las afueras del hospital, ya que nunca se había sentido dependiente a alguien que no fuera su padre. Incluso se sintió egoísta de preocuparse tanto de sus propias emociones y no la situación de su país.

—No te preocupes Petra, ese chico no morirá tan fácilmente—Aseguró más de una vez Hanji con el fin de tranquilizarla.

La enfermera solo agradecía con una débil sonrisa y continuaba con su labor.

Quería verlo, deseaba estar con él.

Tras una extensa jornada laboral, Petra regreso a su hogar completamente exhausta. Un pequeño y pulcro departamento no muy lejos del hospital.

Tras darse un baño, se sirvió una tazad de té para luego acomodarse en un sofá y ver las noticias de ese día.

La invasión hasta la capital se vio frustrada por la nación enemiga, pese al gran avance que el ejército había conseguido. Aparentemente un representante del gobierno en compañía del comandante Erwin Smith negociaría con el país vecino con el fin de llegar a un acuerdo y devolver las localidades invadidas.

Suspiró con decepción al no tener ni siquiera un vistazo del capitán, pero conociéndolo, era muy probable que con tan solo una mirada asesina alejara a todas las cámaras y reporteros que se le acercaran.

Sonrió para si misma con tan solo imaginarlo.

De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos por el timbre que resonaba por toda la habitación. Le pareció extraño tener algún visitante a esas horas de la noche, por lo que simplemente supuso que se trataba de la dueña de los departamentos.

—Tan descuidada como siempre para abrir la puerta sin ningún tipo de precaución—Reprochó una muy familiar y monótona voz, una vez que giró el pomo de la puerta.

Por unos minutos Petra quedó estupefacta ante la persona que tenía frente a sus ojos, para luego cambiar su expresión por una radiante sonrisa, mientras que lágrimas de felicidad corrieron por sus ojos.

—He regresado—Anunció el militar con seriedad.

—He estado esperándolo. Bienvenido de vuelta Capitán.

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Me tarde un poco más de lo planeado en actualizar, pero la magia del sur durante unas vacaciones familares me inspiró(?)

No me convenció demasiado este capitulo, pero tratare de hacerlo mejor el próximo( Del cual ya tengo una buena parte escrita)

Les agradezco a Kenya Uchiha O.o y a Blond Hair Girl por sus comentarios! Con una pareja no muy popular como el Rivetra es fácil sentirse insegura al subir cada capitulo Bueno, aunque es algo normal en mi XD)Me alegro saber que les interesa.

En fin, lamento si hay errores ortográficos o de redacción.

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Muchas gracias por leer!