Cuando todo se Derrumba

Tal vez no había empezado bien la escuela, tal vez todos en ella lo odiaban y una vez intentaban matarlo, tal vez después se olvidarían de él como el polvo.

Pero al menos había logrado terminar la secundaria.

La ceremonia de graduación se había llevado a cabo después de angustiantes días de exámenes por no contar, el abuso y el desprecio que cada compañero le demostraba por ser el rarito de la clase… como si no quisieran perder ni un momento para molestarlo antes de abandonar Skool para siempre.

O al menos eso estaba en sus planes.

Había pasado mucho tiempo hasta llegar a este día, y había crecido esperando el día en que finalmente, todo esto se acabaría.

Ahora era el más alto de salón, era delgado y esbelto por no decir debilucho, de cabello negro con puntas puntiagudas que hasta ahora no se molestó en cortar y aún mantenía sus preciadas ojeras debajo de sus ojos que eran de color gris.

Estaba ahí sentado con su bata azul opaco con un gorro de recién graduado del mismo color con una pitita amarilla que salía de un costado, mirando por última vez el lugar donde estaba y que juraría jamás regresar.

El gimnasio estaba repleto de sillas divididas en dos fila, una para los padres y la otra para los recién graduados.

Por supuesto sus padres no estaban ahí, estaban en casa ayudando a empacar sus cosas.

Desde que entro al último grado las cosas habían empezado a cambiar en su casa, sus padres le empezaban a tratar de una manera diferente por no decir inusual, le ponían más atención.

O al menos su padre, su madre estaba más ausente de lo natural, algunos de sus "medicamentos" eran algo fuertes.

Su padre como nunca le había ayudado en sus pruebas de admisión para universidades y sorprendentemente se ofreció a pagar la cuota correspondiente y sus gastos domésticos, con un solo requisito… que la universidad fuera afuera de la ciudad.

Y lo logro, una gran y prestigiosa universidad lo admitió en su campo de estudio, se sintió tan feliz por su logro.

Había logrado ingresar con la calificación más alta, sus padres jamás habían estado tan felices, su padre aún seguía serio pero pudo ver en sus ojos un ligero brillo de alegría.

Y para él era más que suficiente.

Aun cuando se vaya tan lejos, pues era una que lo mantendría alejado de casa por un buen tiempo, sabía que al menos había valido la pena.

Jamás se había sentido tan emocionado y… tan feliz.

El escenario estaba decorado con tela azul eléctrico a los costados y de arriba del escenario con un cartel en lo alto de aquel escenario que decía en letras blancas y doradas: "Graduación del Ultimo Año".

La señorita Bitters subió al escenario y se puso al frente del único micrófono del lugar, detrás de ella estaban tres oscuras figuras, que no eran nada más que la mesa directiva y el mismo director.

-Desde que estos jóvenes entraron a esta escuela han aprendido el verdadero significado de la vida –empezó a hablar la escalofriante señorita Bitters a los que ahora eran su vieja tutoría- aunque algunos no quisieran aceptarla –hablo amenazante mirando a Todd con una mirada asesina, él se revolvió en sus asiento impaciente a que acabara todo- después de muchas torturas o mejor dicho clases finalmente están preparados para… ¡salir de aquí y nunca más volver!

Todo el alumnado estallo en un grito de alegría y euforia, algunos lanzando sus gorros antes de tiempo, para después callarse al ver la mirada de furia de su aun tutora.

-Seré breve ¡que comience la entrega de diplomas! –grito con voz de trueno y rápidamente la oscura mujer e inmediatamente se hizo una fila al costado derecho del escenario con sus alumnos, que uno a uno empezaron a subir y a recibir su diploma, cabe decir que la mayoría no se la merecía.

Todd era el último, pues cuando se formó la fila lo habían empujado para ser ellos los primeros en recibir su diploma e irse con sus padres de aquí, que para cuando llego al escenario ya no quedaba nadie de los presentes.

Todos se habían retirado.

Miro a la señorita Bitters que lo esperaba con una mirada de pocos amigos, con su diploma en mano, suspiro y sonrió levemente animándose de que lo estarían esperando en casa. Era su único consuelo ahora.

Cuando la señorita Bitters le entrego su diploma esta lo observo con asquedad y le dijo su última amenaza.

-Tu futuro está lleno de ruina –le hablo con voz lúgubre- será una pesadilla de la cual no podrás despertar, y por más que intentes en esta vida no serás feliz ¡JAMAS!

Todd asintió, dejando escapar un leve "squeek" que no había vuelto a decir desde hacía un mes, y se retiró del escenario asía la salida.

Cuando salido suspiro aliviado y se sentía liberado finalmente de esa prisión a la que siempre había llamado "escuela".

Lo único que quería ahora era correr asía su casa y darles un gran y agradecido abrazo a sus padres, que sorprendentemente, fueron los únicos que lo apoyaron en esta larga espera.

El sol estaba en lo alto y él lo interpreto como un buen augurio, solo que al bajar su mirada esta se topó con la familia más peligrosa de toda la ciudad, su cuerpo tembló de la cabeza a los pies.

¿Por qué el mundo lo odiaba tanto?

-¡Todd! –esa voz, grave y oscura con un ligero aire poético llego asía sus oídos, veía como Pepito se dirigía en su dirección con un deje de alegría- mi buen amigo, muchas felicidades –le felicito una vez cerca de él.

Pepito el hijo del Diablo, ahora era un hombre como nunca había conocido, y no necesariamente uno bueno.

Le llevaba una cabeza de altura (a pesar de que él también era uno de los más altos de la clase) sus cuernos asía cuatro años que habían dejado de crecer pero aun así sobresalían sobre su cabeza, su cuerpo se había adelgazado aunque en estos tres años también se había agarrado ganando algo de musculo que en ese momento ocultaba bajo su ropa y su bata de recién graduado.

Su cara a pesar de todo ahora se había transformado a la de un hombre muy atractivo, que aun así, lo hacía ahora mucho más peligroso.

Fue gracias a su apariencia que varios inocentes, incrédulos de quien era y solo se guiaban por su belleza, habían caído en las garras de Pepito que aunque no lo admitiera delante de él… amaba ver el dolor y sufrimiento de esas personas.

Su dentadura también sufrió cambios, su sonrisa aún mantenía los colmillos pero con el paso del tiempo Todd le empezó a rogar que no los mostrara en su presencia, ya no podía tolerarlo como antes ya no. No después de conocer que podían hacer ahora era… algo perturbador y horrible.

Su mirada rojo sangre no había cambiado solo el hecho de que ahora podía matar con su siniestra mirada era lo nuevo desde el año pasado.

Y al igual que sus ojos no habían cambiado desde ese día en que se conocieron, el hecho de que aún lo considerare un amigo.

Y para su mala suerte no venía solo.

-¡Oh! ¡Estoy tan orgullosa de ustedes dos! –exclamo la mamá de Pepito, que a pesar de los años seguía con una actitud animada y positiva y el que siguiera exactamente igual a como la conoció Todd 6 años atrás, el cual estaba seguro de que su esposo tenía algo que ver- mi hijo y su amigo pasando por etapa de su vida para pasar a la siguiente fase ¡estoy tan feliz por ambos! –termino de decir con lágrimas de felicidad en los ojos mientras los abrazaba fuertemente.

Todd se sentía apachugado y algo ajeno a ese tipo de abrazo maternal que solo una madre puede dar, en cambio Pepito, quería que este terminara pronto.

-Madre, por favor –hablo Pepito con cara de vergüenza y el hecho de que ya no era un niño para andar tolerando las muestras públicas de afecto de su madre.

-Perdóname, ¡pero estoy tan feliz! –se disculpó Rosalin liberándolos de su abrazo y enjuagando sus lágrimas con un pañuelo que le ofreció su esposo.

El padre de Pepito y dueño del lugar para las almas condenadas al fuego eterno, se acercó a ello después de apaciguar la emoción de su esposa, estaba en la forma que usaba cada vez que salía de casa. La forma de un empresario común, de pelo rubio y anteojos.

Pero aun con esa forma Todd le reconoció al instante, su esencia maligna le delataba, un "squeek!" escapo de su boca cuando ese hombre llego a ellos.

-Todd felicidades –le felicito el Señor Diablo dándole un apretón de manos, se dirigió a su hijo y le abrazo- estoy orgulloso de ti.

-Gracias padre –le respondió Pepito correspondiendo a su abrazo.

Todd sonrió internamente, es que a veces solo a veces, deseaba fueran así al menos una vez.

Por esa razón tan especial esperaba que al menos ese día… pudiera sentirse así con sus padres.

-Ven a cenar con nosotros esta tarde, muchacho –fue lo que dijo el Señor Satán una vez abrazado a Pepito, los ojos se le agrandaron, este sonrió con su reacción- en honor a su último año, te prometo que no te quitara mucho tiempo.

Todd trago saliva y asintió.

Tendría que esperar para volver a casa ahora.


La mesa se sirvió en cuanto llegaron a la mesa, como dijo el Señor Diablo (quien ahora estaba en su aterradora forma original), esto era en honor a ellos para celebrar que hayan acabado la preparatoria.

La mesa tenía puesta un mantel blanco y encima de aquel estaba un gran plato de carne asada, otro plato de papas, una fuente con ensalada, y un salsero con salsa de tomate.

-¡Coman sin pena! –dijo la señora Diablo pasando los platos, siempre sonriente- esta cena es para ustedes.

-G-Gracias –respondio despacio Todd sirviéndose un poco de la carne y algo de ensalada, aun después de todos estos años, no se acostumbraba al buen trato de la madre de Pepito.

-Muchas gracias, madre –agradeció Pepito una vez que su madre se sentó.

-Todo sea por ti mi hijo y su buen amigo –sonrió siempre radiante la buena mujer.

La cena fue agradable, como pocas veces sucedía cuando visitaba la casa de Pepito y la cena estuvo deliciosa, el tiempo pasó volando y cuando se dio cuenta ya había anochecido.

-Fue un placer tenerte aquí por última vez Todd –le despidió Rosalin junto a su Satán que asentía levemente.

Sonrió nervioso y emprendió el camino a casa acompañado de Pepito que se había ofrecido a acompañarlo.

Caminaron por esas calles ahora solitarias, los faroles se encendieron.

Todd caminaba con una chompa blanca puesta con el logo de un carita feliz en negro, unos pantalones grises, calzando unas botas negras de suelo blanca.

Pepito había cambiado su bata por una rápida combinación a base de negro; una camisa negra debajo de una polera negra de lana, unos pantalones tripp negros y calzaba botas estilo Dr. Martens igualmente negras.

El verano llegaba pero aun así había que estar abrigados por las noches.

El silencio entre los dos era palpable, normalmente Pepito era el que iniciaba una conversación, Todd no dudaba que fuera a comenzar una… teniendo en cuenta de que tal vez sería la última.

Pues no era necesario expresar que él esperaba no volver a topárselo en lo que le restara de vida.

Giraron una calle, ya estaban cerca de la casa de Todd, entonces Pepito se detuvo.

-Todd Casil –Todd se quedó petrificado y dejo su caminar, jamás le había por su nombre y apellido, miro a Pepito por encima de su hombro para comprobar que lo miraba con esa aterradora mirada- mi buen amigo, no regreses a esa casa, Todd únete al Ejercito Sin Almas de la Oscuridad de mi Padre... pero te lo pido –su voz a pesar de sonar amenazante parecía ser una súplica- no regreses a esa casa.

Todd no se movió de su lugar, por un momento se le paso por la cabeza el huir de allí entrar a la casa y encerrarse en su cuarto, perdiendo el vuelo que tendría en unas horas asía la universidad y enfadando a sus padres.

Pero sabía que no podría que escapar de él, eso lo tenía bien claro, sin embargo él no podía decidir sobre su vida.

Ya no.

-Mis padres me esperan… –hablo Todd con un ligero temblor en su voz-…no haré lo que me pides.

La mirada de Pepito se encendió como si hubiera desatado algo inimaginable, sintió su alma torcerse de miedo bajo esos ojos rojos y empezó a temer por su vida, pero aquellos se apagaron cuando Pepito aparto la mirada y le dio la espalda.

-Intente apaciguar lo inevitable Todd, pero no me dejaste –empezó a hablar Pepito mientras se alejaba de aquella calle- pasaras por mucho antes de que nos volvamos a ver… –se giró por última vez asía Todd que aún seguía en su lugar- …pero desde ahora estarás solo.

Y se desvaneció ante sus ojos, como su el viento se lo hubiera llevado.

Todo su cuerpo empezó a temblar y negando con la cabeza corrió a casa.


Corrió, corrió y corrió.

Esas frías palabras de quien obligatoriamente se hacía llamar su amigo había dicho.

"…pero desde ahora estarás solo".

-¡No es cierto! –grito sin ver asía donde iba cruzo la calle sin mirar sintiendo como el mundo se ponía en contra suya- ¡No es cierto! No puede ser cierto...

Levanto la vista y vio su casa, dos carros en ella: una que heredo del abuelo y la otra de su padre.

Se podía ver como su padre salía de la casa apresurado y metía unas cosas al carro, sonrió inconscientemente, cuanto deseaba verlo ahora.

-¡Papá! –le llamo Todd corriendo hasta alcanzar al hombre que al ser mencionado se giró bruscamente asía el- ¡no tienes idea de cuánto quise venir con ustedes! Me ha pasado tanto… -empezó a hablar mientras lagrimas salían de sus ojos-… sé que es tarde y en unas horas me iré pero quise despedirme de ti y mamá…

-¡Todd! ¡Niño impuntual! –le corto su padre volviendo a meter una caja que tenía al auto- se te hace tarde, ¡ya todo está en el auto del abuelo! ¡todo está allí! ¡ahora lárgate!

-Pero quería despedirme de ustedes, pues sé que tardare un buen tiempo en volver… -volvió a insistir Todd poniendo una mano sobre el hombro de su ahora viejo padre- quería despedirme y agradecer toda la ayuda que recibí de ustedes y decirle a mamá muchas cosas, ¿dónde está mamá? –pregunto al ver que su madre no estaba en el auto, lo cual era preocupante, puesto que ella no estaba "mentalmente" bien para salir a la calle- papá ¿dónde está mamá? –pregunto ahora preocupado- ¿papá-…

-¡Esta muerta! –se giró el padre asía Todd y lo tomo violentamente por el cuello- ¡esta muerta! ¡esta muerta! ¡y todo es por tu culpa!

Todd se quedó impactado, ¿su madre muerta? Y en parte asustado por la reacción de su padre.

-Pero si en la mañana… –intento hablar Todd recordando como ella estaba caminando por la cocina esa mañana, pero su padre volvió a interrumpir.

-¡Después de que fuiste idiota! –le grito el hombre derramando lágrimas de coraje y frustración por volver aquella escena- ¡se metió al baño varias horas y cuando fui a buscarla esta yacía muerta sobre el suelo al lado del retrete! ¡murió por abuso de las drogas! –Todd se quedó mudo- ¡solo queríamos que te fueras! ¡intentamos de todo este año para que pasara! ¡esperábamos aún más ansiosos que tú por este día! ¡el día en que finalmente saldrías de nuestras vidas! –cerro los ojos derramando lagrimas para luego abrirlos y verlo con cólera- ¡pero ella ya se había vuelto adicta a esas cosas! ¡esas drogas! ¡esas drogas que empezó a tomar cuando naciste y arruinaste nuestras vidas! ¡teníamos planes! ¡teníamos sueños! ¡Y TENÍAS QUE NACER TÚ! –le grito tan fuerte que su voz lleno el vacío de la calle- ¡lo único que queríamos era una vida feliz!... solo queríamos eso –sollozo el hombre soltando a Todd y desmoronándose en la entrada del coche, ya no tenía la fuerza para seguir soportando esto, ya no más.

Todd se quedó viendo como su padre desplomado y destruido y sintiéndose culpable de que haya acabado así.

-Papá… –susurro Todd con la voz que se le quebraba y con lágrimas que escapaban de sus ojos, no soportaba ver el dolor que había provocado- … papá, lo siento.

-Lárgate… –le respondio su padre levantándose del suelo y abriendo la puerta del auto para subirse a ella y luego cerrarla, Todd se quedó quieto- yo ya no vivo aquí, ya tienes lo que quieres ¡solo lárgate y jamás te vuelvas a meterte en mi vida! –le amenazo viendo con ojos de furia- ¡lo que hagas o no con tu vida ya no es mi problema!

Y con esas palabras presiono el acelerador y salió de aquel vecindario, dejando a Todd parado ahí, tal vez para siempre.

De sus ojos solo estaba la imagen de su padre desapareciendo por la pista, sus piernas fallaron y antes de caer al suelo se volvió a la casa tomo el picaporte y se fue directo asía su habitación.

El único lugar seguro que tenía ahora.

Se quedó parado en la entrada de su cuarto viendo su cama que estaba solo que con el cochón vacío y ahí, justo encima al lado de la cabecera de la cama, estaba Shmee.

Todd... bienvenido.

Corrió hasta la cama lo tomo con sus dos manos y lo abrazo enterrando su cara en su felpudo y pequeño pecho mientras finalmente dejaba caer las lágrimas de dolor e impotencia que había estado acumulando.

Ya no podía más.

Está bien Todd, está bien.

No tenía idea de cuánto dolor estaba experimentando en ese momento y sin dejar de lado el miedo de lo que podía pasar ahora… lo desconocido sonaba tan aterrador ahora.

Se quedó ahí parando desahogando con Shmee en brazos, mientras este le animaba, sentía que toda su vida había sido una miseria y que así acabaría.

Solo y abandonado.

Yo estoy contigo Todd, no decaigas, yo siempre estaré contigo para cuidarte y hacerte feliz.

El sollozo de Todd paro, alejo su cara del pecho del extraño oso y lo miro, con los ojos bien abiertos por sus palabras.

Este no es el final Todd… nunca es tarde.

Había una razón escondida detrás de esas palabras, una razón mucho más siniestra que Shmee al ver este momento de vulnerabilidad estaba utilizando a su favor, puesto que esta vez seria escuchado.

-Tienes razón… –murmuro Todd mirando su habitación casi vacía para luego dejar su mirada en la ventana que dejaba ver la solitaria casa de su antiguo vecino- …nunca no es tarde.

Dejo a Shmee en su cama y se acercó a la ventana y la abrió.

Había pasado mucho desde la última vez que miro la casa de Nny, resistir hondo y abrió la ventana, al hacerlo dejo que la brisa del viento se colara por su habitación y con ella le devolviera sus recuerdos de la niñez.

Recordando a la única persona que de verdad mostro preocupación por el… y que por ahora ya no estaba.

Se alejó de la ventana y se dirigió a su mesita al lado de la cama sacando del cajón un una lápiz y una hoja de papel, miro su reloj y se dispuso a escribir.

Tomo a Shmee y le sonrió débilmente.

-Shmee –le llamo Todd viendo a su oso detenidamente que a pesar de sus rasguños y que repetidas veces haya tenido que volver a coserlo, era considerado su único y mejor amigo- eres mi mejor amigo.

También lo eres tú para mi Todd y los amigos se escuchan

Todd lo abrazo como si su vida dependiera de ello y lo coloco en la cabecera de la cama sobre el cochón desnudo, apoyando su espalda contra la madera de la cama de tal manera que pareciera sentado, y entre sus pequeñas patas deposito el papelito doblado en dos.

Se dirigió al marco de la puerta y se dispuso a retirarse cuando la voz confundida de su oso volvió a llamarlo.

¡Todd! ¿qué haces? ¿me dejas? ¿por qué? ¡creí que éramos amigos!

No recibió respuesta, solo una débil sonrisa de parte de Todd.

-Adiós Shmee –fue lo que salió de su boca antes de tomar el pomo de la puerta y empezar a cerrar lentamente la puerta- cuida a Nny cuando regrese ¿ok?

¡No puedes dejarme! ¡NO DEBES DEJARME! ¡ESTARAS SOLO Y ASUSTADO SIN MÍ!

¡QUIEN ESTARA CONTIGO ESAS NOCHES EN LAS QUE LAS PESADILLAS SE APODEREN DE TU CEREBRO! ¡A QUIENES RECURRIRAS CUANDO ESTES SOLO Y ASUSTADO! ¡NO ERES NADA SIN MÍ! ¡NO ERES NADA SIN SHMEE! ¡NO ERES NADA!

Todd lo miro… por última vez manteniendo su sonrisa a pesar de sus palabras.

-Te extrañare –susurro Todd empezando a cerrar la puerta ante la atónita mirada de Shmee.

¡NO TE ATREVAS A DEJARME! ¡NO ME DEJES! ¡NO ME DEJES!

¡TODD! ¡REGRESA!

¡NO ME DEJEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEES!

La puerta fue cerrada con llave, Todd salió por la vacía entrada de su casa, cerró la casa y subió al auto.

Ya no había más que hacer ahí.

Las palabras escritas en el papel doblado eran sus últimas palabras de quien era conocido en ese vecindario como Squeek.

Decía así:

Querido Jhonny:

A pesar de que tu presencia no ha sido requerida otra vez en mi vida quiero que tú te quedes con algo de ella.

Shmee te cuidara tal y como cuido de mí cuando te fuiste y como hizo siempre.

No me arrepiento de haberlo dejado en tus manos pues sé que tú lo necesitas más.

El mundo, como pudo aprender, es oscuro y tenebroso.

Y que si no tienes a nadie estas solo.

Yo quería hacer a mis padres felices, crear una vida feliz, tal vez un familia.

Pero ahora sé que eso jamás será posible, no mientras yo este con vida.

La verdad yo nunca pedí nacer, no lo hice, y si hubiera había una manera desearía no haber nacido para no quitar la felicidad a mis padres.

Mi futuro se ve tan lejano ahora.

Intentare seguir tu consejo de mantenerme cuerdo, aunque no sé, cuanto tiempo pueda hacerlo.

Solo sé que desde ahora… estoy solo.

Firmado

-Todd Casil-


esto... se sintió intenso

lo siento Todd pero todo tiene una razón

espero que les haya gustado

bye!