NUNCA TE OLVIDARÉ...
Final original


LA CHICA DE OJOS PERLA...

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NARUTO UZUMAKI


/Habitación de la residencia/

— (Me pregunto cómo será mi compañero... ¿También será becado? Espero que seamos de la misma carrera!) —el rubio estaba adornando su lado de la habitación con afiches y había pintado una de las paredes de su habitación que estaba rayada.

(( POOFF! ))

— ¡AAAHHH! —cae sobre su cama, voltea.
— ¡L-lo siento! No era mi intención asustarte...
— (¡Una chica!) —se levanta de la cama y se dirige a la puerta— Es la... habitación... 206? —pregunta ella.
— ¡Sí! No me digas que tu eres...
—... compañera de habitación?! —tanto Hinata con Naruto se sorprendieron.
— ¡Entonces seremos compañeros! —Naruto estaba feliz. Después de todo no quería tener de compañero a un chico... pues podría no ser compatible a su personalidad. Con eso en mente la chica lo miró de forma extraña por no haber convivido nunca con el sexo masculino.
— ¿Eh? N-no creerás que soy... un... un...!

¿Pervertido?

— ¡AH! —Naruto se agachó y su aura se llenó de depresión. Hinata lo miró preocupada, pero Naruto se recuperó instantáneamente y se levantó de golpe— ¡Te aseguro que no soy una mal chico-dattebayo! —Hinata frunce el ceño desconfiando de lo que dice el rubio; a lo que Naruto replica— Cuando te vayas a dormir puedes atarme a una silla si quieres. Así te sentirás segura, no?! —Naruto rasca su nuca.

Hinata se ríe al ver que el chico tenía pintura fresca en sus manos. Naruto la ver sonreír y le tiende la mano— Hola, mi nombre es Naruto Uzumaki, soy de artista. ¡Un gusto!
— Un gusto... —Hinata mira la mano del chico, él se da cuenta que tiene pintura y la limpia en el pantalón; igual queda sucia, pero ella de todas formas la toma— Me llamo Hinata, Hinata Hyuga, soy estudiante de medicina.
— ¡Oh! Puedo decirte Hina-chan?
— B-bueno... —se sueltan las manos— ¿Naruto-kun?
— ¿Sí? —Naruto la mira con intriga.
— T-tienes pintura en el cabello...
— ¿¡Eh!? —Naruto toca su cabello con ambas manos y grita de enojo y vergüenza.
— (L-lo ensució más...) —por la frente de la ojiperla corría una gota gigante.

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/Dos meses después/

— ¡Rayos! Quien diría que el mural tendría que ser para mañana... —manifiesta el rubio mientras sube las escaleras dirigiéndose a su habitación— Son como las 10 de la noche... es mejor no hacer ruido. —Naruto llega a su cuarto y abre la puerta lo más silencioso que pudo.

Al entrar las luces estaban apagadas.

Las camas estaban situadas a extremos opuestos de la recámara. En el centro se ubicaba, cerca de la ventana, un escritorio para cada uno y en el centro de la habitación había una mesita para dos. A un rincón se encontraba la puerta del baño y al otro lado una pequeña nevera y un mesón con cocineta, microondas y lavabo. La lavandería estaba en el primer piso.

Naruto se dio cuenta que la chica estaba durmiendo. Caminó a su cama y sobre la mesa había una nota.

— ¿Eh? —el rubio la lee:

Naruto-kun, en la nevera
tienes la merienda sólo
tienes que calentarla...
eso si aún no has comido.

Hinata

El rubio sonrió agradecido. Calentó la merienda y la disfrutó como nunca— (Es la primera vez que alguien cocina para mi... Gracias, Hinata) —luego de comer, se fue a dormir.

/A la mañana siguiente/

— ¿T-te duele, Naruto-kun?
— No... sólo tengo nauseas... —Naruto había comido demasiado y se acostó con el estómago a reventar, eso no es bueno.
— Toma. —Hinata le pasó unas pastillas para la acidez— Con esto se te pasará pronto.
— Gracias Hina-chan. —la pelinegra lo dejó descansar y se fue a sus clases. Naruto se acostó en su cama... pensando en la Hyuga.

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/Un mes después/

— ¿Será? —Naruto medita por un tiempo— Dudo que necesite tanto, pero Hina-chan sabe, así que mejor todo! —dicho eso llena coloca tres pantalones sucios de pintura en la lavadora y vierte una funda de detergente. La enciende— Iré por el resto de ropa. —el rubio sube las escaleras en dirección a su cuarto por el resto de prendas sucias.
Mientras baja las escaleras medita: — (¡Hina-chan tenia razón! ¡Es mejor lavar en lavadora-ttebayo!) —Naruto creció en un orfanato toda su vida, se había acostumbrado a lavar las prendas a mano. Cuando la ojiperla se enteró le explicó como usar la máquina para que demorara menos.

Al abrir la puerta de la lavandería.

— ¡PERO QUE-! ¡agggh! —la habitación estaba completamente cubierta de espuma— ¡RayooOooOooOoos! ¡AH!

(( POOFF! ))

Se resbaló y cayó.
Ese mismo día Hinata fue a la lavandería. Inocentemente abre la puerta y encuentra al rubio trapeando... aún había espuma.
— ¿N-naruto-kun? —el rubio escucha una voz familiar y voltea— ¿Q-qué pasó?
— HINA~CHAAAN~ —expresa en lamentos y con ojos muy grandes; se acerca a la chica pisando con cuidado— Estaba lavando y... y mira!
Mmmmm... seguro que lo hiciste como te expliqué? —el Uzumaki mueve la cabeza de arriba a abajo como un niñito de cuatro años mientras estrellitas lo rodeaban— Sí, Hina-chan!
— ¿Cuánto detergente pusiste en la lavadora?
— ¡Todo!

— ¡¿TODO?!

— ¡Sí, sí! —el rubio levanta su pulgar; Hinata presentía lo que había hecho y aún conociendo la respuesta, preguntó — ¿Y la ropa?
— Como dijiste, ¡sólo tres! —en la frente de la ojiperla corrió una gota.
— No, Naruto-kun... Yo te dije que pongas TODA la ropa y TRES medidas de jabón.
Oh... —llevó su mano a la barbilla— Ya creía yo que era mucho jabón para tan poca ropa...
— Eso pasa por no prestarme atención cuando te lo explicaba... —el rubio miraba la lavandería como niño en dulcería, después de todo, cuando la Hyuga lo llevó, era su primera vez— Te ayudaré a limpiar...
— ¡Gracias Hinata!
La chica entraba con cuidado, pero no sirvió— ¡Ah! —Resbaló y cayó sobre Naruto, él la atrapó, pero sus zapatos también estaban llenos de jabón.

(( POOFF! ))

— L-lo siento, Naruto... kun... Te lastimé?
— No... descuida. —el rostro de Hinata estaba sobre el pecho del rubio, él la tenía abrazada para que no se golpeara al caer.
La ropa que ella llevaba se había esparcido en la habitación y parte de ella cayó sobre el rubio. Ella se levanta y comienza a guardar las prendas en la canasta donde las llevaba.
El Uzumaki también se levanta del suelo y se quita una prenda que estaba sobre su cara— Esto es tu... yo...!

Naruto tenía en su mano un brasier de la chica. Él se sonrojó, ella observa lo incómodo de la situación; su cara se pone roja, ¡tomatemente!

E-eso... es... mi... mi... mi...! —se desmaya.

— ¿Hinata? ¡HINATA!


Cuando la vi por primera vez me agradó que no me temía, no miró mis cicatrices...

Yo crecí toda mi vida en un orfanato y aunque estaba rodeado de niñas y niños, ellos no me hablaban. No les agradaba verme; por mi rostro.

Una de las niñeras del orfanato me dijo que yo no era el problema, era solo que no querían ver mis cicatrices. Tengo tres líneas de cada lado de mi rostro desde que soy un bebé, ninguno de los cuidadores del orfanato sabe cómo un bebé tenía tales heridas. Me llevaron al médico y me dijeron que pudo haber sido un objeto caliente o rasguños...

Hinata me mira a los ojos cuando me habla, eso es lo que me hace feliz. Ella no se fijó en mi rostro, sino en mi personalidad. Por eso decidí que la cuidaría como si fuera mi propia familia!

Pero...

Con el pasar del tiempo comencé a sentirme raro. Cada vez que quería inspiración para alguna obra su rostro era la primera imagen en mi mente. Pasaban y pasaban los días, ya no sólo la veía cuando quería hacer mis trabajos sino que necesitaba tenerla frente a mí, me sentía solo cuando ella salía con sus amigas, me preocupaba cuando llegaba tarde y no avisaba...

Una mañana me levanté y la invité a salir para agradecerle todo lo que había hecho por mí... Al finalizar el día me tomé el atrevimiento de abrazarla... En ese momento me di cuenta que no quería alejarla de mí, quería que los dos estemos así para siempre...


El reloj de pared marcaba las nueve y media de la noche, Naruto se levanta y mira por la ventana.
— ¡Vaya! Está nevando... Cuando Hina-chan regrese saldremos a patinar! —su celular suena.

(( Turiru Turiru Turiru! Tiriru Turiru Turiru!)) el rubio revisa la pantalla— (Es ella!)

— Aló, Hina-chan! Me estaba preocu-
— ¿A-aló? —una voz con sollozos se escuchaba en el otro lado de la línea— Eres tú, Naruto?
— Sí, habla el mismo. ¿Quien es?
— Soy Ino, Na-Naruto-kun... Es Hinata! —en el instante que se escuchó el nombre con tan lastimero tono su corazón se llenó de angustia.
— ¿H-Hinata? Qué... qué...
— ¡Un auto la atropelló! ¡Naruto! —su voz se llenaba de tristeza y culpa a cada palabra— F-fue mi culpa!
— ¡Dime donde está!
— Hospital General de Konoha... e-ella... ella no despierta... —Ino ya no pudo seguir hablando.

El rubio colgó y salió corriendo, usaba un pantalón para hacer educación física, una camiseta, un sobretodo, la billetera y salió corriendo del edificio.
Tomó un taxi.— ¡¿No puede ir más rápido, maldita sea?! —le gritó al conductor, quien veía la preocupación en sus ojos, los que estaban rojos, casi a punto de llorar.

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— ¡Buenas noches! —saluda el rubio con tono de preocupación— Busco la habitación de Hinata Hyuga.

— Buenas noches. —la recepcionista revisa el registro— La paciente está en la habitación 406
— ¿Dónde está?
— Vaya al tercer piso por el ascensor, a su derecha revisé los números de las habitaciones, debe ser la tercera o cuarta.
— Gracias. —el rubio corrió.

Llegó y abrió la puerta sin pensarlo dos veces.

— Naruto. —junto a la ojiperla estaba Ino, con sus ojos rojos y su mano sujetaba la de Hinata con fuerza.
La ojiperla estaba dormida, así la veía el rubio. Ella tenía su piel más blanca y su cabeza estaba envuelta en gasas, dolor en su pecho fue lo que sintió al verla así; se acercó a la cama y se sentó del otro lado.
— ¿Qué pasó? C-como le pasó esto?!
— ¡Todo es culpa mía, todo! —Ino le contó lo que le sucedió a la ojiperla. Luego de escuchar, Naruto la mira: — No fue culpa tuya, Ino... —Ino aún se sentía culpable, pero ya no como antes.
— Llamaré a Sai para avisarle donde estoy... (además de otra persona...) —la rubia salió del cuarto. Dejando al Uzumaki a solas; tomó la mano de Hinata.

— Regresa, por favor... No me dejes... —susurró sujetando la mano de la Hyuga con fuerza y al mismo tiempo con delicadeza; lágrimas cayeron por sus mejillas y terminaron en el suelo. Agachó su cabeza y su rostro se llenó de tristeza, de miedo... miedo a perderla... perder a la mujer que había entrado a su corazón.


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SASUKE UCHIHA


/Salón de clases/

¡Tsk! Vaya inútil.

((PLAAF!))

— (ESTÚ- pi... da...) —Sasuke volteó su rostro para insultarla, pero...— (¡-!) —los ojos de la muchacha expresaban un terrible dolor. Mostraba una tristeza muy profunda.
— (... yo... -!) —Antes de que pudiera si quiera expulsar el aire que había tomado para gritarle y ofenderla, Sasuke sólo pudo ver como caían las lágrimas al suelo y ella desaparecía del salón... Dejándole una marca roja en su rostro y una extraña sensación; sensación que nunca había sentido antes.

/Mismo día, en su habitación/

Sasuke llegó a su residencia. Él no compartía habitación con otro estudiante; su madre era muy sobreprotectora y alquilaba el cuarto completo para Sasuke. Incluso contrató un guardaespaldas. A él no le molestaba.
— Puedes retirarte, Juugo.
— Como diga, joven Sasuke. Buenas noches.
Una vez solo en la inmensidad de aquel cuarto, no tardó en ser traicionado por aquella escena en el salón de clases.
— ¡Maldición! Debo despejar mi mente. —se lanza al sofá y prende la tele.
— "Cómo te atreves a tratarme así, Abel?" —Sasuke cambia de canal— "Kou, jamás te lo perdonaré!" —el pelinegro comienza a molestarse; cambia de canal nuevamente— "Hoy hablaremos sobre disculpa y perdón. Dos temas que van de la mano y son muy difíciles de..."
¡Tsk! ¡Maldita sea! —apaga el televisor y lanza el control al piso. Se levanta y se tira a la cama para dormir. Cierra sus ojos y lo único que viene a su mente es el rostro de la Hyuga... sus ojos.

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/Cinco semanas después/

Sasuke fue atormentado con aquella escena por semanas. Todos los días que debía asistir a clases de RCI* siempre se detenía a tres pasos de la puerta y aspiraba profundo... Cuando miraba dentro del salón y no la veía, salía un gran suspiro de desilusión.

Durante todo ese tiempo no la volvió a encontrar. No quería admitirlo, pero muy en el fondo Sasuke esperaba verla sentada allí, como ese día. Aquella tarde de viernes de la quinta semana de tormentos emocionales, Sasuke escuchó a un par de chicas que salían de otro curso de medicina.
— ¡Dicen que ella abofeteó al sexy de Sasuke-kun! ¿Puedes creerlo?
— ¡Sí! yo escuché lo mismo. Pobre chica...
— ¿Por qué lo dices, Kaoru-chan?
— Ah, pues... si el club de admiradoras de Sasuke se entera de lo que ella hizo, podría salir lastimada. Después de todo las chicas que forman parte de ese club son muy... temperamentales. —ella tiembla.
— ¡OH! eso es cierto, Kaoru-chan.

Sasuke sabía que un grupo de chicas lo acosaba desde lejos, pero le importaba en lo más mínimo conocerlas. Sin embargo al escuchar "podría salir lastimada" sus ojos se abrieron levemente. Luego de hablar con el par de muchachas sobre el rumor, del cual él era parte y principal culpable, se acercó a su guardaespaldas; que se limitaba a obedecer y remediar las metidas de pata del Uchiha.

— Juugo.
— ¿Qué sucede, joven Sasuke?
— Necesito que te encargues de...
Así el Uchiha le contó todo lo sucedido con la muchacha de ojos perla y cómo se había esparcido el rumor de que Hinata había osado cachetear a Sasuke porque simplemente la rechazó en una confesión.
Jugo acostumbraba a tratar con las chicas que eran rechazadas fríamente por confesar su amor al pelinegro.
Esta vez fue diferente.
Esta vez debía tapar un error que lastimó a una joven que no había hecho nada malo. Si tomamos en cuenta "malo" que Sasuke despreciaba a las chicas por interesarse en él como un modelo o una billetera gigante.
Así fue como le tomó a Jugo una semana para "eliminar" el rumor.

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/Una semana después/

Sasuke salió temprano de su clase y esperó afuera del edificio de prácticas médicas. Quería indicarle a Jugo quien había sido la primera chica en abofetear a un Uchiha.
— (¡-!) —Es ella Jugo. La chica de cabello negro-azulado largo, blusa blanca estampada con flores, vaqueros azules y tenis" Jugo dio con la descripción y se acercó a hablar.
Después de cinco agobiantes minutos, Jugo regresa con el sobre en sus manos.
— La jovencita dice que no te perdonará.
¡¿-?! —por primera vez el muchacho de cabello y ojos negros era rechazado en una disculpa hecha por su guardaespaldas. Juugo lo mira con indiferencia y le comenta.
— Creo, joven Sasuke, que esta vez deberá disculparse personalmente.
¡je! —el pelinegro se cruza de brazos y con una marca de molestia en su frente— Crees que un Uchiha debe disculparse por ese asunto? ¡Tsk! Desde cuándo haces bromas Jugo?
— Le aconsejo que se disculpe. —Sasuke lo mira con rabia pero al guardaespaldas no se molesta y prosigue— Por dos motivos. Uno: tendrá la conciencia tranquila y podrá enfocarse en los estudios...
— ¿Y la otra? —pregunta con la mayor indiferencia que puede demostrar, pero Jugo se da cuenta de su inquietud.
— La otra razón es que, una chica como ella sólo aparece una vez en la vida. —Juugo baja la cabeza un poco, levanta una ceja y da una sutil sonrisa. Sasuke lo mira de perfil, cierra los ojos, se apoya en el árbol que estaba detrás de él y sonríe tenue y dulcemente.


Por qué YO debería fijarme en una chica como ella?! ... Hinata es torpe, callada, poco participativa, casi invisible...

... linda... hmp!

Puede ser que su poco o, más bien, nada de interés hacia me gustó; quería saber más de Hinata. Quería disculparme, pero no por lo que me dijo Jugo; era más por ella que por mí. Jamás creí que mi forma de pedir disculpas terminaría de esa manera.

Cuando se defendió y caí sobre ella... cuando nos besamos... Mi mente quedó totalmente en blanco.

Si, si, si... ustedes dirán que fue a penas un tope de labios. Pero con ello queda claro que es mía! Yo la vi primero, yo la besé primero, y sería el primero en tener su corazón.

Creí que conquistarla sería fácil... ¡je!

¿Cómo se me ocurrió que una chica que no siente nada por mí, Sasuke Uchiha, sería fácil de enamorar?

Incluso ella me hacía las cosas más difíciles de lo que pensaba, porque además de no sentir nada por mí, ella era sumamente ingenua... Y creo que es lo que más me atrae de ella.

No me daría por vencido. ¡No estoy dispuesto a perderla!


Eran las once y cuarto de la noche. Sasuke estaba saliendo de la ducha, una toalla cubría de su cintura para abajo y con la otra secaba su cabello.

((RIIINNNG)) ((RIIIIINNNG))

Sasuke toma el celular que se encontraba en la mesita de noche, junto a una foto enmarcada de Hinata sonriendo dulcemente y Sasuke a un lado mirándola con una ligera, muy ligera sonrisa.

— (Es el número de Hinata. ¿A esta hora?) —se pregunta el Uchiha mientras presionaba el botón para aceptar la llamada.

— ¿Hola? Con Sasuke Uchiha por favor. —una voz femenina quebrada por llanto y con sollozos se escuchaba al otro lado de la línea.

— Soy Sasuke, y tu no eres Hinata. —responde fríamente mientras la preocupación lo inundaba.

— Sasuke-kun, mi nombre es Ino Yamanaka y soy amiga de Hinata... —la rubia habla entre sollozos y cada ves se quebraba más su voz— A...a Hina-chan... le pasó algo terrible! La... la atropellaron! —Sasuke quedó atónito y su corazón comenzó a latir con rapidez— E-ella está g-grave... y... y no... no despierta... —Ino no pudo contenerse y se oía el llanto por el teléfono.

— ¡¿Dónde está?! —Ino no le escuchaba— ¡DIME EL LUGAR!

— Hospital... General de K-konoha... ((biiiiiiiiiiip)) —la llamada se cortó.

Sasuke corrió a ponerse unos calzoncillos y vaqueros. Bajó las escaleras como el rayo con la camisa en una mano, el celular y las llaves en la otra.

Se puso la camisa sin abrocharse, ¡NO HABÍA TIEMPO PARA ESAS PEQUEÑECES! Sube a la moto y se dirige al hospital lo más rápido que puede.

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Llega a recepción.

— ¡La paciente Hinata Hyuga! —sin saludar ni nada. La enfermera se sorprende al ver al menor de los Uchiha a esas horas y todo desaliñado; busca en los registros.
— Está en la habitación 403. Vaya por el... —ella iba a indicarle el lugar. No sirvió. Después de todo Sasuke era hijo de doctores. Para no estar lejos de sus padres iba constantemente al hospital y había memorizado el lugar de memoria.
Allí estaba, frente a la puerta. Abre.
— ¿Eh? ¿Quién eres tú? —pregunta una muchacha rubia con los ojos rojos de tanto llorar. Un muchacho rubio se levanta del otro extremo de la habitación.
Allí, en la camilla, con la cabeza envuelta en gasas, con suero en un brazo y pinta de sangre en el otro, con un tubo para respirar... Allí estaba Hinata. Se veía más pálida, parecía un ángel durmiendo.

— Soy Sasuke... —expresa el joven.

— ¡Sasuke-kun! —el pelinegro se acerca a la camilla y toca la mejilla de la chica. Naruto lo mira con fastidio.— La operaron hace una hora, pero aún no despierta. —dice entre sollozos.
Sasuke sólo puede mirarla, un Uchiha no demuestra sus emociones.
Un rostro que Naruto observaba desde el otro lado de la camilla y comenzaba a fastidiarle pues estaba totalmente inexpresivo.

Pero, en el interior del pelinegro...

Sasuke se sentía en un lugar sin fin, la oscuridad comenzaba a inundarlo, como si fuera agua... Delante de él podía ver a Hinata, dormida, pero él no podía moverse, no podía alcanzarla.
Y a pesar que dentro de sí la tristeza e impotencia lo embargaban, la sola idea de que ni una lágrima recorría sus mejillas era lo que más le molestaba, era lo que más lo frustraba... No podía llorar por la persona que amaba.

Creía que llorar era dar por perdida a su amada...


Besos y abrazos en papel... ¡de recuerdos!