NUNCA TE OLVIDARÉ...
Final original
TE CUIDARÉ POR SIEMPRE...
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Llevo en el hospital varios días, creo que es una semana, tal vez un poco más, no lo sé. Desde el accidente, Ino-chan y Naruto-kun me visitan casi a diario, al igual que Sasuke-kun. También he visto un par de veces a Sakura y Karin, pero no puedo comunicarme con ellos...
La vida es extraña...
Hace un año creí que por fin sería completamente feliz. Creí que todo el dolor de mi infancia y el sufrimiento en mi adolescencia desaparecerían... Creí que podría cumplir mis sueños, los de mi madre también... pero... pero...
Si hubieras venido ayer a preguntarme si pelearía por vivir, si seguiría aferrándome a mi vida con empeño para cumplir mis sueños, así sea que mi recuperación tomara un largo tiempo... Hubiera dicho "Sí!" sin dudarlo, ni un segundo! ... Hoy ya no pienso lo mismo...
Cuando estaba en casa de mi padre, una y otra vez le escuchaba decir entre dientes que yo no tenía talento, que era una inútil... Incluso, una vez me dijo que yo era una "carga muerta". Lo dijo después del último recital para principiantes al que me inscribió... Fallé en frente del jurado y no califiqué, eso lo molestó; por eso sus palabras...
Carga? Yo no quería ser la carga de nadie! Por eso me esforcé estudiando y gracias a mi empeño obtuve la beca para ir a la universidad. Para encontrar mi felicidad y mis sueños! Tener amigas y amigos con quien charlar, reír... llorar... Conocería a un buen muchacho, que me acepte tal y como soy; quizá casarme con él y tener dos niños, quizá tres, tal vez cuatro! jeje...
Me enteré de algo que cambió mi mundo... todo se fue por la borda, al desagüe, a la basura! ...Y-YA NO QUIERO... NO QUIERO VIVIR ASÍ!
— "¡Es 21 de diciembre! Ya tiene sus obsequios?! ¡Venga a Centro Comercial Konoha! Encontrará ofertas para..." —Ino se levanta de la silla y cambia el canal— "No Kanuto, está prohibido hacer eso! Ka-kanuto... p-por favor!" —vuelve a cambiar— "A pocos días de Navidad las ventas en los locales comerciales han aumentado un 56% según las cifras dadas por el banco..." —cambia, otra vez— "Los accidentes no dejan de suceder ni por fiestas navideñas, el invierno esta temporada ha sido el más..." —apaga el televisor.
— Es impresionante la cantidad de basura televisiva que pasan todos los años en esta época, ¿verdad Hina-chan? —Ino sonrié, mientras toma asiento junto a Hinata. (( TOC! TOC! )) Abren la puerta; es el doctor. Hinata queda muy sorprendida al escuchar las palabras de Ino...
— ¡¿I-itachi-sama?!
— Buenos días. Por favor, sólo Itachi.
— ¡Buenos días! —Ino se levanta muy rápido en señal de respeto y admiración hacia él.— ¿A qué debemos su-su presencia?
— Estuve examinado la ficha médica, así como los exámenes y tomografías, de la srta. Hinata.
— (¡No puede ser! D-dijo mi nombre!) —Hinata escuchaba, mas no podía ver ni responder.
— ¿Qué pasó con el doctor Ozaki*?
— Alguien me pidió que sea yo quien supervise el caso de Hinata-san. —dijo Itachi, mientras Ino miraba a Hinata con un aire de: tú y yo sabemos quién.— Ino-san, verdad?
— ¡S-SÍ! ... perdón, es que estoy emocionada...
— No te preocupes. Necesitamos hablar... a solas. —Ambos salen de la habitación— Necesito que tome asiento. Lo que tengo que decirle no es bueno... —Ino sintió que algo no iba bien desde que le pidió salir de la habitación, se sentó; la preocupación la invadió poco a poco.
— ¡INO-CHAN! —Por el pasillo, llega corriendo el muchacho de cabello rubio, agitado y un poco desaliñado.
— ¡Naruto! No se grita en los pasillos de un hospital.
— ¡Ups! Perdón... ¿Quién es él? —junto a la hermosa y algo preocupada rubia estaba sentado Itachi.
— Él es el nuevo doctor de Hina-chan, Itachi-sama.
— Por favor, simplemente Itachi. —Naruto extiende su mano para saludar; gesto que es bien recibido por el joven doctor.
— Itachi-san. Ibas a decirme algo respecto a Hinata. —Naruto toma asiento junto a Ino.
— La srta. Hinata... temo que no volverá a moverse.
— (¿-?) ¿Qué? —tanto Ino como Naruto quedaron confundidos, estupefactos. Sus oídos negaron las palabras que había expresado el doctor.
— Es difícil aceptarlo, pero Hinata-san no volverá a moverse. Ella no podrá caminar, deberá alimentarse a través de sondas... deberá estar bajo cuidado permanente como todo lo que hasta ahora han realizado por ella.
Los ojos azules de Ino comenzaron a derramar lágrimas en el instante que Itachi terminó de hablar. Naruto seguía perplejo, no cerraba los ojos, no pestañeaba, no movió un solo músculo hasta un par de minutos después. Cuando se percató en la rubia, quien tenía su cara cubierta con sus manos y lloraba silenciosamente.
Naruto la abrazó e Ino se aferró al pecho de Naruto con fuerza, con impotencia. Él acarició su cabello para que se tranquilizara.
— ¿Está totalmente seguro de ello? Quizá se equivocó... —la voz de Naruto comenzó a quebrarse y su vista empezó a empañarse; agua salada que corrió por sus mejillas.
— ¿Que sucedió con la operación? —preguntó la rubia entre sollozos.
— La operación no a funcionado... Quisiera estar equivocado, temo que no es así. Mañana traeré dos neurólogos expertos en la materia para que la revisen... pero no aseguro que les den un pronóstico favorable. —el joven doctor hace una pausa— Hinata-san demuestra sensibilidad al dolor y sonido, pero —Ino mira al doctor sollozando; el rubio solamente miraba el suelo— Está consciente de su entorno, y aún así se encuentra en estado vegetativo...
— Vegetativo... —susurra Ino.
— Eso me indica que sufre de un intenso dolor. —Ino y Naruto comprendieron esas palabras. Itachi se levanta de la silla —Es una condición muy extraña y sugiero que contacten con los familiares para que permitan realizar la eutanasia
— ¡¿EUTANASIA?! —grita la hermosa y triste rubia— ¿Cómo puede decir eso tan... tan fríamente.
— Lamento ser así de directo, pero debo ser totalmente franco con los familiares de los pacientes. No he podido contactarlos. —Ino lo miraba con rabia, después de todo era de Hinata a quien se refería— Por eso les comunico a ustedes, como amigos, que si conocen a un familiar cercano deben decirle que ella, pues... —Itachi se percató de su mirar— Usted es estudiante de medicina, ¿cierto?
— ¿Eso a qué viene?
— Antes de médico, debe pensar como amiga... —los ojos de Ino se abrieron como platos— Ella siente un intenso dolor, no puede expresarlo. La única forma de que ella no sienta eso es recibiendo morfina cada seis horas, aún con la medicación su actividad cerebral indica sensibilidad aguda.
Itachi mira de perfil— Señorita Ino, su amiga sufre y no puede demostrarlo, cree que ella querrá vivir así... vivir en esa camilla hasta su muerte? Piénselo.
Dicho eso se marcha a revisar otros pacientes.
— ¿I-Ino-chan...? —menciona Naruto mientras la rubia entra a la recámara de la ojiperla. Él la sigue.
— (¿Tiene razón?) —Ino se sentó en una silla junto a la pelinegra. Mira a Naruto, que cerraba la puerta al entrar — — Itachi-san... —Naruto mira a la rubia— ...tendrá razón?
— ¿Qué?
— Hinata sufre... ¡¿en realidad quieres verla sufrir?!
— Yo... yo... —Naruto divisa a Hinata— ¡Jamás lo permitiré! —grita y golpea la puerta con el puño. Ella se levanta y lo mira con su ceño muy marcado y ojos vidriosos— ¡Naruto! —ambos se miran con odio— Puedes vivir, sabiendo que Hina-chan tiene dolores agudos... —el rubio titubeo por unos segundos— ¡¿Puedes?! —el Uzumaki se sentó en el sofá y escondió su rostro entre sus rodillas. Ambos rubios se calmaron.
— (Ino-chan, Naruto-kun... Lo siento. Lamento ser... ser... una carga.) —expresa en sus pensamientos al escuchar tristeza en las palabras de sus amigos.
— Debemos contactar con su padre... —dice Ino mirando el rostro de su amiga.
— (M-mi padre!)
— Hiashi... —articuló con repulsión; el rostro de Naruto se llenó de odio y desprecio.
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/Mansión Uchiha/
El reloj marcaba las ocho de la noche, la puerta principal se abre.
— Itachi —Sasuke siempre saludaba a su hermano con indiferencia, más por obligación que por aprecio y consideración. Pero esta vez su voz expresaba preocupación. Sentimiento que Itachi reconoció al instante.
— Sasuke, ¿a estas horas en casa?
— ¿Cómo está la chica?
— ¿Hablas de Hinata-san? pregunta, aunque el hermano mayor conoce la respuesta a la perfección.
La noche anterior Sasuke había ido a buscar a Itachi, el mejor neurólogo de toda Konoha, para que llevara el caso de la pelinegra. Sasuke sabía que no había mejor doctor. Él sabía que Itachi era el único que podía salvarla.
— ¿De quién más? —el hermoso doctor exhaló un gran suspiro— Debemos sentarnos, Sasuke —Sí, Itachi comprendió en el momento en que su hermanito fue por ayuda para la joven, que Sasuke sentía algo más que amistad por la Hyuga.
De mal humor y con ansiedad, el menor de los Uchiha tomó asiento. Itachi no quería dar tal noticia, intuía que su hermanito estaba enamorado de aquella chica, no quería herirlo. ¿Cómo decirle que ella no sobrevivirá? ¿Decirle que sufre?
Sin embargo no podía mentir, sólo le quedaba una opción: sinceridad.
— Sasuke... —el pelinegro movía sus manos con impaciencia— ...ella no volverá a moverse. —las manos de Sasuke se quedaron quietas— Ella está en un cuadro clínico grave, es un estado vegetativo permanente. —el menor de los Uchiha bajó la mirada —...y siente un intenso dolor, que disminuye un poco con medicamentos, pero no es suficiente...
— Sufre... —susurra el pelinegro.
— Quiero comunicarme con su familia para que apliquen la eutanasia.
— ¡¿Eutanasia?! —Sasuke miró a Itachi con ira— ¡Quieres aplicar eutanasia! Y te haces llamar doctor?! —grita Sasuke mientras sujeta a Itachi de la camisa.
— Entonces, —Itachi acota— ¿dejarás a la chica que amas, sufrir? —Sasuke lo suelta— ¿Realmente podrás vivir así? Conociendo que ella jamás se recuperará, que vivirá en esa camilla quien sabe por cuanto tiempo, teniendo agudos dolores.
Sasuke mordió su labio inferior por impotencia.
— De todas formas, es una decisión que debe tomar su familia, no tú. —Itachi deja la sala diciendo — Descansa y piénsalo con calma...
El pelinegro quedó en el centro de la sala mirando la alfombra y apretando sus puños, parecía que en cualquier momento sangrarían. Y sobre la alfombra cayeron delicadas gotas de agua que rodaban por sus mejillas...
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/Al día siguiente por la mañana/
— Debe estar por alguna parte.
— Sigue buscando, Naruto. —Ino y el rubio estaban buscando en las pertenencias de la ojiperla información sobre la dirección de la casa de Hiashi. Ninguno quería aplicar eutanasia a Hinata, pero saber que ella sufrirá toda su vida era peor que eso!
— ¡AQUÍ ESTÁ! —grita el rubio.
— Haber... Revisemos. —el Uzumaki halló la libreta de direcciones de Hina-chan— ¡Aquí!
— Hiashi-sama (Qué triste... Hinata no le dice padre.) —la rubia supo que la relación con su hija no era nada envidiable.
— Vamos al hospital.
— ¡No! —contesta Naruto— Quieres avisarle a ese teme, ¿cierto?
— Por supuesto.
— Yo solo puedo ir a buscar al padre de Hinata. —tomando la libreta y guardándola en el bolsillo de su sobretodo.
— Yo creo que mejor vamos los dos...
— ¡Espera! ¡¿No te quedarás con Sasuke!?
—No... no conozco bien a Sasuke-kun com para saber como actuará al ver a Hiashi-san. Pero a ti... —la rubia se cruza de brazos— Eres temperamental, así que estoy más que segura que lo golpearás si dice algo que no te agrade.
— ¡Pues claro que lo golpearía! ¡¿O acaso no sabes como trataba a Hina-chan?! —Ino piensa un momento la situación. Hasta que se le ocurre una idea.
— Naruto...
— ¡¿Qué?! —dice molesto el rubio teniendo el rostro levantado y los ojos cerrados, frunciendo el ceño.
— Sasuke lleva con Hinata más de tres horas a solas. —en los ojos de Ino se apreciaba un ligero brillo de maldad— El viaje a casa del padre de Hina-chan, más el tiempo que nos lleve convencerlo de que venga con nosotros nos tomará más de cinco o seis horas. —Naruto levanta una ceja y hace una mueca con su boca— ¿Realmente quieres que él se quede todo ese tiempo con ella?
Naruto reacciona.
— ¡No!
— En tal caso iré con Sasuke-kun, él parece ser más tranquilo.
— ¡Oye!
— La verdades duelen, no puedes negarlo. ¡Lo sabes!
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/Dos horas antes/
— No hay problema en ello, Sasuke-kun?
— No. —el pelinegro toma asiento junto a la ojiperla y sostiene la mano de la chica, Naruto rechina su dentadura.
—Vamos, Naruto. Más rápido es mejor.
— Está bien... —expresa con desdén— ¡Oye tú! —Sasuke lo mira de perfil— No la toques, teme! Regresaré lo más rápido que pueda.
— Pero yo estaré a su lado. —replica Sasuke a lo que el rubio reacciona con molestia. Iba a golpearlo, pero...
— Ya, ya, ya Naruto. ¡Vamos rápido! —Ino lo tomó del cuello de la camisa y lo sacó a la fuerza de la habitación.
Sasuke y Hinata se quedaron solos.
— Mi hermano dice que puedes escuchar. —habla Sasuke con Hinata y la mira con pesar— En realidad estás sufriendo?
— (Sasuke-kun...)
— Sabes, —comienza a decir el pelinegro en tono serio— muchas chicas me persiguen desde que estoy en el colegio.
— (E-esto a qué viene, Sasuke-kun?)
— y nunca me interesó ninguna de ellas, —él suspiró— pero cuando te conocí y supe que no eras como las otras... yo... yo... —el pelinegro no pudo continuar. No por llanto o porque su voz se quebraba, simplemente analizó la situación lógicamente.
Si él se declaraba en esas condiciones, si le expresaba todo el amor que sentía por ella... era como demostrarle que no la volvería a ver, era como si él la diera por muerta.
¡Pero no!
Para Sasuke, Hinata aún estaba viva; ella aún respiraba. Con esa pequeña esperanza él se aferraba a la idea de que la pelinegra mejoraría... se curaría. Él se declararía cuando ella abriera los ojos.
Sí, eso es lo que él pensaba.
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/Esa tarde/
— Gracias por acompañarme, Sasuke-kun. —el pelinegro asiente algo indiferente.
La casa de Hinata se encontraba en una zona residencial muy costosa. Ino y Sasuke fueron en la moto, detrás de ellos venía Jugo; quien también tenía una moto. Luego de una hora y media de viaje llegaron a la residencia Hyuga, al estilo japonés antiguo.
— No sabía que Hina-chan tenía tanto dinero. —expresa su amiga rubia parpadeando algunas veces. Sasuke se inmuta, esa casa era muy diferente a la suya; no obstante se notaba que tenían una muy buena posición económica... no tanto como él, pero la familia de Hinata tenía dinero.
Ambos se acercaron al intercomunicador situado en la puerta principal. Ino es quien habla: — Buenas tardes. Con Hiashi-sama, por favor?
— ¿Cuál es el asunto que desean tratar? —expresa una voz femenina, quizá una sirvienta.
— Es acerca de su hija Hinata. —la muchacha les pide que permanezcan un momento en la entrada. Ella iría a preguntar. Sasuke caminaba de un lugar a otro con el ceño fruncido. Luego de unos agobiantes 10 minutos se escucha una voz dulce por el intercomunicador: — ¿Hola?
— ¡Seguimos aquí! —responde enérgica la rubia. — ¿Nos dejaran pasar?
— Que... qué le sucede a onee-chan? —se notó preocupación en su tono de voz.
— (¿Nee-chan?) ¿Hanabi-san?
— Sí. ¿Qué le sucedió a onee-chan? —Hanabi era inteligente, preguntar cómo conocían su nombre era irrelevante, pues si sabían la dirección de su casa era más que seguro que también conocieran su nombre y el de su padre.
— Hanabi-san... Es un tema que debemos tratar con tu padre.
El intercomunicador se apagó y una voz masculina les respondió con molestia— Les pido que se vayan de mi propiedad —Sasuke escuchó.— Pero, Hiashi-sama... Hinata está en el hospital... —al fondo se escuchó el quebrar de una taza. El Hyuga responde: —Yo no tengo una hija llamada Hinata. Retírense. —y la comunicación se cortó.
Ino quedó en blanco y a Sasuke, pues él...
— Sasuke... ¡¿kun?! ¡Oye! —el pelinegro se alejó de la puerta y caminó hacia la pared que rodeaba la propiedad. Ella lo sigue.— ¡SASUKE! —El Uchiha trepó por la pared como si fuera una escalera y se dirigió a la entrada principal. No habían guardias ni perros que cuidaran de la casa... Según la deducción que obtuvo Sasuke antes de trepar por la pared... Tenía el dinero para vivir cómodamente, sin embargo no parecían ser una familia tan famosa como la familia Uchiha, por eso no tenía guardaespaldas.
Juugo lo siguió.
— (Creo que... debí haber venido sola...) —se reprochaba la chica al notar la furia en los ojos del pelinegro mientras trepaba la pared.— ¡DETÉNGALO,JUGO-SAN! —le gritó.
Pero era en vano... Su guardaespaldas sabía cómo era la actitud de su jefe. Tratar de detenerlo sería una tarea inútil; por lo tanto a Jugo no le quedaba de otra que seguirlo y cuidarlo... Después vería cómo arreglar las cosas que hiciera mal. Así había sido siempre.
Sasuke golpeó la puerta con rabia, parecía que en cualquier momento la tumbaría. Un hombre abrió la puerta con enojo; detrás estaba una niña de unos doce años, ambos se parecían muchísimo a Hinata.
— ¿Quien eres tú? ¿Cómo te atreves a irrumpir en mi vivienda de esta forma? —expresa con el ceño fruncido.
— Tu debes ser Hiashi. —responde Sasuke entre dientes con la mirada oscura.
— Insolente muchacho. ¡Tratar de esa manera a un superior!
— Yo trato como quiera a hombres como tú! —la niña que estaba escuchando todo se acercó a la puerta. Sasuke tomó a Hiashi por el cuello de su vestimenta— ¡Cómo alguien como tú osa llamarse padre! —gritó el chico; jugo se acercó a su jefe para intentar evitar cualquier estupidez.
— Joven Sasuke, medite bien lo que hace. No querrá meter a su familia en un escándalo.
— ¡ESO ES LO QUE MENOS ME IMPORTA AHORA!" vociferó a su entrometido guardaespaldas. Mira a Hiashi— Hinata no se merece tener como padre a alguien como tú! —expresó el pelinegro con su rostro oscurecido y su ceño muy marcado.
De pronto siente que alguien toma su camisa y mira hacia abajo.
— Puedes... —esos ojos... Era la misma expresión de Hinata—... llevarme donde mi onee-chan? —y Sasuke soltó el cuello de la camisa. El Uchiha no dijo nada, simplemente caminó hacia la entrada, la pequeña lo seguía en silencio, hasta una mano sostiene su hombro.
— Te prohíbo ir, Hanabi —manifiesta con autoridad, pero ella toma la mano de su padre y la quita de su hombro con delicadeza; lo mira a los ojos llena de decepción— Padre... he lamentado no ser una buena hermana menor. —apretando la mano de su padre, continúa— Necesito ver a Hinata-oneechan. Y así pierda mi carrera, la herencia... a ti; esta única vez... —los ojos de la pequeña comenzaron a cristalizarse— Sólo esta vez, estaré del lado de mi onee-chan
Suelta la mano de Hiashi y continúa caminando detrás de Sasuke.
El Hyuga mantuvo su expresión... no produjo ni un sonido. Simplemente observó cómo Hanabi subía a la moto de Jugo y los cuatros se alejaban de aquel horrible lugar.
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/Esa tarde, en el hospital/
Tres horas han pasado desde que Ino y Sasuke se dirigieron rumbo a la mansión del padre de Hinata. El rubio estuvo en silencio junto a ella... No sabía qué decir. Meditaba con preocupación.
¿Qué sucedía si Hiashi aceptaba la eutanasia? Él aún no aceptaba la idea del todo... El solo hecho de saber que aquella chica, que entró en su corazón, sufría inmensamente le provocaba llorar e incluso rezó a sus dioses para que él estuviera en su lugar. ¿Y sus sentimientos? ¿Qué tal si ella moría de manera natural por algún derrame que hiciera fallar su corazón? ¿Acaso guardaría sus sentimientos para siempre? Siempre fueron mejores amigo, pero ¿Ella merece saber lo él siente? ¿Tendría otra oportunidad a solas con ella...?
Eso era lo que Naruto meditaba mientras observaba el mover de las copas de los árboles... Hasta que tomó una decisión.
— ¿Hinata-chan? —Naruto estaba sentado a su lado, en una silla. La ventana estaba abierta y se podía sentir la brisa fresca de la tarde.— Itachi nos dijo que... pues... —el rubio sostenía la mano de la chica como si tuviera una mariposa— Que puedes oírnos... —su boca sonríe, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas.
— Hinata-chan... —pronunciaba su nombre entre sollozos.
— (Naruto-kun...) —ella no veía el rostro de ese chico; sin embargo sabía que la situación era más que preocupante... Naruto no estaría así si ella fuera a mejorar. Ella no era tonta. El mejor neurólogo de todo el país había revisado su expediente, y si el chico, más expresivo que nunca había conocido, estaba en esas condiciones, pues...
— Hinata... Sa-sabes, nunca he tenido familia. —llevó una de sus manos al rostro para limpiar sus lágrimas con la manga "Bueno, las mujeres que cuidaron de mi en el orfanato son queridas para mí, pero nunca las llegué a ver como una madre o hermana...
— (¿A-a qué viene to-todo esto, Naruto-kun?)
— Cuando te vi en la entrada del dormitorio esa vez, me sentí feliz de que no fueras un chico; he convivido con ellos toda mi vida. Y, pues, creí que sería bueno tener una nee-chan! —dice lo más emocionado y feliz que su cuerpo y mente le permiten— Y pues... al comienzo... Los primeros meses te sentía como una hermanita. Cuidaría de ti...
Una fuerte brisa entró por la ventana y movió el cabello del rubio. Él se paró a cerrarla— No quiero que pesques un resfriado, Hina-chan! —volvió a sentarse y acarició su frente. Contempló el bello perfil de la ojiperla.— Pasaron los meses y me di cuenta que... pues... Ya no solo quería cuidar de ti.
Él la miró cálidamente.
— Me sentía sólo cuando ibas con tus amigas a pasear... —volvió a tomar la mano de la chica— Cosa que no me importaba antes, pero... —hizo una pequeña pausa— Cuando llegabas tarde y no me llamabas, sentía angustia en mi pecho... —se podía apreciar el ocaso por la ventana.— Hinata —el tono de Naruto cambió, se escuchaba serio y ella se percató— Yo... yo pienso en ti más que como amiga... eres más que una hermana... Hinata tu... tu me...
((POFF))
La puerta de la habitación se abre de golpe. Sasuke no quería que el dobe estuviera más tiempo a solas con ella.
— ¡Sasuke-kun! ¡Esto es un hospital! —lo regañó la rubia. Naruto volteó molesto y sólo pudo dejar salir un suspiro.
— Aléjate de ella, estas muy cerca, dobe. —le replica el pelinegro, que estaba molesto por la situación que vivió con Hiashi.
— ¡¿Acaso no estuviste a solas con ella mientras buscaba la libreta, teme?! —el rubio se levantó y se acercó al Uchiha para sostenerlo del cuello de la camisa.
— ¡Basta! —Ino se acerca y los hala a ambos fuera de la habitación— ¡Aquí hay alguien más! —Sasuke suspira molesto y Naruto mira hacia la puerta con curiosidad.
— Onee-chan... —susurra Hanabi al entrar a la habitación. Sus ojos comenzaron a gotear rápidamente. Corrió y se acercó a la camilla; miró a la rubia como si con la mirada quisiera saber qué le pasó. Durante el viaje en moto no habló nadie. Ino suelta a los chicos.
— Hinata esta en... en coma... —los ojos de Hanabi se abrieron tanto que parecía que saldrían.— El mejor neurólogo de este país la examinó y dijo que... que... —la chica llevó sus manos a la boca; también comenzó a llorar.— Lo que ella quiere decir, es que Hina-chan no volverá a despertar... —manifiesta Naruto con la mirada cristalizada. Sasuke apretó sus puños con fuerza y su flequillo cubrió sus ojos.
Hanabi agachó su cabeza y comenzó a llorar en silencio. Todos salieron de la habitación.
— (¡Hanabi-chan!) —Hinata estaba sorprendida de escuchar la voz de su hermanita. Eso provocó que al chica sintiera aún más dolor, sobre todo en su pecho.
— Nee-chan... —susurra la hermanita— Perdóname, nee-chan!
— (Hanabi...) —la ojiperla quería decirle a su hermana que no había nada que perdonar. Que ella era el amor de su vida y que siempre velaría por ella. No importa donde esté, Hinata siempre cuidaría de su imouto.
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Los chico fueron a la cafetería. Ino fue a la residencia a descansar un poco y luego regresaría; la rubia no dejaba pasar un solo día sin visitar a su amiga. Pues, por más que Naruto y Sai le decían que no fue su culpa lo que le sucedió a Hinata, ella no se convencía del todo. Hinata sabía de ello. Una vez que estuvieron solas, Ino le pidió perdón.
Luego de una hora a solas con su hermana, ambos chicos regresan y encuentran a Hanabi durmiendo en la camilla, abrazando a su hermana.
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/Esa noche/
Naruto y Sasuke rara vez se dirigían la palabra sin pelear, lo único en lo que concordaban siempre era: cuidar de Hinata. Por ello, desde que se enteraron de su condición, ninguno abandonaba la sala por más de treinta minutos. Y jamás dejaban sola a al Hyuga.
Siendo el hermano del jefe de neurología, a Sasuke se le permitía quedarse fuera de horas de visita; mientras que Naruto había hablado con Itachi para que lo dejaran dormir allí. Después de todo, Hinata no tenía familia. Según la ficha informativa de la inscripción en la facultad con la que había sido hospitalizada. Hasta que Itachi revisó una antigua historia clínica de la chica y se percató de su padre y su hermana.
Los tres dormían en la habitación.
— (Dioses...) —Hinata comenzó a rezar— (Sé que pronto me reuniré con mi madre. Quisiera comunicarme con mis seres queridos...) —ella había dejado muchas cosas sin decir... cosas que necesitaba explicar— (Me permites hablar con ellos... aunque sea por unos segundos?) —eso era lo que ella buscaba para poder dejar ese mundo atrás sin tareas pendientes... Ese era su deseo.
Ella calmó su mente y también cayó dormida.
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— (Qué... ¡¿hago aquí?!) —se pregunta tanto Naruto como Sasuke, que despiertan en un lugar extraño.
Una extensión sin fin. Donde se apreciaba la unión entre el cielo y el mar. Se encontraban sentados en unas sillas rojas aterciopeladas de fabricación sencilla. Podían apreciar como la brisa movía sus cabellos. El sitio estaba iluminado como si fuera pleno día, pero el ambiente era fresco.
— Dobe... / ¡Teme! —expresan los chicos al voltear y encontrar sus miradas.
— Como si no fuera suficiente el tenerte en la misma habitación con Hinata-chan, ahora te metes mis sueños! —le reprocha el rubio, a lo que el pelinegro bufó.
A la derecha de Sasuke apareció otra de las sillas y en ella estaba Hanabi.
— Así que eres lolicon, teme! —Sasuke frunce el ceño y lo golpea en la cabeza— ¿Acaso no dijiste que era TU sueño? —le responde el pelinegro.
— Pero yo sueño con Hinata, no con su hermanita... ni con un estúpido. —contesta entre dientes lo último. El Uchiha ni si quiera lo mira, no vale la pena.
— Sasuke-san... —expresa Hanabi luego de restregar sus ojos— ¿Esto es un sueño? —el Uchiha levanta sus hombros con indiferencia.
A lado de Naruto aparece otra silla y en ella estaba...
— ¡¿Ino-chan!? / ¡¿Naruto?! —ambos parpadean perplejos— Esto es extraño... —exterioriza la rubia.
— ¿Por qué lo dices, Ino-chan?
— Pues... yo nunca sueño con idiotas.
— ¡INO! —los ojos de Naruto se volvieron blancos y se veían sus dientes puntiagudos. Sasuke sólo movió su ceja al escuchar cómo se expresaba de él sin tener la confianza.
— Gracias... —expresó una voz femenina y dulce. Los presentes la reconocieron en instantes y los cuatro manifestaron su nombre, a su manera:
— (¡Hinata!) —el Uchiha parpadeó un par de veces y su boca se abrió ligeramente.
— ¡Hinata-chan! —dijo el rubio con una sonrisa de oreja a oreja.
— Hina-chan... —Ino llevó sus manos a la boca y sus ojos se volvieron vidriosos.
— Onee-chan... —Hanabi se mantuvo quieta y serena en su exterior, así la habían criado; sin embargo en su interior su corazón se partía a pedazos.
Los cuatro quisieron correr hacia ella y abrazarla...
— ¡¿Qué demonios sucede?! —con su ceño fruncido y moviendo su cabeza de un lado para otro, Naruto intentaba ponerse de pie, mas no podía. Entonces los otros también se dieron cuenta de lo mismo.— Hina-chan... ¿Qué sucede? —manifiesta Ino, con melancolía.
— Yo... yo les agradezco todo lo-lo que han hecho p-por mí. —dice con una sonrisa. Todos menos Naruto, permanecían callados y quietos, observándola con mucha atención.
— ¿De qué hablas, nee-chan? —Hanabi bajó su cabeza— Suena como si... como si te estuvieras despidiendo... —una gota de agua calló sobre la vestimenta de la pequeña Hyuga.
Hinata se acercó a las personas que estuvieron con ella... que siempre la amarán.
— Hanabi-chan... —Hinata tocó la mejilla de su hermanita y levantó su rostro. Allí estaban, dos pares de ojos perlados, unos estaban vidriosos y los otros estaban derramando lágrimas.— No tengo nada que... que perdonarte, Hanabi-chan. —la pequeña abrió sus ojos un poco— Yo siempre he cuidado de ti... y siempre lo haré. —la Huyga mayor sonríe dulcemente— Porque eres mi Hanabi-chan!
Entonces la pequeña niña pudo mover su cuerpo y la abrazó hasta que... poco a poco la pequeña desaparecía entre los brazos de Hinata.— ¡Onee-chan! —expresaba con llanto. La chica mira el rostro de su hermanita por última vez...— ¿Hanabi-chan? —la imouto la mira llena de lágrimas— Dentro de la cajonera derecha de la habitación, hay un regalo para ti. Sé buena con padre. —y así desapareció de aquel lugar.
La Hyuga caminó hacia Ino.
— Ino-san... —ella se agachó a la altura de la cara de la rubia— No... no quiero que te culpes p-por lo que me pasó... —los ojos azules de la Yamanaka veían borroso el rostro de su amiga.
— Hinata... —ella también pudo moverse y se aferró a su amiga— ¡Perdóname Hinata! ¡Perdóname! —la pelinegra acariciaba la cabellera dorada con delicadeza.— Ya lo dije, Ino-chan... No hay nada que perdonar. —su amiga se alejó u miró sus ojos liliáceos— Pero, Hina-chan...
— Ino... Eres mi primera mejor amiga... dar mi vida por ti era lo correcto! —Hinata sonríe— Yo protegeré a mis seres queridos. —y con esas palabras la rubia volvió a abrazar a su amiga.
— No te vayas, Hinata! Pelea por tu vida! —y con esas palabras Ino se desvaneció del lugar.
La chica entonces voltea y se topa con dos miradas totalmente diferentes, pero al mismo tiempo expresaban lo mismo.
Naruto tenía sus ojos caídos y sus pupilas dilatadas, sus ojos estaban llenos de lágrimas, mientras que Sasuke estaba respirando de forma agitada, sus ojos estaban rojos y mordía su labio inferior con frustración; sus ojos también estaba caídos. Ella se acerca a ellos y toma sus manos; se sonrojó un poco, después de todo... seguía siendo Hinata.
— Yo... los conocí de dos formas totalmente distintas. Y puede que uno se haya portado mejor conmigo desde el comienzo, que el otro... —ella miró a Naruto y Sasuke respectivamente— Sin embargo les agradezco, a ambos, que me consideren una persona... especial en su vida. Lamento mucho no poder compartir más momentos con cada uno. —Ella mira hacia un costado unos segundos y se sonroja un poco más— I-incluso juntos...
Ambos la miraban de la misma manera. Ojos llenos de cariño y dolor... Puede que Naruto parezca un completo tonto, pero incluso él comprendía que eso... era una despedida.— Los cuidaré a ambos como lo haré con Hanabi-chan e Ino-san... —ella sonrió y después de tanto hablar, sus ojos por fin derramaron esas delicadas gotas de sus hermosos y brillantes ojos. Ella soltó las manos de los chicos y detrás apareció una gran puerta, que al abrirse desprendía una luz muy intensa. Ellos intentaron moverse, pero no podían...
— ¡HINATA! —gritan al mismo tiempo. entonces ella voltea. Su mano estaba agarrando a la otra y temblaban; su rostro se veía calmado y sereno; su boca les regaló una cálida sonrisa y continuó caminando hacia la luz, donde una sombra femenina la esperaba con los brazos abiertos.
— ¡HINATAAAAA! —vociferan los chicos, que al final pudieron moverse. Corrieron tras ella, pero la luz era tan intensa que parecía tener vida. Los envolvió a ambos y...
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Naruto, Sasuke y Hanabi abrieron sus ojos al mismo tiempo, la sala estaba iluminada por la luz del sol matutino. La habitación se sentía cálida.
Los tres se miraron algo confundidos y, como si leyeran sus mentes, miraron instintivamente el rostro de la Hyuga. Ella sonreía cálidamente.— Onee-chan... —susurra Hanabi al notar un aura de paz en su hermana. Ahora Hinata no sólo se veía dormida; sino que también se veía calmada. Sasuke y Naruto se levantaron de un brinco del sofá y se aproximaron a la camilla.— Onee-chan... mejorará? —pregunta con inquietud la pequeña Hyuga.
— ¡Por supuesto, Hanabi-chan! —el rubio sonríe a pesar de sentir un hueco en su estómago, al igual que Sasuke; sin embargo ninguno se atrevía a decir o describir la sensación. La puerta de la habitación se abre de golpe y entra la rubia, con la respiración agitada y unas gotas de sudor en la frente.— ¡¿Hinata?! —expresa preocupada, mas al verla con una sonrisa ella cae sobre el sofá; exhausta.
Hanabi siente que alguien la observaba desde el marco de la puerta, entonces voltea— ¡Papá! —exclama sorprendida. Los jóvenes voltean y lo miran con el ceño lo más fruncido que su rostro daba. Ino se levanta del sofá.
— ¿Qué haces aquí? —manifiesta el pelinegro con un tono de voz tan lleno de odio que cualquiera diría que si la voz fuera un arma, en ese momento Hiashi estuviera muerto de un tiro. El padre de Hinata no responde y camina hacia la camilla; sus ojos no dejaban de mirar el cuerpo pálido y la cálida sonrisa de su ex hija. Ambos chicos se sitúan delante del hombre, impidiendo que se acercara a ella.
— ¡No merece ni mirar a Hinata-chan! —responde Naruto, con ira.
— Lárgate de aquí antes de que llame a mi guardaespaldas. —le amenaza Sasuke.
Hanabi se baja de la camilla y se aproxima a su padre, sostiene su mano y sus ojos se abren a más no poder. Calma su rostro y mira a los chicos— Podrían... ¿dejarnos a solas un momento? —Ninguno retrocedió ni un milímetro. Ino se acercó a los dos, sujetando el cuello de la camiseta los arrastra fuera de la habitación.— ¡Oe, Ino! —le reclama el rubio, pero ni si quiera Sasuke se quejaba. El pelinegro sabía que si alguien no lo sacaba a la fuerza, jamás dejaría la recámara.
Ino cerró la puerta una vez que los tres estaban fuera.
Hanabi acercó a su padre hacia Hinata. — Padre... —Hanabi toma la mano de su hermana y la junta con la de su padre.— Onee-chan me dijo que cuidara de ti. Que ella cuidará de nosotros... —algo dentro de Hiashi se rompió en tantos pedazos, parecía que su corazón se había convertido en arena. Una lágrima cayó de su ojo sobre la manos pálida de su hija mayor. Su rostro no mostraba el más mínimo cambio.
— Papá. —Hanabi miró la cara de su hermana, su padre la escuchaba atentamente— Onee-chan dijo que no había nada que perdonar... —Hiashi miró el perfil de Hanabi— Pero... creo que hay unas palabras que siempre ha esperado de la persona que más admira en este mundo... —la pequeña miró a su padre con ojos cálidos y llenos de lágrimas. Su padre comprendió el mensaje...
Con voz grave y ligeramente quebrada, Hiashi expresó en tono bajo: — Perdóname... hija. —otra lágrima cayó de su ojo y su ceño comenzó a arrugarse un poco— Yo... Yo te amo Hinata... nunca he dejado de hacerlo. —una gota tras otra rodaban por las mejillas del Hyuga.
La máquina de latidos comenzó a aumentar. Las enfermeras entraron y se llamó a Itachi por el comunicador de la recepción.
Los chicos ingresaron junto con las enfermeras. Los ojos de la chica se abrieron y se toparon con los de su padre. Por primera vez en su vida, ambas hijas veían una expresión distinta en el rostro de su padre.— O... oto... sa... ma... —ninguno de los presentes entendía cómo había salido del coma. Por un momento, todos: Naruto, Sasuke, Hanabi, Ino, Hiashi, incluso Itachi que llegó en pocos segundos, estaban absortos.
— Gra- gracias...
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Su pulso se desvaneció como un copo de nieve en la palma de la mano.
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— ¡Desfibrilador! —Itachi llamó acercándose a la camilla— Enfermera, saque a todas las vistas.
— ¿Onee-chan? ¡¿Onee-chan?! —una de las enfermeras tomó a la niña de los hombros y la sacó de la habitación, Hanabi entró en pánico y empezó a gritar el nombre de Hinata— ¡NEE-CHAAAAAAN!
Cuando el pitido se volvió intenso Ino supo que su amiga ya había obtenido lo que esperó desde pequeña. Llevó sus manos a la cara y salió corriendo de la sala; derramando lágrimas. En recepción estaba Sai, siempre la acompañaba, mas permanecía fuera... él nunca conoció a la Hyuga y se sentiría entrometido si su novia quería pasar el rato con la persona que había salvado su vida y que consideraba su amiga.
— Sasuke, ¡sal de aquí! —grita Itachi mientras preparan a las máquinas y preparaban el cuerpo de la chica para recibir la descarga.— ¡JUUGO! —vociferó el mayor de los Uchiha.
Por más que Jugo era el guardaespaldas personal del joven Uchiha, siempre mantenía respeto y obedecía por jerarquías. Si Itachi le ordenaba sacar a Sasuke, Él debía hacerlo , pues era mayor que su amo. El gran hombre entró y sujetó a Sasuke por la espalda, elevándolo en el aire— ¡SUÉLTAME INÚTIL! —gritaba el pelinegro mientras intentaba zafarse. Por más que lo intentó, no pudo. Después de todo Juugo era mucho más fuerte.
Naruto cayó al suelo de rodillas. El shock lo invadió de golpe y no se movía. Una de las enfermeras tuvo que ir por dos camilleros para que lo sacaran de ahí en una silla de ruedas. Su mirada estaba perdida, en su mente se repetía una y otra vez el "Gracias" que le dijo a su padre antes de que su corazón se detenga por completo.
Hiashi salió por cuenta propia con un peso sobre su espalda al escuchar las palabras de su hija.
Todos estaban en la sala de espera.
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Pasaron unos diez minutos y llegó una mujer de cabellera amarilla y labios rojos; ojos almendrados y mirada penetrante. Rumbo a la habitación de Hinata.
— ¡Tsu-Tsunade-sama! —expresa Ino.
— ¡¿Quién es?! —pregunta nervioso el rubio, que había regresado a su parte consciente; Hanabi y su padre miran a la chica.
— Ella es la mejor doctora de este país. —Sasuke la miró confundido, molesto y preocupado. Ino se percata y le explica— Sasuke-san, si crees que tu hermano es excelente, ella está sobre esa clasificación.
— Entonces onee-chan...
— Eso... —la rubia se recuesta en el pecho de su novio— ...no lo sé, Hanabi-chan.
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Pasaron apenas unos minutos, pero a todos en la sala les pareció una eternidad. El primero en salir del la habitación fue Itachi, quien se quitaba la bata y mascarilla. Su mirada no era nada tranquilizadora.
— Los familiares de Hinata-san? —Hiashi y Hanabi se levantan del fondo de las sillas y se aproximan, al igual que los demás— Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. —todos quedaron quietos. El ambiente se sintió pasado. Hanabi cubrió su rostro en la ropa de su padre, quien llevó su mano a la cabeza de su hija para acariciarla lentamente. Ino se desmayó; Sai le avisó a unas enfermeras y se la llevaron a una camilla para levantarla. Sasuke y Naruto...
Sasuke se dejó caer sobre la silla y el rubio cayó de rodillas.
Hiashi se agachó y abrazó a su hija. Hanabi lloraba de forma callada, pero el traje de su padre estaba cubierto de lágrimas.
Sasuke se levantó furioso y sujetó a su hermano por el cuello de la bata.— ¡¿No pudiste salvarla?! ¡¿Acaso no te hiciste médico para salvar vidas?! —reprochaba su hermano menor con los ojos rojos. Veía todo borroso. Itachi lo único que pudo hacer fue abrazarlo y por más que Sasuke golpeaba su espalda con los puños cerrados, poco a poco su ira y dolor salieron a flote y terminó abrazando a su hermano.
Naruto miraba el suelo de la sala de espera, una tras de otra rodaban lágrimas que caían sobre su pantalón. Sus puños estaban apretados con tanta fuerza que las uñas se metieron es sus palmas y comenzó a sangrar levemente. Él empezó a susurrar: — Por qué no te lo dije... por qué me dejaste solo Hinata... —El rubio bajó la cabeza al suelo y lo golpeaba con desprecio una y otra vez hasta que su alma quedar tranquila.
Hanabi se alejó de su padre con rapidez y corrió a al habitación de Hinata— ¡Hanabi! —elevó el tono de voz, aún así su hija lo dejó. Los chicos la miraron.
Regresó a los pocos segundos con una caja.— Esto... —secó sus lágrimas con la manga de su abrigo. La pequeña Hyuga se caracterizaba por su fortaleza; había heredado el carácter de su padre.— ...son regalos de onee-chan. —expresaba sollozando.
Abrió la cajita y dentro había un hermoso reloj en forma de copo de nieve— Hinata-neechan... —ella sonrió con melancolía. A pesar de haber pasado tanto tiempo, aún recordaba ese bello momento.
— Sasuke-san, Naruto-san... —dice ella mirando dentro de la caja. Ellos se acercan a Hanabi— Es para ustedes. —dentro de la caja sacó dos sobres. Eran idénticos. Lo abrieron:
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Agradezco la amistad que me brindaste
desde que me aceptaste tal y como soy.
Siempre estarás en mi corazón.
Te convertiste en una persona tan especial
en mi vida que yo... yo...
te cuidaré por siempre
Sasuke-kun / Naruto-kun
HINATA
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Ambos llevaron esa pequeña carta a su pecho y rememoraron su cálida sonrisa.
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~Porque al perder un ser que amas, lo que debes hacer es recordar los momentos que vivieron felices~
Da-chan
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*Ozaki: Personaje de un manga/anime llamado SHIKI. También lo pueden encontrar en otro de mis fics: ¿Por qué? ¿¡Dime por qué? ;D Me gusta reciclar personajes en mis fics; algo así como actuar en diferentes historias... mis historias. xD
Besos y abrazos en papel... ¡de amor y paz!
