NUNCA TE OLVIDARÉ...
Final alternativo NaruHina


LA FLOR QUE ALEGRA AL SOL

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Yo no quería lastimar a nadie. Por ello me fui de casa en la oportunidad que me dio aquella carta ofreciéndome una beca para esta universidad. No quería seguir viendo el rostro de dolor de mi padre... No quería que Hanabi me mirara como si no me conociera... Yo no quería sentir esa opresión en mi pecho cada vez que las personas que amaba con mi vida... me observaban de aquella forma.

Toda mi vida me he preocupado por no lastimar a nadie, y ahora... ahora todos lloran por mi.

Desperté en una camilla. Mi cabeza daba vueltas y tenía un punzante dolor en la parte trasera de la misma. Apenas abrí mis ojos quise sentarme, quise ladear mi cabeza, quise rascar la punta de mi nariz, quise preguntar si Ino se encontraba bien luego de lo que sucedió pero, pero... no pude.

De todo mi cuerpo, lo único que parecía responder a mis órdenes eran mis globos oculares... Mis ojos, era lo único que podía mover por mí misma.

Dirigí la mirada a mi izquierda y pude notar la llamativa cabellera de Ino; ella dormía sobre un sofá. Luego, un pequeño suspiro llegó a mis oídos por la derecha y llevé mis ojos hacia allí... (( Na-Naruto-kun... )) Sí, mi compañero de habitación parecía estar completamente incómodo en una silla de madera junto a la ventana. Ambos estaban a mi lado; sus rostros parecían muy agotados...

La ventana estaba abierta y una brisa fresca ingresó. Meció una delicada cortina que se posó sobre el rostro de él; abrió sus ojos.

Sus grandes y brillantes ojos azules me contemplaron con estupefacción y su boca, poco a poco, demostró una felicidad inimaginable. Incluso, por un pequeño y diminuto momento, me olvidé de la condición en la que me encontraba. Esa felicidad que me enseñó, estuvo acompañada de lágrimas que brillaban con los rayos del sol que entraba por el ventanal.

Naruto-kun...

Él siempre me enseña su mejor sonrisa... Jamás lo había visto tan contento al verme abrir los ojos. Jamás, en todo ese tiempo que llevábamos como compañeros, lo había visto derramar lágrimas en tal magnitud. Ese júbilo mezclado con dolor que demostraba su sonrisa, comprimió mi pecho... comenzó a doler como cuando mi padre o Hanabi me miraban. Podía palpar lo que Naruto-kun sufría. Todo era mi culpa.
Ver su rostro, sonriéndome, cubriendo ese tormento... Me hacía sentir una angustia mayor a cuando mi familia me miraba.

¿Por qué?


— HI... HI... HI... ¡HINATAAA! —Naruto no podía creer lo que estaba viendo. Él no podía creer que, después de esos tormentosos 103 días, ella abriría sus ojos. —¡INO!—la rubia despertó de golpe y frunció el ceño— Acaso no sabes que debes estar callado en la... habitación... de... de... de... —ella se dirigió hacia la cama donde reposaba la chica de cabellera negra para toparse con aquello que hizo gritar a Naruto.

— ¡Hi-na-ta...! —las lágrimas no pudieron contenerse y cayeron una tras otra. Llevó sus manos a la boca para contener la emoción de gritar y dejarse llevar como Uzumaki.

— ¡E-estoy tan fe-feliz de... de que hayas despertado-ttebayo! —su lengua se trababa un poco, eso le demostraba a la chica de la camilla que él se encontraba sumamente nervioso como aquella vez en el apartamento...

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/Cinco meses antes del accidente/

— ¡Es bueno caminar de vez en cuando-ttebayo! —Naruto regresaba a su cuarto a media mañana de un sábado luego de salir por aire fresco, así su mente estaría despejada y lista para estudiar. Lo hacía en temporada de exámenes— ¡Cuando regrese Hinata-chan de clases la invitaré a cenar ramen! —sonreía tontamente al pensar en ella— ¡¿Eh?! —sacudió su cabeza al notarlo.

Llevaba un par de semanas atormentado por una cosa— (( ¿Por qué pensaré tanto en ella? )) —rascó su cabeza con desesperación al reflexionar su pregunta. A su mente llegaron imágenes de ambos tomados de la mano, corriendo por el parque y riendo como dos niños pequeños.

— ¡B-BASTA! —gritó en la entrada de la residencia— Ella es como una hermanita... ¿no? —volvió a sacudir su cabeza con molestia. Naruto se había propuesto protegerla como si fuera su familia, pero en su mente... Su juicio lo llevaba a pensar en Hinata de una forma totalmente diferente a lo que se había propuesto.

El proceder tan amable con que lo trata, en su dulce voz, en su sonrisa, cuando lo ayudó a usar una lavadora... Cada pequeño gesto que ella le demostraba hacía que, dentro de él, creciera una sensación que nunca antes había sentido por nadie... ((Será que... me... ¿me enamoré de ella?)) Se detuvo de golpe en la escalera y comenzó a estrellar su frente en la pared hasta que le salió un chichón más grande que su cabeza.

— Es algo tarde para hacer funcionar tu cerebro... ¿no lo crees? —escuchó entre bostezos; giró su cabeza hacia la subida de la escalera. —¡Ah! Hola Shikamaru. —detuvo su auto-castigo y rascó su cabeza en la parte trasera riendo como idiota.

— Hola —expresó el muchacho con una gran bostezo, de nuevo— ¿Acaso no habías salido a caminar? —pregunta el pelinegro de coleta alta.

— Sí, es solo que olvidé mi monedero... Ya sabes, a todos les pasa. —y ríe despreocupado.

— Mmmm... No. —Shikamaru continuó bajando mientra hablaba— A mí no me ha pasado. —manifestó con otro bostezo. — Nos vemos, Naruto.

— Sí... ((¡Maldito genio que no se da cuenta que es presumido!)) —Bufó con molestia. Ese chico era su amigo y como el rubio lo había dicho, era todo un genio. Shikamaru no era del tipo presumido pero, a veces, sin darse cuenta lo expresaba de la forma más natural que pudiera decirse.

Ya que era sábado Hinata no llegaría hasta las 6 pm, lo que le permitía estar sólo en casa, bueno, en el departamento. Ellos eran los únicos en todo ese edificio que compartían habitación con el sexo opuesto. Al principio era un poco incómodo para los dos pero, con el pasar de los días, se acostumbraron. "Sólo caminé unas cuadras, pero con este clima ¡sudo como cerdo!" Naruto entró a la habitación sacándose la camiseta anaranjada y tirándola al suelo al igual que los zapatos y las medias— ((Luego del baño arreglo todo)) —Estaba tan preocupado en el examen y ensimismado por lo que sentía hacia la pelinegra, que no se percató del sonido del agua corriendo en la regadera.

— ((¡Que bueno que tengo el día libre!)) —pensaba con una sonrisa mientras el agua recorría su cuerpo en la ducha— ((Será y... ¿llamo a las chicas para salir al parque?)) —ella cierra la llave de paso de agua y se envuelve en una toalla— ((¡Oh!)) —al mirarse frente al espejo notó que había tomado la toalla más pequeña que cubría desde la mitad de sus abundante parte superior hasta, apenas, por debajo de su bien definidas caderas— ((Tomé la toalla que no era. Qué bueno que... que no está Naruto-kun...!)) —sonrojó de la vergüenza al pensar que el chico de ojos zafiro la viera en tal apariencia. Cuando Hinata llegó al apartamento, unos treinta minutos antes que el rubio, se topó con Shikamaru quien le contó que Naruto salió a caminar y no regresaría hasta la hora de almuerzo. Pero el rubio tuvo que devolverse al apartamento para preparase el desayuno.

— ((Me da pena tirar mi ropa por allí, después de todo comparto habitación con una dama... ¡Y no cualquier dama-ttebayo!)) —Naruto recogió su camiseta y las medias para colocarlas dentro del cesto de ropa sucia; abrió la puerta del baño que se encontraba sin pestillo.

— ¡Hi-hi-hi-hi...! —un enorme trago de saliva junto a unos ojos totalmente abiertos que no podían parpadear y un rubor en todo el rostro, fue lo que ella apreció al notar el chirrido de la entrada.— Y-yo no sa-sabía que... que tú... ¡t-t-tú...! —Los ojos de Naruto lo traicionaron y se dirigieron al busto prominente que estaba cubierto, a penas, con dicha toalla.

— Na-ru-to-kun... —susurró mientras su rostro cambiaba de color bruscamente.

Hinata cerró los ojos y ladeo su torso, gritó tanto como le dio su garganta. Por impulso tomó el envase del champú para arrojarlo hacia su cara. Él seguía parado como una estatua, petrificado por lo que presenciaba; un líquido carmesí salió de la nariz del rubio y cuando el objeto que lanzó Hinata lo golpeó, cayó al suelo y ella corrió a cerrar la puerta. ¡Esta vez sí puso el pestillo!

Naruto se quedó acostado en el suelo para llevar a su cara, específicamente su nariz, ambas manos mientras observaba el ventilador girando sobre sí mismo. Su cerebro le jugó sucio y a su cabeza llegaron imágenes no aptas para menores de edad. Por su nariz volvió a recorrer un líquido rojo vino— ((¡Q-Q-QUÉ HICEEEEEEE!)) —Se levantó de golpe y se limpió la sangre con su camiseta, corrió a la cocina y se colocó papel en su nariz. Tomó otra camisa de su cajón y empezó a caminar de un lado a otro en la habitación atormentándose con lo que había ocurrido.

(( ¡¿Será que dejará de hablarme?! )) sus manos estiraban su cabellera con angustia— (( ¡Yo-yo n-no vi nada!)) Sí, eso debo decirle... (( ¡No! Primero una disculpa... )) —miraba la puerta del baño cada cinco segundos esperando verla salir— (( ¡¿Y si... Y si ya no quiere ser mi compañera de cuarto?!)) —una extraña sensación llegó a su pecho, como una punzada al decir entre susurros— Y si... ¿si me odia?

(( ¡N-Naruto-kun! Me... m-me...! )) —ella estaba tan roja que cualquiera creería que tenía su rostro pintado— (( Yo... será que... b-bueno... esto... n-no fue s-su culpa... c-creo... )) —ella terminó de vestirse en menos de cinco minutos, pero caminó por todo el baño moviendo sus dedos; analizaba cuidadosamente lo que iba a decirle... o lo que él podría comentar.

Cuando la puerta del baño por fin se abrió luego de aquella agonizante hora...

— ¡HINATA PERDONAMEEEEEEE! —Naruto estuvo sentado frente a la puerta y cuando esta se abrió él realizó una reverencia tan marcada que su cabeza golpeó con fuerza el suelo para demostrarle lo arrepentido que estaba. Aún en aquella posición él expresó sin gritar; lleno de nervios— ¡Yo... yo no sa-sabía que t-tu estabas allí! Si... Yo nunca, ¡NUNCA! hu-hubiera e-entrado Hinata. ¡T-te lo juro-dattebayo! —el rubio sintió una mano sobre su espalda y levantó su cuerpo con lentitud— No... no importa, Naruto-kun —Hinata tenía sus mejillas rojas y le ardían hasta no más poder— Y-yo sé que no lo... no fue a propósito... —ella estaba muerta de los nervios, al punto de que no lo estaba mirando a los ojos; pestañeaba seguido y contemplaba su brillante y dorada cabellera.

— Pero... me odias, ¿no? —tragó saliva por temor a la respuesta.— No —expresó ella mirándolo a los ojos por un instante. Se dejó caer sobre su espalda en el piso del departamento. Nunca una respuesta de dos letras lo había llenado tanto de tranquilidad y felicidad al mismo tiempo— ¡Qué alivio! —Estiró sus brazos para liberar esa presión y angustia que lo había acechado por ese tiempo.

— La-la verdad, Naruto-kun... —abrió sus ojos y la observó detenidamente desde la posición donde estaba— Y-yo debo disculparme por... por tirarte el frasco de champú. —cubriendo su cara con las manos.

— ¡No! ¡De eso nada, Hinata-chan! —se sentó de golpe frente a ella y mostró su típica sonrisa llena de vida— No aceptaré tus disculpas por lo que pasó... Si tu no me perdonas por lo que hice. ¡Que fue mil veces peor! ((Para ella, porque para mí...)) —sacudiendo su cabeza ligeramente— P-pero Naruto-kun...

— ¡No! ¡Sin peros Hinata! —él se levantó, sostuvo la mano de la chica para ayudarla a pararse— Yo olvidaré lo que pasó hoy, ¿sí?

— ¿E-en serio? —ella empezó con su jugueteo de dedos.

— ¿En serio que? ¿Yo? ¿Hoy pasó algo? —corrió a la puerta y salió de la habitación. Tocó un par de veces y abrió la entrada— ¡Hinata-chan! ¡Qué raro encontrarte un sábado aquí-ttebayo! —se acercó a ella y la saludó con un nervioso apretón de manos— Yo no he desayunado. Ya que es hora de almorzar, te invito un ramen. ¡Vamos! —Hinata lo miró extrañada al principio, luego se preocupó un poco... pero comprendió que estaba actuando como si recién llegaba a la habitación. Naruto la tomó de la mano y se encontraban en las escaleras cuando frenó de golpe al escuchar la risa de la dulce jovencita.

— ¿Qué sucede, Hinata?

— Es que... jiji... Vamos a Ichiraku, ¿verdad?

— Sí.

— jajja... no tienes... jajaj... no tienes puestos los zapatos, Naruto-kun

— ¡EEEEEEHHHH! —efectivamente, Naruto miró sus pies descalzos, soltó la mano de la chica y subió corriendo con sus mejillas coloradas en un sutil rosa.


Naruto-kun...

Su actitud libre y enérgica es lo que me agrada... Cualquier cosa que pasa, por más mala o incómoda que sea, siempre ve lo revierte, haciéndolo positivo, mostrándome su mundo en el proceso. Nunca se lo pregunté, pero creo que le gusta hacer bromas para alegrar a los demás... al menos, cuando pasabamos tiempo en el departamento, él siempre me hacía reír.


La puerta del la habitación 403, donde reposaba Hinata, se abrió lentamente y, como si viera un fantasma, se quedó petrificado ante lo que estaban viendo sus pupilas negras.

— Sasuke-kun, ¡Hinata despertó! —manifestó entre sollozos la rubia y Sasuke se acercó a paso tambaleante y temeroso de que este soñando.— ¿Hinata? —ella parpadeo una vez sin poder hacer nada más; aunque realmente quisiera abrazarlos a todos y llorar.

Naruto sujetó la delicada mano de la chica y fue cuando lo notó... Miró a Ino con temor mezclada entre lágrimas de felicidad: — ¿Por qué Hinata no se mueve?

Los tres pares de ojos se miraron entre sí y llegaron a la misma conclusión.

— Iré por Itachi —Sasuke retrocedió un par de pasos y dio media vuelta con velocidad, una puerta se atravesó en su camino y se golpeó la nariz sin emitir sonido, solo llevó su mano izquierda a la cara; Hinata fue la única en verlo. Quiso reír pero sus músculos faciales seguían sin responder.

— Hinata... ¿puedes oírnos? —la rubia estaba asustada de que Hinata no respondiera. Para su alivio y sorpresa la pelinegra la miró.— Pestañea una vez si es SI y dos cuando sea NO —la ojiperla pestañeo una vez y su amiga sonrió aliviada. Alivio que desapareció por la voz preocupada de Naruto.

— ¡Hinata! ¡¿Estas bien?! ¡¿Te duele algo?! ¡¿Tienes hambre?! ¡¿Quieres ir al ba-!

— Cierra la boca, Naruto. —expresó entre dientes la rubia mientras le daba un golpe en su cabeza— No atosigues a Hinata; acaba de despertar.

— Tienes razón, ¡pero no tenías que golpearme-dattebayo! —arrugando su frente, soba su chichón.

((Naruto-kun...)) —ella sonrió mentalmente al ver que la mirada de angustia desapareció por completo. La puerta se abrió rápidamente y entró Sasuke con la respiración agitada y detrás de el pelinegro, Itachi.

— Vaya, que bueno. —Itachi se aproximó por el extremo donde estaba parada Ino y Sasuke se paró junto al rubio; se molestó al notar que Naruto sostenía la mano de la chica y no pensaba en soltarla.

— Hola Hinata. ¿Me escuchas? —ella parpadeó una vez.— Le dije que una es SI y dos son NO —acotó Ino— Gracias Ino-san —Yamanaka sonrojó ligeramente por el cumplido. Mientras Sasuke pellizcó el brazo del rubio, que brincó de la sorpresa y soltó a la chica para luego lanzar una mirada de molestia al idiota del Uchiha.

A la habitación entraron tres enfermeras que asistían a Hinata desde que llegó a hospital y cinco practicantes de medicina; uno de ellos era hombre.

— Debo pedirles que dejen la habitación mientras examinamos a la paciente. —Ino obedeció rápidamente pero los otros dos miraban molestos a Itachi.

— ¿Y "él"? —preguntaron al unísono y lo señalaron despectivamente.

— El es practicante y estudia neurología —los chicos lo miraron con odio y no dejaban de hacerlo.— ¡Si el se queda, yo también! —Exclama el rubio.

— No puedes, Naruto. No eres estudiante de medicina. —Ino entró resignada a la habitación en busca de los testarudos— Andando Naruto.

— ¡No! —Ino lo volvió a golpear— ¡No te puedes quedar; es una orden del médico!

— ¡Salgamos, teme! —refunfuña— No. Yo si estudio medicina. —exclama altivo y orgulloso de que ganó y Naruto lo miró con ojos muy redondos y blancos; una frente llena de venas brotadas lo adornaban.

— Tú también debes salir, Sasuke —el Uchiha menor miró contrariado a su hermano— Apenas estás en primer año; cuando estés en cuarto te permitiré presenciar las clases prácticas, además estudias cardiología. —los estudiantes estaban callados observando la escena y los dos rubios junto al azabache seguían dentro del cuarto.

Itachi conocía muy bien a su hermano y sabía de buena mano que eso no haría que se fuera así como así. Entonces, antes de que el ojinegro pudiera refutar su orden, este añadió— Hinata está consciente de su entorno... No quieres que piense que te quedas sólo para ver cómo la examino. —Levantó su ceja, Sasuke abrió sus ojos un momento y comprendió. Agachó su cabeza y salió sin decir más. Tras él, la rubia llevando de la oreja a Naruto.

— ¡Oye tú! —mirando al residente— ¡No te atrevas a tocarla-ttebayo! —lo señaló con su dedo índice mientras la rubia lo seguía jalando.

Los tres se sentaron en la sala de espera por una hora, aproximadamente. Sasuke no dejaba de mirar la puerta con odio y Naruto contemplaba el suelo del hospital. Cuando el azabache ya no soportó la espera y se levantó del asiento con el propósito de entrar al cuarto, aparece Itachi junto a los residentes en la sala de espera.

— ¿Cómo está Hinata/Hinata-chan? —Interrogan al mismo tiempo. El neurólogo realiza unas ceñas para que los residentes continúen al siguiente paciente mientras él les explicaba la situación de la ojiperla.

— Hinata está fuera de peligro... —los tres suspiraron aliviados e Ino abrazó con alegría a su novio, Sai, que la acompañaba en las mañanas al hospital— Pero temo que el choque le a provocado una parálisis total.

— ¿Qué? —Naruto no comprendía del todo los términos médicos— Hinata-chan tiene... ¿qué? —Ino apretó la mano de Sai mientras Sasuke elevó sus parpados cuando esas palabras llegaron a sus oídos. Itachi se aproximó al rubio confundido y le contó detalladamente— Por el golpe que recibió Hinata-san, una parte de su cerebro recibió una descarga o daño que le impide moverse. —eso sí lo comprendió.

— ¿Pero se recuperará? Volverá a ser como antes, ¿no? ¡¿NO?! —levantándose del asiento para estar frente al doctor.— Quizá... —respondió el neurólogo luego de una larga pausa— Necesitará una larga rehabilitación y, con ello, no les aseguro que regrese su movilidad completamente.

— ¿Podrá comunicarse? —Preguntó con su cabeza baja y una sombra cubriendo la mitad de su rostro— El tiempo nos dará las respuestas, Naruto-san. Por ahora solo puedo recetar terapias a diario y medicamentos inyectables por suero. —Dio media vuelta rumbo al siguiente paciente; voltea sorpresivamente al escuchar una voz efusiva— ¡MUCHAS GRACIAS-TTEBAYO! —Itachi continúa su camino con una sonrisa de agradecimiento; muy pocas veces elogiaban al Uchiha mayor por realizar un excelente trabajo. Se sentía dichoso de haber escogido esa carrera.

Sin permiso o aviso del médico, el rubio corrió a la habitación de la peliazulada con una sonrisa de lado a lado; Sasuke apretó sus puños al sentir que no se preocupaba tanto como lo demostraba Naruto; eso lo encolerizaba.

((¡Naruto-kun!)) —Ella se sorprendió cuando el rubio entró de golpe a la recámara donde se encontraba. Ese silencio que la hacía entristecer, creyendo que esa sensación sería la única que la acompañaría el resto de su vida: soledad; desapareció en el instante en que el ojiazul entró para verla a ella, para hablar con ella, para mostrarle aquella sonrisa que la hacía olvidar que estaba en una camilla sin poder moverse.

— ¡Hinata! —expresó— ¡Estas fuera de peligro! —Tomó la mano de ella, estaba sudada y tiritaba de emoción.— ¡Itachi dijo que necesitas rehabilitación y mejorarás! —No dejó de sonreír ni de sostener su mano con nerviosismo.

En la entrada, como si fuera invisible para el rubio y la morena, estaba parado el Uchiha observando la escena que, por más clara y obvia, no admitiría aquello. Aunque su batalla ya tenía un resultado establecido... y no estaba a su favor.

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Al día siguiente, Itachi llegó al cuarto para comunicar los tipos de terapia que debía tener a diario. Según el porcentaje que daba el doctor. Ella podría ser capaz de recuperar un 75% de movilidad en los brazos y torso, mientras que las piernas tenían un 21%. Hinata estaba consternada y ansiosa.

— ¡Estaré en cada una de las terapias para animarte y ayudarte, Hinata-chan! —Gritó con euforia. Como si supiera lo que sentía y la animaba antes de que pudiera darse cuenta ella misma. Esas palabras la calmaron inmensamente y dentro sí, crecía una extraña sensación que no podía describir con palabras.

— No quiero arruinar su felicidad... —menciona Itachi dentro de la alcoba— ...pero los medicamentos que debo suministrar, no están cubiertos por el seguro médico estudiantil de Hinata-san. —El rostro del rubio se congeló en una sonrisa de espanto, la rubia abrió sus ojos con preocupación y Sasuke tomó aire para tomar la palabra.

— Obvio que-

— ¡YO ME ENCARGO-DATTEBAYO! —vociferó, asustando a todos, incluso al moreno que lo miró con las cejas arrugadas por interrumpir— Yo sé dónde conseguir el dinero para pagar los medicamentos. ¡No hay nada de qué preocuparse! —Ino, Sasuke e Itachi se miraron entre ellos algo confundidos.

— Olvídalo, dobe. —Naruto lo miró enojado por su tono altanero y orgulloso— Todos sabemos que el único capaz de pagar las deudas, soy yo. —a Ino le molestó ese comentario, pero debía admitir que tenía razón.

— ¡No, teme! —El rubio se levantó de la silla en dónde se encontraba para mirar a Hinata haciendo una pose de valor: su brazo izquierdo enseñando bíceps y su mano derecha sobre este— ¡Yo cuidaré de Hinata-chan porque la a-!

Esa expresión de valor, alegría y euforia se quedó en pausa. Por la frente del rubio recorrieron gotas de sudor y su cara tenía una sonrisa adornada con un tic. La seguía mirando y sus mejillas comenzaron a cambiar de color.

Ino lo miró pícaramente, Itachi observó a su hermano con el rabillo del ojo y notó una abrumadora sensación asesina que parecía ocultar tristeza.

((Na... ¡¿Naruto-kun...?!)) —Su rostro no podía demostrar ese ardor que sintió en sus mejillas y le preocupaba que sus latidos acelerados por lo dicho llegaran a oídos de Naruto.

aaaaaa... aaa... la a... ¡ANESTESIA NO HACE LO SUFICIENTE! —gritó lleno de nervios y echó a reír forzadamente rascando su nuca y apartando sus ojos de ella para ver por la ventana.

— Na... ru...t-to... k-k-k... kun —Itachi no supo lo que pasó, pero todos los presentes quedaron pasmados ante las sílabas que salieron de los rosados labios. La mitad del rostro de Sasuke se oscureció por su flequillo e Ino y su hermano lo notaron al instante; no obstante Naruto...

El rubio no podía esconder esa sonrisa de oreja a oreja, ni podía pestañear. La miraba con tanta esperanza. Sujetó su mano; ella sintió ambas manos, grandes y algo sudadas, que la apretaban y se acercó a ella.

— Hinata-chan —comenzó a llorar de la felicidad y olvidó que los demás los estaban observando— Prometo que estaré siempre a tu lado, Hinata-chan —Ino sabía que ambos chicos en la sala sentían algo muy fuete por la ojiperla... solo que no sabía qué tanto eran capaces de hacer por ella. Yamanaka tuvo la oportunidad de conversar con la peliazulada sobre sus verdaderos sentimientos hacia ambos chicos pero esa charla no terminó como esperaba.

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/Dos semanas antes del accidente/

— ¿Todavía no estás lista? —Ino llevaba quince minutos esperando a Hinata fuera del vestidor.

— E-es que... no quiero usar-

— ¡Nada de 'no'! Quiero que salgas ahora mismo o yo entro a cambiarte. —Ino arrugó su frente.

— ¡N-no! Ya... ya salgo... —se escuchó el picaporte y salió usando un vestido strapple* cóctel de color negro con costuras en tono plateado que resaltaban la silueta de su fina cintura; una escote en V que embellecía su delantera e incluso, parecía engrandecerla. Sus mejillas ardían de la vergüenza. El corte llegaba cinco dedos sobre su rodilla.— ¿Y-ya me lo puedo quitar? —expresaba en susurros sin abrir sus ojos.

— ¡Pero si te ves preciosa! —La tomó de los hombros y la guió frente a un espejo de cuerpo completo. La rubia se quitó la liga que recogía su cabello para colocárselo a ella.— ¡Mírate! —abrió sus ojos. Un peinado alto; un tomate rápido que sujetaba su larga melena azulada y sólo dejaba colgando sus simpáticos mechones a cada lado de su cabeza. La ojiperla sonrió.— Sabía que te gustaría.

— Uhum... —limitó a asentir con timidez y agradecimiento.

— Bueno, pues... —continuó Ino— ¿Qué otra cosa no has hecho? —Tomó de su bolso una hoja arrancada de un cuaderno y tachó una oración que indicaba.

* Nunca se ha probado un vestido strapples

— M-me gustaría ir al cine, Ino-san. —dijo apenada y alegre.

— De acuerdo. —levantó la mirada del papel para buscar a una de las chica que atendía el local. Cuando localizó a una de ellas la llamó; señalando a Hinata dijo sonriendo: —¡Me lo llevo!

— P-pero... —estaba asombrada— No, Ino-san. Es muy... ¡muy costoso!

— ¡Pero qué dices Hina-chan! —ríe divertida— Este será mi regalo de Navidad para ti.

— Ino-san... —ambas se contemplaron con amistad y comprensión.

— Además... —cambiando su expresión a una pícara— ¿Con qué iras a la fiesta de la residencia? —Hinata abrió sus ojos, sorprendida— Estoy segura que no tienes con qué ir. ¿O me equivoco? —Hinata negó tímidamente. Dando media vuelta para ir a pagar el vestido; acotó— Seguro y el hiperactivo de Naruto por fin se queda sin palabras cuando te vea así. —la ojiperla sonrojó velozmente y corrió al vestidor para cambiarse.

Estaban tomando un batido en el patio de comidas mientras hacían tiempo para la función de las nueve de la noche. La pelinegra quería ver una película de zombies que llamó su atención desde hace algunos días atrás y cuando Ino le sugirió que pasaran tiempo de calidad entre chicas se sorprendió cuando Hinata le contestó con un -¿Qué es eso?- Así, pues, la rubia le hizo un millar de preguntas sobre temas de chicas y escribió las cosas más importantes que debía hacer con Hinata. A Ino casi le da un infarto, cuando se enteró que su tímida amiga nunca había usado un vestido strapples.

— ¿Y bien? —comienza la rubia luego de terminarse su bebida. Hinata la miró confundida.— Quiero saber cómo es tu relación con Naruto. —Hinata casi devuelve el sorbo que tenía en su boca— ¿Cuántas veces han dormido juntos? Me imagino que ya tuvieron sexo. ¿Es bueno en la cama?

— ¡I-Ino-san! —su cara cambió bruscamente de color.

— Oh, vamos. ¡¿No me digas que es malo?! —exclamó algo espantada.— Se ve algo torpe, pero no creo que no haya visto uno que otro video para aprender, por lo menos. —La chica cerró sus ojos y movió la cabeza de un lado a otro al igual que sus manos sin poder articular palabras coherentes; lo que le permitió a la rubia seguir con sus preguntas personales— ¿Entonces qué?

La peliazulada tomó un gran sorbo de su bebida para quitar ese incómodo nudo de vergüenza que tenía y pudo ¡por fin! pronunciar algo fluido— ¡N-N-Naruto-kun y yo no... n-no somos pareja!

— ¡¿QUÉ?! —vociferó y las personas cercanas las miraron de forma molesta y curiosa.

— ¡Naruto-kun es... es un...! —ella no terminó la oración. Es como si no supiera responderle el término adecuado; confusión que se reflejó en su cara.

— ¿Cómo te trata Naruto? —Ino se percató que Hinata no sabía lo que realmente sentía por su compañero de habitación. La ojiperla no tuvo una infancia con amistades ni con familia que le explicara el funcionamiento del corazón. Hinata nunca se había enamorado y eso le confundía mucho, pues no sabía diferenciar: aprecio, de ese -algo más-.

Hinata miró su vaso y golpeteó el costado con sus dedos— Na-Naruto-kun... Él me hace reír. —Ino asentía en silencio— Él me... me pregunta todos los días cómo... cómo me siento...

— ¿Qué sientes cuando estás cerca de él? —la miró con paciencia y expectativa.

— P-pues... No lo sé...

— ¿No lo sabes? —negó mientras bebía su batido— ¿No sientes como mariposas en el estómago? O ¿Una sensación de calor en el pecho? —Eso la hizo pensar y llevó su mano al pecho.

— ¿Qué... qué siento por... por Naruto-kun? —susurró y levantó la mirada, tomó aire para decir lo que tenía en mente y un celular suena.

— ¿Naruto-kun? —responde ella por su celular lila con un muñequito de colgante— ¿Te pasó algo? —Ino sonrió... no escuchó la respuesta de la boca de ella, pero eso le aclaró muchas cosas— Como a... a las doce... —un grito de regaño se escuchó por el parlante y la ojiperla tuvo que alejar un poco su celular.— Lo sé (...) Sí (...) D-de acuerdo, Naruto-kun (...) —colgó y contempló una sonrisa pícara en la cara de la rubia.

— Enton-

— ¡Ya-ya es hora, Ino-san! —la Hyuga se levantó con rapidez y haló a la chica para entrar al cine. La función estaba a punto de comenzar. Luego de salir del cine, Hinata solo hablaba de la película e Ino decidió dejar el tema allí. En otra ocasión la torturaría para obtener la verdad.

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— Yo los declaro marido y mujer... —Naruto y Hinata miraron a Ino— Puedes besarla, tonto.

El rubio la soltó y se puso nervioso de nuevo, hablando cosas que no comprendía ni él mismo. Un golpe en la puerta les llamó la atención y pudieron ver la entrada cerrada; Sasuke no estaba en la alcoba. Ino se entristeció un poco y el rubio estaba confundido.

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Pasaron un par de meses y Hinata muestra grandes avances en la movilidad de sus brazos; incluso puede articular ciertas palabras con lentitud.

— Quiero ir... a-al... ba... ba- —la ojiperla estaba avergonzada y el único en la sala con ella era Sasuke.

— No lo digas. —se levantó y salió de la habitación, regresó un par de minutos después con una enfermera que llevaba una silla de ruedas. Sasuke se acercó a la camilla y tomó a la peliazulada como una princesa para depositarle en la silla con suma delicadeza. Hinata sonrió agradecida y apenada. Entraron las dos al cuarto de baño y el azabache se limitó a esperar sentado en el sofá.

— Buenos días, Sasuke-kun —saludó con una sonrisa, Ino, mientras entraba; el pelinegro se limitó a asentir.— Creí que estarías estudiando.

— Quería estar con ella a solas —expresa molesto por la presencia de Ino allí.

— Tú sabes que siempre la visito en las mañanas de los fines de semana —le contesta en reclamos— Son los únicos días en los que puedo hablar con ella sin la presencia de Naruto.

— ¡Tsk! No menciones el nombre de se idiota.

— No le digas así. Él se esfuerza mucho en lo que- —el ojinegro la miró de manera asesina.— Ni creas que mirándome de esa forma me asustas. Y aunque te duela yo soy amiga de Naruto; es obvio que hable de él y lo defienda. —continúa hablando a modo se regaño.

— Incluso ella habla de él sin darse cuenta... —susurra melancólico y frustrado. De pronto la puerta se abre de golpe y entra un muchacho de cabellera amarilla; con la ropa desaliñada.— ¡¿Hinata... chan?! —Naruto contempla a los presentes— ¿Acaso tenía terapia hoy? —se pregunta a sí mismo con preocupación al no verla en la camilla.

— No. —le responde aburrida— De todos modos, Naruto. ¿Qué rayos haces aquí? —se echa a reír y a ella le brotan unas venas que callan las carcajadas— Es que... —del baño sale Hinata junto a la enfermera y antes de que Naruto se le adelante, Sasuke la toma entre sus brazos y la acuesta en la camilla. El rubio rechina los dientes.

— Ya ya... —dice Ino, harta de que uno le quiera ganar al otro en hacer cosas por la chica. No es que esté celosa de que reciba tanta atención, es sólo que no se daban cuenta que eso le incomodaba a Hinata— Explica por qué viniste hoy. —La rubia se cruza de brazos— Espero y sea importante... mira que quedamos que ¡yo! estaría con ella por las mañanas de los domingos, mientras que tú te encargabas el resto de la semana.

Obvio y el azabache no entraba en ese acuerdo, ya que él iba cuando quisiera, a la hora que quisiera. Lo malo en el plan del Uchiha es que, sea el momento que sea, siempre... SIEMPRE estaba Naruto en la habitación.

El Uzumaki se acercó a la chica, que le sonrió como siempre lo había hecho y él hacía lo mismo. Sujetando la blanca y delicada mano de ella, expresa más calmado. —Pues... Voy a ausentarme un par de días. —Hinata ya no parecía tan feliz; más bien, su cara era de confusión.

— ¿Don... de vas Na-ruto... kun? —esa delicada voz que lo arrullaba y le hacía sentir emocionado de que ella se preocupara por él.

— Es un asunto... de la Universidad. —no parecía muy convencido del todo— Pero antes que nada. —saca de su bolsillo su celular y con un poco de vergüenza mira a la ojiperla— ¿Sonríes para... u-una foto? —los parpados de la chica dejan al descubierto la circunferencia total de sus irises lilas.

— Eres un maldito pervertido, Naruto. —espetó Sasuke arrugando sus cejas.

— ¡No lo soy, teme!

— ¿Para qué quieres su foto entonces? —pregunta Ino.

— ¿No es obvio? —Hinata intenta sonreír y él toma la foto— Dije que no vendría en unos días, así que quiero... v-verla. —sonroja al susurrarlo. Sasuke agarra del brazo al rubio y lo saca de la habitación a la fuerza.

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