NUNCA TE OLVIDARÉ...
Final alternativo NaruHina


LA FLOR QUE ALEGRA AL SOL

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— !¿Qué mierda te pasa, Sasuke?! —azorado por la manera de actuar. Naruto sabía muy bien que el moreno estaba enamorado de ella, pero nunca antes había actuado así. No delante de ella, al menos.

— ¿Dónde vas?

— ¿eh? —empezó a mirar sin punto fijo— Ya dije que... que es un asunto de la Uni-

— A mi no me engañas, Naruto. Y me importa poco lo que hagas con tu vida, pero no permitiré que la hagas llorar, ¿entendiste? —la mirada fija, amenazante como una fiera hambrienta.

— Si estás pensando que me voy con alguien más, olvídalo. —Sasuke lo miró aún más amenazador— Hinata... Ella es todo para mí. Moriría antes de hacerla llorar.

— Entonces por qué la mentira —sujeta el cuello de la camisa del rubio.

— No te incumbe, Sasuke. —sujeta los brazos del azabache y se aparta. El rubio regresó a la habitación y le pasó un papel a Ino sin que Hinata se diera cuenta. Luego se acerca a la peliazul y le entrega un pequeño regalo— N-no sabía qué darte y... pues... espero te guste.

— ¿P-por q-q-qué me da... das est-to, Narut-to... kun? —mientras algo de confusión se demostraba en su rostro.

— Verás... —rascó su cabeza mirando el techo— Pues... como me voy por unos días yo... yo quería que tuvieras algo mío para... p-para...

— ¡Para que lo recuerdes! ¡Para que lo recuerdes! —repite Ino; aún molesta de que Naruto esté de metido en su día de visita— Ya entendimos

— ¡Ino! —el rubio apretó la mandíbula mientra el sonrojo invadía su cara... a Hinata le pasaba igual.

— Pero... y-yo no te-teng-go... n-nada pa...

— ¡Claro que sí! —deja de prestarle atención a la rubia entrometida y mira de vuelta a Hinata con ternura— ¡Tu regalo es la foto en mi celular! —Hinata sonrojó un poco más.

Los minutos pasaban y ninguno decía nada. Como siempre, ella debía darles ese empujón que ninguno tomaba por iniciativa propia.

— Está bien... Los dejo a solas para que se despidan como se debe. —ambos jóvenes miraron la entrada y la cara de Yamanaka haciendo un gesto con sus labios. Ellos abrieron sus párpados y chocaron miradas... ¡incómodas miradas! que sólo hizo atomatar cara de ambos y mirar a direcciones diferentes.

— ¿D-demora...rarás? —quiso romper un poco la tensión.

— No creo. Serán apenas dos días, tres si el tráfico me atrapa. —Hinata agachó su cabeza demostrando algo de tristeza. Naruto no quería decirlo, pero quizá no le quedaba otra opción.— Tranquila, no estarás sola. El idiota de Sasuke viene todos los días, ¿no? —expresa con una mueca que quería asimilar a una sonrisa; un par de venas brotaron en su frente.

— Ci-cierto... Sasuke...k-kun es m-muy ama...b-ble... —esas palabras le hacían retorcer sus órganos con pensar que la dejaría en manos de ese idiota. La mitad de su cara estaba ensombrecida por el odio— p-pero e... ext-trañar-e a... Naru-to-k-kun. —manifiesta con una sonrisa que calma por completo al rubio, e incluso acelera sus latidos al punto de actuar por reflejo y levantarse para darle un beso en la frente.

Ambos se sorprendieron.

Ella explotó ante al acto y el rubio no podía articular las palabras adecuadas para pedir perdón. Apenas y con algo de torpeza, se levantó y dejó la recámara diciendo entre monosílabos que escuche las indicaciones del doctor y que se cuide. Al cerrar la puerta y respirar para calmarse, se topa con Ino. Eso lo asusta de sobremanera al punto de que el rubor en sus mejillas se convierte en un color blanco.

— Así que eso es lo que harás. —cruzándose de brazos frente al rubio que recuperaba el aliento de a poco— Debiste decírmelo antes y podía haberte ayudado

— Está bien, Ino. Quería hacerlo por mí mismo como un regalo para ella.

— ¿Regalo?

— Ella me... me da ese 'no se qué' que me mantiene alegre todo el tiempo y... pues yo...

— Par de idiotas... —suspira pesado ante lo que escuchaba. El rubio no escuchó con claridad lo que la chica susurró.— Eso se llama 'AMOR', Naruto.—volvió a adquirir algo de rosa su cara.

— Y-yo sé que... que es lo que siento por ella. —a la rubia le sorprendió que lo admitiera— N-no creas que soy un completo idiota.

— No lo creía, lo creo.

— ¡Oe! —arruga sus cejas ante el leve irrespeto.

— Vamos, que es cierto. —llevando una mano a la cadera y la otra elevándola hasta su barbilla por unos segundos, sólo para captar la idea de todo el asunto— ¡Oh! así que vas a buscar a su padre para pedir su mano y casarse. —Naruto quedó helado— Vaya, no creí que la boda se diera tan rápido. ¿Cuánto tiempo pasaron de novios?

— ¡N-no es eso, tonta! —Yamanaka echa a reír y le pide que se calme— Reaccionaste igual, como cuando le pregunté a Hinata qué sentía por ti. —los ojos curiosos de alguien más, se encontraban ocultos en el pasillo.

— Le... tú le... —su mirada adornada por topacios lo llenaron de intriga.

— No preguntes. No te diré nada más allá de lo que dije. —su cabeza se llenó de nubarrones, pero Ino no cedió.

— No importa. Gracias por comprender y visítala estos días su puedes.

— No quieres que pase a solas con Sasuke-kun, ¿eh? —picando su costado con el codo. El rubio bufa como si no le importaba, aunque en su mente cruzaban imágenes donde estrangulaba al moreno por verlo cerca de ella. Se despiden y se marcha del hospital.

Sasuke lo ve tomar un bus sin conocer con exactitud el destino de Uzumaki.

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Camina calle abajo con una mochila al hombro. El sendero estaba adornado de lilas y gardenias.— ((Esto es una... ¡¿jardinera?!)) —piensa al notar que la mayor parte de la acera le pertenecía a una sola vivienda. Al llegar a la entrada principal lee el nombre de la familia. -:HYUGA:-

Se asoma por la entrada y observa a una niña de cabellera castaña lacia regar las flores que dentro adornaban el camino hacia la entrada de la casa.

— ¡OYE TÚ! —grita y la pequeña se asusta. Cuando voltea por completo nota que posee los mismo ojos que Hinata. La chica se acerca con una expresión similar a la de Sasuke; indiferente.

— ¿Qué quieres? No ayudamos a vagabundos. —una estaca cayó sobre su ego y decidió sonreír lo mejor que podía.— ((¡¿No sólo tiene la expresión del teme, la personalidad también-ttebayo?!))

— Yo... Mi nombre es Naruto Uzumaki y soy amigo de tu hermana. —la niña abrió los ojos ligeramente— Verás, vine para-

— Vete.

— ¡¿EH?! —ella dio media vuelta y caminó hacia la entrada.— ¡ESPERA! —lo ignoraba completamente— ¡HINATA ESTÁ EN EL HOSPITAL! —la niña se detuvo cuando esas palabras llegaron a lo más profundo de su corazón... Mordió su labio inferior.

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Ya dentro de la casa, la chica le pasa una taza de té. Naruto estaba pasmado al notar la cantidad de artículos costosos en la mansión. Como creció en un orfanato todo aquello le deslumbraba— ((¡INCREÍBLE! Hinata-chan nació en una buena posición económica...))

— ¿Qué tiene mi hermana?

— Hace unos meses un auto la atropelló y quedó inmóvil por completo... —la niña dejó de sujetar la taza que cayó al suelo, ensuciando todo. El rubio corrió a limpiar sólo para toparse con un mar de lágrimas en los ojos de la pequeña.— Hanabi-chan... —su pecho se comprimió al verla en ese estado.

Naruto no conocía porqué su hermana y su padre no la llamaron ni una sola vez durante el tiempo que estaban en clases. Cuando terminó en el hospital, Itachi les comunicó que Hinata tenía familia, pero por alguna razón no querían verla. El rubio intentó conseguir la dirección, pero no pudo. Sin permiso de ella, y con algo de vergüenza, fisgoneó en las pertenecias de Hinata luego de que despertara. No lo hizo antes, porque no abandonaba la alcoba por ninguna razón.

— Mi... mi nee-chan está así por mi culpa... —expresaba entre sollozos.

— ¿De qué hablas, Hanabi-chan? —abrió sus ojos y tomó asiento junto a la pequeña.

— Yo alejé a Hinata-neechan y ahora...

— ¿Alejarla? —estaba confundido, mucho. El ojiazul no sabía nada acerca de la vida de Hinata y preguntarle de un tema que ella nunca había tocado era impertinente; hasta él sabía cuando callar.

—Yo... yo la traté con frialdad... y... y ella se marchó... —miró al chico— Mi padre... mi padre desheredó a nee-chan porque no tenía talento para la música... —Naruto prestaba atención a cada palabra y no pudo evitar abrir sus ojos cuando escuchó que el padre de Hinata había sido capaz de tal atrocidad— Yo quise apoyarla, pero... pero si lo hacía me pasaría lo mismo y... y...

— ¿Por qué lo hiciste? —algo dentro del rubio empezó a hervir.

— Fue mi error... —ya no sollozaba con antes, pero sus palabras denotaban profunda tristeza— Sabía que pasaría, que nee-chan se iría, pero... pero si permanecía en casa hasta cumplir mayoría de edad, podría darle lo que le corresponde. ¡Qué idiota fui!

— No lo fuiste... ¡lo eres-ttebayo! —Hanabi se sorprendió ante el estrépito de la respuesta. La puerta principal se abre y se topan con un hombre de porte alto y cabellera larga como la de la pequeña. Mirada sin emoción.

— Padre... —observa al chico junto a su hija y el ambiente se torna oscuro y denso.

— ¿Quién es ese? —Naruto se levanta y se inclina para ofrecer saludos pero el hombre lo sigue mirando con molestia.

— Mi nombre es Naruto Uzumaki y soy amigo de su hija Hinata. Vine para decirl-

— Fuera de mi casa —interrumpe al escuchar el nombre de aquella extraña.

— Pero, le quiero decir qu-

— !Dije que te fueras! —eleva un poco más el tono de voz sin llegar a gritar.— No conozco a nadie con ese nombre. —Naruto se encontraba encolerizado y no se iba a ir de allí sin decir todo lo que cruzaba su cabeza.

— ¡Ella es su hija! ¡COMO PUEDE SER TAN MISERABLE-DATTEBAYO! —Hiashi permanecía atónito ante el trato que le daba ese inmundo joven— ¡HINATA ESTÁ EN EL HOSPITAL, LE CUESTA MOVERSE ¿Y USTED ESTÁ BIEN CON ESO!?

— Ya lo había dicho. No conozco a nadie con ese nombre. —Naruto fue recorrido por una capa de electricidad. Apretó la mandíbula y los puños dispuesto a llevarlos al rostro del hombre, pero la pequeña lo detiene.

— No, Naruto-san. Eso solo te dará problemas. —apartando el brazo con brusquedad, tomó la mochila y se dirigió a la entrada. Da media vuelata para mirar a la hermana de Hinata.

— Deberías ir a verla, Hanabi-chan.

— Te lo prohíbo. —comenta Hiashi, colocando una mano sobre el hombre de la niña, mirándola como si la amenazara. El rubio, ignorando al sujeto, vuelve a observarla con seriedad.

— Si crees que Hinata-chan, ahora, prefiere tener dinero que tu amor, entonces no debería considerarte su hermana. —Hanabi abrió sus ojos mientras el rubio salía de la vivienda con el ceño muy marcado y maldiciendo al viejo que se hizo llamar, en algun moomento, su padre. Hanabi contempló al muchacho desaparecer en la lejanía hasta que ya no era más que un recuerdo en aquel momento.

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— ¡Maldición! —avienta la mochila al suelo y se lanza a la cama. Alquiló un cuarto en una posada cercana. Saca el celular de su bolsillo y abre la carpeta de imágenes. La mira con melancolía y frustración— Pensar que no pude llevar a ninguno a tu lado Hinata-chan. —vuelve a apretar la mandíbula— ¡No te preocupes-ttebayo! ¡Estaré siempre a tu lado! —pensando en ella, se queda dormido.

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Luego del desayuno y una buena ducha, se dirigió a la estación de trenes para regresar a la ciudad y de allí, un bus para el hospital. Suspiró pesado y un nubarró lo acompañaba en cada paso al sitio. Compró el boleto y se sentó a esperar su llamada. Contemplaba a las personas pasar. Especialmente a quienes estaban acompañados de sus hijos o pareja.— ((Pensar que Hinata-chan tiene familia, pero... es más como yo...)) —apoyó la cabeza en la pared y miró el techo de la estación.

((No quiero verla triste... Fue buena idea no haberle dicho que venía por ellos. Si la hubiera ilusionado y pasaba esto sólo la habría herido más...)) —cerró sus ojos recordando algo similar que ella hizo por él. Aunque no se comparaba...

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/Tres meses antes del accidente/

— ¡AaAaAaAaAaaaaaa! —pasaba de las once de la noche y Naruto golpeaba su cabeza contra el escritorio.
— Na...Naruto-kun... ¡¿Qué haces?! —el rubio mira a la ojiperla que le trae un vaso con agua.
— Mañana tengo examen de historia del arte... ¡Y NO ES BONITO-DATTEBAYO!
— Creí que... te gustaba el arte. —Hinata se sienta en su cama y escucha al rubio.
— Sí, me encanta hacer todo lo que sé, pero estudiar es la parte mala. —ella sonríe— Bueno... No es que la historia del arte sea mala, es solo que recordar tantos datos... ¡No veo lo creativo! —Naruto levanta los brazos y se estira— A mi me gusta la práctica, no la teoría. —ella mirá el tejado un instante y luego abre sus párpados, exclamando con alegría.
— Tengo una idea... ¡volveré pronto! —Hinata toma su abrigo y deja la alcoba.
((¿Eh? ¿Dónde fue a estas horas?!)) —el rubio se rascó una mejilla, algo confundido— ((¡¿Será que se reunirá con alguien?!)) —se levantó de la silla y miró por la ventana, pero no la vio pasar. Caminaba de un lado al otro en la habitación.— ((No. No debo preocuparme, ella dijo que regresaría... ¿pero a qué hora?)) —por su mente cruzó Hinata encontrándose con alguien en el parque y sacudió su cabeza de un lado al otro— ((¿Qué rayos me pasa?)) —se acercó al botiquín y tomó un par de pastillas para mantenerse despierto y centrarse en los estudios, aunque la verdad era que quería mantenerse despierto hasta verla cruzar la puerta. Pero al estar agotado por las actividades de la Universidad, agarró el frasco de pastillas para dormir que Hinata utilizaba en las clases de química.

Naruto se sentó en el escritorio y cayó como piedra en la mesa.

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— ¡Lleg-! Oh... —la pelinegra entra a la habitación y ve que el rubio yace sobre el escritorio, roncando levemente— ((Creo que... que tardé demasiado...))
Hinata toma una cobija y lo cubre; sonríe con cariño. Ella se va a dormir.

/Día siguiente por la mañana/

[[ Ti tit ]]— mmmnnn... —[[ Ti tit ]]— mmmnnmngg... —[[ tit tit ]]— ¿eh? —[[ Ti tit ]]— ¡¿Eh?! ... ¡EEEEEEHHHH! —el reloj frente a su cara marcaba las seis de la mañana— ¡ME QUEDÉ DORMIDOOOO! —detrás de Naruto se escucha la tetera. El Uzumaki apaga la alarma y revisa la cocineta.

En el mesón había un poco de café en polvo y una nota:

Anoche llegué y ya estabas dormido,
espero que la alarma te despierte
y puedas estudiar durante la mañana.
Desayuna apropiadamente y relájate,
yo sé que te irá excelente en tu prueba,
Naruto-kun.

Hinata

((Y yo que creí que ella fue a encon... ¡NO!)) —pasa sus manos sobre la cara para quitarse las legañas. Con la nota el rubio se llena de energía, toma un baño, prepara café y se se sienta a estudiar "¡Estoy listo para el examen y todo gracias a tí, Hinata!" sonríe al recordar el rostro de ella y al asegurarse que no tenía una cita nocturna.

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— La amo tanto... —murmuró para sí.

— Me alegra que nee-chan tengo un novio como tú. —abrió los ojos y su rostro quedó petrificado como si tuviera un fantasma delante; la piel se volvió de papel— ¡HANABI-CHAN! —la chica toma asiento junto a él, observando una maleta de equipaje acompañándola. Respira profundo y se calma— ¿Qué haces aquí?

— Tenías razón, Naruto-niichan...

((¡¿N-nii-chan?!)) —sonrojó al pensar una escena entre él y Hinata.

— ... pero tengo miedo. —el ojiazul abrió los ojos— ¿Qué pasa si Hinata-neechan me odia por lo que le hice? —Hanabi miraba sus manos mientras las movía con nerviosismo. Naruto agacha sus párpados y coloca una de sus manos sobre la cabeza de la pequeña.

— Ella estará muy feliz de verte. —ella demostró el total de sus pupilas al voltear hacia el rubio— ¡Te lo aseguro-dattebayo! —sonriendo de oreja a oreja. La pequeña sonríe por amabilidad, contagiada de ese júbilo.

— Naruto-niichan, —el vuelve a mirarla algo avergonzado al escuchar eso de ella— padre no me aceptará en casa.

— Bueno, ya lo resolveremos. —ambos sonríen por complicidad y se escucha el tren y su respectiva llamada de abordaje. Toma la maleta de la pequeña y camino a los vagones, traga pesado.— Hanabi-chan, yo... —ella lo contempla con expectativa— ... yo aún no... pues... Hinata-chan y yo no somos n-nada. —abordando el tren, llegan las palabras de la pequeña Hyuga a sus oídos.

— No te preocupes. Seguro nee-chan ya está igual de enamorada que tú. —el rubio sonríe tanto que empieza a llorar de la emoción como si fuera un bebé y la pre-adolescente solo suspira con alegría

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El día que el rubio se marchó, Ino entró a la habitación.

— ¿Lo besaste? —la peliazul sonrojó y miró las sábanas intentando ocultar lo vergonzoso que fue ese instante en el que Naruto la besó en la frente. Nunca lo había hecho. Su corazón aceleró como un tren descarrilado y creyó que saldría de su pecho. Pero el silencio sólo le aseguró a la rubia que uno de los dos tomó la iniciativa... pero no sabía con seguridad cuál— ¿Qué es eso? —señalando un paquete pequeño, envuelto de forma sencilla y algo torpe.

— M-me lo d-dio Narut-to-kun.

—¿Y qué esperas para abrirlo? —toma asiento junto a la peliazul en espera de ver lo que un chico como Naruto era capaz de darle a la persona de la que estaba enamorado. Abriendo la envoltura con algo de cuidado y lentitud, se topan con una cajita sencilla de tonos grises. Abre la tapa y se encuentra con un collar.

Yamanaka era de las chicas en moda y para ella, aquello era un simple bisutería de mala calidad que seguro la hizo en uno de esos puestos de manualidades o la compró en una tienda de segunda... o tercera mano. Cuando Ino vio los ojos de Hinata, todo lo malo y fuera de moda que cruzó al ver 'eso', desapareció y sólo sonrió por empatía al ver cómo sus ojos se cubrían de líquido transparente.

Ella no quiso preguntar el significado del collar. Lo tomó y la ayudó a colocarlo alrededor de su cuello. Tomaba el dije con torpeza, pero al contemplarlo, su corazón latía con fuerza; queriendo correr para acompañarlo en su corto viaje.

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Al día siguiente aparece Sasuke. Tan temprano, que Hinata aún descansaba. La contempló en silencio por unos minutos sin poder calmar los latidos de su acelerado corazón, pero todo ello se destrozó al escucharla hablar entre sueños— Na... ruto... —arrugó su frente y apretó la mandíbula. Volvió a contemplarla con melancolía y dejó la alcoba sin emitir sonido alguno.

— ¿Sasuke-kun? —Ino se topó con él en pasillo— ¿Tan temprano? —pasó por el lado sin prestarle atención y eso le molestó, pero comprendió el significado de su cara y esa expresión de frialdad— No creo que ella se sienta feliz de saber que la abandonas, sólo porque su corazón le pertenece a alguien más. —se detuvo por un instante y volteo con el ceño marcado.

— No debería hablar de temas que no entiendes.

—No, no entiendo. —se cruza de brazos y lo mira molesta— Hinata es una chica torpe y tímida, con un pasado turbulento. —ella era la única que conocía la historia completa, pero como fiel amiga no revelaría detalles. No debería revelar nada, pero Ino no quería que Sasuke desapareciera de su vida sin más. Después de todo, el azabache también era importante para ella; no como el quisiera— No debería decirlo, pero tú, Naruto y yo somos sus primeros amigos y si te vas de su vida... —baja la cabeza por unos segundos— eso la destrozará.

Sasuke quedó con los ojos abiertos e Ino continuó su camino a la habitación de Hinata.

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Era hora del almuerzo y la comida que debía comer no era del total de su agrado.— No pongas esa cara, Hina. Es por tu bien.

— Lo sé... —la puerta se abre y entra Sasuke a la recámara. Hinata sonríe como mejor podía por las terapias. No le gustaba hacerlo, pero su personalidad dulce y amable la obligaba a hacerlo inconscientemente. Llevó su mano a la boca para cubrirla al sentirse incómoda por sonreirle de aquella forma tan irregular. Sasuke se acercó a la camilla y apartó la mano de su cara.

— No la cubras, tu sonrisa sigue siendo tan hermosa como cuando te conocí. —ella sonrojó y bajó la cabeza apenada. El moreno miró a Ino y esta dejó el lugar.— ¿I-Ino-san? —la rubia le sonrió alegre y cerró la puerta tras de sí. Sasuke tomó asiento.

— Lo que diré es importante. No quiero que me interrumpas, ni que dejes de mirarme. —sonaba como orden y petición a la vez; ella se limitó a asentir con timidez y apartó la mesa con la comida para sentarse mejor.— Desconozco cuándo pasó, pero me enamoré de ti. —ella abrió sus ojos tanto o más de lo que podía y el rubor llegó a sus mejillas con rapidez "Al saber que tu corazón no me pertenece decidí alejarme por mi orgullo... para no salir más herido.

((Sasuke-kun...)) —agachó los párpados al escucharlo.

— Pero si me alejo, quien saldría herido eres tú. No me perdonaría nunca si llegara a hacerte llorar. —suspiró y tomó su mano, se acercó lo suficiente para besarla con dulzura en la mejilla y la contempló directo a los ojos por un par de segundos, para luego alejarse, soltarla y volver a senterse. Su rostro no podía tomar un tono más rojizo sin llegar a desmayarse, ¡y vaya que se contenía!— Con ese beso me doy por establecido como tu amigo por un año a partir de ahora.

— ¿Por un... a-año? —¿acaso se iría de su lado después?

— Sí. Si dentro de un año, ese tarado no te a propuesto matrimonio, haré todo lo que esté a mi alcance para que seas mía. —ella empezó a sonreír algo incómoda— Ahora come, no quiero que enfermes. —le acercó la mesa y empezó a charlar con ella como acostumbraba. Haciendo que Hinata recobrara la confianza de antes.

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—¡HINATAAAAAA! —sin duda, ambas chicas pegaron un brinco cuando la puerta se abrió a la mañana siguiente de un gran golpe. Sus ojos se toparon y ninguno podía dejar de sonreír. Aproximándose como un rayo hacia la camilla, la toma de la mano— ¡Te extrañe tanto-dattebayo! —y la toma de la mano con total confianza; ignorando por completo a la rubia de ojos aguamarina. Ino se limitaba a sonreír por simpatía al ver a esos tontos expresar su cariño y aceptarlo sin notarlo aún.

—Pe... permiso... —se escucha en la puerta y los tres miran.

Hinata no lo podía creer. No pestañeaba, no movía ni un solo músculo. — ¡Ta-chan! ¡Hinata-chan, yo qui-! —las lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas con una rapidez inimaginable. — Ha... Hana... —los murmullos era, a duras penas, viento expulsado con suavidad. Ino estaba perpleja al ver a la menor de los Hyuga en la entrada.

— Nee-chan... —cuando esas sílabas llegaron a sus oídos, dejó a un lado la mano del rubio y cubrió su boca para evitar que todos vieran la sonrisa de alegría que no desaparecía por mas que lo intentase. Después del accidente, ella sonreía, pero no le agradaba, porque sentía sus músculos tensos en su lado izquierdo.

Sin esperar más, la pequeña castaña corrió hacia su hermana y la abrazó tan fuerte que creyó, quedaría sin aire. Y aunque Hanabi era más fuerte, menos expresiva y sentimental... las gotas saladas no tardaron en acompañarla.

— Pero... ¿c-cómo?

— Naruto-niichan me trajo. —ella estaba tan asombrada y ensimismada de tener a su hermanita entre los brazos, que no se percató de la terminación que le dio al rubio, quien sonrojó con alegría. Ino tosió con ligereza y el rubio la miró, ella sonrió pícaramente y éste hacía ademanes de un lugar a otro, queriendo explicar que no tenía nada que ver en ello. A lo que la rubia respondió con una sonrisa interna.

— Nee-chan, yo... yo quiero que- —posando su mano sobre la boca de ella y negando con la cabeza.

— N-no, Han-nabi-chan... no lo di-gas. —la castaña permanecía sentada junto a su hermana, sin dejar de abrazarla— Estoy fe-liz de... de que est-tes conmigo... A mi-la-do. —Ino y Naruto abandonaron la sala en silencio para que puedan conversar a solas.

— Nee-chan. Estoy feliz de que hayas encontrado a alguien como Naruto-niichan. —esta vez, Hinata escuchó el honorífico y sonrojó— Entonces sí te gusta. —sonrió al notar la verdad en su cara. Habían pasado varios años desde que hablaba así con su hermana y no había cambiado ni un poco.

— ¿Pa... padre sabe q-que...?

— Sí... —ella pensaba dejar la respuesta hasta ahí, pero no. ¡Basta de mentiras! No quería ocultarle nada más a su sentimental hermana, aunque ello la ponga triste. Por culpa del engaño perdió preciosos momento junto a Hinata— pero ya no puedo regresar a casa. —comentó con una mueca indicando lo poco que le importaba eso. Obvio y la peli-azul se sorprendió por ello— Tranquila, nee-chan. Viviré en el departamento que alquila Naruto-niichan.

— ¿De... departa-men... mento? —ambas se sorprendieron.

— ¿No lo sabías? —negó con la cabeza, algo acongojada— Lo hace por ti. —los ojos de Hinata observaron el perfil de su hermana— Naruto-niichan me dijo durante el viaje, que cambió el horario de estudio a los sábados, ya que de lunes a viernes trabaja con un amigo que conoció cuando tenía mi edad.

— P-pero...

— ¡No lo digas! —la regañó— No le digas que piense en él, porque él lo hace por ti. —Hinata ladeo la cabeza y Hanabi le explicó; su hermana mayor seguía siendo ingenua en esos temas— Si regañas a la persona que te ama al hacer cosas por ti, lo herirás. Creerá que no valoras su sacrificio ni sus sentimientos.

((Sentimientos...)) —a su mente llegó la sonrisa del rubio.

— Cuando Naruto-niichan menciona tu nombre, sus ojos brillan como los tuyos cuando piensas en él. Eso es amor, nee-chan. —bajó de la camilla y se sentó en una silla. Mientras la peli-azul reflexionaba ante lo que escuchó de su hermanita— Nee-chan, Naruto es muy despistado y bastante torpe, debo decir. Creo que tú debes dar el paso.

— ¡¿P-paso?! —llevando las manos a su pecho con vergüenza.

— Sí. —se levanta y se acerca a la puerta— No le has agradecido como se debe, ¿o me equivoco? —abre la puerta— ¡Demuéstrale que una Hyuga sabe lo que quiere! —sale de la habitación por un par de minutos y regresa con el rubio agarrado de la camiseta.

— ¡¿Pasó algo?! —llegó asustado. El sonido de la puerta cerrándose con rapidez y Hanabi ya no estaba. El ojiazul mira de un lado al otro y queda petrificado cuando nota el rostro completamente rojo de la chica en la camilla. Corre a ella y junta sus frentes— ¿Te sientes mal? ¡¿Acaso es fie-?!

Sus manos temblaban tanto, que le costaba sujetar la cara de Naruto. — ¿Hinata? —unos pocos centímetros los separaban y él empezó a avergonzarse. — Hi... Hinata qué pa- —ella respiró profundo.

— Naruto-kun... Yo... yo quie-ro que se... sepas que... que me alegra mucho lo q-que haces por mí. —los topacios brillaban de manera propia al escuchar esas palabras. El rubor que cubría las mejillas suaves la embellecían más, mucho más— Y-yo... t-tú... —no podía seguir mirándolo a los ojos, y los cerró— Te amo, Naruto-kun... T-tanto que n-no sabría co-mo vivir sin ti. C-cuando estas a mi... mi lado yo-

— Yo también te amo. —abrió los ojos cuando esas palabras llegaron a sus oídos, sintió sus manos posarse en su rostro y tocarla con suavidad; como si sostuviera una mariposa— No... no sabía si decirlo o no, porque si tu respuesta era negativa... Mi corazón se haría polvo. Si te decía mis sentimientos y no eran correspondidos, creo que mi corazón dejaría de latir.

Poco a poco se acercaban, cerrando los ojos en el proceso, porque el ardor en sus mejillas era insoportable.

— ¡No entres, idiota! —la puerta se abre de par en par y ambos quedaron congelados. Al mirar la entrada se encontraba Sasuke cruzado de brazos y Hanabi echando humo por la ira.

— Bien... pero recuerda esto, Naruto. Un año, sólo uno o Hinata es mía. —el rubio realizó una mueca de completa confusión mientras Hinata se desmayaba por la presión a tanta vergüenza. — ¡¿HI-HINATA?! —Sasuke iba a cercarse , pero Hanabi lo detiene colocándose delante.

— Nadie se interpone en mi camino, mocosa.

¿Mo-co-sa? —elevando una ceja y apretando un puño— ((Nadie me llama mocosa)) —directa a golpearlo, se detiene cuando en la parte de atrás pasa un chico de su edad en bata. Cabello castaño puntiagudo y negros ojos. No miró hacia su dirección, pero ella sonrojó al verlo. Sasuke dejó la habitación, le dolía verlos en esa situación. Hanabi salió detrás de Sasuke; ocultándose del muchacho que entró a una habitación, unas puertas más adelante

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/CINCO AÑOS DESPUÉS/

— ¡Date prisa! —Ino baja del vehículo— Yo llevo a Inojin, cariño.

— ¡Entonces yo bajo la pañalera! —el chico de cabellera negra y sonrisa simple asiente. Llegan a la entrada y tocan el timbre.

— ¡Bienvenidos-dattebayo! —su cabello despeinado y la camiseta sucia de comida.

— Te sienta bien el estilo, Naruto. —señala la ropa sucia.

— ¡Demonios!

— ¡Demonios! —repite el pequeño en brazos. Ino estalla en furia al ver que su hijo expresó una grosería. El rubio los hace pasar y desaparece antes de que termine golpeado.

— Hina-chan. —menciona al verla sentada en la silla de ruedas, dándoles las espalda. Sai baja a Inojin y Hinata voltea, sonriendo con furor.

— ¡Ino-san!

— ¡La niña, déjame ver! ¡Quiero verla! —deposita la pañalera en el sofá y se arrodilla junto a su amiga para ver a ese pequeño ángel en sus brazos. Inojin camina hacia allí mientras Sai y Naruto, quien ya se había cambiado, van a la cocina— Pero si es preciosa. —la toma en sus brazos.

— Porqué no tienes otro... —dice entre risillas la peli-azul.

— ¡Qué va! —suspira cansada— Con Inoji y Sai parece que tuviera dos pequeños. Creo que esperaré un par de años más. —ambas sonríen. A la sala llega un pequeño de la edad de Inojin con cabellera rubia y marcados ojos azules.

— ¡Mami!

— ¿Qué pasa Boruto? —Ino voltea y ve al pequeño molesto— Hola, Boruto-chan. —con los cachetes inflados.

— ¡Mami, ella no debe coger a mi hermanita! —ambas sonríen.

— Boruto, Ino-san es amiga. No se la llevará. —le explica su madre.

— Mamá, yo también quiero un ángel como Boruto. —indica el pequeño Inojin— ¿Dónde puedo pedir una? —ambas sonrojan si saber qué decir. El timbre las salva. — ¡YO VOY! —grita el rubio— Hanabi-chan, Konohamaru-chan.

— ¡Nii-chan! —exclaman ambos— Te sienta bien el delantal lila, Naruto-niichan. —y los jóvenes echan a reír.

— Ja, Ja, qué graciosos. —expone fastidiado y les indica dónde está Hinata. Mientras los castaños avanzan a la sala, la puerta se detiene y se topa con el moreno— ¡Sasuke!

— No te atrevas a dejarme afuera. —en los brazos del Uchiha había una pequeña de lentes— Sakura-chan no-

— No. Y no hables de ella.

— De acuerdo. Pasa, todos están en la sala. —cierra la puerta.

— Ya tienes la custodia. —el azabache asiente, besa a la pequeña en la frente y deja que se una a los pequeños rubiesitos que jugaban en el estudio con unos crayones.

— Sí. El mes pasado gané el juicio; tiene visita los fines de semana. —ambos miran a la nena jugando con los otros— Mi niña es fuerte.

— Sasuke-kun. —exclama Hinata al verlo en la entrada y ambos cambian de tema.

— Naruto, este arroz está quemado. —le dice Sai.

— ¡C-CALLATE! —grita molesto.

— Te sienta bien el lila, dobe. —con el sonrojo de la vergüenza en su cara, Sasuke deja al rubio para saludar a las chicas.

— ¿Y Sarada-chan?

— Con los niños en el estudio. ¿Cómo le pusieron?

— Himawari.

— Es tan radiante como la flor, ¿no? —comenta Ino— Pero nunca superará la belleza de mi Inojin.

— ¿Comparas a tu hijo con una niña? —Hinata ríe ante los comentarios— Si debo decir, es bueno que saliera a ti y no a Naruto.

— Gracias, Sasuke-kun.

— Pero si lo pones así, es como si le dijeras que Boruto-chan es...

— ¡La comida está lista! —grita el rubio desde la entrada. Sasuke ayuda a la pelinegra con su trayecto mientras Ino carga a Hima.

Ya en el comedor...

— Nee-chan —reclama Hanabi— No dejes que Naruto cocine de nuevo. ¡Quemó casi todo! —Konohamaru reía en una esquina, pero el ojiazul lo golpeó en la cabeza.

— Si la comida la preparó Naruto, entonces no comeré nada. —acota el Uchiha.

— ¡Y-ya! —responde ante tantos reclamos— mandé a pedir pizza y comida preparada.

Todos se burlan ante la cara roja de Naruto. Sasuke aproxima la silla a la mesa e Ino coloca en la cuna a la pequeña. Todos toman asiento.

— ¿Cómo está nuestro padre? —Naruto miró a su esposa de perfil mientras sirve los platillos que mandó a comprar.

— Todo como siempre, nee-chan, tranquila. Los vecinos y me cuentan que siguen bien. —ambas sonríen. Konohamaru aclara la garganta. —Queremos decir que nos aceptaron en la Universidad de Tokio.

— ¡¿En serio?! —sus ojos se abrieron de par en par— ¡FELICIDADES-DATTEBAYO!

—No grites, Naruto. Despertarás a la bebé.— replica Ino. Pero al fijarse en la cuna, ella sigue dormida.

— Así que se acostumbró al escándalo de Naruto.

— Himawari debe ser de sueño pesado, como Naruto. Quizá y sale despistada también; eso se hereda.

— ¡Sai! —todos vuelven a reír de Naruto.

Hinata contempla la mesa y sus ocupantes. Puede que la vida haya sido complicada y con muchas dificultades. Puede que le cueste caminar y necesite más de una silla que de muletas. Puede que su padre aún no quiera saber nada de ella, su hermana o sus nietos... y nada de eso le afecta. Al mirar a Naruto y sus hijos, al ver a sus amigos, a su hermanita y su novio compartiendo una comida un fin de semana le demuestra que todo, por malo que pareció en algún momento, ahora no es más que un simple copo de nieve que se derrite para darle paso a las flores de primavera.

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Porque, el sol brilla para las flores.
Ilumina con intensidad para ver sus hermosos colores.
Les da vida y como recompensa...
las flores alegran al sol.

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~FIN~

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*Strapless: vestido largo silueta, corte sirena y escote corazón inspirado en los años 50.


Besos y abrazos en papel... ¡eco-electrónico!