NUNCA TE OLVIDARÉ...
Final alternativo SasuHina
LA LUNA Y LAS ESTRELLAS SON UNA ETERNA COMPAÑÍA.
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Da-chan: ¡CHICAAAAAS! :3 ¿Cómo están? ¡¿Emocionadas?! Sé que esperaban este final con ansias, espero sea del mismo agrado que el anterior. Sepan que me sacó una que otra maldición al aire, porque no sabía como redirigir la historia para que no quedara similar al final anterior.
Sin más que decirles... ¡EL FINAL SASUHINA! :D
Una luz brillante me obligó a abrir los ojos, sólo para darme cuenta de que estoy en una camilla, con suero en un brazo y una pinta de sangre en el otro. Respiro con dificultad. Mi cabeza se siente algo entumecida y me hallo muy cansada... Por la decoración de la habitación deduzco que estoy en el Hospital General de Konoha. Giro mi cabeza y noto que Ino-san estaba acostada en el sofá y Naruto-kun dormía en una silla.
Me decidí a llamarlos. Quería decirles que estaba despierta, pero... pero... ¡No puedo moverme! Quiero preguntar si Ino-san y las chicas están bien, que tengo algo de sed y me gustaría ver la nieve por la ventana, pero mis labios... Mi boca no emite ningún sonido. No puedo mover mi mano o pie; ni si quiera puedo mover mis dedos.
¡No quiero terminar así!
Las palpitaciones aceleran, la respiración se vuelve corta y rápida. Estoy entrando a un estado de shock. Un sujeto en túnica negra abre la puerta y todo se vuelve oscuro— (¿Qui... quién eres?) —el aura a su alrededor emite una densa capa de neblina que esparce y difumina mi entorno. Se empieza a acercar a mi cama— (¡No!) —posa su mano sobre mis ojos y todo se queda totalmente oscuro. Poco a poco los cuerpos y rostros empiezan a borrarse. ¡Ya no recuerdo sus nombres! ¡¿Cómo los había conocido?!
Hace frío...
¡¿Qué está pasando?! ¡¿D-Dónde estoy?!
¿Quién estaba allí?
¿P-Por qué estaba asustada?
¿Quién... ¡quién soy!?
— ¡KYAAHH! —el grito despavorido de Hinata despertó a todos lo que allí esperaban su regreso.
— ¡Hinata! —Naruto dormía en el sofá y terminó en el suelo; golpeando contra el mismo. Sasuke tenía apoyada la cabeza en la pared, y se azotó contra un pequeño mueble que estaba en la parte superior, Ino fue quien gritó su nombre cuando sus ojos se abrieron; ella reposaba a su lado con la cabeza en la camilla— ¡Hi... Hina...! —las lágrimas no tardaron a hacer presencia; los chicos no podían parpadear.
— ¿eh? —Hinata observa el sitio con una mirada perdida. Ino toma su mano y la aparta rápido— ¡¿Qui... quién eres?! —todos estaban asombrados al escuchar eso. Hinata toma asiento y se aleja un poco; el rostro era de espanto.
— ¿Hinata? —Ino secó sus lágrimas lo más que pudo, entrecerró sus párpados.
— ¡Hinata-chan! —el rubio se acerca despavorido y efervescente— ¡Despertaste-dattebayo! ¡Y puedes moverte! —empezó a llorar más notorio que la rubia.
— ¿Ha... hablas de mí? —parpadeaba sin dejar que la tocara.
— ¿Cómo te llamas? —Ino miró al azabache y le hizo una seña que la chica no alcanzó a ver. Sasuke tomó por el hombro al rubio y le exclamó que se tranquilizara. Hinata ahora miraba a la ojiverde.
— Que... ¿que cómo me llamo?
— Sí. —miró a todos por un periodo no mayor a dos segundos y luego observó el tejado. Sus ojos se cerraron en una mueca de dolor e Ino volvió a tomar su mano— Tranquila, no te fuerces.
— No... No lo recuerdo. —ahora estaba más alterada— ¡No recuerdo mi nombre! ¡¿Quienes son?!
— Cálmate. Llamaré al doctor, ¿sí? —Hinata asiente. Deja la recámara y pensaba llevarse a los chicos con ella.
— ¡E-espera! —los tres voltean— No quiero estar sola... —temía ver a aquella oscura sombra de su mente.
— ¡Yo me-!
— ¡No! —Ino toma de la oreja al rubio— ¡Tú vienes conmigo porque luego metes la pata! —refunfuñando y con mala gana, dejó la habitación. Pudo haber ido Sasuke, ya que era su hermano quien llevaba el caso clínico de la chica, pero Ino no quería perder la oportunidad de hablar con su modelo a seguir en medicina.
El silencio parecía ser apacible y ya no estaba asustada, no por ello dejaba de ser abrumador y alarmante. Sasuke no la miraba, se limitaba a contemplar la ventana.
— P-pues... —fue la primera en romper el silencio— ¿Cuál... cuál es mi nombre?
— Hinata. —la observó por unos segundos y volvió a contemplar la ventana— ¿Me recuerdas? —lo observó con detenimiento y negó con la cabeza.
— Yo... quiero saber... —redirigió la mirada a ella— dónde está mi padre y mi hermana. —Sasuke abrió los ojos.
— A ellos sí los recuerdas. —asintió— ¿Qué más?
— No lo sé... —volvió a mirar la ventana y sus dedos empezaron a hacer un movimiento de golpeteo en la rodilla. Hinata se percató de ello— Yo... ¿te incomodo?
— ¿Por qué lo dices? —ella señala su mano; suspira pesado— Sólo me controlo. —se alteró al escucharlo.
— Si no quieres estar aquí... puedes dejarme.
— No. —eso la confundió.
— E-está bien. Ya no tengo miedo si me quedo sola.
— No te dejaré. —la miró directo a los ojos, pero esa sensación de molestia y fastidio la lastimó un poco y apartó la vista— No quería que sonara de esa manera. —comentó a modo de disculpa. La puerta se abre e ingresa Itachi con el par de rubios.
— Buenas noches, Hinata-san.
— Buenas... —mira la ventana y nota que la luna resplandece con delicadeza— noches.
— Mi nombre es Uchiha Itachi, soy tu doctor. —lo observaba con detenimiento.
— Preguntó por su familia. —los tres escucharon al joven pelinegro e Itachi meditó por unos segundos.
— ¿Nos dejarían a solas? —Ino volvió a tirar de la oreja al rubio; Sasuke salió y Hinata lo observó hasta que la puerta se cerró.
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— ¡¿Por qué no nos recuerda-ttebayo?! —no dejaba de estar feliz al saber que podía sentarse por sí misma luego de varios meses en coma, pero le molestaba que así fuera ahora. Era inicios de marzo y la primavera desprendía el clásico aroma a cerezos.
— Debe ser por el golpe... —la chica llevó su cabeza a las manos apoyadas en sus rodillas.
— Ya, Ino. —Naruto le dio unas palmadas en la espalda— No te culpes, ¿quieres? —ella le sonrió con melancolía.
— Por cierto. —se levantó y observó a Sasuke— ¿De verdad preguntó por su familia?
— Sí. —cruzó los brazos y se apoyó en el respaldar de la silla en la sala de espera— Pregunté si recordaba algo más, pero no estaba segura.
— Es normal. Debe seguir aturdida.
— ¿Cuánto le durará? —el rubio se levanta de la silla y empieza a caminar de un lado a otro.
— No lo sé, Naruto.
Luego de media hora dentro del cuarto, Itachi sale y todos se levantan a espera de sus palabras.
— Puede que sea por el golpe que recibió a causa del choque y realizaré los estudios pertinentes para descartar posibilidades de daño cerebral ahora que despertó, —los presentes no estaba felices con las palabras del médico de cabecera— pero le pasaré el caso a Fu. Esta área no me compete. —Ino se sorprende al escuchar ese nombre— Sí, es Yamanaka Fu. ¿Son parientes?
— Es un primo lejano.
— Bueno. Me alegra saber eso, si es familiar de Ino-san entonces estará en buenas manos. —ese elogio la tomó por sorpresa y sonrojó complacida. Sasuke desapareció del lugar sin que se dieran cuenta— Pueden estar con ella, pero les recomiendo que no fuercen sus memorias o podría afectarle de manera permanente.
— ¿Entonces se le pasará? —curiosea con algo de miedo en los ojos.
— No lo sé, Naruto-san. Esperemos que sea temporal. —una reverencia ligera y prosigue a sus otras rondas.
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La puerta se abre y se sorprende con notoriedad al verlo entrar en silencio. Toma asiento donde antes y la contempla, sólo que esta vez su mirada era diferente. Empieza a incomodarse y sonroja.
— ¿Po... podría dejar de hacer eso, señor?
— ¿Señor? —asiente avergonzada— Dime Sasuke.
— Uhm... —sus ojos danzan en el ambiente por unos momentos— ¿De... dejaría de mirarme así, Sasuke-kun?
— No. —voltea sorprendida por su sinceridad— Quiero observarte todo lo que pueda.
— ¿Por qué?
— Porque me siento tranquilo al verte despierta. —ella volvió a apartar la mirada por unos instantes mientras sonrojaba un poco más.
— Yo... ¿Cuánto tiempo estuve... estuve en...?
— Es 8 de marzo. —su mirada era de confusión y comprendió que no recordaba el accidente; no con claridad al menos— Hoy son cuatro meses exactos.
— ¿Exactos? —lo miró extrañada— ¿Acaso llevan una... una cuenta?
— No sé los demás, pero yo sí.
— Eres... médico o... ¿o algo así? —sonrió de manera irónica y ella permaneció serena.
— Sí y tú también. —lo miró asombrada.
— ¡¿Soy doctora?!
— Aún no. Ninguno de los dos. —cruzó su pierna sobre la otra, se colocó en una postura más cómoda— Apenas estamos en primer año. —avergonzó al pensar que ya estaba graduada. Su rostro, repentinamente, agudeció ante el dolor esporádico de su cabeza y Sasuke se levantó como un rayo para cerciorase que no le pasara nada— ¿Te duele mucho?
— Yo... yo recibí... u-una... —mantenía la mano cubriendo sus ojos y Sasuke colocó su mano en el hombro—... beca.
— ¿Lo recordaste ahora? —volvió a asentir— Será mejor que descanses. —la ayudó a recostarse y la cubrió con la manta. El rubio abre de golpe y la chica de ojos verdes lo regaña.
— ¡No hagas escándalo en un hospital! —se cruza de brazos— ¡¿Cuántas veces debo repetirlo?!
— Cállense.
— ¡Aquí estabas, tem-! —recibió un golpe de la rubia. Permanecieron en silencio mientras ella conciliaba el sueño.
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Han pasado cinco días desde que Hinata regresó del coma y hoy, después de la última prueba médica para descartar anomalías diversas, se dirigía a su habitación en una silla de ruedas por su cuenta. En el pasillo se topa con el moreno; pasaba del medio día.
— Hola, Sasuke-kun. —sonríe amable y él toma la silla para empujarla hasta su recámara— ¡G-gracias!
— ¿Por qué no caminas?
— Itachi-sensei me dijo que evite forzar mi cuerpo, después de todo no he recuperado a totalidad la vitalidad y podría caerme por los pasillos. —permanecieron en silencio hasta que entran a la recámara— Creí que tenías clases.
— Salí temprano.
— Pero... ¿no pierdes clases así?
— La última es práctica y de eso ya tengo bastante.
— ¿Por qué? —el moreno mayor les aconsejó que la trataran con normalidad, sin llegar a mencionar hechos o situaciones que deba conocer del pasado. Conversar sobre el diario vivir o temas triviales les permitiría recuperar porciones de memoria poco a poco; sin embargo no había vuelto a suceder desde aquella vez.
— Itachi es mi hermano mayor. —mientras se acostaba en la camilla lo mira algo aburrida, porque eso era más que obvio por los apellidos— Mis padres también fueron respetados médico. —abrió los ojos— Este hospital pertenece a mi familia. —eso la sorprendió.
— Pero no lo heredarás, ¿cierto? —el lo negó en silencio mientras colocaba la silla en una esquina— ¿Te... te molesta? —la mira fijo— ¡P-perdón! Yo no... no debí hacer una pre-
— No. No me molesta. —sonríe complacido al notar su rubor— Y puedes hacer las preguntas que quieras.
— ¿En serio? —su color rojizo se desvanecía poco a poco.
— Sí. Nunca me molestaría contigo. —de alguna extraña forma su corazón dio un sobresalto y dejó de mirarlo— ¿Ya almorzaste? —negó con la cabeza, sutilmente. Sasuke se levantó del asiento y caminó hacia la puerta; seguro iría por su comida.
Las ganas de usar el baño la obligaron a dirigirse al cuarto de aseo; trayecto corto que recorrió con normalidad. Cuando salió del mismo se topó con un conocido en la habitación y un jarrón con flores.
— ¡Hinata-chan! —colocó el florero en la mesita de noche y le sonrió entusiasmado— ¿Cómo te has sentido?
— B-bien... —sintió que todo aquello que la rodeaba se movía fuera de su alcance, pero ya que era ligero decidió no darle importancia.
— ¡Eso es genial-ttebayo! —sonreía complacido por le hecho de tenerla frente a él. Tantos meses en coma... tantas noches que no pudo dormir— ¿Ya almorzaste?
Sonrió ante el hecho de haber escuchado esa frase con anterioridad e imaginó al moreno en menos de un segundo. Decidió caminar hacia la camilla y recostarse, empezó a faltarle un poco el aire y creyó que era debido a los medicamentos y estudios que la habían agotado un poco, pero algo en sus piernas no le permitió sostener su propio peso y cayó como una roca.
Sin tiempo a nada.
Su reacción fue tardía cuando, de un segundo a otro, la observó desvanecer esa sonrisa tímida y azotar la cabeza en el suelo de la habitación.
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Abrir los ojos con gran dolor ante el tenue brillo de la lámpara situada en la mesa de noche a un costado. Movió los ojos cuando el dolor cesó lo suficiente y con su lengua palpó un tubo que se introducía por su boca. En su nariz ingresaba oxígeno por medio de unos pequeños tubos. Leves titubeos y murmullos que despertaron a la persona a su lado.
— (¡¿Q-qué pasó?!) —no podía modular las palabras y eso empezó a ponerla nerviosa.
— Tranquila, no te alteres. Estuviste inconsciente por un día completo.
Contempló aquellos ojos ónix en un rostro cubierto tras una mascarilla, un gorro y un mandil para cuidados intensivos. Intentó emitir algún sonido, pero Sasuke la detuvo sosteniendo su mano.
— No estás sola.—ella temblaba, tenía miedo. Acarició su cabello y poco a poco retomó el sueño confortable que tanto necesitaba.
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— Temo que el último estudio no arrojó resultados alentadores. —a los tres muchachos no le agradó el tono y las palabras con que Itachi expresaba la noticia de la resonancia— Encontramos un coágulo en su cerebro donde antes no estaba.
— ¡¿Eso qué significa?! —Naruto se alteró cuando presenció el rostro pálido de Ino llevando las manos a su cara para cubrir su boca.
— Después del accidente, ningún estudios reflejó algo malo en su organismo. Simplemente estaba en coma. —una pausa para tomar un poco de aire les pareció una eternidad a ambos muchachos— Pero ahora el electroencefalograma nos muestra una mancha cerca del hipocampo y la arquicorteza.
El rostro del rubio no podía estar más perdido ante las palabras técnicas. Para Ino y Sasuke, era lenguaje diario en su carrera, pero para el pobre Naruto no eran más que letras unidas de manera aleatoria.
— ¡¿EXPLÍQUENME, MALDITA SEA?!
— Es grave, Naruto. —comentó Ino mientras tomaba asiento por el impacto de la noticia.
— Opérala. —ambos rubios llevaron los ojos al moreno; Itachi suspiró.
— No es tan simple, hermanito. —Sasuke lo tomó de la ropa y su hermano mayor pudo ratificar lo dolido que se encontraba el moreno menor ante el hecho de lo que sucedía a la chica— Sasuke...
— Te conocen como el mejor médico en tu rama y, ¿dices que no la asistirás?
— Hay un par de cosas que no están bajo mi control. —ciertos pacientes, enfermeras y personas que llegaban por visita, observan a la escena que ambos Uchiha provocaban— El seguro médico de Hinata-san no cubre una operación de esa magnitud y-
— ¿Dinero? —lo interrumpe mientras sus ojos parecían tornar de un oscuro carmín por el odio y la impotencia— ¿Así que ahora te riges por eso?
— No puedo operar sin los recursos necesarios, Sasuke. Tú mejor que nadie debería entenderlo. —chasqueó la lengua y lo acercó más a su rostro— Aún soy un empleado más en este hospital. —Itachi se soltó del agarre de forma tranquila, cuando el azabache comprendía por donde iba la conversación. Su hermano mayor era muy intuitivo y le molestaba que se anticipara a sus pensamientos— Si crees que nuestro padre tiene tan buen corazón como para operar a una completa desconocida, entonces tengo a un completo extraño frente a mí.
Sasuke agachó la mirada y su hermano lo contempló con pesar. Apretaba las manos con tal fuerza, que temblaban.
— Hiashi Hyuga es un reconocido músico —expresa mientras retoma el camino a las demás salas— y su hija menor, dará un concierto este fin de semana en el Teatro Cultural Konoha. —voltea antes de subir al ascensor— Por cierto, Sasuke —el mencionado eleva la mirada con un poco de esperanza—, no querrás que nuestro padre te prohíba las visitas... ¿verdad?
Elevó ambas cejas cuando el lenguaje en los ojos de Itachi llegó como telepatía. Como si lo regañara al decirle: "Deja de faltar a las prácticas en la universidad."
Me encuentro en un lugar oscuro... ¿Qué hago aquí? Mi cabeza... Siento que fuera a explotar como un balón al cual no dejan de inflar. Intento recordar, pero yo... yo no...
Un sujeto en ropajes negros y capucha cubriendo la mitad de su rostro aparece de la nada. Se acerca a mí... Por alguna razón lo siento familiar. Toca mi pie, que está cubierto por la sábana de la camilla; no me puedo levantar o abrir los labios— (¿Quién eres?) —la luz a mi derecha, poco a poco se atenúa.
Hace frío... ¡Mi cabeza!
Abro los ojos y me doy cuenta que estoy en una sala extraña con tubos en mi nariz, pero el de mi boca se ha retirado. Quise revisar mi entorno con la mirada, pero tengo algo en mi cuello que me impide moverlo; ruedo los ojos mientras se acostumbran a la poca luz en la habitación.
— ¡-! —un apretón en mi mano llega de repente y salto ligeramente. Llevo mis ojos hacia abajo y distingo el rostro dormido de uno de los muchachos que dicen conocerme— (Sasuke-kun...) —puedo notar su cabello despeinado y ojeras bajo sus ojos. Se nota que está agotado... ¡Ah! M-mi pecho... me duele mucho verlo así.
No recuerdo nada que no sea mi familia y pocos momentos con ellos, pero no siento nada en especial más que un grato sentimiento de calidez; sin embargo... Desde que desperté, la única persona que acelera y oprime mi pecho es... es... Siento algo extraño en mi interior cuando veo a Sasuke-kun.
El rubio refunfuña mientras Ino llega a la sala de espera con dos bebidas calientes. Le pasa una al muchacho que, a simple vista, se notaba inquieto y malhumorado— ¡Maldita sea!
— Basta, Naruto. —ya era la vigésima vez que maldecía y la chica empezaba a cansarse de regañarle por elevar la voz en un hospital— Todos estamos igual o peor que tú.
— ¡Es que...! —la impotencia de no poder hacer nada con respecto a la operación que necesitaba de urgencia los tenía de muy mal ánimo desde hace dos días— ¡LO PEOR ES NO ESTAR A SU LADO-DATTEBAYO!
Ino suspiró. Llevó la lata de café a su boca para calmar un poco los nervios. Al fin de cuentas, ella también quería estar junto a su amiga, pero el único con permiso para estar dentro de la sala, a esas horas, era el moreno.
A parte de los rubios, sólo un par de personas estaban en ese sitio por sus respectivas familias. De pronto, entra al sitio un sujeto alto de cabello naranja con traje negro, corbata y zapatos bien lustrados. No encajaba con el sitio; desprendía un aura tranquila. Se acerca a una de las enfermeras y cruzan un par de palabras.
Naruto e Ino lo observaban por el simple hecho de distraer los pensamientos.
La enfermera entra a la sala de cuidados intensivos y el hombre toma asiento un par de sillas a la izquierda del rubio. Unos minutos después aparece...
— ¡Teme! —ignorado por completo se acerca al sujeto, que se pone de pie al ver al Uchiha. Una corta reverencia por respeto y de un bolsillo interno del saco extrae un pequeño sobre. Ambos rubios se acercan— ¿Por qué nos ignoras, idiota? —mas el moreno siguió ignorándolos.
— Buenos días, jóvenes. —el hombre se presentó sabiendo cómo era la actitud de Sasuke— Mi nombre es Juugo y soy el guardaespaldas del joven Uchiha.
— ¡¿Guardaespaldas?! —su reacción era tan natural por el simple hecho de no saber nada sobre el muchacho de cabello negro.
Desde que Hinata sufrió el accidente, los tres se turnaban para estar con ella en la habitación del hospital, pero de los tres, Sasuke era el único capaz de permanecer unas horas más del horario de visita. Y de aquellos cuatro meses, muy pocas palabras cruzaron entre ellos.
Tanto Naruto como Ino sabían que el hospital era propiedad de los Uchiha, sólo que no esperaban tales medidas para la protección de sus hijos.
Cuando Sasuke abrió el sobre, tras su hombro apareció el curioso de Naruto con su típico rostro confundido— Con... ci... eeeer... tooo... —el moreno tomó la cara del rubio y lo empujó con molestia.
— Necesito mi espacio, tarado.
— Oe, —acariciando su barbilla— acaso vas a- —Ino se acercó y con rapidez le quitó el papel que sostenía.
— ¿Este boleto es para...? -! —abrió mucho sus ojos— ¡¿Piensas hablar con Hiashi-sama?!
— ¿Eh? —el chico de ojos azules ladeó la cabeza.
— El padre de Hinata es tan famoso en el mundo de la música que, sin duda tiene el dinero para pagar la operación que necesita.
— Oe, oe, teme. ¿Hablas de la familia de Hinata-chan?
— Pero, Sasuke, debes saber que-
— No me importa. —la rubia retrocedió ante las palabras— Si es sobre su pasado, olvídalo. —tomó de regreso el sobre y se quitó el mandil que debe usar para ingresar a la sección donde estaba la peliazul— Ella nunca quiso hablar del tema, y si no lo escucho de sus labios, entonces no me importa.
— Pero ella ahora no-
— Ya dije. Las únicas palabras que me importan son las que ella me diga, todo lo que me importa es ella y haré lo que sea para que se quede a mi lado. —Naruto apretó la mandíbula y arrugó las cejas al notar la mirada del Uchiha; sin duda recordaba un momento junto a ella.
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/Ocho meses atrás/
Tres libros de más de 200 hojas, dos carpetas, varios apuntes y el bolso en su brazo se estaba cayendo. Intentaba acomodarlo, pero alguien que estaba tan ocupado como ella la chocó y sus pertenencias terminaron en el suelo. Mientras las recogía una mano toca la suya.
— Te dije que me esperaras en la cafetería.
— Sasuke-kun. —apartó rápido y sonrojo a la misma velocidad— P-perdón.. Es que iba a-
— Estudiar, sí. Como toda la semana.
— Sí, es que... —le ayudaba a recoger sus cosas del suelo. Le apenó un poco, pues él no tenía que esforzarse tanto como debía hacerlo ella, Sasuke notó su mirada y suspiró.
— Vamos. —se puso de pie y ella lo siguió, el moreno tomó los libros, el bolso y empezó a caminar al salón.
— ¡S-Sasuke-kun!
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Luego de la prueba el maestro comentó que las próximas tres clases estarían libres y que, por dar su mejor esfuerzo, merecían descansar el resto del día. Antes de que pudiera levantarse, frente a ella estaba Sasuke.
— Acompáñame.
— ¿Eh? -! —colocó su bolso en el hombro y luego sintió una mano grande sostener la suya— ¡S-Sasuke-kun, e-espera!
Salieron del salón tomados de la mano, o más bien, él no la soltaba. Ella no podía sonrojar más. Llegaron a una cafetería.
— ¿P-por qué me?
— Es una cita. —ella abrió grande sus párpados— Me enteré que saliste con un chico de tu edificio.
— S-sí, pero Naruto-kun es mi compañero de-
— Si saliste con él, entonces también saldrás conmigo.
— Yo... pues...
— No es una petición, Hinata. —se asustó un poco, a pesar de conocer su carácter desde hace algunos meses.
— Bien... No me molesta. —sonrió tímida— Después de todo, Sasuke-kun no parece divertirse. —él arqueó las cejas— No veo que hables con los demás como haces conmigo, así que... Como yo tampoco salgo mucho, no veo nada malo. —su dulce tono de voz lo hacía perder la paz en su interior— Una compañera de la residencia, me... me dijo que la etapa universitaria es para divertirse. ¡S-sanamente, claro!
— Mi madre y mi hermano me dijeron algo parecido antes de ingresar. —el brillo de alegría y su sonrojo de vergüenza se cubrieron por un manto ligero de pesar.
— Mi familia... —su voz dulce se notaba melancólica— Me hubiese gustado escuchar algo de ellos... —elevó la mirada, que había posado en la taza de té que pidió al entrar; Sasuke bebía con tranquilidad— P-per...
— Haré lo que me pidas. —cambió de tema, esperando recuperar a la chica de mirada dulce y actitud tímida y positiva.
— Pero yo...
— Entonces yo elijo.
Salieron del café y caminaron por el parque del campus, rumbo al estacionamiento.
— Es la primera vez que me subo a una moto.
— Es la primera vez que permito a alguien subir en mi moto. —se colocan el casco— Eres especial.
Sonrojó y con algo de vergüenza acercó sus manos a la cintura de Sasuke.
Cuando sus delicadas y pequeñas manos lo tocaron, una fuerte corriente recorrió su cuerpo. Encendió la moto y se dirigieron a un sitio en particular. Juugo los seguía con una distancia prudente; no quería arruinar el momento.
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— Este sitio...
— Mi hermano y yo solíamos venir aquí cada cierto tiempo. —un templo antiguo, casi en ruinas, rodeado de flores silvestres. El sendero de piedras facilitaba el trayecto hacia el interior del lugar.
— Es un sitio muy hermoso, Sasuke-kun.
Luego de diez minutos recorriendo el camino en total silencio, por fin llegaron a una laguna. Sus liliáceos ojos se iluminaron con un encanto casi mágico. El trinar de las aves y el sonido de las hojas con el viento era relajante. El pasto desprendía un aroma fresco y Hinata se sentó para pasar sus manos por él.
— Es tan suave... —se recostó y cerró sus ojos. Sasuke se limitó a mirar su rostro terso y el corazón aceleró al verla tan alegre. Ella abrió los ojos y él desvió la mirada— Deberías recostarte también, Sasuke-kun.
— Eso no es para mí.
— Pero... —se sentó y empezó a jugar con sus dedos de una manera adorable— Dijiste que ha... harías lo que pida. —él la miró tranquilo— Si tú no... Me siento culpable, si soy la única disfrutando este lugar tan bello.
Sasuke pasó la mano por su cabello mientras suspiraba sereno.
Hinata sintió un suave golpe en su costado, y al elevar la mirada notó al azabache con la espalda sobre el pasto y sus manos tras la cabeza. Sus negras pupilas la miraron rápido, colocó la mano en su pequeño hombro y la tiró con un poco de brusquedad. Ambos estaban recostados; uno al lado del otro.
Ella cerró los ojos y cayó dormida por el cansancio. Una semana extenuante de estudio para el examen correspondiente a media calificación para el semestre.
Sasuke se sentó luego de unos minutos; cuando sintió la paz emanar de su compañera. La observó. Quitó su chaqueta para colocarla sobre su pecho y de manera inconsciente, ella sonrió. Observarla tan tranquila... Se sentía segura junto a él hasta el punto de quedarse dormida con total serenidad.
La fresca brisa atrajo una pequeña hoja que se posó en sus rosados labios y con sutileza intentó quitarla sin despertarla, mas un ligero cosquilleo la obligó a abrir los ojos lentamente.
Él la contemplaba tan fijo. ¿Por cuánto tiempo la estuvo observando? Su rostro enrojeció, se levantó presurosa sin saber qué decir con exactitud.
Sasuke se puso de pie primero y ofreció su mano, ella la tomó tímida— Comamos algo. —regresaron a la moto, donde Juugo los esperaba recostado de pie junto a un árbol.
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La puesta de sol era más anaranjada de lo que acostumbraba ver cada vez que regresaba a su residencia. Abrazar al Uchiha y ver su cabello moverse con el viento, provocado por la velocidad, hacía que su corazón emitiera un calor que se esparcía por todo su cuerpo y la hacía sentir protegida y, extrañamente, feliz.
Ambos llegan a un restaurante muy concurrido en la ciudad, donde habían ciertos juegos y máquinas traga-monedas.
— No sabía que conocías lugares de este tipo, Sasuke-kun. —suspiró el azabache, algo avergonzado.
Debido a que el Uchiha no tenía amistades masculinas, mucho menos femeninas, se vio obligado a pedir consejo a los dos únicos entes con testosterona a los cuales les tenía la confianza suficiente como para preguntar un buen sitio de diversión al cual llevar a una chica como Hinata. Quizá Itachi y Juugo no sabían tanto como él creyó...
En una mesa para dos tomaron asiento, tratando pasar indiferentes a lo que se llevaba a su alrededor; una celebración temática.
— Si... Si estas incómodo, Sasuke-kun, podemos ir a otra parte. —el rostro ligeramente sonrosado junto al tic en su ceja por estar rodeado de disfraces de animales y niños de entre 8 y 10 años, saltando y jugando por doquier, arruinaba el toque romántico que quería darle a la situación.
Se levantaron dispuestos a cenar en un lugar menos escandaloso, pero su huida se vio frenada por un mesero y un hombre de uniforme verde con el logo de una empresa de servicio técnico.
— ¿Disculpen? —Hinata voltea, al igual que el azabache, y realizan una corta reverencia de saludo— ¿Podrían ayudarnos con algo?
— Sí... —observó al moreno con aquellos ojos dulces y generosos, pidiéndole un poco de paciencia antes de abandonar el local— ¿Qué necesita?
— La caseta de fotos se averió, y la madre del cumpleañero quería que su hijo se tomara fotos en la cabina con sus amigos. —Sasuke mostraba total indiferencia al tema que presentaba el camarero con orejas de perro y guantes a juego— Me gustaría que la probaran.
— ¿Por que nosotros? —expresa frío y un poco molesto— Que uno de los niños entre y se tome una foto.
— Tiene razón. —rasca su cabeza y sonríe incomodo— Es solo que el dueño los vio entrar y si salen se llevaran una mala impresión del restaurante... Perderíamos dos futuros clientes frecuentes.
— Exacto.
— S-Sasuke-kun...
— Por ello, queremos que se lleven una foto de recuerdo... Ya saben, para reír de cuando trajo a su novia a una fiesta infantil. —ella sonrojó y quiso negar, pero el joven se lo impedía— Además, los niños han comido demasiada azúcar y no creo que obedezcan.
— Una foto en pareja es un buen recuerdo para no estropear una cita.—comenta el hombre de uniforme.
— P-pero él y... y yo no -!
Sasuke la tomó del brazo y ambos entraron a la cabina fotográfica. El técnico les comentó que al introducir el billete, que les pasó el mesero, solo posaran de la manera que más les gustase.
Ella estaba roja y Sasuke, a pesar de querer abrazarla y besarla, no lo hacía, por temor a que ella reaccionara de una forma atroz y, la poca cercanía, terminara destrozando la cita que tanto planeó.
Un flash y ambos estaban sentados, tiesos, incómodos.
— Hinata. —ella volteó asombrada de las palabras— Quería que fuera perfecto y-
— ¡Lo es! —otro flash y el moreno levantó la mirada para contemplarla con asombro— Yo... Yo me divertí mucho. —cubrió su boca por un momento y apartó los ojos del rostro del azabache... Su expresión se veía tan infantil, dulce y perfecta que su corazón dio unos fuertes golpes en su pecho— Cuando estoy con Sasuke-kun me siento tranquila y... y siento que todo es como el lugar de la laguna. Un sitio especial... —otro flash anunciaba que sólo quedaba una toma más— Quizá tú creas que no fue como querías, pero para mí fue muy hermoso.
Ella se acercó un poco hacia el Uchiha y miró la lente con detenimiento, sonriendo de esa manera tan particular y dulce que lo hacía sentir acalorado y nervioso. Él la observó y sonrió tan levemente como su carácter le permitió.
El último flash.
Salieron de la caseta y el mesero les pasó la tira.
— ¡Mil disculpas! —una reverencia marcada y Hinata dijo que no le diera importancia. Salieron del lugar y se fueron en la moto.
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— Ten, Sasuke-kun. —ella le pasó la única foto que logró salir... la última— A mi me vasta con recordar un día tan bonito como este. Tú puedes tener la foto.
Por un par de minutos ambos permanecieron callados, sin saber como despedirse, hasta que una chica rubia la llama desde dentro del edificio.
— Nos vemos, Sasuke-kun. —esperó hasta ya no poder verla desde la puerta.
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Ino y Naruto pudieron entrar al mismo tiempo en la sala donde estaba la peliazul; cuidados intensivos. Debía permanecer allí para monitorear cualquier pequeño cambio en su cerebro.
Itachi les dio pase a ambos por simple capricho.
Por su parte, el menor de los Uchiha había regresado a casa para darse una ducha y cambiar su vestuario. Pero cuando descendía la escalera se topó con una mujer de cabello negro y mirada profunda.
— Hijo —expresa alegre y con notoria alcurnia—, tiempo si verte. ¿Cómo vas en la universidad?
— Bien. —se acercó, le dio un beso en la frente y, con prisa se acercó a la puerta principal, mas la voz de su madre lo frena a raya.
— Tú padre quiere hablar contigo.
— Tengo prisa, mamá.
— Sasuke. —la orden en su tono de voz era severo sin llegar a sonar rudo. Sin duda alguna, la conversación no se podía dejar para después. Apartó la mano del picaporte y siguió a Mikoto hasta el estudio.
— Buenas noches, padre.
— Toma asiento, Sasuke. —así lo hizo y la dama cerró la puerta para que nadie interrumpiera. Ella tomó asiento junto a su esposo; ambos frente a su hijo— El otro día me topé con un par de colegas y me dispuse a conversar con ellos para conocer tu desempeño. Vaya sorpresa que me llevo cuando dicen que faltas a tus clases desde hace varios meses.
— Son sólo las de práctica. —Fugaku golpea el brazo del sofá mientras sus cejas se unían en el centro.
— Y lo comentas así de tranquilo. —Sasuke y su padre se miraron fijo por un minuto en completo silencio— ¡Como osas...! —el silencio le molestaba más que cualquier cosa. Mikoto sostiene su mano y su marido respira profundo para calmarse.
— ¿Por qué lo haces, hijo? —se notaba preocupada. Como madre de dos hijos sumamente inteligentes, nunca esperó que el menor entrara en un caso de rebeldía y falta de buen juicio. Sin duda algo lo perturbaba lo suficiente como para no cumplir con las expectativas que demostró en un inicio— Si es algo en lo que podamos ayudar...
— Padre, mamá —manifestó luego de varios minutos en completo silencio— Mis deseos de ser médico no han cambiado. —expresa sereno y con tinte maduro— No obstante, mis prioridades sí.
El chico se levanta del puesto y se dirije a la puerta. Su padre no podía estar más enfadado y antes de que le reprendiera, se detiene en la entrada del despacho.
— Ahora ella es lo único que me importa. —su madre abre los ojos ante el comentario de su pequeño— Soy capaz de dejar mi vida actual con tal de que esté a mi lado.
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El teatro estaba tan concurrido como se esperaba, pero esas dos horas serían un tormento para su preocupado y angustiado corazón.
El boleto no era tan importante en sí, pues los conciertos de piano no era lo suyo. Sin embargo, el pase a camerino era lo único por lo que estuvo ansioso todo el tiempo. — (Pensar que estoy más inquieto sin ti a mi lado.) —una niña de cabello castaño y ojos idénticos a los de su amor entró al escenario con un vestido simple de tono amarillo. Tomó asiento y dio comienzo al concierto.
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