NUNCA TE OLVIDARÉ...
Final alternativo SasuHina


LA LUNA Y LAS ESTRELLAS SON UNA ETERNA COMPAÑÍA.

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Luego de que la sala se vaciara, se dirigió al punto de su interés.

— Bienvenidos y gracias por apreciar la buena música. Pasen a la sala y realicen preguntas con el respeto que merece la concertista y su padre, Hiashi-sama.

Dentro del cuarto, Sasuke llevó su mirada al hombre de ojos lila; idénticos a los de Hinata en color. Pero su expresión era completamente diferente.

Las personas, y el moreno, contaban 10. Estaban tan emocionadas por la presencia de su ídolo, que a duras penas notaban la notoria prepotencia en sus gestos sutiles.

Del fondo, una voz grave resonó en toda la habitación y las personas en la sala voltearon para quedar en silencio ante tal osada falta de respeto— Hiashi.

La pequeña junto a él se asombró tanto como los otros y lo único que pudo hacer fue observar la figura imponente de su progenitor acercarse donde el muchacho.

— ¿Quién eres, como para faltarme así el respeto?

— Hinata está en el hospital —el nombre de su hermana resonó en su cabeza— por un tumor cerebral. El seguro no cubre la operación que necesita de urgencia.

Los presentes eran tan devotos a Hiashi, que les era imposible no con conocer de su vida. Todos en la sala sabían que tenía una hija mayor con una grave carencia de talento musical. Por ello sólo se enfrascó en mostrar el talento de su hija menor.

Los murmullos no se hicieron esperar.

— ¡Ko! —entró la persona y con mucha amabilidad sacó a los presentes indicando que serían reembolsados. Para cuando sólo estaban los tres, el hombre se dignó a responder su comentario.

— Cuando ella abandonó la casa, dejó de ser alguien para mí. —abrió ligeramente los ojos, conteniendo su rabia a más no poder.

— ¿Y tú qué? —se dirige a la pequeña de cabellera castaña— También la dejarás morir, ¿no es así? —los ojos de la pre-adolescente se cristalizaron y Sasuke chasqueo la lengua— Cuando ella se recupere, me encargaré de que sea mi esposa lo más pronto posible para que deje de llevar el apellido Hyuga.

— ¡Insolente! —dispuesto a levantar la mano contra el moreno, lo detiene con fuerza.

— Mi nombre es Uchiha Sasuke y la haré tan feliz, que se olvidará de ustedes.

Soltando la muñeca del hombre con brusquedad, da media vuelta y cierra la puerta con severa ira. Los puños y su mandíbula no dejaron de hacer presión durante todo el camino a casa.

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Mientras Sasuke estaba fuera, Naruto e Ino permanecían en la habitación.

Al rubio le costaba entender porque no podía estar en una sala común y Yamanaka se cansó de decirle que el tumor estaba en un lugar tan peligroso que era necesario un monitoreo constante de su actividad cerebral y de los signos vitales.

— Hinata-chan —comenta Naruto con un tono bajo, intentando de mala gana no demostrar el dolor en sus palabras— debes recuperarte rápido.

— Naruto, déjala dormir.

Entre ellos no se hablaban. No había conversación que no terminara mencionado a la peliazul y a ambos les dolía verla en ese estado.

— Espero que ese idiota consiga algo.

— Yo también lo espero. Las tutorías y demás cosas que hago para reunir dinero son mínimas.

— ¡Me pasa igual-dattebayo!

— Me pregunto... —el ojiazul observó a Ino, que estaba del otro lado de la camilla— ¿Por qué los padres de Sasuke no lo apoyan?

— ¿De que hablas?

— Sí que eres despistado. —suspira pesado mientras Naruto la mira confundido— No quiero sonar cruel, pero Sasuke-kun se ve igual de interesado en ella como tú —arrugó las cejas ante el comentario— y no veo que se preocupen por las faltas a clases.

— ¿El teme falta a clases? —Ino asiente.

— Desde que Hinata está en el hospital, se escuchan rumores de que Sasuke no sólo falta a las clases prácticas que coincidían con las nuestras. —mira Hinata y el ojiazul desvía sus ojos también— Su aspecto también ha cambiado.

— ¡Todos hemos cambiado! —indicando las ojeras y cansancio por el mal dormir. Ino vuelve a afirmar con su cabeza.

— Sí, pero todos se fijan en Sasuke-kun. Es un Uchiha después de todo. —se acerca un poco al rubio, con la intención de susurrar— Que tú y yo nos veamos igual, o peor, a los demás no les importa.

Una fea mueca le indica a la rubia que Naruto comprendía, de mala gana, que no era tan popular como pensaba.

Un leve movimiento de la mano de Hinata que reposaba sobre su estómago alertó a los muchachos en la habitación, y unos murmullos hicieron que Naruto se sintiera incómodo y triste.

— Sa... Sasuke...

Ino sólo podía observar el perfil decaído del Uzumaki y la rabia de saber que en la mente y corazón de ella, ya había alguien... y no era él.

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La moto alerta a su madre y se levanta del sofá para averiguar por su cuenta el extraño comportamiento del menor de sus hijos. Pero Sasuke ni se inmutó y pasó de largo a su habitación para quitarse la vestimenta formal.

Tocan la puerta y se abre despacio.

— Mamá, me estoy cambiando.

— Como si tuvieras algo que yo ya no conozca. —toma asiento en la cama y observa a su pequeño ponerse unos jeans y buscar una camiseta; los converse ya los tenía puestos— De nuevo al hospital, ¿es por esa chica en C.I.*? —su respiración se detuvo por unos segundos, pero continuó buscando la camiseta— ¿Crees que tu padre y yo no lo sabemos? ¡¿Todas las faltas y tus ojeras?! —se mantenía en movimiento, mantenía la mano en su frente— Por qué, hijo...

— Mamá... —tomó asiento del otro lado de la cama.

— Mi cielo. —se acercó a él y notó una pena profunda en su mirada— No queremos que por una simple chica dejes tu futuro.

Se apartó molesto. Tomó la billetera, las llaves, el sobretodo oscuro y se dirigió a la puerta principal. Su madre elevó la voz para que se detenga y el escándalo levantó a Fugaku y su hermano.

— Sasuke, ¿qué crees que haces? —la voz de su padre resonó en su cabeza y se detuvo con la mano en el picaporte— Deje el asunto en tus manos y mira lo que pasa. —le reclama a su esposa— Tienes prohibido ver a esa muchacha.

— (Hermanito...)

— No. —cansado de su aprobación. Cansado de esperar un abrazo o un signo de amistad o cariño. Cansado de que su madre abogue por él...

— Haré como que no-

— No, padre. Me llevó tiempo darme cuenta y ahora lo entiendo. Hinata es lo que quiero y todo lo demás no me importa.

Incapaz de derramar lágrimas, esa tristeza se convertía en rabia mezclada con culpa por ser un completo inutil. Y si no podía conseguir el dinero, lo único que le quedaba era estar a su lado.

Si perdía todo con tal de estar a su lado, entonces con gusto se quedaría en la calle.

El sonido de la puerta cerrándose y el arrancar de la moto fue la respuesta para los Uchiha en el hogar.

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Los gestos en el rostro de Hinata empezaron a agudizar y pronto el palpitar de su corazón empezó a emitir sonido por medio de la máquina.

— ¡¿Q-qué sucede?! —el rubio se alteró ante el sonido e Ino empezó a llamar a los médicos y enfermeras.

((BIP BIP)) ((BIP BIP))

Su teléfono sonó y corrió a la habitación por una chaqueta y las llaves del coche.

— ¿Emergencia? —comenta la madre— Creí que estabas libre hoy y mañana, Itachi.

— Sí, pero hay una paciente por la cual debo ir o Sasuke nunca me lo perdonaría. —con las miradas comprendieron que era la muchacha en C.I.

Sasuke llegó con tranquilidad, para evitar accidentes, pero su corazón se alteró al ver el coche de su hermano en el parqueadero.

Corrió al quinto piso y se topó con el rostro pálido de ambos rubios. A los pocos segundos sale Itachi de la sala y su hermano se acerca intranquilo.

— Está estable, pero si no la opero hoy creo que...

— No lo digas.

— ¡¿No puedes hacer nada-ttebayo?!

Sin dinero, la aprobación para ocupar los utencilios y la sala de operaciones era inutil y Sasuke lo sabía mejor que nadie.

Se acercó a la ventana y golpeó la cabeza contra el cristal un par de veces hasta que lo distrae un auto lujoso que se estaciona frente a la entrada de emergencia del hospital y de él descienden dos personas de cabellera marrón. El sonido de las personas emocionadas atrajo la atención de la rubia.

— ¿De quién es el coche?

Luego de varios minutos, los cuales torturaban a Sasuke como agujas envenedadas en su corazón, la puerta del elevador se abre. Y los ojos de todos, excepto el Uchiha, se conmocionaron al reconocer aquellos irises particulares.

— ¿Donde está mi prima? —un hombre alto y atractivo, de perfil varonil y voz profunda se pronunció ante las personas en la sala. Detrás de él saltó una chiquilla de unos 14 años con vestido amarillo de corte sencillo, entre infantil y juvenil.

La niña abrió los ojos al reconocer en la esquina más alejada del sitio, la cabellera negra de Sasuke.

— ¡Es él! —corrió hacia el azabache y lo tomó por los hombros— ¡¿Cómo está mi hermana?! ¡¿CÓMO ESTÁ?!

Se libera fastidiado, casi empujándola. A ellos se acerca el castaño.

— Uchiha Sasuke, ¿eh?

— No estoy de ánimo, aléjate. —lo tomó del cuello de la camiseta y el moreno lo empujó, frunciendo el ceño.

— Vine por Hinata-sama. Hanabi-sama me contó que está grave.

— Tú eres... —la ojiverde se acercó al chico— ¡¿Neji Hyuga?!

— Sí, sí, sí... Y yo soy Hanabi Hyuga, prodigios musicales. —expresa desganada y molesta— ¡Quiero ver a mi hermana! —sus liliáceas pupilas se enfrascan en la única persona con bata— ¡Hey, doctor! —se aproxima y lo encara, pero Itachi podía notar el dolor y preocupación tras esa rudeza.

— Ella descansa en la otra sala, pero temo que si la operación no se lleva a cabo esta noche...

Comprendió el resto sin necesidad de que se lo dijera. Quizá fue demasiado directo con una niña de su edad, pero a él nunca le gustaron los rodeos; sin excepción.

— Bien, opérela ahora. —del bolsillo de su chaqueta sacó una chequera— No importa la cantidad, quiero que salven a mi prima.

Las pupilas de Sasuke resaltaron por completo. El asombro se reflejó en los tres jóvenes que allí permanecían cada día desde hace varios meses.

— Enfermera, prepare el quirófano. —Neji le entregó el cheque a Sasuke, quien no veía nada bueno es esa oferta monetaria.

— Tranquilo, Uchiha-san. —expresa inexpresivo ante la mirada acusadora del azabache— Mis primas y yo tenemos una relación muy cercana. Por petición de Hinata-sama me vi obligado a distanciarme para evitar contrariedades familiares. —Neji observa a Hanabi, sentada en una esquina; observaba el suelo con impaciencia.

Naruto aparece de entre las sombras y lo abraza con gran confianza— ¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS! —Neji lo apartó con una mano y cara de asco.

Sasuke empezó a caminar de un lugar a otro luego de guardar el cheque en su chaqueta.

Los minutos pasaban...

Las horas... Ino se acercó a la pequeña castaña. —Hola.

— Hola.

— Hinata es fuerte, ten fe de que todo irá bien.

— Lo sé. —expresa mirándola a los ojos.

— Pero algo te preocupa. —Hanabi desvía los ojos hacia un costado— ¿no es así? —luego de un momento de silencio la pequeña habló.

— Tú... ¿Tú crees que mi hermana me perdone? —Ino abrió los ojos en grande— Yo hice algo horrible... —la culpa y el dolor se reflejaban en su semblante. Los brazos de la muchacha la rodearon y la acercó a su pecho.

— Hinata-chan es una chica muy dulce. —Hanabi asintió— Y, aunque no hablaba mucho de su pasado, cuando decía tu nombre siempre podía apreciar esa alegría que sólo demuestra el amor fraternal. —Hanabi escuchaba en silencio, mientras una sombra oscurecía su rostro— Estoy muy segura que, cuando te vea a su lado, sonreirá, porque ella es-!

Unas cálidas gotas cayeron en su brazo y el agarre fuerte en su abrigo... La abrazó con delicadeza— Todo estará bien, Hanabi-chan.


Estoy... Estoy... Siento mis párpados muy pesados al igual que mi cabeza, pero no logro ver nada. Siento como si... si mi cuerpo flotara en agua— ¿Cómo llegué aquí? —. Ese pensamiento me lleva a otro... y otro... y otro... Entonces mi respiración acelera y mi pecho se contrae, haciendo presión y evitando que pueda respirar— No... Yo no... ¡No recuerdo! —. Aprieto los párpados y me rodeo con mis propios brazos, encogiendo mi cuerpo hasta adoptar una posición fetal. Empiezo a temblar.

Tengo miedo... ¿Qué pasó con mis recuerdos?

La presencia de dos figuras me invade como un espeso vapor que se evapora poco a poco... ¿Quiénes son?

Entonces siento algo aproximarse. Un calor viene hacia mí y a través de mis párpados distingo una luz.

¿Que es... eso? —abro los ojos lentamente. Una pantalla de luz, como el de una televisión, se encuentra delante y para cuando me doy cuenta, estoy cómodamente sentada en un sillón.

Una niña aparece en la pantalla de cabellera azulada y corta junto a una niña más pequeña de cabellera marrón larga; juegan en la nieve— (¿Ha... Ha... Hana...?) ¡-! —la pantalla se vuelve blanca y tan brillante que debo cubrir mis ojos— (¡¿Hanabi-chan?!) —cuando pasa la intensidad aparece otra escena.

Una casa en la playa... Parece verano. Otra vez esa chica de cabellera azulada corta. Está tocando el piano... no, intenta tocar. No puede. Aparece un chico de su edad de cabellera castaña larga y la ayuda. Le enseña. La regaña... pero sonríe ligero— (¿Ne... ji... niisan?)

Escena tras escena, las personas aparecían junto a la misma chica de cabello azul marino, y ella crecía imagen tras imagen. Año tras año. Parece tener unos 19 ahora.

...ta. —una voz desde atrás— ...nata. —ella voltea. Siento como mi corazón se acelera con su voz— Hi... —pero no puedo. ¡No puedo ver su rostro! — Hi...a.

Entonces ya no estoy en el cómodo sofá y me encuentro en la pantalla, como si ella... como si ella...

Soy yo.

Todos los rostros que vi y todos los lugares que me mostró la pantalla eran mis propios recuerdos. ¡Tiene sentido ahora! Cada pequeño detalle— ¡Re... recuerdo!

Hi...a. —esa voz. Escucho la misma voz varonil y profunda de antes— ¡Hinata! —mi nombre. Él me está llamando. Volteo pero comienza a alejarse— (¡E-espera!) —un fuerza extraña me obliga a ir tras la silueta que seguía huyendo y pronunciando mi nombre. Su voz aceleraba mi corazón. Debe ser importante. ¿Quién es?

Quiero ver su rostro.

Una escena donde él me llevaba a un bello lugar rodeado de un estanque— ¿Quién eres? —me siento tranquil junto a él. Necesito saber...

— ¡Espera! —corro. Lo sigo. No quiero que desaparezca esta sensación de mi corazón...


— ¡Desfibrilador! —llama Itachi. Las enfermeras y médicos asisten de inmediato— ¡Hinata-san, resiste!

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Han pasado dos años y medio.

Las hojas de los árboles tiene un color ocre, marrón, cobre y anaranjado. La puerta de la habitación se abre con cautela y la cortina de la ventana ondea con la fría brisa.

El muchacho deposita la bolsa sobre la mesa y se acerca a la ventana para cerrarla.

La observa fijo y melancólico. Suspira. Se aproxima a la mesa y saca una cajita con dulces y toma asiento junto al mullido sillón que está junto a la camilla. Abre la caja— Hoy me regañó el jefe. —dulces de canela; toma uno y lo lleva a su boca— Por ignorar a un estorbo de cabello rojo y lentes. ¡tsk!

La respiración calmada. Sus párpados cerrados con delicadeza, como si durmiera.

— Mi madre me llamó ayer. Aún cree que regresaré, ¿sabes? —vuelve a meter otro dulce en su boca— Y mi hermano está saliendo con una chica de cabello lila... Konan, o algo así. —voltea hacia la ventana cuando ve pasar un ave.

Un leve, muy sutil movimiento de su dedo índice.

— Naruto dice que vendrá para diciembre, pero no iré por él al aeropuerto. ¡hmp! Espero que se pierda.

Sus párpados parecían temblar como el aleteo de una mariposa.

— El estirado de tu primo y tu hermana llegan mañana de Francia. —introduce otro dulce en su boca con algo de molestia y regresa la mirada a la bella chica de piel blanca. ¿Desde cuando hacía eso? ¿Por qué?

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Sasuke se encontraba al norte de Japón. Trasladó a Hinata con ayuda de Neji y se encargaba de pagar la renta del hospital. Ya no estaba en la universidad. Trabajaba en un bar de cantinero y hacía trabajos en construcciones siempre que podía.

No había de otra.

Luego de la operación, la dulce ojiperla había quedado en coma. ¿Razón? No había. Todo estaba perfecto. Simplemente no quería despertar. Los padres del Uchiha no querían su influencia cerca de su hijo menor y negaron su estadía por el cambió que había provocado en su hijo menor.

Desheredado. Sin nada más que el dinero en su billetera abandonó la prefectura junto a Hinata.

Si la tenía a ella... lo demás no importaba.

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— Hinata... —pronuncia su nombre como todos los días que va a visitarla; toma su mano con firmeza y acaricia su cabello— Hinata. —lleva a su boca el último rollo de canela, porque sabía que a ella le gustaban.

Contempló sus labios sonrosados y un poco secos. Tomó agua de una vaso cercano y los humedeció con delicadeza. Por un instante llegó a su mente aquel estúpido cuento de la bella durmiente— Thss... —vaya que se creía un completo estúpido. Él no haría eso sin el consentimiento de ella... No de nuevo. Si sus labios se unían, sería porque ella así lo quería. Pero eso no le impedía que besara su frente por unos segundos antes de salir por el almuerzo.

Deja la habitación, cerrando la puerta con sutileza.

Una brillante luz.

La claridad no le permite distinguir las cosas a su alrededor. Cierra los párpados con fuerza y los vuelve a abrir para poder observar la recámara. El olor dulce de los rollos de canela aún permanecía en el ambiente— Mi... mi cabeza... —se incorpora con lentitud y observa el sitio; cada pequeño rincón.

La puerta se abre y queda pasmado. Inmóvil. Ella lo observa fijo. Las manos se apartan del picaporte con lentitud y camina sin poder respirar con normalidad. Su corazón latía con fuerza. Ella entrecerró los párpados un poco y ladeo su cabeza— ¿Qui... Quién eres?

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Las hermanas Hyuga llegan a un bello departamento en la ciudad; cerca de un gran parque. La vista desde el tercer piso era espectacular y le estaba muy agradecida a su querido primo por todo los gastos que realizó; incluso el tiempo de estadía en su casa después de ser dada de alta.

Escuchar que estuvo en coma por más de dos años la entristeció debido a lo preocupado que debieron estar sus conocidos, pero fue aceptándolo en el transcurso de esos cuatro meses.

Hanabi se mudó con ella sin dejar de lado la música. Ya no tenía el apoyo de su padre, pero el primo Neji era un excelente mentor, y la distancia entre ambas residencias Hyuga no pasaba de 10 minutos a pie.

Ella aún quería estudiar, pero se dedicaría a conseguir un empleo que le permitiera ser más independiente. Su accidente le había dado una fuerza de superación increíble.

— ¡Nee-san, es para ti! —va a la puerta y se encuentra con ese chico de cabello negro.

— ¿Sasuke-kun? ¡-! —toma el abrigo de la chica, Hanabi le extiende una bufanda y la saca del lugar sin pronunciar palabra alguna. Su hermanita se limitó a verlos por la ventana, sonriendo pícaramente. Colocó el casco en su cabeza y la subió a una moto que había adquirido hace poco. Arrancó rápido para que ella se aferrara a su cintura y desaparecieron a la distancia entre las calles.

Llegaron a la entrada de un templo; ya olvidado. El alto pasto ahora lo cubría la nieve de aquel nuevo año, pero el sendero aún era apreciable para ingresar al lugar.

Sus ojos quedaron asombrados y glorificados al percibir esa laguna congelada. Soltó su mano y se detuvo frente a ella, observándola fijamente hasta que empezó a sonrojar.

— ¿Q-qué hacemos aquí? —él suspiró pesado, rascó su cabeza y se limitó a responderle un simple "nada". Él dio media vuelta para dejar el sitio, pero ella no lo seguía. Algo en ese lugar la hacía sentir extraña. Inquieta de una manera melancólica.

— Vámonos, o te resfriarás. —ella notó un pequeño dejo de molestia en su voz y lo que sintió el moreno en su espalda fue un golpe con una bola de nieve— ¿Qué ha-? —volvió a recibir un ataque. Sólo que esta vez en su cara.

— ¡Sasuke-kun! —se acercó y lo ayudó a limpiarse, su rostro parecía algo incómodo; adolorido— ¡Perdón! no quería que... —sus ojos onix la contemplaban fijo.

— Te amo. —su pecho empezó a latir con fuerza y todo su cuerpo empezó a ser abrigado por un calor que nacía de su corazón. Ella desvió la mirada.

— Lo... lo siento.

— No importa... —tomó su mano y la sacó del lugar.

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Llegaron a un edificio no muy lejos de la ciudad. Las paredes estaban mal cuidadas, pero no parecía ser un mal barrio— ¿Otro lugar? —ella ladea la cabeza y entrecierra los párpados forzando su memoria— No... No lo recuerdo.

— No tienes que recordar nada. —saca unas llaves de su bolsillo y los introduce en la puerta— Vivo aquí desde el traslado. Es tu primera vez aquí. —ella sonrojó; estaba en la casa de Sasuke. Se puso muy nerviosa.

— C-creo que... que... bueno. Nos vemos Sa-! —la tomó de la mano y la obligó a entrar.

Se quitó el abrigo y tomó asiento en un sillón cómodo de color negro aterciopelado claramente de segunda mano— No te haré nada malo, relájate. —ella brincó ante sus palabras. Sus mejillas enrojecieron cada vez más.

— Pe... perdón.

El moreno fue a la cocina— Prepararé té.

— Gracias.

Con temor, empezó a recorrer la habitación de ese piso con la mirada. Era la primera vez que estaba en la casa de Sasuke desde que lo conoció en el hospital.

Los doctores no podían comprender porqué los recuerdos con el muchacho Uchiha eran los únicos que no procesaba su memoria. Recordaba cada pequeño detalle de su vida: su familia, infancia, colegio, los compañeros de universidad, a Naruto, Ino, Sakura, incluso las clases de medicina donde asistía con él. Pero su mente lo había borrado del sistema. Literalmente, Sasuke era una mancha en su cabeza.

— Eh... ¿Dónde está el... el...?

— Tercera puerta a la izquierda. —parpadea sorprendida de que supiera lo que buscaba.

Desde que despertó y supo que no lo recordaba, que no estaba en su cabeza, que ni si quiera tenía presente la semana que pasó en el hospital, sólo lo obligó a esforzarse más. Buscaba cada pequeño momento libre para ir por ella y conversar, pasar tiempo juntos y poder estar en su mente. Ella sentía que algo faltaba dentro, pero, por más que lo intentaba, nada sobre el Uchiha llegaba a su ser.

Luego de salir del cuarto de aseo personal se detiene al notar la puerta de la recámara entre abierta. No debía, pero la curiosidad de saber cómo llevaba el orden del cuarto un muchacho como Sasuke, la atrajo mucho. Una cama de plaza y media con cubrecamas esponjosos de tonos azules y pocos muebles: un sillón, un armario en la pared y unas mesas de noche era suficiente.

Da la vuelta para regresar a la sala, pero un brillo particular sobre la mesa de la esquina atrae su atención, e ingresa sin darse cuenta— Es un retrato... —quería saber cómo era aquel insistente y directo chico de joven. Lo toma y observa su rostro; sonriendo. A su lado Sasuke mirándola ligeramente.

A su cabeza llegan tanto flashes de recuerdos: la bofetada, el "secuestro" en el armario, el "beso", las clases, las caminatas, la laguna, el restaurante... la foto.

La cabeza empezó a doler y soltó el marco; el moreno corrió al oír el vidrio rompiéndose— ¡Hinata!

Esa voz... la voz que quiso alcanzar cuando estaba dormida. Esa voz era la que le mostró el camino de regreso, sólo que no alcanzó a ver el rostro del hombre que pronunciaba su nombre. Ella colocó la mano en su mejilla y contempló esos irises tan oscuros y penetrantes.

Sus pupilas centellearon como un flash y luego se desmayó.

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DIEZ AÑOS DESPUÉS...

— Estoy nerviosa, Sasuke-kun. —el moreno sujeta su barbilla y acercan sus labios por varios segundos; tomándola desprevenida por completo y haciendo que sonrojara.

— ¡Papá! —grita el niño— No hagan eso en público.

— Suzaku-chan tiene razón. —expresa la pequeña cruzándose de brazos— Eso no es nada romántico.

— ¡No uses "chan"! ¡Tenemos la misma edad! —le recrimina a su hermana arrugando la frente.

— Soy mayor por tres minutos y 46 segundos. Ha~ha~ha~ —la niña saca la lengua y sonríe gustosa.

— Suficiente. —comenta Sasuke. Sus hijos se separan y toca el timbre.

— ¡Mami, mami! —un pequeño no mayor de tres años, ojos lila y cabellera negra corta y algo picuda en la parte trasera aprieta la mano de Hinata— ¿Me cargas? —ella sonríe y se agacha para tomarlo en brazos.

La puerta se abre.

— ¡Hina-chan! —la eufórica rubia la abraza con una gran sonrisa— ¡Hace tanto que no nos vemos! —la peliazul sonríe apenada— Pasen, pasen.

— Mami, ¿ella es la tía Ino? —la rubia toma en brazos al niño de tez blanca.

— ¡Claro que sí, bebé hermoso! ¿Cómo te llamas?

Se... Seiryu. —el tono de voz tan dulce y tímido hace que la rubia sonría.

— Ella es Uzume y él es Suzaku. —Ino los observa.

Mellizos de 9 años, ojos negros como los de su padre y tez blanca. La niña tenía el cabello azul como su madre y el niño como el de Sasuke. Sus miradas eran distintas: Uzume tenía una mirada cálida e inteligente, mientras que Suzaku observaba de manera curiosa y fuerte.

— Bienvenida, Hinata-san. Sasuke-san. —por la parte de atrás aparece un chico de ten blanca y cabellera negra.

— Hola Sai-san. —expresa la peliazul, mientras Sasuke se limita a asentir.

Ya en la sala, se topan con una pequeña de cabellera amarilla y ojos verdosos— ¿Ella es Shinko? —comenta Hinata.

— Buenos días, señor y señora Uchiha. —expresa con respeto y dulzura. Ino baja al pequeño— Mami, el señor Uchiha tiene cara de malo.

— ¡Shinko!

— Nuentra hijita tiene razón. —Sai mira al moreno— ¿Sabes sonreír, Sasuke-san?

¡agh! ¡SAI! —Hinata sonríe a escondidas y los niños se juntan en la sala de estar. El timbre suena y Sai atiende.

Niña, tú no perdiste el tiempo. —acota la rubia mientras la codeaba y guiñaba su ojo. Hinata sonrojó, pero no dijo nada más sobre el asunto— ¿Cómo está tu hermana? —ambas toman asiento en la sala principal.

— Hanabi-chan está en Europa, su gira terminará en un par de semanas.

— La vi el otro día en una entrevista, le queda muy bien el cabello corto.

— Sí. Dice que así se siente más madura. —ambas sonríen.

— ¡Hinata-chan! —aparece Naruto y la abraza por los hombros estando aún sentada.

— Suéltala. —el moreno aparece de la nada y lo golpea en la cabeza con suavidad.

— ¡Tan celoso como siempre, teme! —la suelta y soba su cabeza algo molesto.

— Papá... ¡Papá! —una niña aparece con los brazos cruzados y el ceño fruncido— ¡PAPÁ-TTEBA! —aparece molesta por ser ignorada.

— Perdón, perdón. —rasca su nuca— Ella es Suiren-chan, mi niña hermosa.

— ¿Shion-san no vino? —Naruto sonríe.

— Bueno, ella es algo... —con ademanes al aire no lograba describirla— Dijo que para la próxima será.

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— ¡WOW!¡Gemelos! —exclama la recién llegada.

— ¡SOMOS MELLIZOS! —expresan los niños al mismo tiempo, se miran y luego se dan la espalda.

— Tengo 8, ¿y ustedes?

— Tengo 9 y soy la mayor. Me llamo Uzume. —señala a su hermanito con el pulgar— Él es Suzaku... "~chaaan~"

El niño ignora las burlas de su hermana y le pregunta— ¿Él es el señor Naruto?

— ¡Sí! ¿Por?

— Bueno... papá siempre se refiere a él como "dobe".

— Papá se refiere al tío Sasuke como "teme". —los tres observa a sus padres conversar y agrega Uzume— Deben ser como apodos, ¿no? Como esos que uno pone a los mejores amigos. —la pequeña rubia se eleva de hombros.

A los pies de Suzaku aparece su hermano— ¡Nee-chan!

— ¿Qué sucede, Seiryu-chan? —lo toma en brazos— Me... me... me está molestando. —oculta su rostro en el pecho de su hermano. Voltean y notan a la pequeña Shinko; quien los observa con una sonrisa muy sutil y en su mano un cepillo para el cabello.

Se miran...

... y se miran...

... y se miran.

— ¿Shinko-chan?

— Nee-chan, puedo cepillar tu cabello.

— Claro. —expresa Uzume con una sonrisa, pero Shinko niega y señala a Suiren; quien abre los ojos en asombro.

— El cabello de Uzume-neechan es raro. —su rostro se ensombreció.

— Entonces el mío es más bonito. —comenta con una sonrisa, a lo que Shinko asiente. Suzaku empezó a reír.

— Tiene el cabello como Suzaku-niichan. —Suiren empezó a reír a carcajadas y también se ensombreció el rostro del niño.

— Los "mellizos" Uchiha tiene el cabello igual de feo. —ambos reaccionaron ante las palabras y observaron a la rubia, Suzaku bajó a Seiryu y una extraña neblina morada brillante empezó a cubrirlos

Ella es sólo una pequeña...

... pero tú no.

Comentan como un demonio de ojos rojos y de la nada aparecen en las manos unas tijeras y peines... ¡¿una soga?! Suiren se puso azul.

— Suficiente. —expresa su padre y los mellizos se calman. Desaparecieron los objetos de sus manos y Suiren retrocede unos pasos.

— ¿Tus hermanos son demonios? —le pregunta Shinko al pequeño Uchiha.

— Bueno... actúan igual que papá cuando algún señor habla con mami.

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— ¡Oh! Claro, ella está conmigo. —expresa Ino— Sakura se especializó en medicina interna y Karin en microbiología.

— ¿Y tú, teme?

— Los ingresos de la empresa se duplican cada tres meses, así que estoy mejor que tú.

— ¡¿Ah sí?!

— Así es. —Naruto toma por el cuello a Sai y lo junta en un abrazos forzoso.

— ¡Sai es tan famoso que gano mucho más siendo su representante que tú!

— Pero yo no dependo de nadie.

— ¡Mi hija es más hermosa!

— ¡Y yo tengo tres hijos perfectos! —el rubio aprieta los dientes mientras chocaba miradas con el azabache; que al chocarse se electrificaban.

— ¡Yo tendré cuatro-ttebayo!

— Espero que se parezcan a su madre.

— ¡¿QUÉ DICES, TEME?!

Hinata intenta apaciguar a los chicos, pero Ino la detiene y le dice que los deje y la ayude en la cocina.

— ¿Cómo vas con lo de...? —señala la cabeza.

— Pues... El doctor me dijo que todo está bien por ahora, pero tarde o temprano llegará. —ambas desviaron la mirada— El año pasado empecé a usar lentes estos lentes. —comenta algo melancólica.

— Tranquila, Hinata. —le da una pequeña palmadita en la espalda— Han pasado... ¿cuánto? ¿Once, doce años? —empieza a servir las porciones de arroz — Y recién empiezas a usar lentes.

— Sí, lo sé. Es sólo que una vez que empiece a usarlos empeorará más rá- —le d un coscorrón en la cabeza.

— Tú solo sigue tomando la medicina. —sonríe entre los regaños— Y deja de pensar en ello. Mejor dedícate a verlos crecer y verás que, quizá, lo que dijo el doctor nunca pase. Hinata bajó la mirada por un momento— Tu familia es hermosa, no tanto como la mía, pero son bellos. —la peliazul sonríe— Por cierto... —la rubia se acerca y le susurra— Yo de ti, le pongo un límite a Sasuke-kun.

— ¿De qué hablas?

— Hablo de los niños, por su puesto. —Hinata ladea la cabeza— Yo sé que estar con la pareja y pasar el tiempo en esos jueguitos es divertido, pero deberías tener más cuidado con los embarazos.

— Sasuke-kun dice que quiere una familia grande... —sonroja ligeramente y la rubia queda atónita—... y a mí no me molesta. —sonríe y la rubia la codea de nuevo.

— ¡Picarona~! —Hinata ayuda a colocar los platos y cubiertos, Ino pasa los alimentos.

Hinata observa a las personas a su alrededor. El accidente lastimó sus nervios ópticos en aquel entonces y las secuelas aumentan con el paso de los años. Sus hijos nunca conocerán a sus testarudos abuelos, pero Mikoto los visita cada cierto tiempo con obsequios y mimos; al igual que su tío Itachi, Hanabi y Neji. Tal vez su esposo no pudo estudiar la carrera que quería, pero nada de eso le importa. Ya que al mirar a Sasuke a los ojos, ver crecer a sus retoños, sus amigos con sus familias, sus logros como personas, hacen que su felicidad actual siga creciendo a cada segundo. Ya que por más oscura que sea la noche ahora, la luna y las estrellas le hacen compañía por toda la eternidad.

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Porque, las noches son oscuras,
tan oscuras que parecen no terminar nunca.

Pero la noche no es sólo un manto negro.
Ya que la luna y las estrellas son su eterna compañía.

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~FIN~

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*Uzume: Diosa japonesa de la felicidad, fertilidad y danza. Ayudó a la diosa Amatarasu a salir de su depresión por causa de su hermano Susano'o (si desean saber más, lean sobre mitología japonesa ¡Es súper interesante!)

*Suzaku: Uno de los cuatro monstruos divinos de la mitología china. Representa el sur y tiene la apariencia de un fénix bermellón; además de atribuirle el elemento del fuego y la estación del verano. Itachi tiene este nombre en su anillo de Akatsuki.

*Seiryu: Otro de los cuatro monstruos divinos de la mitología china. Representa el este y tiene la apariencia de un dragón azul; además de atribuirle el elemento del agua y la estación de la primavera. En cambio, este nombre está en el anillo de Deidara.

*Shinko: No significa algo en particular. En realidad quería que sea el mismo Inojin, pero en versión femenina; aunque no quería dejarle el mismo nombre. Así que tomé "InoJIN" y cambié la J por SH para darle un toque más femenino. Podría decirse que, si lo buscan por medio de caracteres y no de katakana (que sería la manera en la que lo "descubrí") sería algo así como Nueva hija. SHIN: NUEVO, KO: HIJA

*Suiren: Nenúfar. Si quieren una descripción detallada, pueden encontrarla en su primer debut "¡S-soy una estudiante, Sasuke-sensei!" xD Es que me gusta reciclar hijos :v

PD: No me gusta poner los nombres de mis bebés creados al azar. :v ¡Investigo! :)


Da-chan: Niñas, niños y extraterrestres. He aquí la finalización de esta fabulosa entrega. :'D

Estoy melancólica. Es uno de mis primeros fics al iniciar en el fandom y que por fin se dé su conclusión es algo lindo y triste al mismo tiempo. -snif snif- Yo estoy muy contenta por haber cumplido la promesa de darle dos finales alternativos a esta entrega. :') No quiero alargarme tanto, porque si no debería hacer un capítulo completo sólo de agradecimientos, pero debo decirles que adoré los "FAVORITES", "FOLLOWS" y "REVIEWS" para este fic.

Espero de todo corazón haya cumplido con las expectativas, porque no fue nada fácil hacer un segundo final, sin que el anterior se vea muy depre. Quería igualdad y creo que lo logre... ¿verdad? xD :/

Espero verlas en las otras historias y que la fuerza del chocolate las acompañe :3 ¡Nos leemos en otro lado! (U-U)/

PD: En algún momento, los dibujaré... Para que sepan cómo me imagino a mis retoños inventados X)


Besos y abrazos en papel... ¡lleno de lágrimas de felicidad!