Sueños, sangre, sal.
Se detuvo.
El graznido de Buckbeack resonó en todo el claro e hizo que alertara todos sus sentidos. No sabía como había llegado ahí, pero tenía la impresión de un deja-vú… Un repetitivo deja vú.
- Regresa… - resonó en su cerebro y el sonido de sus propios pasos fueron disminuyendo. Giró lentamente el rostro.
Lo vio de perfil y la piel de la nuca se le erizó, haciendo que una corriente de impotencia le recorriera todo el cuerpo. Apretó sus dedos en torno a la varita, de la misma forma que su adversario.
Él hizo una reverencia…
Era el momento…
- Tu turno, Potter.
Abrió los ojos impetuosamente, con el sudor corriendo por su frente y cuello. Se sentó tan rápido, que si tuviera la altura de Ron, seguro se hubiese roto la cabeza con el camarote.
Estiró la mano hacia su mesilla de noche, tanteó sus lentes y se los puso.
Observó la habitación minuciosamente. Y cuando su mirada llegó a la misma mesilla de noche, descubrió que el cajón donde guardaba el chivatoscopio brillaba intensamente.
Mierda. Si no había en Gryffindor gente de fiar, ¿entonces donde?
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- Malfoy - graznó Warrington. Draco no se inmutó y siguió comiendo su manzana - Idiota, te estoy hablando - le increpo parándose en frente de él.
- Ya, ¿y?
- ¿Crees que porque aún no estás en las filas te debemos respeto? ¡Oh, créeme, Malfoy! No eres nadie - le susurró macabramente.
- Para ti - le corrigió el rubio, levantándose a su porte - Para el resto, soy el Rey de las Serpientes y para el Señor Tenebroso soy mucho más - agregó, tirando el dátil de la manzana a los pies de Warrington. El chico le miró con odio.
- Cuando te des cuenta de que para el señor Tenebroso no eres nadie, Sino un peón más… ahí no tendrás nada, nada, ni siquiera tu ridícula fama, ni fortuna. Snape te busca. A ver si ahora tu mentor te hace entrar en razón - espetó y salió de la común seguido de dos más.
Draco contuvo una madición. Había ido precisamente a la Sala común de Slytherin para pensar y ahora este idiota le importunaba con sus celos estúpidos.
Camino al despacho de su jefe de casa, las palabras de Warrington con las de la Granger se mezclaron en su cabeza. Lanzó una maldición al aire. ¿Y si era cierto y solo era un instrumento? ¿Y si luego era desechado como el resto?
Tal vez ya era hora de aclarar bien las cosas. Él necesitaba una explicación.
Se merecía una explicación.
Comenzó a caminar más rápido. Pero no contento con eso empezó a correr. Sus pensamientos le martillaban el cerebro, mientras las frases de la gryffindor y las de su compañero se hacían una sola. Ya no veía nada a causa del mareo, tenía los puños fuertemente cerrados y el frío empezaba a calarle los huesos.
Dobló una esquina y lo siguiente que vio… fue el suelo.
- Maldita sea, ¿Por qué no miras por donde caminas?
Genial. De todo el puto castillo se tenía que encontrar precisamente con ella.
- ¿Malfoy? ¡Ey, salte de encima! - Carajo. ¿Es que el viejo imbécil de Merlín le odiaba? Era Granger. La chica que estaba debajo de él era Granger. Hermione Granger. Y movía sus manos frenéticamente para liberarse de él y tal vez, sacárselo de encima.
- Mierda… - No tuvo suerte. La chica se dio cuenta que SI era Draco Malfoy y comenzó a golpearle el pecho débilmente.
Había estado llorando en el baño de Myrtle desde la cena, y se sentía hecha una mierda por las palabras de Lavander. Definitivamente, esa chica estaba cada día más loca.
¡Acusarle de querer sabotear su relación con Ron! ¡ja!
Entonces Lavander se había metido con sus orígenes y ahí sí que había dado en la llaga. Si Hermione hubiese podido le hubiese lanzado un forunculus en ese momento. O un crucio.
- Ya para, Granger… ¡Golpeas como… como una niña!
- ¡Soy una niña, estúpido! - bramó con fuerza y comenzó a mover las piernas. Draco estaba mareado, aún no se había recuperado de todo ese cruce de pensamientos y ahora encima, estaba confundido por las sensaciones que le producían tenerle cerca. ¿Qué cojones le estaba pasando? Se concentró en mirarle fijamente y sujetar sus muñecas para que no pudiera moverse más.
La castaña se rindió ante el forcejeo y dejó caer la cabeza al frío suelo. Él se quedó observando la piel de su cuello y molesto consigo mismo se levantó y la jaló de los hombros con fuerza.
- ¡Imbécil, me lastimas!
- ¡Escucha bien, Hermione, es Urgente! - la samaqueó el rubio y Hermione calló de la impresión.
Primero, la había levantado del suelo, toscamente, pero lo había hecho y segundo, ¿le había llamado por su nombre de pila? ¿Estaba soñando?
- Escucha - repitió y Hermione captó el temblor en su voz. Incluso sentía temblar sus propios hombros bajo la presión de las manos del Slytherin.
- Ahora mismo iré al despacho de Snape. No sé qué quiere hablar conmigo, ¿vale? Pero temo que tenga que ver algo con el Señor Oscuro. Así que…
- ¿Qué? E-eso quiere decir que… entonces... ¿Entonces Snape es…? - tartamudeó en shock, pero Malfoy le tapó la boca con la mano. ¿No podía quedarse callada un momento, por Merlín?
- Cállate. Por primera vez en tu vida, hazme caso. No estoy bromeando, no lo haría con esto… Júrame que no le dirás nada de esto a nadie, ¿ok? - le miró, tratando de ser intimidante pero los ojos de Hermione no reflejaban miedo ni mucho menos desconfianza. Al contrario, Draco no supo como calificar esa mirada... ¿era profunda, y comprensiva? ¿Eso era comprensión?
Recordaba haber visto esa característica en los ojos de su madre. Cuando Lucius le prohibía salir a jugar como los otros niños y Narcissa corría a abrazarle y a contarle cuentos inventados… adecuados a su época…
Narcissa…
- ¿Mhadffooy? - el "llamado" de la chica le hizo volver al presente y cayó en la cuenta que aún tenía su mano tapándole la boca. Le soltó.
- Bien, ¿lo juras? - Hermione respiró hondo y habló lentamente.
- Solo si me prometes… Solo si me juras que cuando regreses a la torre me contarás… me explicarás todo.
Malfoy estuvo a punto de reírse.
¿Ella dándole ordenes? ¿imponiéndole condiciones? ¡Era una sangresucia!
"La única persona en Hogwarts en la que confías, además de Snape", resonó en su cabeza.
Mierda.
- Vale, lo prom… - Hermione entrecerró los ojos ante su escape - De acuerdo, lo juro - se rectificó y la muchacha sonrió tenuemente - Si te encuentro despierta, te lo cuento hoy, ¿vale? Ahora, tengo que irme - y le soltó totalmente. Pero Hermione le sujetó de la muñeca y lo hizo volver hacia ella.
- Una cosa más: ¿Por qué me lo cuentas a mí?
- ¿No puedes conformarte con la información? - preguntó él, zafándose de su agarre. Hermione no se sintió dolida. Ya estaba acostumbrada a él.
- Sabes que no me quedaré tranquila hasta que regreses de tu reunión oscura - bromeó ella y como Malfoy adquirió un color paliducho, se apresuró a aclarar - Estaba bromeando, pensé que tenías sentido del humor…
- Ya, no le pillo ni puta gracia. Hablo en serio… Lo pensé. Pensé lo que me dijiste y lo pensé bien. Tienes razón, por primera vez lo admitiré. Cierra la boca, Granger… - En efecto, Hermione tenía la boca abierta. Se apresuró a cerrarla, un poco sonrosada - No tengo ninguna garantía, ni ninguna opción… Tengo que ver los pros y los contras de este trato… porque como dijiste, puede que hasta mi madre salga herida… y yo…
- Siempre hay opción. Ve y luego… luego hablamos - Malfoy asintió y se dio la vuelta raudamente y echo a andar a grandes zancadas hacia el despacho de Snape.
Hermione se quedó ahí recostada en el muro, viéndole irse. Se escurrió hasta el suelo y se tapó el rostro con las manos.
Esta conversación… esta confianza que le estaba dando Draco Malfoy… Si jugaba bien sus cartas podría sacar información de los planes de Voldemort.
Podrían ganar la guerra y Harry sobreviviría.
Pero no podía decirle a nadie aún, no. Tenía que ganarse la confianza completa de Malfoy. Se callaría por el momento y cumpliría con su palabra.
Cerró los ojos, respirando hondo. Por más ridículo que pareciera… su encuentro con Malfoy no pudo ser más oportuno. Le había dado una esperanza, y había subido su buen humor, luego de la pelea con Lavander.
Recostó su cabeza en la fría piedra y en contacto con su cráneo caliente, le produjo la sensación más placentera que alguna vez haya experimentado.
Y así la encontró George: sentada en el suelo, con los ojos cerrados y una leve sonrisa en los labios.
Algo se movió dentro de él, un impulso, el de acercarse y besarle suavemente. Sí, lo deseaba desde hace mucho. La quería y le gustaba verla cada vez que podía.
Por eso había accedido a visitar Hogwarts y Fred lo sabía.
Se arrodilló frente a ella y Hermione, al sentirle, abrió los ojos, y al encontrarse con su mirada escrutadora le sonrió y le preguntó qué hacía allí. Él evadió la pregunta y se sentó a su lado.
- Me enteré de tu pleito con Lavander.
- Está loca, yo nunca pensaría en quitarle a Ronald - frunció el ceño ella, negando con la cabeza - ¡Si solo somos amigos! - exclamó y George sonrió imperceptiblemente.
- Gracias a Merlín… - susurró, pero Hermione pudo escucharle y antes que pudiera preguntarle qué quería decir, él le cortó - ¿Qué te parece si vamos a dar un paseo al lago? Es divertido lanzarle comida al calamar gigante.
- De acuerdo - aceptó ella - Pero que sepas que tus trucos de seducción no funcionan conmigo - bromeó y se levantó del frío suelo, empezando el camino al vestíbulo. La sonrisa que se dibujó en el rostro del pelirrojo minutos antes, se borró automáticamente. Ella aún no entendía.
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- Deberías decirle a Lavander que se controle cada vez que Hermione te habla - le aconsejaba Harry al pelirrojo. Estaban jugando ajedrez. El pelirrojo asintió con la cabeza, dio la combinación a las fichas y miró ahora a su amigo.
- Si, lo haré. Creo que se está… sobrepasando. No me gusta que sea muy celosa.. Pero, tienes que admitir que Hermione a veces se porta muy extraño… como la vez de la biblioteca..
- No, Ron. Ella no es… ella no quiere… nada contigo en el aspecto amoroso - Ron levantó la cabeza hacia Harry, asombrado de su declaración.
- ¿Y tú como sabes eso? - preguntó, en un tono borde. Harry enarcó una ceja y rodó los ojos, suspirando.
- Desde que sales con Lavander pasamos más tiempo juntos… y conversamos mucho, Ron. Y no es necesario preguntárselo. Lo sé, ella tiene otras cosas en la cabeza, muy diferentes a… "arrebatarte de los brazos de Lavander" - citó el moreno, dejando de lado el juego y concentrándose en lo que le decía a Ron - Deja las cosas como están, y date una oportunidad con Lavander… Las cosas que… Hermione y tú sentían ya no son las mismas. Ambos han cambiado. Ella… ella ya no es la misma adolescente de antes…
- ¿A qué te refieres? - se sobresaltó el pelirrojo, mirándole con reproche - ¿Te gusta Hermione, o qué? - Las palabras se le escaparon de la boca, sin pensar. Harry se dio cuenta de ello, por eso mejor intentó calmarse. Sin embargo, Ron se levantó, tirando el tablero en el trayecto. Harry se puso nervioso. No le podía estar pasando esto…
- La quiero, Ron. Es mi mejor amiga, es cierto, pero nunca la vería como… - pero en ese momento, vio entrar a Ginny por el retrato y todas las palabras se le atragantaron en la garganta.
Ron siguió la trayectoria de sus ojos y su furia aumentó. Ginny les sonrió, pero pasó de frente a su habitación. Harry despertó de su embobamiento cuando el puño de Ron se estampó en su pómulo. Cayó al suelo, sorprendido y confuso por la actitud de su amigo. No obstante, antes de que pudiera levantarse por completo, la melena castaña de Hermione se interpuso entre ellos, recibiendo el segundo puño de Ron.
Inmediatamente, Harry supo que Ron estaba fuera de sus casillas y que se arrepentiría por ello toda su vida.
Por eso, en frente de media sala común reunida ahí para presenciar la pelea, empujó a Ron hacia el sofá, con toda la fuerza que pudo. Dejó a Hermione con Neville, que estaba a su costado, ayudándole a levantarse. La chica, tenía una mano en el rostro. Harry actuó rápido: cargó a Hermione, que estaba en shock, y la sacó de la Sala común entre el griterío de ésta.
Cuando ya estuvieron más o menos lejos, la bajó y le observó el rostro. La chica tenía los ojos acuosos, pero no había soltado ninguna lágrima a pesar del feo golpe en el pómulo. Eso le preocupó.
- ¿Herms..? ¿Estás bien?
- Ya estoy acostumbrada al dolor, supongo - le susurró ella, tratando de bromear, quebrándosele la voz en el trayecto. Harry la acercó a su pecho, consolándole - Ha cambiado tanto… - sollozó ella, suavemente.
- Estaba fuera de sí… - le justificó Harry, haciendo que la castaña llorara audiblemente. El chico comenzó a acunarle, a balancearse de atrás a adelante, tratando de tranquilizarle.
Le asustaba su forma de tomar las cosas, ella no estaba equilibrada psicológicamente. Entendía lo que estaba sintiendo: había perdido a sus padres, prácticamente y ahora luchaba entre entender a Ron o descargar toda su tristeza y furia reprimida contra él.
Ella continuó en ese estado, cerca de unos minutos, hasta que los alumnos comenzaron a transitar por ese pasillo, a mirarles extraño y entonces, por iniciativa propia, ella se soltó, se secó las lágrimas, levantó junto con Harry y caminó hacia otro pasillo. Harry le siguió, lo menos que quería era dejarle sola. Pero ella no le dejó, se detuvo y le miró fijamente.
- Ve a la Sala y tranquiliza a Ron - le dijo, soltándose. Harry negó con la cabeza y le sostuvo de los hombros.
- Necesitas a alguien que te escuche… Déjame ayudarte, Herms… - pidió él, pero ella negó con la cabeza, bajando los ojos al suelo.
- ¡No! Ya no quiero causarle problemas a nadie.. Vete, vete antes de que te castiguen por mi culpa.
- Te acompañaré hasta la torre, y no dejaré que te cierres en ti misma..
- Harry, ya estoy bien, te lo agradezco, en serio pero… ¡entiende que quiero estar sola! - exclamó, haciendo que Harry retrocediera. En cuanto se dio cuenta que le había gritado, Hermione sollozó y se disculpó entre hipidos.
- No te preocupes, estoy bien… pero tú no. No te dejaré, las mujeres son así de tercas, cuando dicen que no, es sí - comentó, tratando de animarle. Hermione sonrió, pero a duras penas. Harry le apartó el cabello de los ojos y le hizo avanzar - ¡Vamos! Te llevaré a la enfermería…
- ¿y qué le dirás a Madame Pomfrey cuando te pregunte que me pasó? - preguntó ella, obedeciendo. Harry sonrió, ampliamente.
- Desde cuarto, Madame Pomfrey ya no me pregunta las causas de mis golpes, Hermione. Si vas conmigo, toda cobra sentido para ella, ¡ya verás! - le guiñó un ojo.
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Cuando Draco llegó a la torre, pensaba en encontrar a Granger en el sofá, ansiosa por su declaración pero no. Ella no estaba ahí.
Pensó que tal vez había subido directo a su habitación, olvidándose de su trato, pero luego se dio cuenta que H..Granger nunca, NUNCA se olvidaría de ese tipo de trato.
Igual él no tenía ganas de ir a contarle lo que había hablado con su mentor. Sin embargo, él no le había prometido algo, se lo había jurado. Y un Malfoy, desafortunadamente, nunca faltaba a su palabra.
Así que pasó primero a su propia habitación, sacándose la corbata en el trayecto y dejándola en la cama, encima de la cubierta de satén verde. Recogió un objeto pequeño de su cómoda y salió nuevamente, en dirección al cuarto de la Gryffindor.
Decidió que sería un poco educado. Así que pateó la puerta, mientras su estado de ánimo decaía notablemente.
Los planes del Señor Oscuro para con él eran los mismos. Él tenía que ser obediente y convertirse en su seguidor a cambio de la seguridad de Narcissa. Su padre se sentía orgulloso, sí. Pero él no estaba nada contento con el trato. ¿Y si cometía un error y el Señor Tenebroso se vengaba haciéndole daño a su madre?
Entonces le había pedido ayuda a Snape. Su profesor asintió, y le sugirió que tomara una que otra clase de Oclumancia, para proteger sus miedos de Voldemort. Draco había dudado pero al final había cedido, todo por proteger a su madre. Snape solo pidió algo a cambio: lealtad a él. Malfoy se lo juró. Y pudo ver en los ojos del mestizo una llama de victoria encendida.
Salió de su ensoñación y pateó la puerta una vez más.
Nada sucedió.
Seguro que la sangresuc.. Granger no le contestaría si seguía pateando su puerta, así que probó a tocar la puerta con los nudillos, fuertemente.
Nadie salió a abrirle la puerta.
Pegó su oreja a la madera pero no escuchó nada. Supuso que se había quedado dormida; entonces, conteniendo una mueca de satisfacción, abrió la puerta de una patada.
No había nadie.
La cama estaba hecha, las cortinas despejadas. No había libros en su escritorio, por lo que ella no podría estar en el baño. De todos modos, caminó hasta el servicio pero no le encontró. Frunció el ceño, furioso.
¿Cómo se atrevía a irse a hacer vaya-a-saber-Merlín-que-cosas y dejarle ahí plantad…No, no. 'Plantado' era una palabra muy larga. Dejarle tirado sonaba mejor. Sí.
¿Dónde demonios estaría la chiquita ésta a estas horas de la noche?
Se sentó - "lanzó" describiría mejor la acción - en la silla frente al escritorio de caoba y hojeó unos cuantos libros.
Viente minutos después, bajó los pies del escritorio y se levantó, hastiado del ambiente "made-in-gryffindor" de la estancia. Caminó hasta la puerta y antes de salir por completo, sacó de su pantalón el objeto que había recogido de su habitación y mirándolo con desprecio, lo lanzó a la cama de la chica. Éste rebotó pero Malfoy no tuvo tiempo de verlo, ya había salido sin preocuparse por cerrar la puerta.
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Hermione regresó bien entrada la noche a su torre. Harry le había llevado a rastras a la enfermería y después de alegar un golpe con un libro rebelde de la biblioteca, la enfermera le había proporcionado, no sin cierto recelo, una pomada para el moretón. Cuando la mujer comenzó a quejarse del poco cuidado de los alumnos y a darle las pautas para que el dolor pasara, Hermione se desligó de la conversación y se dedicó a examinar sus manos, como si fuera lo más interesante en la habitación. Harry sabía que ella no estaba escuchando, por lo que él fue el que prestó atención a las indicaciones de Madame Pomfrey, y en el momento en el que ella hubo terminado de hablar, jaló a Hermione del brazo y la hizo avanzar hacia la salida.
Le sujetó de la cintura, sabía que ella no tenía fuerzas, y que este era uno de esos días en el que ella recordaba todo lo malo que le había ocurrido hasta ahora. Hermione agradeció con una sonrisa su silencio y se alegró de que por lo menos Harry si siguiera siendo el mismo de antes.
Cuando dio la contraseña al cuadro familiar, y la sala le recibió calurosamente, la conversación que había tenido con Malfoy regresó de golpe a su cabeza y se palmeó la frente por su distracción.
Claro, le daban un certero puñete en el pómulo y ella solo se preocupaba en la información que le iba a dar, supuestamente, su antagonista rubio.
Caminó con lo último que le quedaba de fuerzas y a duras penas llegó hasta su habitación. Gracias a Merlín encontró la puerta abierta, por lo que solo tuvo que empujarla para hallarse conforme. Se arrastró prácticamente a su cama y cuando al fin estuvo encima de ella, estiró sus músculos agarrotados y sacándose los zapatos con los talones, como era su costumbre, cerró los ojos completamente.
Ya en medio de su sueño profundo, sentiría un dolor punzante a la altura del pecho, dolor que luego ignoraría debido a su extremo cansancio.
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Ni bien entró a la sala común el silencio inundó sus oídos.
Sabía que esto ocurriría.
No todos los días el trío dorado se agarraba a golpes en medio de la sala, ni mucho menos sin una razón aparente.
Harry tampoco entendía porque Ron le había golpeado. Pero se hacía una idea.
El tema era Hermione y los celos de Ron. A pesar de que estaba seguro que su amigo ya no se sentía lo mismo por la castaña, Harry entendía que el pelirrojo se sentía algo celoso por su relación con la chica.
Harry la amaba, sí, pero no en un sentido amoroso. Ella era la chica que más cerca había estado cuando él había necesitado ayuda, la que había creído ciegamente en él, la que le había proporcionado todos sus conocimientos en la búsqueda de los Horcruxes. La que había arriesgado su familia con tal de ayudar en la guerra, sin presiones, sin correr riesgos.
Tenía la leve esperanza de que esta situación se mejorara. Él no le guardaba rencor a Ron, por haberle golpeado, pero sí que estaba dolido por el golpe a su amiga. Estaba seguro que el Weasley estaba arrepentido. En cuanto a Hermione, ellos siempre se habían peleado, pero esto había pasado las barreras de la inmadurez. Ahora había algo más serio. Había dolor.
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¡Hola!
Sé que les he tenido abandonados.. Lo siento.
Muchas gracias por seguirme, no saben lo gratificante que es llegar y ver sus comentarios y Favoritos :)
¡Miles de gracias, prometo que publicaré pronto!
Un beso, atentamente. MBW
