Elección
Despertó con un dolor inmenso en el pecho.
Se incorporó pero al instante tuvo que recostarse de nuevo, rodando al otro lado de la cama. Se llevó una mano al pecho y la marca de una hendidura en él, le extrañó. Desvió su mirada a su anterior posición y encontró el libro que había perdido hace algunos días.
¿El libro que había perdido? ¿Y qué hacía ahí?
Había buscado por todos los lugares posibles, en todos los que había estado ese día, hasta en su propia habitación y no, no lo había encontrado ahí. Además, estaba completamente segura que no había subido con él.
Se llevó una mano al rostro, totalmente confundida y enseguida gimió de dolor.
Había olvidado el incidente del día anterior.
Al recordar todo, la piel se le escarapeló. Paso a paso, como la receta de una poción, estaban ahí: las palabras, los gritos, el golpe, el suelo, el silencio.
Y su propio llanto.
Contuvo las nuevas lágrimas, tratando de convencerse a sí misma que ya era suficiente. Todo ese curso estaba hecha una Magdalena, y para evitar todo su dolor, se levantó rápidamente para alistarse.
Tenía que serle útil a Harry. Agradecerle de alguna manera. Ese día buscaría información de Voldemort.
Al salir, volvió a recordar lo que Malfoy le tenía que decir, pero en esos momentos, francamente, le importaba muy poco lo que el rubio hurón le iba a inventar.
Su primera clase era Pociones y ya llegaba algo retrasada.
Claro, ir retrasada para Hermione Granger era llegar 5 minutos antes de que la clase comenzara.
Apenas doblaba por el recodo que daba a las mazmorras cuando se encontró con Harry esperándole, apoyado en la pared. Le sonrió. El chico se le acercó y le examinó el rostro. Para cualquiera que no estuviese al tanto de lo ocurrido, tomaría el gesto del Potter como una apasionada caricia. O bueno, así lo interpretó Malfoy.
- ¿Ya estás mejor?
- Como nunca - volvió a sonreír la chica. Harry hizo una mueca, y le ofreció su brazo al caminar - ¿Has hablado con Ron?
- No - respondió rotundamente el joven. Dándose cuenta luego de su poco tacto, suavizó su expresión - Creo que es mejor que se le pase el enojo. Ya luego me arreglo con él, no te preocupes, Herms.
El cerebro del escondido Malfoy comenzó a trabajar rápidamente.
¿Caricia-Potter-Granger-Weasley-enojo?
¿De verdad, el Potter tendría una relación con la sangresucia?
Ya en el aula de pociones, observó que el Weasley se había sentado lejos de los otros dos, con Finnigan y Thomas. El cara-rajada y la Granger se sentaron en el otro extremo, con Longbottom.
Snape también se dio cuenta de lo extraño de la situación y aprovechó para burlarse acerca de ello durante toda la clase.
No hubo ninguna explosión proveniente de Gryffindor así que, minutos antes de que acabara su clase, se apresuró a bromear con el tema.
- ¿Qué pasa hoy, eh? ¿No va a haber ninguna detonación de su parte, Sr. Longbottom? ¿Y porque el trío más unido de Gryffindor se ha separado hoy? Esto debe anunciar sin duda alguna tragedia griega…
Malfoy, sentado en la banca aledaña a la de Granger, observó como la chica tomaba la mano del Potter por debajo de la mesa y le daba un suave apretón.
El rubio apretó los dientes con fuerza y al ser presa de su incomprensible cólera, 'dejó caer' un tubo de ensayo.
Pronto, todas las miradas se concentraron en él. Draco levantó la mirada hacia su profesor y antes de que éste pudiera decir algo, la voz del sucio pobretón Weasley se hizo escuchar.
- Bien, ahí tiene su estruendo maravilloso - dijo, y el aula estalló en leves risillas por parte de las chicas. Hermione empalideció, sabiendo que esto generaría otro problema para su amigo pelirrojo. Apretó un poco más la mano de Harry, ahora más para calmarse ella misma.
- Ya me extrañaba que no saltara, Sr. Weasley. ¿Tiene algo que hacer hoy en la tarde, eh?
- Entrenamiento - musitó entre dientes el chico.
- Bueno, estoy seguro que su amigo Potter le disculpará por hoy - dijo, caminando hasta el pupitre del pelinegro y mirándole a los ojos - Porque hoy tendrá que limpiar los servicios del primer piso, sin-magia. ¿No le importa, verdad Potter?
- En lo absoluto - contestó el chico, y Malfoy vio, con más rabia incluida, como la castaña enterraba sus uñas en la mano de su amigo. Snape entrecerró los ojos y gracias a Merlín que sonó la campana porque era seguro que tenía ganas de imponerle una detención a él también.
El primero en salir fue el mismo profesor. Hermione soltó la mano de Harry para guardar todas sus cosas y de paso las de su amigo, porque el Potter no tenía la menor intención de moverse. Su mirada verde-esmeralda estaba clavada en la nuca de Ron y Hermione sabía muy bien que el enojo les duraría un par de días más de lo esperado.
No se necesitaba ser muy inteligente para darse cuenta de ello.
Se levantó y jaló de la manga a Harry para que él hiciera lo mismo, y él accedió pero solo para caminar hacia Ron y voltearle hacia él.
- Tenemos que hablar.
- Yo no tengo que hablar nada contigo, capitán - le espetó el pelirrojo, saliendo del aula y empujándole en el trayecto. Harry torció la boca pero le siguió, tomando su mochila.
- Ron… - susurró Hermione, antes de que el pelinegro pudiera volver a hablar.
- Contigo sí puedo hablar - dijo el chico, deteniéndose a mirarle. Hermione abrió la boca de la impresión. Miró a Harry y luego a Ron. El moreno le hizo un ademán con la mano, indicándole que podía avanzar si quería. Ron levantó el mentón con orgullo, esperando la decisión de la castaña.
¿Le estaban haciéndole elegir entre los dos?
Hermione agachó la cabeza, jugando con la correa de su bolso, sin saber qué hacer.
Quería arreglar las cosas con Ron, volver a ser amigos, los mismos de siempre, pero no podía irse con él y dejar a Harry que le había ayudado a reponerse, que sabía todo lo que le pasaba.
¿Por qué se la hacían tan difícil? ¿En qué momento y bajo qué circunstancias su amistad se había resquebrajado? ¿Por qué justo ahora?
Harry respiró hondo. Sabía lo que Hermione estaba pensando justo ahora. Y no era justo que le hicieran elegir entre los dos. Era… infantil.
Contuvo todo su orgullo Potter y con los labios apretados, avanzó hacia adelante, decidiendo por su amiga. Pero ella le detuvo, tomando del brazo.
Ron bufó, pero la chica también le sujetó de la manga, solo que éste se soltó bruscamente. El gesto le dolió más que el puñete en su pómulo. Harry lo notó y de no ser porque Hermione estaba en medio de los dos, tiraba al Weasley al suelo.
- No hablaré con ninguno de los dos, hasta que se comporten como hombres maduros - dejó escapar la chica. Ambos voltearon a mirarle, asombrados.
- Hermione…
- Déjame hablarte..
- Escucha…yo…
- Puedo explicártelo..
- No hablaré con ninguno de los dos hasta que maduren - repitió la chica y en su voz no había ningún rastro de inseguridad. Ron tragó en seco y miró a Harry. El Potter se dio la vuelta y se perdió por un pasillo, demasiado confuso como para seguir ahí.
- Herms… - intentó el pelirrojo, pero la castaña recogió su bolso del suelo y avanzó hacia - seguramente - la biblioteca. El Weasley, sintiéndose idiota derrepente, pateó la armadura que tenía a su costado y caminó hacia el gran comedor, con la rabia impresa en el rostro.
Un espectador mudo, oculto tras una casi-desbaratada armadura, salió de su escondite y tomó el rumbo que había seguido la castaña.
Era tiempo de obtener algunas respuestas.
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Cuando escuchó la resolución de Hermione, entendió que se estaban comportando como críos, y que aunque le doliera estar separado de ambos, éste era el mejor momento para comenzar su investigación y búsqueda de Voldemort. Solo necesitaba encontrar a Nagini y a su dueño. Así que subió a la oficina de Dumblendore y después de probar con infinitas contraseñas (No se le ocurrían muchas, pues el que estaba al tanto siempre de las golosinas era su ya no tan amigo Weasley), consiguió entrar.
Ya adentro y luego de saludar a Fawkes, que al juzgar por su tamaño recién renacía de sus cenizas, le comunicó al director su determinación.
- ¿Estás seguro, Harry? - le había preguntado su mentor.
No. No estaba seguro.
¿Cómo sentirse seguro si no tenía el apoyo de ninguno de sus amigos?
- Estoy más seguro que la última vez que me lo preguntó. Quiero acabar con Voldemort. Le mataré - afirmó, y Dumblendore detectó, con cierta tristeza, como los ojos de Harry se oscurecían de tanto en tanto, corroborando su decisión.
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Patético. Si. Así se sentía.
Se sentía una mierda, un ser ruin y despreciable.
Se había dejado llevar por unos celos que no tenían ni pies ni cabeza, como le había dicho su hermana Ginny.
Harry y Hermione eran solo amigos. Y al él no debería de importarle si es que eran algo más que eso, porque él ya estaba con novia.
Y además, porque ya no gustaba de Hermione. ¿o sí?
Su hermana, que era la que debería estar celosa, se había mostrado incómoda al principio, pero luego le había hecho ver que tanto Harry como la castaña eran demasiado nobles como para engañarle.
Entonces se había dado cuenta que no le había golpeado porque le gustara Hermione, sino porque había mirado embobado a Ginny. La sola idea de que estuviera jugando con las dos le Enfurecía.
Tenía que hablar con Harry.
Aun no estaba seguro que le iba a decir pero tenía que hacerlo. No obstante, cuando llegó al campo de Quiddich y no le encontró volando como había supuesto, su cerebro se nubló.
Ya no sabía dónde buscarle. Ya le había buscado en la común, en el gran comedor, en su próxima clase y hasta en el baño de los prefectos, donde se había cruzado con sus hermanos, que le habían atiborrado de preguntas. George se había mostrado muy frío con él y cuando comenzó a explicarle a Fred lo que había pasado con Hermione, el otro gemelo se había levantado y había justificado ir a las cocinas, dejando a Ron con otra duda más por aclarar.
¿Dónde cojones se habría metido? ¿Con quién? ¿A quién preguntarle?
Cuando vio a su respuesta caminando hacia el interior del bosque prohibido, su sonrisa se ensanchó, dándole una nueva esperanza y comenzó a correr en dirección al lugar encantado.
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Le había seguido lo más sigilosamente posible y aun así la sangresucia se había dado cuenta de su presencia.
Ahora, en uno de los innumerables pasillos que daban a la biblioteca, Hermione le miraba fijamente, con el mentón hacia arriba, desafiándole.
- ¿De quién te escondes, Granger?
- ¿Por qué me sigues, Malfoy? - le preguntó en respuesta. Malfoy sonrió, realmente sonrió, dejando a Hermione muda del asombro. Era una verdadera sonrisa pero que lo fuera no le quitaba su presunción marca Slytherin.
- Nunca se responde con otra pregunta, ¿Es en serio, los impuros no tienen modales?
- Ya te lo dije, solo los mostramos con quienes verdaderamente valen la pena - precisó la muchacha, haciendo que Malfoy sonriera más ampliamente. Hermione frunció el ceño, confundida.
- No te hagas la fuerte, Granger, por Merlín - le dijo, en un tono que estaba muy lejos de ser amical. A Hermione le sonaba a desprecio y a chacota - Te acabo de escuchar: estabas sollozando.
- Créeme, no era porque extrañaba tu presencia, Draco - le provocó, haciendo gran énfasis en la última palabra. Malfoy fijó su mirada en los ojos chocolate de la chica y se acercó tan rápido que ella apenas pudo retroceder hasta la pared. El contacto de los fríos dedos de Malfoy en su cuello escarapeló el cuerpo de la muchacha. Hermione exhaló, sujetando la mano del rubio, intentando aflojar el agarre.
- Estás sola. Esta vez ni Potter ni Weasley, te van a salvar ¿Lo sabes, no?
Hermione asintió, consciente de que era mucho más doloroso escucharlo que sentirlo. El sufrimiento era peor si la persona que recriminaba tu soledad era tu enemigo, un enemigo que para variar se divertía disfrutando tu dolor. ¿o no?
Hermione tuvo serias dudas cuando vio a Malfoy llevar una mano a su rostro y limpiarle una lágrima. Ahora, el contacto le quemó y tal vez fuera porque, coincidentemente, el líquido salino vagaba por la mejilla donde había recibido el impacto de Ronald.
Los dedos de Malfoy le hicieron sobresaltar y él, confuso y aun más sorprendido que ella, observó con un agudo dolor en el pecho como el rictus de la castaña se arrugaba de dolor.
Al secar sus lágrimas se había sentido él mismo. No sabía cómo explicar esa sensación, pero sentía que se le comprimía el pecho. Había recordado como había limpiado miles de veces, aún siendo un niño, las lágrimas de su madre…
Pero lo que no recordaba era el motivo de su llanto. Nunca recordaba ese detalle. ¿Por qué nunca recordaba los detalles?
Draco aflojó su agarre y retrocedió un poco, decidido a retirarse, todo humillado, pensando que la chica le tenía asco y un odio descomunal. Sin embargo, lo que la pomada había dejado al descubierto le frenó.
A la luz del sol, que entraba por una de las ventanas del pasillo, captó un leve color azulino en el rostro de la chica. Abrió los ojos, asombrado, y se acercó solamente para comprobar su suposición.
- ¿Quién…? - preguntó, pero su propio cerebro le dio la respuesta.
Y todos los sucesos de la clase de pociones tomaron sentido. La chica abrió los ojos, horrorizada.
¡Malfoy había entendido todo!
- Espera, ¡te han golpeado! ¿Potter… Potter está molesto con Weasley… porque te pegó? - Hermione se llevó las manos a la boca, conteniendo sus lágrimas ante la verdad de la situación. Escucharlo, sin duda, era mil veces peor que sentirlo. Malfoy se llevó las manos al cabello y comenzó a caminar en círculos, mientras que Hermione se deslizaba hasta el suelo, presa del llanto. El cerebro del rubio seguía maquinando a gran velocidad, uniendo frases - ¡Ese maldito hijo de perra te pegó! ¡Y tú quieres que sigan siendo amigos! ¿Eres imbécil acaso?
- ¡Fue un accidente! ¡No lo hizo a propósito!
- NADIE, escúchalo bien, Granger, ¡NADIE golpea a otra persona por accidente! ¡Y no sé si eres o lo suficientemente noble o demasiado estúpida para perdonarle por haberte hecho semejante bajeza!
Él más que nadie había sido testigo de la vez que su padre le levantó la mano a Narcissa. Ella había callado de un solo golpe, y el sollozo y rugido que se escuchó luego fue el de Draco, al acercarse para socorrer a su madre. Pero Cissy le había dicho que 'todo estaba bien' y aunque tenía todas las ganas de levantarle la mano a su padre, Draco se tragó su orgullo y abrazó a su madre entre escurridizas lagrimas de impotencia.
¿Detalle? ¿Para qué más detalles?
- ¡No quiso hacerlo! ¡él no..!
- ¡Y sigues defendiéndole! No te entiendo. ¿Porque eres tan… tan… tonta? ¡Te está haciendo daño!
Daño. Daño así como su padre le había hecho daño a Narcissa. Ahora comenzaba a entender todo, todas las noches en vela… Cuando su madre había ido a dormir en su habitación, con la excusa de vigilar su sueño; cuando había 'bajado por un vaso con agua' en vez de ordenárselo a un elfo; cuando se acostaba en su cama para "comprobarle la fiebre"…
- ¿Y que sabes tú de daños irreparables? ¡Me has insultado todos los cursos, riéndote de mi condición de sangre sin importar lo que yo sintiera! - exclamó la chica, haciéndole volver al presente. Draco contuvo un taco entre dientes y habló con voz calmada.
- Es diferente. Porque yo no me hice amigo tuyo. Yo no prometí seguirte, no prometí cuidarte, ni mucho menos quererte, ni te pinté ilusiones… - Todo lo decía tomando de referencia las promesas que suponía que su padre le había hecho a su madre. ¿Por qué aún así nadie le había defendido? - ¿Por qué Potter no le ha dado su merecido?
- Harry… Harry tiene ya demasiados problemas encima - objetó la muchacha, observando sus manos como si fueran lo más importante del lugar. Los zapatos lustrosos y caros de Malfoy iban y venían de un lugar a otro.
- ¡Se supone que tú eres su amiga! - estalló de repente.
- ¡Deja de restregarme en la cara que mi amistad con ellos está desmoronándose! - le gritó ella, fuera de sí. Malfoy le volteó a mirar. Seguía tirada en el suelo, cual muñeca de trapo y respirando agitadamente.
- Vale, no te diré nada más - dijo, después de un gran rato, ya más sosegado. De todos modos, él no tenía por qué preocuparse por una Hija de Muggles. Hermione asintió y recogió su bolso.
Lo más cercano a una conversación civilizada con Malfoy, genial.
Era extraño, como si hubiesen hecho una tregua en donde él y ella pertenecían al mismo mundo, donde podían compartir los mismos dolores y hasta pensamientos… por un tiempo limitado, claro.
- Gracias y si no te importa, tengo que irme.
- NO - le cortó él, sujetando el bolso de algodón. Hermione le volteó a mirar confusa.
El chico soltó el bolso y le miró, fastidiado.
Necesitaba respuestas. YA.
- Desgraciadamente, aún tengo que contarte lo de Snape… ¿o ya lo olvidaste? Si es así, mejor para mí - Hermione bufó, haciéndole saber que si lo recordaba - Seguro vas a ir a ofrecerle la otra mejilla al pobretón. Típico de una sufrida, claro.
- Me lo juraste, Malfoy - le exigió ella, ignorando su último comentario. Tanta amabilidad de Malfoy ya era extraño.
- Y lo cumpliré, Granger. Y como quiero librarme cuanto antes de la ridícula promesa te lo diré. Pero justo ahora. Porque más tarde saldré con Pansy.
- ¿Ahora? ¡Dentro de media hora tengo clase!
- Ese no es mi problema.
- Bueno, pues puedes quedarte con tu información y metértela por…
- ¡EH! Cuidado con lo que dices, Granger. Cuidadito - le retó el chico, blandiendo un blanco dedo frente a ella.
- Tus amenazas me tienen sin cuidado, querido Malfoy. Te agradezco por tu 'repentina' preocupación por mí, de todos modos - le espetó, entrecerrando los ojos hinchados. El chico le fulminó con la mirada. Ya era tiempo de que se odiaran de nuevo. La tregua se había roto.
Hermione pasó por su lado, y el rubio pudo notar como parecía que llevaba todo el peso del mundo en los hombros. Todo el peso de SU mundo.
La tregua se había roto.
Si, hasta nuevo aviso.
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- El trato está hecho, Dumblendore.
- Bien, muchas gracias Severus… ¿el joven Malfoy no puso peros?
- En cuanto le expliqué la situación aceptó sin dudarlo. No te equivocaste, no tiene vocación.
- No, no la tiene. No es como su padre. Es cierto, tiene una mal orientada idea del bien, pero Narcissa le ha sembrado la semilla del verdadero camino. Solo necesita un pequeño empujoncillo - dijo, acercándose a la ventana que daba al hall. Desde ahí se podía ver a todos los jóvenes que corrían a sus clases, presurosos, confundiéndose entre pasillos. Podía ver el campo de Quidditch y parte del bosque Prohibido. Podía ver a un punto solitario detenerse en el campo de prácticas - Aunque no sé aún si el joven Malfoy esté dispuesto a arriesgarse tanto. ¿Crees que es capaz de sacrificar todo lo que cree saber para sobrevivir a estos tiempos? ¿Crees que el amor por su madre le facilite el camino, le ayude a cumplir con nuestro propósito? Ojala que el 'empujoncito' coopere, también y rápido - susurró, haciendo que Snape frunciera los labios hacia afuera, en un gesto de incomprensión. El viejo hombre le volteó mirar, sonriéndole aunque el otro estuviera completamente desubicado. Dumblendore se acercó a la mesa y se sentó, suspirando audiblemente - Tal parece, Severus, que el empujoncito necesita 'un incentivo'…
- ¿De qué habla, director?
- ¿Un caramelo de limón, Severus?
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¿Alguna vez has sentido que por más de que estás rodeado de mucha gente - gente que va y viene y te sonríe - te sientes más sola que nunca?
Hermione Granger, que nunca se había considerado una chica sufrida ni con tendencias extremistas al dolor o drama, se sentía precisamente así en estos momentos: con unas ganas enormes de fundirse con el viento o de llorar hasta que se le secaran los ojos y no sintiera más dolor.
Si hasta hace poco se sentía triste y dolida consigo, por haberse causado voluntariamente el padecimiento de no ser recordada; ahora se sentía totalmente destrozada y sin una pizca de esperanza en el corazón.
Antes tenía el apoyo de Harry y Ron, aunque este último no supiera nada. Ahora, estaba verdaderamente sola y no sabía cómo manejar esa situación.
No estaba segura de poder sobrellevarla, de hecho. Ya ni siquiera se dedicaba a las mismas horas a estudiar. Su horario de estudio se había deformado completamente y ya no pasaba tanto tiempo en la biblioteca, sino en la torre de astronomía o en su propia habitación.
A veces, cuando no tenía las fuerzas para soportar su propia apatía, dejaba que el rencor se filtrara en su alma y le hiciera pensar en las cosas más disparatadas.
Escapar de Hogwarts, escapar del mundo mágico, volver con sus padres… pero nada solucionaría eso.
Además, le había dado su palabra a Harry, le ayudaría a luchar contra Voldemort. Tendría que ser así.
Por ahora, seguir caminando por el pisillo de césped no le parecía mala idea. Total, la tormenta que parecía avecinarse no le podía afectar tanto, ¿no?
A lo mucho un pequeño resfriado, y descanso. Un largo descanso.
Tal vez eso sería una buena elección. Un descanso.
Dejó caer su bolso y estiró los brazos hacia el cielo, como clamando.
Cuando una gota de lluvia cayó en su rostro, sonrió complacida. Estaba fría y al secarla el viento le producía una sensación muy fresca.
Sin embargo, cuando las gotas comenzaron a desplegarse por todo su cabello, le volvió la cordura.
Las gotas comenzaron a caer más rápido y se convirtieron en lluvia. Hermione suspiró, apesadumbrada y recogiendo su bolsa, echo a correr hacia el castillo.
Todos sus movimientos eran vigilados desde Hogwarts. Su mirada le había seguido desde que había salido del castillo. Pero no solamente él la miraba. Y él lo sabía.
Tenía la ligera impresión o presentimiento, tal vez, que otro, quizá más joven que él mismo, también estaba pendiente de los pasos de la castaña.
Y así tenía que ser.
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Su semana se había pasado tan rápido, que ni siquiera se había preocupado en ir hablar con Snape. Por eso, cuando éste entró en la torre de premios anuales, a sacarle prácticamente del cogote para enseñarle "algo", no le pareció extraño.
Sin embargo, la "lección" que le proporcionó ese día le dejó sumamente cansado. Ahora estaba solo, porque su "maestro" había salido a por un encargo de Dumblendore.
Es decir, le había dado tiempo para descansar su cerebro.
Estaba totalmente confundido.
¿Tendría entonces que proteger su mente?
¿En eso consistiría la ayuda que le pedía Snape?
Se le hacía extraño que solo quisiera experimentar con él.
Snape parecía un buen hombre y él no entendía como podía servir a El innombrable y seguir sus órdenes si parecía ser incluso más inteligente.
De repente, como si hubiesen encendido un interruptor en su cerebro, una idea se filtró en él.
¿Y si Snape no le era del todo fiel al Señor Tenebroso?
En ese momento, Snape volvió al aula y le hizo recoger sus cosas apresuradamente.
Ya se había perdido 15 minutos de clase, no podía esperar más.
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- Así que necesito que hagan este trabajo - Todo el salón se había quedado callado. No era para menos. ¿Quién les dejaba 6 pergaminos de tarea? - Quiero que se lean los libros necesarios, lo más rápido posible. Quiero un trabajo decente y por favor, trabajen en equipo. De lo contrario, yo lo sabré y les calificaré de acuerdo a ello. ¿Alguna pregunta? - Nadie respondió. Nunca les habían dejado un trabajo con tan poca anticipación y tan largo. Y con eso de que "Sería la base de su futuro"… - Muy bien. Dejaré que elijan su pareja por afinidad - Nadie se movió. Todos se miraban atónitos - Pero, ¿Qué esperan? ¡Muévanse!
Y se armó el revuelo total. Obviamente, las corbatas rojas de un lado; las verdes, del otro. La profesora Mc Gonagall no se sorprendió: suspiró ante el hecho, y se encausó los lentes en la nariz. Sin embargo, cuando vio que Harry estaba con Neville y que Ron se había hecho con Lavander, arrugó el ceño, extrañada.
- ¿Srta. Granger? - preguntó, en voz alta.
La chica levantó los ojos, acuosos. Se había dado cuenta que ahora no haría el trabajo ni con Harry ni con Ron. Pero aun tenía orgullo, así que no lloraría delante de los Slytherins. Su mirada recorrió todas las parejas y al darse cuenta que estaba sola, asintió.
- Haré el trabajo sola, si no le molesta.
- No es que dude de sus habilidades, pero necesito que este trabajo se haga en parejas. Es de vital importancia en la segunda parte, lo acabo de mencionar… ¿no ha escuchado?
- Lo siento, profesora - susurró ella, agachando la cabeza - No me siento bien… pero le prometo que haré el trabajo lo mejor que pueda…
La profesora Mc Gonagall suspiró, cerrando los ojos y presionándose el puente de la nariz. Iba a refutarle, explicándole de nuevo el segundo punto cuando Snape le interrumpió, apareciéndose en la puerta.
- Minerva, siento interrumpirte… Aquí te he traído a Malfoy - habló el hombre, pausadamente y mirando a todos los alumnos - Albus te comentó la situación, ¿no es cierto? - dijo, antes de irse. La mujer bufó y le indicó al rubio que avanzara. Sin embargo, su semblante cambió cuando el Slytherin se sentó en una banca vacía.
Harry y Ron se miraron, al parecer, llegando a la misma conclusión que su profesora. Pero desviaron su mirada al recordar que estaban peleados.
- Perfecto, Srta. Granger - habló la profesora, enarcando una ceja que daba a entender que no quería que nadie le cuestionara - Creo que ya tiene pareja.
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¡Hola!
¿Me he demorado mucho?
Lo siento mucho, mucho, en serio. Espero les haya gustado este capítulo, le tengo un cariño especial.
¿Qué clase creen que le habrá puesto Snape a Malfoy? Nos vemos en el próximo :) MBW
